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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





SAGRADA FAMILIA. EN EL 75 ANIVERSARIO DE LA GUERRA CIVIL


Barcelona, lunes 20 de Julio de 1936. Desde un balcón de la casa barcelonesa de sus cuñados en el nº 14 de la plaza Sagrada Familia,  abrazado a su mujer y a su hijo de diez meses, Andrés Alpiste García, somatén (1) e hijo del guarda de las obras de la Sagrada Familia, veía las llamas encaramándose desde el interior del muro que cerraba el templo, abrasando todo lo que poseían, consumiéndolo en la hoguera que un grupo de incontrolados alimentaba con el producto del saqueo.



La sopera vidriada, el álbum y el último sueldo (A.Mª.F)

                  
   
1936-1939. UN ÚLTIMO RECUERDO



Publicado en Gaudí y Más. 20 Julio de 2011




                  Durante los destrozos de 1936 fue asaltada la cripta de la Sagrada Familia e incendiado el mobiliario, los altares, las  imágenes y el órgano. Pulverizados el pavimento y las vidrieras. 


Jaime Martínez, guía de la SF y marido de Gregoria


                    Además de los daños en muros y bóvedas, por efecto del fuego se perdieron los inimitables armarios de la sacristía, los confesionarios y otros muebles, todos ellos diseñados por Antonio Gaudí. Destruidas las entradas a los claustros y los campanarios. La maqueta del templo, la casa rectoral, oficinas, el contenido del Museo Gaudiniano, escuelas, talleres y la portería, todo se perdió. La escuela parroquial levantada por Gaudí en 1909 también fue incendiada, cayendo su magnífica cubierta ondulada.

                Junto a los bienes artísticos se produjeron pérdidas que no reseñará libro alguno: los ajuares de la esposa del guarda, María Eugenia García, de su hija Gregoria y de su nuera Ascensión Pérez, que volaron convertidos en cenizas. Muebles, vajillas, libros, instrumentos musicales, ropa y recuerdos de las vidas de unos seres que pasaron su existencia cuidando de la cripta, abriendo y cerrando la verja de entrada al templo, guardando la integridad de la obra construida
 y sus materiales.

Gregoria Alpiste y Jaime Martinez, boda en la SF


                        Esa mañana tuvieron que salir huyendo a todo correr, llevándose lo puesto y en el hatillo improvisado con un pañuelo de hierbas metieron el último semanal recién cobrado, una muda del niño, y dando ese contrapunto de supervivencia que impide al ser humano derrumbarse en situaciones límite, un cuarto del conejo con el que se disponían a cocinar el arroz del mediodía. La vivienda ardió con todas sus pertenencias.

                         Aquella noche cuando parecían haberse retirado los incendiarios y a la luz del rescoldo de las hogueras ya no se veía movimiento, Andrés Alpiste y su cuñado Jaime Martínez acompañados de algunos vecinos, se acercaron hasta la plazuela interior del recinto donde se hallaba la vivienda a rebuscar por si algo se había salvado del saqueo.


Andreu Alpiste y Asunción. Boda en la Sagrada Familia


                    Comprobaron que el gran destrozo sólo les permitía rescatar el álbum conmemorativo del cincuentenario de las obras de la Sagrada Familia editado aquel año por la Junta, medio chamuscado, y una sopera de la vajilla buena, esa pieza reservada para las ocasiones especiales. Comprobaron que dentro de la sopera se había producido espontáneamente un exquisito vidriado al fundirse las monedas de cobre y latón que la familia guardaba en su interior. Alquimia irisada en varios tonos 
                    
                    Cuatro días más tarde, el mismo grupo volvió de noche al templo, en esta ocasión a la Cripta, para amontonar sobre la tumba de Gaudí todos los escombros que pudieron acarrear con la intención de impedir que algún indeseable profanase la tumba del arquitecto.


A la der. Andreu Alpiste, modelo de San Mateo.

                Los guardias originales, padres de Andrés y su hermana Marisol, fueron Jerónimo Alpiste Sánchez,  natural del pueblo almeriense de Vélez Blanco y su esposa Mª Eugenia García Campoy, de Vélez Rubio. Habían llegaron a principios del siglo XX a Barcelona y de no ser por problemas políticos nunca se hubieran movido de Almería, tenían una vida equilibrada y procedían de una familia bien situada, propietaria de tierras y un cortijo que heredaría el mayor de los hermanos. Pero la vida, a veces te da estos sobresaltos, y con sus dos hijos pasaron el resto de su vida en el recinto de las obras del templo barcelonés.

                 Andrés Alpiste, el hijo, pasó su infancia y juventud en la Sagrada Familia posando varias veces de modelo para la imagen de Jesús. Podemos verlo a la derecha de la Fachada del Nacimiento aplicándose con maza y formón, sentado en el banco carpintero. Más adelante prestaría su rostro anguloso para que el escultor Joan Matamala Flotats diseñara al evangelista San Mateo. Aprendió el oficio de ebanista y buen dibujante, empezaría a tallar la madera y a picar la piedra cada vez con más soltura bajo las enseñanzas de Matamala hasta llegar a realizar sus propias obras.


Armario de la sacristía diseñado por Gaudí

                   Andrés se casó con Ascensión Pérez en la Sagrada Familia ya muerto Gaudí y allí nació en 1935 su hijo mayor Andreu, con el que vivirían unos meses en una habitación de la casa paterna hasta aquel fatídico 20 de Julio de 1936 en que vieron desaparecer todas sus pertenencias en el incendio del templo. Para Andrés, los proyectos de formarse como escultor y dedicarse en exclusiva a esa especialidad artística desaparecieron triturados por la guerra y la posguerra.



Durante los destrozos sacros de la Guerra Civil en Barcelona

                  Por su parte Jaime Martínez Abad, el yerno, esposo de Marisol, se libró del servicio militar por tener un centímetro menos de altura en la talla mínima exigida y al estallar la guerra ya tenía cuarenta años, por todo ello, cuando su reemplazo fue llamado a filas era una realidad sabida por todos que el fin de la guerra era cuestión de días. Se quedó a vivir en el templo, primero ayudando a su suegro y más tarde como guía, conserje y sacristán entre una multitud de servicios de mantenimiento. Incluido el de buscar a Gaudí por los distintos dispensarios y hospitales acompañando al sacerdote Gil Parés, la noche de 1926 en que Gaudí no volvió a casa después de su fatal atropello por el tranvía que acabó costándole la vida.


Armario-altar de la sacristía diseñado por Gaudí


                    En medio del agitado periodo de huidas y deserciones en que pasó los tres años de la Guerra Civil, el guía de la Sagrada Familia vivió episodios surrealistas. Un día formaba parte de la policía armada del barrio, el somatén, haciendo la ronda con el fusil al hombro, y al siguiente,  apuntándole a la sien con una pistola, un grupo armado desconocido lo empujaba torres arriba para obligarlo a colgar una bandera.




                       Estado aproximado de la cripta en 1936 antes del incendio


                    Ante este panorama y después de fuertes discusiones porque Jaime insistía en incorporarse a filas, Gregoria, su mujer, lo convenció para que no se presentara en el cuartel, no fuera a caer en manos  de los que estaban empeñados en darle uno de aquellos “paseíllos” sin retorno reservados a quienes tenían algo que ver con los servicios religiosos. Así pasó con el sacerdote de la Sagrada Familia, Gil Parés, y así podía haber sucedido con Jaime bajo el pretexto de que ayudaba en las labores de sacristán, de no ser el portero un experto conocedor del laberinto de las obras. Escondiéndose de sus perseguidores, aquí en un pasadizo, allá en un recoveco, logró acabar aquellos últimos días terribles sin que los asesinos lograran dar con él.


Tras los destrozos, el mobiliario y los ornamentos convertidos en cenizas

                     Pasada la guerra y vuelto el conserje a su lugar de trabajo en 1939, mientras se restauraba la portería estuvieron viviendo un año bajo los techos ya repuestos de las Escuelas construidas por Gaudí. A falta de habitaciones separadas para ubicar a los diferentes miembros de la familia Alpiste, se improvisaron los tabiques con papel de embalar. Todo era precario pero la población buscaba soluciones prácticas a los problemas con una gran vitalida,d porque existía la determinación general de olvidar el pasado y empezar de nuevo. La vida volvía al país, reiniciándose en Barcelona la construcción del templo.


Ana Mª Ferrin


(1) Este trabajo es un fragmento del capítulo completo con texto y fotos,que aparece en el libro Regreso a Gaudí's Place y en el reportaje Gaudí en la intimidad, publicado en la revista Historia16, nº 359, marzo de 2006,  ambos de Ana Mª Ferrin
      Jaraquemada Editores. Pedidos: ediciones@edicionesexperiencia.com
(2) En general se llamaba somatén a una guardia ciudadana que, desde la Edad Media, cuidaba de la  seguridad vecinal. La voz proviene del catalán "som atents", en castellano "estamos atentos", en referencia a que las cuadrillas se ponían en marcha al oír la llamada de emergencia de un cierto repicar de campanas.

2 comentarios:

  1. Hola. Me llamo Carles Schenner. Soy escritor. Estaba leyendo tu magnífica página. Y aunque he buscado información en muchísimos otros sitios no he sido capaz de hallar una narración precisa de lo que ocurrió el 20 de julio de 1936. Estaría interesado en saber los detalles (si el incendio fue por la mañana o por la tarde, si se hacía misa, los niños supongo que no acudieron a escuela). Sé que Opisso estuvo allí y que el guarda era Jerónimo Alpiste Sánchez. Pero quién era el capellán custodio. También baila el día exacto. He leído que fue el 19, el 20 o el 21. Aunque me inclino por el 20. ¿Sabrías cómo podría obtener esa información? Muchísimas gracias y felicidades por el blog.

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    1. Saludos.
      Si me escribes al correo del blog contándome algo de tu proyecto, veré si tengo posibilidad de orientarte.
      Cordialmente

      Mail: amf2010blog@gmail.com

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