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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





EN RECUERDO DE JOAQUÍN SOLER SERRANO


       Entrevisté en 1988 a Joaquín Soler Serrano con destino a un diario barcelonés. No lo conocía en persona y me impresionaron su elegancia, su verbo perfecto, florentino, y la brillante mirada fotográfica que taladraba al interlocutor. Mi mente repasaba el apabullante dossier echando en falta algún dato discordante que permitiera humanizar al personaje, alejándolo de tanto incienso... 
  
Joaquín Soler Serrano con Ana Mª Ferrín

Publicado en La Verdad de Murcia. 19 Septiembre 2010.

                           
                        
 -No haga caso de mi historial -me saludó conciliador, como si leyera mis pensamientos-. En el fondo sigo siendo el mismo chaval murciano que se vio metido a los dieciséis años en el último reemplazo republicano de la Guerra Civil.

                             Antes de eso, su corta biografía ya sumaba varios apuntes, desde un primer artículo publicado con doce años en 'El Liberal', hasta la correspondencia de poeta bachiller con Azorín, Baroja, y en especial Salvador Espríu, de quien tomó la idea de acotar para sus versos una tierra imaginada entre Murcia y Alicante a la que bautizó 'Tarxavia'.
                           
                            El soldado adolescente no llegó a entrar en combate. Entre bombardeos y fuego cruzado, mientras las tropas nacionales entraban en Barcelona él decidía en una costa cercana que aquello había terminado. - La guerra es una aberración. Me deshice del uniforme y anduve hasta la casa de mi amigo el pintor Ricardo Amic.

                            Ya en la ciudad, con veinte años se presentó a unas pruebas de locutor donde quedó el número 1 entre más de quinientos aspirantes. Fue el primero en sacar los micrófonos a la calle con La vuelta a Cataluña de un locutor, donde, asegura, -Entrevisté desde taladores de árboles, a putas, logrando un reconocimiento unánime con su serie de entrevistas televisadas A fondo, magistrales por su tacto al abordar temas difíciles: - Créame, la gente responde mejor tratándola con delicadeza que si entras arrancándole las vísceras.

                           En cuanto a innovaciones, su preferida fue la mítica campaña recaudando fondos para los damnificados de las inundaciones del Vallés, en Barcelona, reuniendo unos 35 millones de pesetas de las de 1962.
                          
                           En ese punto de la conversación decidí dar un giro incómodo, interesándome por el sordo rumor que había sacudido Barcelona tras la maratón benéfica:

                          -A usted parece no escapársele nada -le dije-, así que permítame una pregunta. Tras la campaña de las inundaciones hubo voces sobre ciertas irregularidades con lo recaudado. Si lo supo, ¿cómo reaccionó?

                        Su pose docta abandonó la mesa y me pareció aliviado por tener la oportunidad de aclarar, veintiséis años después, la mezquina calumnia de la que nunca había podido defenderse:
               
                       - Es cierto. Nunca se publicó nada, pero sí me enteré. ¿Que sentí? Pues después de esforzarme con toda mi alma durante cinco días, aquello me dolió muchísimo. -Creciéndose a medida que hablaba, añadió-: Pero qué quiere que le diga, luego pensé que todos los que me conocen saben bien que siempre he vivido según los principios de honradez que me inculcaron mis padres. Mi éxito no tiene secretos, ha consistido en que mientras otros compañeros se limitaban a cumplir su horario cómodamente sentados, yo necesitaba renovarme. Así he podido ganarme muy bien la vida.

                        Salía en breve hacia Estados Unidos, donde esperaba concretar la emisión de un informativo panamericano de televisión en español y lo contaba irradiando entusiasmo, a punto de cumplir 69 años. Tuvo un elogio para cada uno de sus compañeros, desde Bobby Deglané hasta Luís del Olmo, algo digno de recordarse hoy. Y como terminó confiándome que ante un periodista, el mediocre se muestra prepotente y el genio asequible, Joaquín Soler Serrano me dejó el recuerdo de ser un hombre cargado de razón. Descanse en paz.

Ana Mª Ferrin

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