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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





GAUDÍ Y LAS FAROLAS DE VIC. (1ª PARTE)


El 23 de Enero de 1925, el Cardenal Arzobispo de Tarragona aprobaba una Fundación piadosa solicitada y costeada por Antonio Gaudí para proveer de fondos una Visita Espiritual anual a la Parroquia de Riudoms, honrando la memoria de su padre Francisco Gaudí i Serra, natural de esa villa.

Una acción sentimental que debió ser para el arquitecto un bálsamo, un indudable motivo de satisfacción tras el disgusto que le proporcionó el incidente ocurrido el anterior 12 de Agosto. Incidente, casi una afrenta, que privó a la posteridad de uno de los diseños más originales e inclasificables del Genio.

Estamos en 1910...


Las dos farolas diseñadas por Gaudí para Vic
     NUNCA ES TARDE PARA UNA LOCURA 





Publicado en Gaudí y Más. 6 de mayo de 2011
Del libro Gaudí. De Piedra y Fuego, de Ana Mª Ferrin


             ... Estamos en 1910 y el jesuita Ignacio Casanovas desliza en su correspondencia con el obispo de Vic, Torres i Bages, su preocupación por el abatimiento que aprecia en su común amigo Antonio Gaudí. Tensiones, poco descanso, mala alimentación y la salud llevada al límite, habían desembocado en una anemia cerebral del arquitecto, o como diríamos hoy, una depresión nerviosa, alarmante para el amigo que lo apreciaba.

El matrimonio Rocafiguera

             La contestación del obispo fue rápida: “Comprendo la situación de aislamiento espiritual de Gaudí...Hombre que no busca relaciones ni expansiones mundanas, encuentra a faltar los afectos domésticos que ahora necesita suplir con los afectos de la amistad...Cuando venga usted para los Ejercicios Espirituales, tráigalo...”



La sala y alcoba de la mansión Rocafiguera, en 1999 (AMªF)


              Moviendo adecuadamente los hilos de sus relaciones, el obispo Torres i Bages propició una invitación para el padre Ignacio Casanovas y Gaudí a la ciudad de Vic. La anfitriona iba a ser Dª Concepción Vila, viuda de Rocafiguera, una amable colaboradora del obispo en las actividades de la Comunidad. Pero ni doña Concepción esperaba encontrarse con la personalidad  que iba a aparecer en el impresionante palacete que hoy puede admirarse en la calle Cassadó, ni Antonio Gaudí estaba hecho para lo que iba a encontrar en la mansión de los exponentes de la antigua nobleza rural de Vic.

              La sala y alcoba que ha transitado a través de generaciones de la familia como “el dormitorio de invitados”, es con mucha seguridad la que el actual heredero de la familia  mostraba a la autora de estas líneas en el año 1999, la misma que ocupó Gaudí y donde, al parecer, la elegante decoración de dosel y damascos desagradó al arquitecto, que acabó durmiendo en el suelo en un ejercicio de autopenitencia.


Otra espléndida imagen de una farola diseñada por
Gaudí para Vic en 1911 


              La estancia en Vic se prolongaría tres semanas, mientras la anfitriona, angustiada por el nulo apetito del huésped y su apatía y deseos de soledad, se desesperaba por no poder seguir las instrucciones del obispo: “Dª Concepción, no lo olvide, lo importante es que coma bien y se entretenga...”.


El grupo Varius de Vic. A la derecha, el
farmaceútico Joaquín Vilaplana Pujolar.
  En su preocupación, la buena señora halló una luz al problema llamando a su primo el farmaceútico Joaquín Vilaplana Pujolar, activo integrante del grupo Varius, una institución cultural amante de las excursiones integrada por jóvenes poetas, escritores y pintores. Vilaplana era un hombre comprensivo que supo escuchar a un Gaudí a veces alterado y poco a poco tranquilizado, que acabó interesándose por los monumentos de la zona, pequeñas iglesias abandonadas o paisajes espléndidos de serena belleza bañados por los ríos Méder y Gurri. Unas veces los dos solos, otras en compañía del sacerdote Gaspar Puigneró, Antonio Gaudí fue integrándose entre los habitantes de la ciudad, hasta el punto de que acabaron pidiéndole consejo sobre qué tipo de monumento sería adecuado construir, para conmemorar el Centenario del filósofo Jaime Balmes, hijo ilustre de la
                                              ciudad.



El sacerdote Gaspar Puigneró

Después de almolzar, Gaudí solía sentarse a solas en el jardín de los Rocafiguera dejando transcurrir el tiempo, viendo cosas que pasaban desapercibidas a los demás, transformando cerebralmente las formas esenciales de la naturaleza en entes abstractos que su mente haría desembocar en  realizaciones singulares. Tras sus horas de meditación, distendido y colaborador, Gaudí extrajo de su particular cofre de inventiva varias sugerencias, ofreciéndolas para el Centenario de Jaume Balmes. De ellas,  la Comisión o0rganizadora de festejos escogería dos, tan rompedoras que escapan a cualquier definición estilística. Dos farolas.

                                                    Continúa...


Ana Mª Ferrin

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