Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





GAUDÍ, SUBIRACHS Y LA FACHADA MILITAR




                             Cuando finalizaba mi libro sobre Josep Mª Subirachs y la Fachada de La Pasión me acerqué a dar una vuelta por la Sagrada Familia. Hacía meses que no lo hacía, y al divisar el templo desde lejos, a medida que me acercaba se agudizaba mi sensación de verlo como si fuera la primera vez, advirtiendo dos características que nunca me había planteado: Que existían ciertos puntos de conexión entre las vidas de Antonio Gaudí y Subirachs, y sobre todo, que la Fachada de La Pasión era un auténtico desfile militar.


Fachada Militar Gaudí
El soldado Longinos, a caballo, clava su lanza en la fachada. Sobre él, tres soldados se juegan a los
dados las vestiduras mientras un cuarto los observa grabado en el muro. (A.Mª.F)

Fachada Militar Gaudí
Dos soldados con cascos de inspiración gaudiniana en el grupo La Verónica.
 Fachada de La Pasión. Templo de la Sagrada Familia. Barcelona. (A.Mª.F.)


¡VEINTICINCO SOLDADOS!

                         

Publicado en Gaudí y Mas. Febrero 2011


                             La existencia de Gaudí se forjó con el fuerte sentido antimilitarista que lo rodeaba como secuela de la Guerra de Independencia contra la ocupación francesa y transcurrió a través de una serie de batallas entre carlistas e isabelinos que dejaron un reguero de muertes civiles.

  Más pronunciamientos militares. Derogación de la monarquía para dar paso a una república que sería posteriormente anulada para reinstaurar el régimen monárquico y guerras contra la insurrección de las colonias de ultramar.

  Sin tregua, seguirían numerosos hechos trágicos como la bomba colocada en 1893 en el Teatro del Liceo, con 30 víctimas mortales más un centenar de heridos entre los espectadores. La llamada Semana Trágica de Julio de 1909, con la pérdida de 100 vidas y convirtiendo las calles de Barcelona en campos de batalla que el arquitecto trataba de ignorar, yendo y viniendo a las obras entre disparos para no detener su trabajo en La Pedrera, el Parc y la Cripta Güell. Más la Sagrada Familia y sus escuelas, la Sala Mercè y la remodelación de la catedral de Mallorca, entre otros encargos menores.

  Pero no nos equivoquemos ante su aparente indiferencia. Las armas y los uniformes le impactaban hasta hacerle perder los estribos, aunque al parecer durante años consiguió llegar a un pacto consigo mismo no dejando que los hechos bélicos lo amilanaran ante los demás. Así y todo, las consecuencias lo afectaban de manera profunda. Era un hombre compasivo y el dolor que tuvo ocasión de contemplar lo plasmó en la Sagrada Familia creando dos crónicas de piedra.

    Una, en un capitel de la Capilla del Rosario con un terrorista recogiendo de manos del diablo una bomba Orsini del mismo tipo de la que explotó en el Liceo. Y la segunda denuncia, más comprometida por ser una referencia al poder, colocando a un descomunal soldado de Herodes abatiendo con una espada de hierro a varios niños, en la Fachada del Nacimiento.
   
    El mozo que se prestó a posar, medía casi dos metros de altura y servía en una taberna cercana. Al hacerle un vaciado en yeso, el modelista le comentó a Gaudí que aquel hombre tenía seis dedos en cada pie y sería necesario retocarlos para la estatua, a lo que el arquitecto contestó:

                           - No, será mejor dejarlo tal cual, así quedará más realzada su brutalidad. Y así se hizo la figura, con la malformación a la vista, algo que apreciará quien pueda situarse a la altura precisa para verlo en su pedestal.)

    Todas esas vivencias provocaron en el arquitecto un rechazo a los uniformes del que surgieron numerosos encontronazos con la policía en sus últimos años. Así le pasó durante una edición de los Juegos Florales, donde gracias a la providencial aparición de un amigo influyente no acabó en el calabozo, algo de lo que no se libró el 11 de Septiembre de 1924, cuando al disponerse a entrar en la iglesia de los santos Justo y Pastor y encontrarse con un guardia prohibiéndole el acceso al interior por temas políticos, Gaudí, hablándole en catalán, se enfrentó con él: - ¡Sólo el señor obispo podría prohibirme la entrada!- protestó, muy alterado.
                              
    Entre voces e insultos Gaudí fue detenido y encerrado en el calabozo con una sanción de 50 pesetas, doble cantidad de la exigida a su compañero de celda, un vendedor ambulante. Al saber que éste no disponía de dinero para pagar su libertad y viendo posiblemente en él a uno de sus antepasados, marchantes venidos de Francia huyendo de las guerras del siglo XVII que asolaron el vecino país, Gaudí avisó a un sacerdote conocido para que abonase las multas de ambos.
          
    En otra ocasión, el ensayo de una banda del Ejército en los terrenos de la Sagrada Familia volvió a enfrentarlo con el joven que mandaba el destacamento, y ya la cosa estaba llegando a mayores cuando alguien informó al militar de que el arquitecto era un conocido de su padre, serenándose la situación.





















                         De la biografía de Josep Mª Subirachs (*), extraemos que -igual que Gaudí-, el escultor fue criado por unos padres volcados en su cuidado, viviendo desde los 4 años una existencia política agitada en un país que experimentaba todos los cambios posibles, a través de monarquía-república-guerra-dictadura-monarquía, cruzando tres años devastadores con su buena ración de tragedias, bombardeos y miedo, época seguida por una posguerra de uniformes omnipresentes y temor.

   Si Gaudí se las apañó para cumplir un ligero servicio militar de tres años que le permitió estudiar sin ser destinado al frente en la última guerra carlista, Subirachs mejoró la experiencia librándose de la milicia por ser hijo de un hombre de edad avanzada. Y si el arquitecto decidió colocar a un soldado en la Fachada del Nacimiento, el escultor instaló a ¡Veinticinco!

   De piedra y bronce, un batallón de soldados monta guardia en la fachada de La Pasión. Uniformados en clave gaudiniana con armaduras y cascos, Subirachs los provee de un vasto arsenal que abarca espadas, una lanza, porras, cañas, incluso un atado del brezo del tipo con que se flageló a Cristo.

  Vistas de frente, las 13 esculturas en piedra arenisca de La Floresta, Barcelona, se reparten a lo largo de tres niveles de la siguiente manera: En el nivel 1º se encuentran 3 en el grupo La traición de Judas, otras 2 flanquean al Excce-Homo, y 1 guarda la escena incrustada en la pared mientras Pilato procede al Lavatorio de manos. En el nivel 2º los soldados son, 2 a la derecha de La Verónica, le sigue 1 a caballo, El soldado Longino, clavando su lanza en el muro, y sobre él, en el nivel 3º, 4 soldados forman el grupo de El juego de dados, donde tres figuras se juegan las vestiduras de Jesús sentados en la misma posición que El Pensador, de Rodin, siendo observados por un cuarto militar tallado en el muro tras ellos.

  Formando un retablo vaciado en la puerta de la derecha, llamada De la Coronación, se muestran 3 de los soldados referidos en el texto evangélico de San Juan escrito en el mismo batiente. Debajo, en el centro, junto a los extremos interiores de las dos hojas el escultor diseñó el grabado frontal de 8 magníficos soldados, cuatro en cada una de ellas, dos sólo esbozados y dos completos, portando altas espadas verticales apoyadas en el suelo y sujetando la empuñadura con las manos, sin contar la tropa acompañante iniciada con leves trazos.

  Para finalizar esta suma faltará añadir 1 número más, si atendemos a la cabeza, o más bien el casco, que asoma entre las letras de las puertas centrales (y eso sin descartar que aparezcan otros camuflados entre los textos de la parte superior, poco accesibles a la vista), lo que arroja un limpio total de 25 militares en la fachada.

  Conviene dejar claro que el artista no se inventa nada, todos los soldados presentes en las escenas bíblicas reproducidas, y muchos más, aparecen reseñados en el Nuevo Testamento. Es la voluntad de Josep Mª Subirachs al hacerlos figurar con tanta insistencia la que aporta novedad a esta iconografía eclesial. Y si a los militares se añaden las varias imágenes de reyezuelos y gobernadores que los acompañan, la fachada de La Pasión, en la Sagrada Familia de Barcelona, quizás deba considerarse la más politizada de las existentes en cualquier templo del mundo, sea cual sea su confesión. 

  Por último añadiremos que pese a su rechazo a las armas,  Antonio Gaudí tampoco se libró de empuñar una, viéndose en la situación de formar parte sobre 1920 del grupo armado del Somatén, en Riudoms, el pueblo de su padre que se disputa con Reus ser la cuna del arquitecto y al que tan unido estuvo siempre.  Y que el día de su fatal accidente, cuando yacía en el suelo después de ser atropellado por un tranvía, la única persona que lo recogió en brazos y obligó parar a un coche para llevarlo él mismo a la Casa de Socorro fue Ramón Pérez Vázquez, un joven de 25 años natural de La Puebla do Caramiñal, de La Coruña, recién llegado a Barcelona para incorporarse a su destino como miembro de la Guardia Civil. 

                             Buen tema para una tesis.



Ana Mª Ferrin

(*)  Biografía de Josep Mª Subirachs. EL TACTO Y LA CARICIA. SUBIRACHS, por A.Mª Ferrin. Ed. Experiencia, 2011. Reseña y primer capítulo:


2 comentarios:

  1. Estupendo el blog, Ana María. Y estupendos artículos. Gracias por comunicarmelo. Lo engancho al mío. Te envío abrazos y éxito, desde Logroño

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    1. Éxitos para ti, poeta. Sabes que te sigo.
      Un beso.

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