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VALLGORGUINA, EL HECHIZO DE LO OCULTO


Vecinos llegados hace treinta años al Vallés Oriental me cuentan su estupefacción ante las procesiones de fieles con velas camino de la vivienda de una bruixa.

El dólmen de Pedra Gentil (flickr.com)

Publicado en Sant Andreu Express en mayo de 1986

                       Mosén Jordi Sales i Masferrer destaca entre sus anécdotas de dieciséis años como rector de Vallgorguina, al moribundo que se confesaba: -Yo no quiero creer en les bruixes, mosén, pero es que existen. Trasplantados desde el noroeste desembocaba en el Mediterráneo el viejo dicho celta: Haberlas, haylas.

                            Testimonios, cuentos, supersticiones, que se transforman dejando su poso de leyenda y, por qué no, de cultura. Como el remedio contra el dolor de muelas que me descubre un anciano con el que comparto un tramo del camino hasta el Dolmen de la Pedra Gentil. Hace un alto y se acomoda en una de la ¿diez mil? rocas del camino. Enciende la faria después de crujirla con aire experto ante su oreja izquierda, olerla y deslizarla bajo su nariz con esa media sonrisa del que no sabes si va o vuelve.

                        -Lo principal es tener fe en Sant Bartomeu, ¿sap vosté? (*)Eso, lo primero. Pero después, lo que no falla es ponerse una patata vieja en el bolsillo del pantalón en el lado contrario al del dolor. Una patata vieja, ¿sap vosté? es más rápido. Cuando se va "arronsando" (**) también se "arronsa" el dolor.

                             Suelo mágico éste de la Cordillera (o Serralada) Litoral. Nada extraña que los primeros pobladores enterraran a sus muertos en su falda transportando piedras ciclópeas. Se han sucedido lluvias de siglos y algo tienen sus bosques que no acaban de soltar la atracción por lo oculto, amparados en la perenne sombra de sus encinas y castaños, con la complicidad de un suelo húmedo a tramos, vivero de serpientes, erizos y zorras.

                         Entre los montes del Corredor y el Montnegre, en la carretera de Sant Celoni a Arenys de Mar, pasado el Km. 14 tras dejar atrás los viveros, hay un desvío como tanto otros, que sube hasta el dolmen sin la más mínima indicación. Esa parte es lugar obligado históricamente para las reuniones presididas por los modernos druídas, chamanes o meigas. Cerca existe un pinar inquietante conocido como El bosque de las brujas.
                    
Un tramo del inquietante camino al dolmen. (dolmenvallgorguina.com


                                     Nos puede parecer algo minoritario, pero en 1982, Félix Llauger, el conocido Mago Félix, hubo de renunciar a la ceremonia que había programado con un grupo de iniciados, al comprobar el resultado que provocó una indiscreción radiofónica.

                                      El azar me hizo presenciar cómo 5.000 personas (datos de la policía que se desplazó hasta allí), se habían interesado por lo que podía suceder en una noche de Walpurguis a la catalana. Sabrosas y picantes anécdotas de aquellas horas quedan archivadas para una próxima ocasión. Anotaré solo que el Mago Félix, con muy buen juicio, al ver aquella multitud dio media vuelta seguido de sus acompañantes y se dirigió a un restaurante cercano, en cuya terraza ofició su especial Misa prevista con la ambientación adecuada.

                       Lástima que fuese medianoche. De haber llegado a otras horas a Vallgorguina (2 Kms), nuestro vecino el mago habría tenido ocasión de adquirir en el establecimiento de las Germanas Ros, una botifarra de tendrums, la especialidad local. 

Ana Mª Ferrin
                  
(*) ¿Sabe usted?
(**) Encogiendo
(***) Cartílagos



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