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GUILHERMINA SUGGIA. ESCRITO DE ADHESIÓN A LA ASSOCIAÇAO GUILHERMINA SUGGIA


  

                             Desde la niñez soy una amante de los libros antiguos, especialmente biografías, por lo que recibo a menudo catálogos de librerías especializadas y asisto habitualmente a Ferias donde se encuentran ese tipo de ejemplares...

Guilhermina pintada por Augustus John. Tate Galery. Londres

ENCUENTRO CON GUILLERMINA SUGGIA



 


Patronato de Cultura. Portugal. Enero 2007
Publicado en Gaudí y Más                          
                             

                           Hará unos quince años, en un quiosco de la Feria de Libros Antiguos del Paseo de Gracia barcelonés tuve en mis manos una especie de carpeta roja y negra que guardaba hojas sueltas de lo que había sido un álbum con recortes de prensa de toda Europa, y fotografías de una misma mujer sola o en grupo, tocando un violonchelo o posando con él.

                             Todo el conjunto llevaba fechas de finales del siglo XIX y principios del XX. En los idiomas que entendí, la prensa hablaba de la gran dama, la gran violoncelista portuguesa. En resumen, todo se refería a una protagonista de primera clase y no sólo musicalmente, también en cuanto a su propia categoría personal. Me llamó la atención, porque hasta entonces la única chellista destacada de la que yo había tenido noticia era Jacqueline du Pré. Como el precio de los documentos era muy alto para un tema que por entonces no significaba nada para mí, no los compré.

                             Pero la esencia del personaje me quedó en el recuerdo sin precisar el nombre pero con una imagen muy precisa, la del cuadro pintado por Augustus John donde se la mostraba espectacular con un vestido rojo. En paralelo añadiré que esa franja de la Historia, 2ª mitad del siglo XIX y 1ª del XX, siempre me ha interesado, sobre ella he publicado numerosos artículos y cuatro libros. Pablo Casals fue un protagonista y testigo privilegiado de esa época y ya había leído tres biografías suyas en el año 2004, de las cuales, en una no existían mujeres en su vida hasta su boda a los ochenta años con Marta Montáñez, y en los otros dos libros, un par de líneas bastaron a los autores para contar el matrimonio y divorcio de Casals con la soprano norteamericana Susan Metcalfe, su única pareja mencionada antes de Marta.

                             Por todo ello, cuando me regalaron una cuarta biografía del músico en la que aparecía un capítulo dedicado a la violoncelista portuguesa Guilhermina Suggía como su primera mujer, dedicándole un texto bastante despectivo, la curiosidad me llevó a buscar datos sobre el porqué aquella mujer había sido silenciada por los biógrafos de Casals siendo prácticamente su primera pareja, algo tan importante en la vida de cualquier persona, y habiendo convivido con él por lo menos siete años.

                             Para abreviar, contaré que poco a poco fui comprendiendo que se trataba de la misma mujer que había visto reseñada en aquella antigua carpeta de la Feria de Libros Antiguos, donde todas las referencias de prensa nombraban a la violoncelista de Oporto como la mayor virtuosa conocida hasta entonces. Sin embargo, algo no encajaba con la biografía de Pablo Casals donde aparecía el nombre de Suggia, porque esas páginas la trataban como una arribista que hubiera logrado algo de fama sólo por haberse emparejado con el músico de Tarragona. Ante la duda, realicé un muestreo seleccionando unas veinte páginas de Internet de las casi 100.000 que la nombraban y esa comprobación fue definitiva; la desconocida chelista había sido una pionera, una creadora de primera fila en la Historia de la Música.

                             Así empecé a investigar, por curiosidad, sin saber quien era en realidad Guilhermina Suggía. Pronto escuché alguna grabación suya y tuve constancia de su talento, su vida, su valía, su lucha. Entrevisté a diversos aficionados. Estuve en el Arxiu Nacional de Catalunya consultando los fondos de Pablo Casals. Y en El Vendrell y San Salvador, pueblos de Tarragona unidos a la pareja por cuya provincia me he movido más de veinte años en busca de información sobre el arquitecto Antonio Gaudí, de quien llevo publicados tres libros. Descubrí que la figura de Suggía no se recordaba tan negativa como había descrito el citado biógrafo. Algunos descendientes de gentes que habían trabajado con Pablo Casals, o habían sido vecinos suyos y cuyas informaciones se habían transmitido de padres a hijos, la nombraban como una mujer atractiva y alegre que se pasaba los días de verano nadando o ensayando con su violoncelo. 

                             Tuve oportunidad de contactar con melómanos portugueses, varios de ellos muy generosos en su ayuda, y quiero dejar constancia de la gran colaboración recibida de Virgílio Marques, alma de la Associaçao Guillermina Suggia. Cuando ya tenía bastante documentación decidí incluir una referencia a la intérprete en un capítulo del libro que me ocupa actualmente. Entonces tuve noticia de que se inauguraba en Oporto una Exposición sobre la intérprete y pensé que era una buena ocasión para contribuir a que esta personalidad fuese mejor conocida en mi país y en otros de Europa donde se distribuye una publicación en la que suelo colaborar, Historia16.

                      A la Dirección de la revista le interesó el tema y estuvo de acuerdo en publicar el reportaje antes del 31 de Diciembre, fecha en que finalizaba la Exposición, dando así posibilidad de visitarla a quien estuviera interesado. Con ese motivo dejé por unos meses el libro al que estoy dedicada en la actualidad y que publicaré el año próximo, y me puse a trabajar en un reportaje sobre esta compatriota de ustedes. Viajé a Portugal, un país en el que tengo raíces familiares y he recorrido varias veces, siguiendo las huellas de la artista y enterándome de la actividad desplegada por la Associaçao para conseguir adquirir la finca que fue hogar de la gran intérprete, enterándome de las muchas peripecias por las que ha pasado el edificio.
                             
                             Este es el relato de mi descubrimiento de Guilhermina Suggía. No tengo dudas de que si acaba por hacerse realidad la Casa-Museo y se le añade un buen programa de actividades, será un proyecto de éxito al que acudirán gran número de amantes del violoncelo y de la música en general, tanto portugueses como del resto del panorama internacional.

                             Aunque estas líneas de adhesión podrían sustituirse muy bien por una grabación de cualquier tema de Guilhermina Suggia. Su talento, pasión y sensibilidad no necesitarían de más presentación. Porque aunque quien lo escuche no sea un gran aficionado a la música, el virtuosismo de esta mujer es tanto que invade nuestro espíritu y su verdad se revela por sí misma. 

                          
Ana Mª Ferrin

4 comentarios:

  1. Le agradezco inifito que me haya hecho conocer a esta artista y su musica .Yo ignoraba todo de ella.Ni que hubiera existido
    Joan Cirera

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    1. Mil gracias y celebro que le interese el personaje, como me pasó a mí..
      Un saludo.

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  2. Tal vez, los biógrafos de Casals pretendían evitar con su silencio o su desprecio que una mujer pudiera eclipsar parte de la grandeza del maestro.
    Un saludo.

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    1. Como has adivinado, qué mala cosa son los celos, del tipo que sean.

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