Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





SERGIO VILLANUEVA O CÓMO HACER DE LA CALLE UN ESCENARIO


El primer contacto de Sergio Villanueva con el teatro fue a los cinco años en el colegio y ya decidió que quería ser actor. Por el momento su escenario más habitual es la calle, donde consigue para a la gente que pasea con sus gestos y parodias. Este improvisado teatro le ha deparado de todo, desde ofertas de trabajo e insultos a reacciones del público que le han hecho llorar de emoción.
  
   
Sergio Villanueva sin el maquillaje de mimo








     EL JOVEN MIMO HA LLEGADO A      
      RECAUDAR 27.OOO PESETAS  
                   EN SEIS HORAS










Publicado en Sant Andreu Expréss. Enero 1989


             Ya tenemos vino sin alcohol, tabaco sin nicotina, disfrutamos de leche descremada y café descafeinado. Caminamos hacia eso que se llama un «mundo light».

               Con esa misma insipidez muchos actores pasan sin transición, de los juegos al plató, sin patear escenarios y a veces ni siquiera una corta preparación que sirva de puente entre la cara guapa y una cámara de televisión. Y se nota, vaya si se nota.

                 Son esas interpretaciones plastificadas, faltas de alma, con que se flagela a los espectadores. Una cara necesita expresión que la humanice, acompañando un cuerpo que siga el ritmo de la acción, algo que sólo se obtiene observando, practicando y sintiendo.
 
                Aquí traemos un descendiente directo de los cómicos y saltimbanquis que desde los griegos hasta los integrantes de la Commedia dell'arte, aprenden todos los resortes de las tablas antes de atreverse a encaramarse ante el público. Dieciocho años ha cumplido Sergio Villanueva Vivancos, un pie en la mili, otro en un trabajo técnico de catorce horas diarias y toda la ilusión en el futuro de su vocación de actor. Trece años de experiencia escénica.

                - ¿Empezaste a gatas?.

                - (Ríe). Casi casi. Tenía cinco años cuando hice una obra en el colegio Maestro Morera de Ciudad Merdiana y ya decidí dedicarme a esto. ¿Por qué mimo? Según me dicen los maestros mi cara tiene un cien por cien de expresividad, y con el cuerpo también me hago creíble. Aparte de que soy un tipo que más vale que no abra mucho el pico, me atropello un poco hablando, ya lo ves, aunque voy trabajando bastante este aspecto.


PARODIA DEL PÚBLICO

                  Nuestros antepasados de las cavernas es seguro que ya se comunicaban con los gestos que hoy sorprenden a la gente en la Avenida Puerta del Angel, allí donde ha levantado su invisible escenario.

                - Me dicidí a representar en la calle de una forma continuada en agosto pasado, al volver de vacaciones sin una pela. Monté un número a base de sonrisas y parodias del público que se paraba a observarme. Primero me quedaba fijo en una pose cualquiera y cuando la gente se paraba, yo sonreía, me echaban dinero en el sombrero y yo hacía movimientos de autómata y elásticos. Eso fue el principio, después he ido montando pequeños números diferentes para cada semana. Sí, me sale a cuenta, y tanto.

                   Investigamos que un músico o cualquiera de esos personajes estáticos que nos alegran el paseo, vienen a ganar unas tres o cuatro mil pesetas por tarde festiva. Pero Sergio debe ser otra cosa, ya que se advierte su esfuerzo en una preparación seria de los números, y por ello tenía que estar a la altura de los cantantes líricos que también aparecen de tanto en tanto por ese área. Sabemos que el día de la Merced llegaste a recaudar veintisiete mil pesetas en seis horas. ¿Cómo lo explicas?.

              - Porque hay quien prepara su número con poca vida, son mimos que lo único que hacen es quedarse quietos y aunque les echen una moneda siguen parados. La semana siguiente vuelve la gente y pasa de largo. Yo improviso de modo diferente si pasa un cojo, una persona mayor o un señor grueso. Siempre con respeto y una sonrisa trato de introducir a la gente en mi particular sentido del humor. Además está el juego que hago con los ojos, que es algo natural y que nadie más hace, es el plato fuerte de mi reclamo inicial.

                  En este punto demuestra su habilidad ocular dejando fijo el ojo derecho y deslizando horizontalmente el izquierdo desde el lagrimal hasta el otro extremo, en una ida y vuelta que va desde la cámara lenta a una rapidez de vértigo.

             - Tienes una madre de novela que te apoya.

             - Y no sabes cómo me anima. El primer día que me lancé a esta aventura vino a verme y se lo contaba a todo el mundo, está muy orgullosa de mí. Desde luego, ayuda muchísimo que en una locura así te comprendan en tu casa. ¿Ves? mi novia no acababa de entenderlo y lo dejamos.

                 - De las Ramblas a la calle Puertaferrisa y ahora en la avenida Puerta del Angel.

              - La Rambla fue fenomenal, todo agosto y septiembre, con el turismo y los días tan largos. Después estuve un mes sin ir y cuando volví estaba todo cantidad de mal, mucha mafia, mucho vicio, oscurecía mucho antes y la gente no bajaba hasta el Arco del Teatro, donde yo estaba. Así que pensé: «Si no bajan a verme, subiré yo». Entonces me fuí a la calle Puertaferrisa, a la plana que se forma con la calle Boters, y fue algo maravilloso hasta que me echaron con buenas palabras, como debe ser. Los comerciantes se quejaron de que al formarse aquel corro tan grande de gente tapaban los escaparates y hay que comprender que ellos están allí para vender. Y así acabé donde estoy ahora, o en Cortefiel o en el cine París.

                     - ¿En la calle has tenido encuentros interesantes artísticamente?.

                - Todos, desde las galas que me han ido saliendo hasta la Agencia Focus, con la que acabo de firmar por tres años y que ya me ha encontrado algunos trabajos, me han salido mientras actuaba en la calle. Llámalo suerte o como quieras, porque hay montones de gente que actúa desde hace tiempo y no le sale nada. Estas fiestas de Gracia me contrataron para el envelat (*) de la plaza Revolución en el barrio de Gracia, en una coproducción con la Generalitat, siete mil pesetas por una hora de actuación. Estuve dos y me podía haber eternizado por la corriente que se generó entre el público y yo.


"UN ESPECTADOR ME ESCUPIÓ Y AQUELLO FUE UNA LECCIÓN TREMENDA DE CONTROL"

                    La actuación en el envelat de la plaza de la Revolució de Gràcia fue la primera en la que lo hizo solo ante un escenario, pero sólo la última de un recorrido de cuatro años por todas las discotecas punteras como integrante del dúo Los Tinteros, versión catalana con catorce años del joven Bob Fosse viviendo en All That Jazz sus inicios faranduleros. Pánico en esta primera actuación en Gracia, temor a no verse respondido por el público de silla con la misma entrega que le dedicaban al aire libre. Temor infundado que le decidió de una vez por todas a no abandonar el camino de la escena.

               - ¿Qué sientes actuando, qué buscas?.

              - Esta pregunta tan difícil me la hago yo también. Quizá tenga que ver con una infancia de muchos problemas, con mi propia forma de ser. Puede ser que trate de construir un mundo como yo lo desearía ver, un mundo de caras sonrientes y felices. Y ese es el camino más duro, porque cualquier actor sabe que es infinitamente más complicado hacer reír que llorar.

                  - ¿Siempre trabajas la vía cómica?.

              - Hasta ahora sí, ahora es cuando estoy descubriendo en la escuela "Gente de Teatro" de la calle Balboa partes de mi personalidad que nunca había trabajado, y tengo miedo de que si tiro por el lado dramático mi vida podría ser un mar de lágrimas, porque me afecta.

                  - La gente que te conoce y te ve actuar ¿qué te comenta?

               - Generalmente asocian sentido de ridículo y dinero, y no saben que disfruto tanto que lo haría gratis.
 
                   - ¿A qué aspiras? ¿A ser el nuevo Marcel Marceau?

                - ¡Uf! Él es el más grande, pero vamos, lo máximo con mucho. El número en el que lucha contra una tempestad es ya un clásico, eso es la perfección que nadie puede superar. Pero se ha quedado estancado en los temas y mi objetivo sería llegar a ese virtuosismo con temas actuales, que conectaran con el joven de hoy y engancharan su interés.

Sergio Villanueva actuando en la entrada de la calle Condal
                
INSULTOS

                - ¿Gente con mala sombra?

                - La hay. Puede ser uno solo por corro que te puede amargar. Pero al mismo tiempo hay otro centenar que están clavados esperando tu actuación, y a ellos es a los que te debes. ¿Lo más fuerte que ha pasado? Me han llegado a llamar hijo de puta, así como suena. Iba una pareja y yo me situé detrás sonriéndoles, el hombre se volvió y lo soltó así por las buenas. Me dolió mucho aquella salida, por todo. Porque ví que no entendía lo que yo hacía, debió pensar que me burlaba, no lo sé. El caso es que me llenaron los ojos de lágrimas.

                    - Hace una pausa y prosigue: Otra vez salió un grupo de mi edad de Pokin's (**). Uno se me acercó y me lazó una escupinada a la cara, la mayor humillación que he pasado en mi vida. Fue una lección tremenda, vi hasta donde podía dominar mis emociones y logré acabar mi número en agradecimiento a los espectadores, que se pusieron de mi parte y les abuchearon, mientras a mí después me aplaudieron a tope. Logré no perder los papeles y hacer lo que me pedía el cuerpo, que era atizarle duro al individuo aquél».

                  - Y también habrá buenas experiencias.

                  - Tengo una anédota preciosa que me llegó al corazón y aún ahora, al contártela, me emociona. Hay una viejecita de esas muy pobres que debe estar en una pensión de por allí las Ramblas, que se la ve que lo pasa mal, vamos. Cuando yo actuaba por allí siempre venía averme y me decía: -¡Qué gracioso eres muchachito, cómo me haces reír, cuántos años hacía que no lo pasaba tan bien! Gracias, hijo. Todo eso mientras yo hacía el número y la escuchaba sin hablarle, pero la veía con una lagrimillas que le caían. A mí que de por sí ya me encanta ver a la gente reír, cuando lo consigo con los viejos me siento bien de verdad.
 
                         Se remueve en la silla, se le ilumina la cara y cuenta:

                  - Bueno, pues me quedé con su imagen y  después me fui de las Ramblas como te digo, así que no volví a verla en mucho tiempo. Y hará cosa de un par de semanas estaba yo haciendo mi número en la puerta del cine París, en Puerta del Ángel, cuando me vió y vino a darme un abrazo llorando. Me decía: -¡Qué bueno eres hijo, qué bueno que alegres la vida a la gente que tanta falta les hace a todos, que van malhumorados por la calle. Parece que estén muertos. Fíjate que alucinante a esa edad, sin nada, y encima pensando en si la gente es feliz o no.  ¿Proyectos? Seguir así hasta julio, que me iré a la «mili». Después intentaré entrar en el Instituto del Teatro. Sí, ya sé que para el área de pantomima se exige una preparación física muy dura, pero me estoy preparando bien, ya casi me abro de piernas.

                       - Imagina que soy un productor y pongo a tu disposición escenario y medios para un espectáculo. ¿Tendrías algo dispuestro  para presentar ahora mismo?

                   - Pues sí lo tengo. Pensado y bien pensado. Sería un espectáculo a base de luces muy estudiadas en focos y colores, con secuencias de mimo, todo acompañado por música de Vangelis.
                       Sergio Villanueva Vivancos, dieciocho años, un rostro surcado con la garra de William Dafoe, una mirada clara tiernamente maliciosa en la línea de un Alain Delon en sus mejores tiempos, transforma el paisaje de nuestras calles con sus números de mimo, siguiendo la saga de los antiguos cómicos de la legua, esperando sin prisas a que llegue su oportunidad artística. Él baja a buscarla con su moto, ya vestido y maquillado para la actuación, desde la Ronda del Guinardó hasta la Avenida Puerta del Angel cada domingo a las seis de la tarde.


(*) Entoldado
(**) Comida rápida

Ana Mª Ferrin

1 comentario:

  1. Yo me acuerdo de este gran mimo. Lo vi en las Ramblas muchas veces y sus imitaciones y técnica creando un mundo imaginario eran realmente fascinante. Era un artista de los pies a la cabeza. Me acuerdo que me pasaba una hora tranquilamente viéndolo y no paraba de reírme con el. Es una pena no poder pasear por las Ramblas y ver artistas como el haciendo reír a la gente. Gracias Sergio por alegrar mis domingos.

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