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LouisConfortTiffany Sorolla Louis Comfort Tiffany, artista plástico creador de joyas y de las famosas lámparas Tiffany. Joaquín Sorolla. Hispanic Society.





GAUDÍ. DE MARAGALL A ANASAGASTI


                            Con mi saludo a Iñaki Anasagasti, quien correspondiendo a una petición mía, un verano doce años atrás aprovechó que iba a su Bermeo familiar para indagar en la biografía de Teodoro Anasagasti Algán (1), importante arquitecto y primo de su bisabuelo. La documentación que me envío fue clarificadora para el perfil del personaje, del que incluí una anécdota en mi libro Gaudí. De Piedra y Fuego.    


Teodoro Anasagasti y una de sus famosas realizaciones en Madrid.  1922

TEODORO ANASAGASTI. HABLAR CUANDO SE DEBE



Publicado en Gaudí y Más. 27 agosto 2011 


                    Los últimos años de Gaudí fueron un incesante ir y venir en busca de financiación para continuar las obras del templo de la Sagrada Familia.

                Fallecido en 1911 el poeta Joan Maragall, el gran amigo y propagandista de su obra que tanto supo remover los corazones desde su columna del Diario de Barcelona, traduciendo las glosas en donativos, fueron muchas las ocasiones en que el arquitecto se las vio y deseó para cumplir con los sueldos de los albañiles.

                           Cuántas veces, gracias a Maragall y a los condes de Godó y Güell, al obispo Torres i Bages, a los monjes de Montserrat, a la generosidad de ciertos vecinos del barrio, políticos e industriales, Gaudí había salvado in extremis el pago de los salarios. Así y todo, su endémico problema de tesorería seguía angustiando al maestro de forma periódica.

                            En 1915, un año en que todos sus desvelos corrían en dirección a salvar el grave déficit económico, la siguiente conversación se producía en la oficina de las obras:

                          -  Deberíamos despedir a los obreros. No sólo no tenemos para pagarles, además estamos endeudados en 25.000 pesetas -lo apremiaba el secretario de la Junta de Obras.

                         - ¿Parar? ¡De ninguna manera! -se negaba el arquitecto-. Ya hemos reducido la plantilla a 30 hombres. Dios proveerá...





                        Una destacada ayuda llegó en su socorro ese año en plena 1ª Guerra Mundial por medio del Presidente de la Asociación de Arquitectos de Barcelona, Buenaventura Bassegoda Amigó, quien prestigiando la obra de Gaudí por medio de una proclama épica que en nada desmerecía a las que lanzara Maragall, pedía auxilio:

                        A todos los artistas y amantes de la grandeza de Barcelona:
                       
                       ...Hay que decirlo con lágrimas en los ojos. El grandioso            Templo de la Sagrada Familia, esta colosal obra del arte moderno que vibra con la estridencia de un canto triunfal, está a punto de paralizar su escasa actividad por falta de dinero...

                       ... ¡Por Barcelona, por el arte catalán, por la religión, ofreced a la obra augusta una piedrecita; al templo, un chorro de vida!
      
                        La llamada funcionó y el colectivo de arquitectos tomó el acuerdo de iniciar una cuestación de urgencia entre sus colegiados, encabezada por B.Bassegoda y su hermano Joaquín  con 100 y 50 ptas. respectivamente. El acta del 31 de enero de 1915 contabilizaba 44 aportaciones que sumaron 1.212 ptas en total. Como curiosidad, anotaremos que entre los colegas de más renombre que respondieron se encontraba Josep Puig i Cadafalch con 50 ptas, pero no así Lluís Doménech i Montaner.


El arquitecto Bonaventura Bassegoda Amigó

                     El momento profetizado por Joan Maragall en su famoso artículo Una caritat per l'amor de Deu -donde vaticinaba que si los fieles no ayudaban más al arquitecto, llegaría un día en que tendría que salir a la calle a pedir limosna-, se hizo realidad. Unas veces solo, otras en compañía de Josep Mª de Dalmases nieto del promotor del templo, Josep Mª Bocabella, Antonio Gaudí empezó una cuestación personalizada por los más solventes despachos de la ciudad que tan bien conocía. 

                       Hoy, agosto de 2011, siguen los donativos a un ritmo menudo, suave (2). Aunque ya no son vitales sí permiten que el visitante admirador del genio se sienta partícipe de las obras sabiendo que con su aportación, una escultura o una lámpara, la talla de cualquier piedra o aunque sólo sea un golpe de cincel, se habrá pagado con su limosna. Vamos, que como pedía Gaudí en tiempos de penuria: el sacrificio, ya sea del creyente que se priva de un placer y dona el importe de un vaso de vino o del liado de un cigarro, o del pecador que expía su falta donando una limosna, contribuye a levantar el templo.

                       En la práctica debemos admitir que actualmente la fascinación mundial por Gaudí es tal, que sólo el importe de las entradas que pagan unos 3.000.000 (3) de visitantes anuales de la Sagrada Familia ya permiten financiar las obras con holgura.

                        De ahí que en estos años dulces donde raramente queda una personalidad local o internacional que no se retrate visitando la  Sagrada Familia, no estará de más saber que hasta su fallecimiento en 1926 el genio pasó una época muy dura, comenzada a partir de los sucesos de La Semana Trágica de Barcelona en 1909, donde se incendiaron, destruyeron y profanaron numerosas iglesias de Barcelona y los donativos para las obras casi desaparecieron. Hasta entonces muchas ayudas habían venido de su propia mano, pero por esas fechas tomó la decisión de trabajar en exclusiva para el templo renunciando además a cobrar sus honorarios, por lo que la financiación quedó  depositada exclusivamente en manos de Dios, cuyos caminos ya sabemos que son inescrutables.

                      Es por eso, que dar a conocer los nombres de quienes sacaron la cara por él y su sueño en tiempos difíciles, iniciando colectas y prestigiando la obra ante los escépticos de una generación que consideraba a Gaudí una reliquia del pasado, es un deber. Sus defensores fueron pocos porque Gaudí no estaba de moda, como ahora, y tenían en común la heterodoxia de hablar con su propia voz. Sabemos de Lorca. Y de Dalí, de quien trataremos más adelante. Añadiendo una figura que por sí sola ya merece ocuparse de él, Teodoro Anasagasti, arquitecto vizcaíno de Bermeo.


Dalí en el  banco del Park Güell. c. 1956

                   Arquitecto, dibujante, urbanista, profesor, catedrático, académico, restaurador, escritor, periodista, editor. Como Gaudí, el bermeano fue hombre de humildes orígenes para el que estudiar arquitectura significó un reto personal. Curiosamente, también como Gaudí que diseñó y construyó en 1904 la Sala Mercé, cinema pionero situado en las populares Ramblas barcelonesas, Anasagasti tiene en su currículum la construcción de importantes cines en Madrid.

                      A la vez fue un gran viajero al que sus conocimientos de otras tierras lo llevaron a ser un profundo amante de su país. De ahí que combinara en su personalidad la ambivalencia del profesional interesado por las nuevas técnicas constructivas –fue uno de los introductores del hormigón en la construcción de edificios-, con la actitud crítica, valiente y luchadora en la defensa de los valores que debían preservarse, entre ellos la arquitectura a la que consideraba uno de nuestros puntales culturales más importantes.   

                       Teodoro Anasagasti llegó en 1922 a Barcelona para participar en el Congreso de Arquitectos de España. Conocía la obra de Gaudí y visitó las obras de la Sagrada Familia. No existe constancia de que hablara personalmente con el arquitecto aunque es muy posible que así fuera. Lo seguro es que supo de los tremendos apuros por los que pasaba la financiación del templo y al ver que durante el congreso transcurrían las ponencias y nadie hacía referencia a ese capítulo que sucedía en un punto olvidado de la ciudad, decidió hacer oír su voz apelando a todo lo que se le ocurrió.

                       Tanto a que era la obra de un genio, como al extremo sacrificio personal de creador de la Sagrada Familia. Al orgullo del  colectivo presente que, pudiendo colaborar a conseguir algo magno para la profesión, no lo hacía. Al amor que debía sentirse por la cultura de nuestros mayores, a cómo quedaría para la posteridad una generación que teniendo a su alcance prestar ayuda al gran renovador de la arquitectura, no lo hizo. Una muestra de su parlamento recogida en esa ocasión nos lo recuerda:

                       -  … Gaudí se esfuerza y crea, como un artista de los tiempos gloriosos. Si este anhelo que se está elevando hacia el cielo ha de acabar convertido en unas trágicas ruinas… ¿Qué página habrá escrito nuestra época en la Historia del Arte?...

                       De Teodoro Anasagasti han escrito quienes lo conocieron (4) que tenía una voz que correspondía con su carácter, fuerte y profunda. Debía serlo, porque al parecer impactó en sus colegas asistentes al Congreso y se tradujo en una buena colecta que procuró oxígeno a para unas semanas a Antonio Gaudí.  

                       El humor es patrimonio de la inteligencia. De ella y de gracia vizcaína como todos los suyos está plagado el artículo de Jon Uriarte para elcorreo.com (5) que servirá para conocer un poco mejor a esta personalidad de Bermeo, Teodoro Anasagasti, que un día de 1922 se conmovió con las obras de la Sagrada Familia.  
                                          

Ana Mª Ferrin                     

(2) La relación de donativos que publica la Dirección de las obras en su revista bimensual Temple puede dar una media aproximada de lo que se recauda por esa vía. En 2011, mayo y junio: 38.859,37 €.

     (3)  Las tarifas de 2011 son: Normal: 12,50, guiada o con audioguía: 16,50. Especial (jubilados, estudiantes, menores 18 años): 10,50, guíadas o con audioguía: 13,50. Combinada Sagrada Familia+ Casa Museo Gaudí: 14,50, guiáda u con audioguía: 18,50. Combinada Especial Sagrada Familia + Casa Museo Gaudí: 16,50. Estos precios solo incluyen la visita sin subida a las torres, donde el acceso en cada uno de los dos ascensores deberá pagarse aparte, 2,50 cada uno.

       (4) Discurso de ingreso del arquitecto Emilio de Apraiz y Buesa.en la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, 

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