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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





JUAN MARSÉ: “RICARDO DE LA CIERVA, EL TONTO AQUEL”


El autor de obras tales como “Últimas tardes con Teresa” o “La oscura historia de la prima Montse”, da un repaso a su intensa biografía. Tiene palabras de recuerdo para Francisco Franco y habla “del tonto aquel de Ricardo de la Cierva”. Se autodefine de izquierdas y no ve a ningún político de talla en Cataluña.
                                                           
 
Juan Marsé: "La buena literatura mantiene una
 relación muy estrecha con la vida"
 
 
 
 
 
 
JUAN MARSÉ: “RICARDO DE LA CIERVA, EL TONTO AQUEL”

Para el escritor, Franco significó penuria económica, represión política, cárcel, muerte y censura












Publicado en Sant Andreu Expréss en Diciembre de 1986



                               El precioso dúplex que habita Juan Marsé, colgado entre los barrios de Gracia y el Guinardó, disfruta una amplia terraza que domina en panorámica buena parte de esta zona barcelonesa. Quién te lo hubiera dicho, Larra, escribir en España ya no es llorar.


- ¿Qué se siente al verse inmortalizado en las enciclopedias y libros de texto?


- Pues se siente uno muy mal, fatal, con la sensación de que me han encerrado en un mausoleo. No me gusta eso de la inmortalidad, suena a que te han enterrado vivo.


- Últimamente se ha visto por televisión “La oscura historia de la prima Montse”, basada en su novela. ¿Resulta gratificante ver la obra de uno llevada al cine?


-No, no, nada gratificante. La palabra más suave que se me ocurre es que me siento furioso. Ninguna película basada en mis novelas me ha dejado satisfecho. Quizás la que menos me ha disgustado haya sido “La muchacha de las bragas de oro” con Victoria Abril, pero vamos, ni participando en el guión ni sin participar ninguna película me ha gustado. ¿El Pijoaparte cinematográfico? Nada tiene que ver con mi personaje, pero en definitiva una película es el resultado de un autor, que en este caso es el director. El escritor ahí tiene poca participación.


- ¿Qué relación existe para usted entre literatura y vida?


- Muchísima. La buena literatura mantiene una relación muy estrecha con la vida. No se trata de copiar, a veces ni de serle fiel, pero la buena creación se nutre de la realidad.


El escritor posee una bella cabeza con unos rasgos a los que la madurez no ha restado atractivo. Habla rápido, con un aire escéptico al estilo Bogart y se le ve de vuelta –quizá demasiado-, enjuiciando su obra hacia una línea más depurada en estilo, pero buscando los temas donde siempre han estado, en sus vivencias de posguerra que para él siguen teniendo validez. “Una historia gusta si es buena y está bien contada. El que trate de la posguerra o no, es indiferente”.

FRANCO

- Franco, ¿Qué significó para usted?


- Lo que para tantas familias. La penuria económica, la represión política, la cárcel, la muerte. Y la censura. A mí me censuraron párrafos enteros de “Últimas tardes con Teresa” y de “La oscura historia…”. Cuestiones eróticas principalmente, palabras como muslos, pechos, eran tachadas por sistema. En cuanto a “Si te dicen que caí” no salió en España hasta tres años después que en México. Según me dijo el Director General de Cultura, el tonto aquel de Ricardo de la Cierva, su posible publicación se trató entonces en un Consejo de Ministros, pero al final quedó en nada
 



-¿Era Ricardo de la Cierva tan tonto como se cuenta?


-Y más, y más…


Sonríe al recordar lo kafkiano de la censura y no es para menos. Por mi parte se me escapa la risa al recordar que a Manuel Vázquez Montalbán le cambió un censor la palabra sobaco, por axila. Lo que teniendo en cuenta que quien la pronunciaba era un cargador del muelle, debió quedar una frase divina.


- Su familia provenía del Camp de Tarragona. ¿Cómo fue el entorno social de su niñez?


- Mi padre era funcionario de la Generalitat. Militó en Esquerra Republicana y más tarde colaboró con el PSUC. Durante la guerra mi madre también trabajó como telefonista en la centralita del PSUC.


 
PARTIDO COMUNISTA

- En sus años vividos en París, dentro del Partido Comunista, trataría muchas personas de relieve…


-No especialmente. Me interesaron mucho los viejos republicanos que conocí. Por ejemplo, como personalidad importante cuando la guerra, éste, ¿cómo se llamaba? que fue Ministro de Asuntos Exteriores cuando la guerra… Álvarez del Vayo. Con Jorge Semprún sí, con él nos veíamos bastante más, por razones de barrio, porque él daba unas clases teóricas sobre planteamientos políticos y nos encontrábamos bastante. Lo traté más por eso que porque yo tuviera algún peso en el Partido. Él sí llegó a ocupar cargos importantes dentro del Comité Central y yo nunca pasé de ser un simple militante de base, hasta el punto de que cuando me planteé escoger entre hacer política o escribir, me decidí por la literatura. Pensé que si como hombre de izquierdas podía hacer algo por la sociedad había de ser desde la trinchera de la literatura, porque la verdad es que no me sentía especialmente dotado para la política.


- Como hombre que se autodefine de izquierdas, ¿está en la Generalitat quien usted desearía?


-Nunca he pensado en nadie concreto para la Generalitat, no veo a ningún político de talla en Cataluña.


Quienes tendemos a contemplar la vida de manera literaria siempre componemos un halo alrededor del autor que ha logrado contactar con nosotros a través de su obra. En el caso de Juan Marsé, el entorno concreto en el que siempre lo había ubicado era el de la rabia, por el particular desgarro de sus relatos describiendo la periferia bélica, en línea con mis predilectos Sven Hassel o Hemingway. Cae en mis manos un testimonio suyo de ficción escrito para Cambio 16 y titulado –bien por mi intuición– “la idea y la rabia, la misma bandera”, para conmemorar algo tan inconmemorable como la guerra civil.


Se trata de un cuento situado en el 2.036, cuando el último superviviente de la contienda de 1936 ha olvidado en qué bando combatió, circunstancia afortunada y esperamos que premonitoria de nuestro futuro como país, “porqué así, cuando el viejo soldado desapareciera… ni un rescoldo de la rabia ni de la idea quedaría, ni el eco remoto de un tiro retumbando en la nada, ni la lejana columna de humo sobre las ruinas, todo olvidado, y ni el reflejo de ese olvido quedaría. Nada por fin, puñeta”.


NACIONALISMOS Y BANDERAS "SE LA TRAEN FLOJA”

El teléfono que nos interrumpe llamando a su hija Berta me da un respiro para acabar de visualizar la estancia que nos acoge. Un escrupuloso concierto en todo el mobiliario sobre el parquet reluciente. Libros, grabados taurinos en las paredes. Contra los muros blancos iluminados por el tibio sol de la estación destacan variadas plantas que también asoman por las cristaleras de la terraza. Whisky y una bebida blanca que no identifico son testigos de nuestra conversación. Sobre la mesita, un libro de Manganelli y “El País”. En algún lugar suena una sardana y le pregunto:


- ¿Cuál considera su nacionalidad, señor Marsé?


- China.


- ¿China?


        - Sí, sí, china –ríe con ganas-. No es que quiera escabullir la respuesta, es que evidentemente, los nacionalismos me la traen floja. No soporto que me coloquen banderas, no soporto las banderas, ninguna.


Ana Mª Ferrin

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