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copia ¡VACACIONES! (M.M.Freitas)





GAUDÍ Y SCHWEITZER. DOS NOMBRES UNIDOS POR LA MÚSICA


Otro de esos encuentros casi desconocidos de Antonio Gaudí, lo protagonizó junto al maestro Lluis Millet el día en que éste lo visitó en la Sagrada Familia en compañía de Albert Schweitzer.


El doctor Schweitzer y su hija Rena por los años
en que viajó a Barcelona y conoció a Gaudí.

ENCUENTRO ENTRE GAUDÍ Y ALBERT SCHWEITZER

Publicado en Gaudí y Más el 21 de Abril de 2011
Del libro Regreso a Gaudí's Place, de Ana Mª Ferrin.


                          
                       Nacido en Alsacia en 1875, a medio camino de Francia y Alemania e hijo de un pastor protestante, la vida activa de Albert Schweitzer transcurrió entre la filosofía, la teología, la medicina y siempre, la música. Doctor en Filosofía en 1899 y licenciado en Teología en 1900, muy pronto empezó a publicar análisis y ensayos sobre temas controvertidos que anticipaban muchas de las tragedias que viviría el mundo pocos años después.



El majestuoso Palau de la Música de Barcelona, donde actuó Schweitzer
durante su gira europea

                     Hombre de claro pensamiento, fue definido por la inteligencia de su época como una rara mezcla de dos espíritus tan dispares como fueron los de Francisco de Asís y Friedrich Nietzsche, tras publicar el tratado Reverencia por la vida. En él se reafirmaba en su idea de que veía una peligrosa decadencia en nuestra civilización debido al paulatino abandono en occidente de las raíces éticas, la primera de la cual, la de la afirmación de la vida, había llegado al convencimiento de  que se estaba perdiendo en nuestro mundo.

                      En paralelo a sus actividades intelectuales Schweitzer se ordenó pastor y fue nombrado vicario de Estrasburgo y encargado del seminario de dicha ciudad, visitando a menudo los principales auditorios europeos en los que ofrecía como organista conciertos y conferencias sobre Bach.


El músico Lluís Millet, fundador de L'Orfeò Catalá,
gran amigo de Gaudí

Sin embargo, sintiendo la llamada vocacional del apostolado médico, en 1905 sorprende a íntimos y extraños abandonando de repente su doble vida de éxitos e ingresando en la Facultad de Medicina, de la que sale en 1913 ya titulado, para incorporarse a una Misión de Lamberené, en el Gabón, como director de su hospital.

Ahí aparece la semejanza del planteamiento existencial entre Albert Schweitzer y Antonio Gaudí. Ambos hombres de gran éxito en sus profesiones, mediada la cuarentena dan un giro radical a sus vidas abandonando el confort y los halagos para seguir el camino lleno de incógnitas, que de manera similar acabaría empujándolos a llamar a cuantas puertas pudieran para seguir manteniendo en pie su proyecto. 



                                      
                     Si Gaudí acompañado de Josep Mª de Dalmases ejerció la actividad periódica de solicitar –pedir– a determinados personajes adinerados una aportación para continuar con las obras del templo de la Sagrada Familia, Schweitzer programaba sus actuaciones por Europa al vaivén de las necesidades de su hospital con pacientes africanos. Y se sentía afortunado de que la música, su gran pasión, le sirviera para financiarlas.


                     Así, durante su gira europea de 1921, Schweitzer recaló en Barcelona para ofrecer unos conciertos de órgano en el Palau de la Música, y en un descanso de la programación se dirigió a visitar a Gaudí y las obras de la Sagrada en compañía del maestro Lluis Millet.   

En el portal de la derecha vivió
el Gaudí estudiante, antes de
construirse el Palau de la Música
 Según Millet, la conversación entre Gaudí y Schweitzer  fue de lo más sabrosa. Gaudí felicitó a Schweitzer por su ejecución al órgano de La Pasión según San Mateo, de Juan Sebastián Bach, aunque el arquitecto le dejó muy claro al músico que una parte importante de la brillantez de la pieza se había conseguido gracias al talento mediterráneo del maestro Millet y el Orfeó Català.

Lo que no dejaba de ser una impertinencia no molestó a Schweitzer, que además de ser un hombre de mundo poseía un talante generoso, por lo que según Millet, la paradójica respuesta de Gaudí no encontró resentimiento en el artista.

Al contrario, escuchó con atención cómo Gaudí le  hablaba ilusionado, largamente, sobre los futuros sonidos que expandirían por el cielo de Barcelona las campanas, los órganos, los coros de cinco mil cantores esparcidos por diversos ángulos del templo, dirigidos y unificados todos ellos por un teclado eléctrico manejado desde el centro del ábside. 

                     La crónica que describe estos proyectos de Antonio Gaudí y los admirativos comentarios y consejos de Schweitzer tiene mucho de conmovedora, por ser una ventana optimista encarada a un futuro tan lejano que obviamente los dos sabían que no llegarían a contemplar.

               
                     Ambos hombres tenían en común el haber dedicado sus vidas al servicio de sus contemporáneos bajo el manto de la religión cristiana.

                    Schweitzer dedicó la mayor parte de su vida a la atención de nativos en el África Occidental. Apartado de su hospital y sufriendo prisión durante la Iª Guerra Mundial, refundó a su término un nuevo centro en el mismo territorio del original, viviendo dedicado a él hasta su fallecimiento en 1965.


En el curso de canto gregoriano impartido por el maestro
 Millet en el Palau de la Música. Gaudí es el 5º der. 2ª fila.

                       Antonio Gaudí abandonó la arquitectura remunerada en la que cosechó todo tipo de reconocimientos, para volcarse construyendo un Templo Expiatorio en el que los fieles, por medio de la limosna, sanasen sus almas obteniendo el perdón a sus pecados. Una construcción para la que él mismo fue donando su patrimonio y sus honorarios.

                              

Schweitzer atendiendo su consulta al aire
libre en el hospital de Lamberené, Gabón

                       Tanto el músico protestante como el arquitecto católico tomaron esa decisión a la mayor gloria de un mismo Dios. En una determinada raza de hombres y mujeres, la frontera de los cuarenta años parece cruzar alguna línea, un ecuador, en el que plantarse y plantearse ante el espejo si esa ocupación en la que gastan sus vidas les llena, si era eso precisamente a lo que aspiraban la primera vez que se trazaron un futuro. Gaudí y Schweitzer encontraron una respuesta y obraron en consecuencia.


Ana Mª Ferrin

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