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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





ENRIQUE RUBIO, UN PERIODISTA QUE HA INVENTARIADO LOS TIMOS


  Enrique Rubio es un periodista especialista en sucesos, pero quizá la vertiente más conocida de este profesional es el catálogo de timos de todas clases que ha ido confeccionando con los años y  que incluye desde las sectas con todos los problemas que comportan, a otros, entre lo cómico y lo esperpéntico, como el de los piojos o el del «pitoflexo».

Enrique Rubio. 1988 

ASEGURA QUE EL TEMA DE LAS SECTAS SE TRATA DE MANERA POCO SERIA

Publicado en Sant Andreu Expréss en Diciembre de 1988.
 
                             Decir fotógrafo de prensa equivale a decir prisa, imposibilidad de parase más de lo preciso para llegar, foto y marchar. Pero no siempre, en ocasiones un personaje consigue captar su atención y sólo muy excepcionalmente, su escucha. Por ello, si hoy el compañero gráfico detiene su actividad y acerca una silla para no perderse detalle de lo que cuenta Enrique Rubio, ya puede jurarse que este escritor y periodista de sucesos posee el don de comunicar en alto grado, retransmitiendo directamente a los sentidos lo que es un simple relato de bribones. Pero el secreto está en que le echa la misma pasión que si se tratara de una expedición transamazónica, amenazado por boas de cinco metros, o de atravesar Kenya por entre una tribu de feroces kikuyus.
 
                   En breve saldrá a la venta su último trabajo donde cuenta sus experiencias televisivas, con toda la carga de corrupción interna que precisamente el "caso Miró" ha sacado a relucir. Entre otras obras, Rubio es autor del compendio Timoteca Nacional, best-seller policiaco/pintoresco con varias ediciones en su haber. Casi todas las radios barcelonesas y la mayoría de periódicos y revistas de nuestra historia ciudadana, Noticiero, Solidaridad, El Caso, Porqué, etcétera, han sabido de sus chistes, crónicas y entrevistas. Premio Internacional de Televisión por sus reportajes dentro del programa Enviado especial, Premio Nacional de Prensa, autor y director de uno de los programas de mayor audiencia de los años setenta, Investigación en marcha. Casado con una aragonesa, padre de tres hijos, sesenta y ocho años bien llevados y en buena parte unidos al suceso que se filtra por todos los resquicios de nuestra sociedad.

               - Ahora se habla de las sectas, pero usted fue el primero que alertó sobre ellas.

               - Es algo que no entiendo, chica, de verdad. En 1983 estuve hablando de Dianética, hubo detenidos y expulsados, tal y cual. En 1985 este hermano que te habla vuelve otra vez con lo mismo, que si estafa del siglo con Narconón, bla, bla, detenidos y expulsados. Llega 1988 y venga Dianética y Narconón de nuevo, detenidos, expulsados, etcétera. ¿Qué pasa?. ¿Qué cachondeo es éste?. Los echan de la calle Puertaferrisa y aparecen en Vilafranca del Penedés. Los expulsan de allí y resucitan en otra esquina. Pero, ¿qué seriedad es ésta?. A ver, que me expliquen, ¿quién autoriza la apertura de estos centros?.

                    - Será que existe un vacío legal.

                 - Podría parecer que existe un vacío legal en este tema y en muchos otros. Pero sucede que éste es el país con más leyes del mundo, pero que no sirven de nada porque luego no se aplican. Prohibido está llevar niños a los toros y el torero le brinda la oreja al pequeño que lleva el alcalde en sus brazos. Prohibido está cazar pájaros y puedes ponerte morada de comértelos fritos en los bares. Prohibido vender armas de fuego aunque sean de imitación y armas blancas con hojas de más de 14 centímetros, y en cualquier armería o cuchillería tienes a tu disposición desde la navaja de chulo francés hasta el mismísimo machete de supervivencia del ejército americano.

                     - ¿Cuál es el timo más antiguo que se conoce?.

                 - El de Adán, ¿o te parece poco timo el de cambiarle el Paraíso por una manzana? Seguido del chupete, que también tiene tela que te cambien un pecho bien macizo por un trozo de goma. Y de ahí en cadena.

                     - ¿Y el que nos coge más indefensos?.

                 - Las facturas de las grandes compañías, eso sin duda. Cuando era director de Porqué, precintamos ante notario un teléfono durante un mes. ¿Qué pasó?. Que Telefónica nos presentó un facturón de conferencias a toda España. Fuimos a juicio y ganó Telefónica, porque según la sentencia, era un fallo mecánico que no se podía achacar a mala fe de la empresa.

                   - La estafa se vistió de verde con el pitoflexo que usted descubrió.

               - El Doctor Puigvert fue el que me decidió a considerarlo un timo, al darme su autorizada opinión. Recuerdo como se reía contándomelo. Era una prótesis contra la impotencia que consistía en implantar dentro del pene unas varillas recubiertas de silicona que permitían tres posiciones: arriba, abajo y de frente, según la actividad que se deseara, caminar, miccionar o lo que te puedes figurar. -Como un flexo, le dije yo. Y así, con el Doctor Puigvert, le pusimos el nombre: el pitoflexo. Conseguimos hablar varias veces con un industrial de Manresa que lo llevaba (un millón de pesetas le había costado), y estaba contentísimo, recuerdo que la mujer nos decía: -Antes íbamos los domingos al cine, pero claro, ahora nos quedamos en casa. La última vez que hablé con ellos estaban un poco preocupados porque notaban que iba encogiéndose cada vez más. Pero claro, no me extraña, si le daban tanto desgaste... En serio, a pesar de la comicidad del tema, fue un asunto delicado, porque sabes que significa mucho para algunas personas.


                 Los esperanzados con el invento le escribían y le telefoneaban increpándole por destruir sus ilusiones, y un furioso oyente le esperó a la salida de la emisora para hacerle una exposición in situ de las excelencias del invento. Fueron necesarios los guardias de seguridad para que se subiera los pantalones y no culminara su exposición ante la audiencia. En el libro también aporta un capítulo sobre las falsas cremas milagrosas. De entre ellas también destaca Burrote, la crema que, según el anónimo comunicante que se fotografiaba con una franja negra sobre los ojos, le había convertido en un auténtico superhombre al que esperaban colas de chicas, para que consienta ligarlas. Aseguraba el mozo que cierta parte, que antes apenas medía 10 centímetros, ha crecido hasta 15 en un solo mes, y sigue creciendo. Como el anuncio tiene unos cuantos años de vida esperamos, por su bien, que haya parado en sus aplicaciones de crema.


 "Hoy vende mucho más lo morboso que las superaciones del hombre"

                   Otro de sus éxitos periodísticos fue mostrar las andanzas internacionales de Antonio Jiménez Moreno, El Chorra, un quinqui que había estafado junto con su «tribu» a la Hacienda francesa, 350 millones de pesetas en prestaciones familiares. Por un procedimiento que ponía al aire los defectos de la burocracía cunado lo fía todo a los controles mecánicos, estos vividores analfabetos habían inventado 3.000 niños con todos sus documentos en regla, partidas de bautismo y nacimiento, fes de vida, cartillas escolares, etcétera. Dos mujeres de la banda falsificaban los sellos de caucho y se procuraban los impresos correspondientes.

               De la Comisaría del barrio de Sant Andreu era el policía que trabajó hasta desentrañar la complicada trama, con la sola ayuda inicial de su gran olfato, al notar que algo raro sucedía en una torre de Santa Coloma por la que pasaba repetidamente, extrañándose por tanta juerga noscturna que extendían a todo el barrio, cerrando bares para ellos solos, conduciendo imponentes coches franceses, derrochando billetes. A costa de las ayudas que llegaban puntualmente ya estaban acomodados en la solidez de aquella estafa redonda. Inscribían a un mellizo nacido en mayo y otro en julio, para cachondearse y no pasaba nada, como amantes del flamenco bautizaban a los niños con nombres tan españoles como La Chunga, Fosforito o Manolo Escobar y no saltaba la alarma. Siguiendo con su poca vista, al ordenador tampoco le extrañaba ni eso, ni que cada familia de aquel grupo llegara a  tener en los documentos ¡60 hijos!

                  Una vez descubierto el caso y puesto en conocimiento de las autoridades, fue escándalo nacional en Francia, con portadas en todos los medios y felicitaciones a nivel de Estado para aquel anónimo policía de Sant Andreu que, siguiendo su intuición, investigó el caso.

                -  Otro fraude actual. Y misterioso. El timo del piojo. Todos los medios consultados y las madres, y los profesores, no se explican cómo en una sociedad desarrollada como la nuestra, con un nivel de higiene importante se pueden extender estas auténticas plagas escolares. La imaginación popular apunta a una mano interesada que «siembra» a voleo las cabezas de nuestros pequeños para asegurarse la venta de productos especializados.
 
                  Enrique Rubio presenta el caso alemán de un chaval que vendía piojos, a un marco el ejemplar, para así evitar quince días de clase. No toca el problema de oídas. En la guerra que vivió desde el bando republicano, y que hoy le aporta una paga de capitán, prestó su propio cuerpo involuntariamente para descubrir que, de no poder hervir las prendas, la única forma de acabar con los capitis o vestimentorum y los cinco mil huevos que pone cada hembra en su corta vida, era quitarse la ropa y atizar martillazo tras martillazo en las costuras.

                     Pero no toda la experiencia fue negativa.

                  - También tenía sus ventajas como selecto juego de salón. Pueden ser tantos jugadores como se deseen, se admiten apuestas, y éstas son sus reglas: se traza un círculo en el suelo. Cada jugador se busca un rollizo piojo, lo colorea para distinguirlo, lo coloca dentro del circuito y gana el primer bicho que saca sus patas del terreno de juego. Como se entere Geyper lo incluye en sus Juegos Reunidos.

                  La chapuza nacional también está incluida en sus investigaciones. Nos deja un momento para salir por antena y le oímos contar:

                    - Madrid. Durante un atraco a una sucursal bancaria un ancianete que esperaba turno, un tipo debilucho y birrioso en quien el atracador no había reparado, en un ataque de coraje se lanza sobre el ladrón, le arrebata el arma... y se queda con el cañón en las manos porque era de plástico...


                  -  Aunque a los catorce años usted empezó de caricaturista con Joaquín Soler Serrano en Murcia y más tarde se especializó en sucesos, de su etapa como cronista de espectáculos guardará buenas experiencias.

                  - Los perfumes de las vedettes de la época, que eran terribles. Me puedes creer, que un simple apretón de manos o que se te apoyaran en un brazo, bastaban para que parecieras un ambientador ambulante. Y no te cuento si eso se repetía varias veces al día, ya era un pitorreo con los compañeros y hasta en casa. Porque aunque mi mujer haya sido siempre fenomenal para mi profesión, una fuera de serie, tampoco era cosa de aparecer continuamente por casa como si me hubiera caído encima un frasco de Maderas de Oriente. Para solucionarlo me iba al garage, me echaba en las manos un chorro de gasolina, me las frotaba y así con un olor mataba otro.
  

JOSÉ CARRERAS

                  - Algo entrañable fue tu descubrimiento de José Carreras.

                  - Mira, sí, de las cosas majas de esta profesión. El padre de José Carreras, que se llamaba igual, era un cabo de la Guardia Urbana grandote, con gafas. Me había perseguido por las diferentes radios que trabajé, con el niño de la mano, un niño seriecito con unas cejitas tristes, la misma cara que ahora, porque quería que sacara a su hijo cantando por la radio. Pero yo me resistía porque tenía miedo que al día siguiente, con la repercusión del medio en aquellos años, me esperaran en la puerta cuatrocientos niñós con sus padres. Hasta que un día llegó, con el chaval y me dijo: -Pepito debuta en el Liceo cantando la ópera “El Dragón”, con el tenor Bernabé Martí, que hoy es el marido de Montserrat Caballé. Y entonces sí, le hice un reportaje largo. No lo volví a ver en mucho tiempo, aunque sabía de sus éxitos, claro. Hasta que hace pocos años, en el ascensor de Radio Nacional se me acercó un joven y me dijo: -Señor Rubio, ¿no me recuerda? Pues yo sí le recuerdo, y con mucho afecto. Soy José Carreras.


JAIME R.B.

                 - Como ha corrido tanto por Barcelona, habrá conocido algún personaje curioso en Sant Andreu.

                  - De Sant Andreu no tengo recuerdo de tipos como El Vaquilla o El Lute, que va presumiendo por ahí de letrado y no hizo ni el primer curso. De lo mucho que puede presumir es de lo mucho que ha robado, o del mucho mal que ha hecho. De Sant Andreu tengo presente a un personaje admirable por muchos conceptos, Don Jaime R.B., un enfermo que se había pasado la vida inmovilizado entre el pulmón de acero y una camilla, que escribió un libro, Mi cuerpo inmóvil, lleno de sensaciones, de amor a la vida, de sensibilidad, con el que obtuvo un Premio Nacional de Letras. Casos como el don Jaime son una auténtica lección, y te dan ganas de pegarte un cabezazo contra la pared por los disgustos tan idiotas que te llevas a veces por cosas sin importancia. Pero no sé si os interesará esta historia, porque hoy vende más el morbo que las grandes superaciones del hombre. Consigues la noticia de que uno de los doce hijos de una portera viuda, después de trabajar todo el día, se ha sacado la carrera de ingeniero estudiando por las noches a la luz de una vela, sentado sobre un cajón, y te dicen: -Bueno, ¿y dónde está la noticia? Aún, si hubiera matado a la madre de un hachazo....

  (*) El "caso Miró" se refiere al proceso contra Pilar Miró, Directora de RTVE. Miró fue nombrada en 1986 por el presidente Felipe González. El asunto estalló a finales de 1988 y fue avivado por el ex diputado popular Luis Ramallo. La Audiencia Provincial de Madrid procesó a Miró por gastarse 23.465 euros en trajes de Jesús del Pozo y por entregar regalos pagados con dinero público valorados en casi 30.000 euros. 
Ana Mª Ferrin                                                                   


Enrique Rubio en 1993

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