Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





GAUDÍ, MILÀ Y LA PLAZA DE TOROS MONUMENTAL ( PARTE 1ª )


                       En 1906 España se incorporaba a la modernidad con una serie de Primeras Veces. Un nuevo transporte urbano llamado ómnibus enlazaba las plazas de Cataluña y Trillas. En el 1º Concurso de Rescate de Naúfragos organizado por el recién creado Club Natación Barcelona, el primero de España, resultaba vencedor el nadador Bernardo Picornell. Santiago Ramón y Cajal recibía nuestro Primer Premio Nobel de Medicina. Joan Maragall y Ramón Menéndez Pidal participaban en el Iº Congrés de la Llengua Catalana inaugurado en el Teatro Principal de Barcelona...


 Pedro Milà, propietario consorte de La Pedrera

MILÁ EN EL PASEO DE GRACIA



Publicado en Gaudí y Más. Octubre de 2011


                         La ciudad seguía moviéndose y dos años después albergaba un nuevo congreso de resonancia mundial propiciado por el médico y linguista ruso Lázaro Zamenhof, creador -bajo el seudónimo de Doktor Esperanto, el doctor que espera- de la gramática de una nueva lengua, el Esperanto. Con ella los intelectuales avanzados creían haber encontrado el preciso vehículo universal de un segundo idioma común para relacionar diferentes culturas en un plano de igualdad. En España la idea se concretó en una asociación, la Societo por Esperanto presidida por el ingeniero Ricardo Codorniu.

                                Otro catalán del Campo de Tarragona editaba en París la gramática de una lengua original suya, el Kosmal. No se sabe si alguien más que él, Josep Guardiola i Grau (*), llegó a conocer ese idioma que se pretendía universal, más bien tenía las trazas de ser una actividad creativa en su acomodada y recién estrenada vida de casado. Se da la circunstancia de que Lola, la hija reconocida del hacendado fue quien le presentó a la que se convertiría en su esposa, Rosario -Roser- Segimón Artells, de quien sus coetáneos contaban que a sus veintiún años era la joven más hermosa de Reus.


Josep Guardiola i Grau


                          El afortunado novio era un hombre culto y de gran fortuna, importante accionista del Canal de Panamá con propiedades en Estados Unidos y la América Hispana. Aunque contaba sesenta y un años las crónicas lo describen como corpulento y bien conservado, rico indiano llegado de Guatemala y poseedor de un vasto cafetal que incluía su propio ingenio azucarero, para el cual había patentado una máquina de su invención. La finca tenía el sonoro nombre de Chocolá y para recorrerla se precisaban dos jornadas a caballo. Aún con este bagaje, la grandiosidad de sus posesiones no borró nunca el recuerdo de su pequeña villa natal, L'Aleixar, en Tarragona, de quien fue continuo benefactor y mecenas modernizándola con servicios y equipamientos y traspasando esa ligazón a su esposa, que siguió toda su vida unida a L'Aleixar. 

                              La residencia parisina de Rosario Segimón debió perder su atractivo al fallecer Guardiola en 1901. Volvió la mirada hacia Barcelona, la ciudad llena de vigor que Narcís Oller retratara con tintes magistrales en sus novelas La Fiebre del Oro y Pilar Prim, sintió el tirón de la tierra y decidió establecerse en ella, cambiando el brillo de los Campos Elíseos por el colorido de la ciudad condal.


Rosario Segimón Artells, se casó en primeras nupcias con
 Josep Guardiola y después de enviudar, con Pedro Milà


                           Para reponerse de la pérdida, la dama enlutada en su dorada treintena había decidido pasar unos días de descanso en el balneario francés de Vichy en compañía de una prima, cuando se encontró con el  abogado barcelonés Pedro Milà Camps en el establecimiento. ...Milà tenia un aire de dandi atrevido, siempre vestido con trajes gris perla. Tuvo uno de los primeros coches de Barcelona y fue el impulsor de la primera carrera automovilística que se celebró en Barcelona-, contaba Robert Hugues. 

                          Pedro -Perico- Milà, además de abogado fue senador, hombre de brillantes iniciativas como empresario y amaba la buena vida, la amistad, las fiestas, el lujo y por encima de todo las corridas de toros, hasta el punto de ser el constructor y primer empresario de la plaza de toros Monumental de Barcelona. Era conocido en la buena sociedad barcelonesa por ser un seductor, así que no debió serle difícil enamorar a la joven e inexperta viuda de un hombre maduro y de gran fortuna como Josep Guardiola. Pero Dª Rosario no acababa de decidirse, hasta que un día en el balneario Milà le hizo llegar dos rosas, una roja y otra blanca, con una nota en la que se adivinaba un cierto ultimátum proponiéndole que si salía a pasear con la flor roja prendida en el vestido significaría que lo aceptaba. Así lo hizo Roser y tras un breve noviazgo se celebró la boda.

                          Intalaron su domicilio en la Rambla de los Estudios, un lugar animado, pero la burguesía ascendente ya estaba trasladándose al cercano Paseo de Gracia, donde la amplitud de la vía central y sus anchas aceras convertidas en bulevares tenían deslumbrada a la ciudadanía. Además, cada edificio que se construía era más elegante e imponente que el anterior. 



La Casa Milà, La Pedrera.  ( En castellano, La Cantera)


                        Ese pulso de poder a poder estaba hecho a la medida de Pedro Milà. Su amigo Pere Batlló había adquirido una sencilla casa sin ningún atractivo en el Paseo de Gracia y se la estaba reformando el arquitecto Antonio Gaudí, o más bien reinventando en cuento de hadas, porque a cada nueva visita de Milà el edificio recordaba más a la mariposa que va dejando atrás su triste piel de crisálida, desplegando poco a poco sus alas deslumbrantes. Debía admitirse que si el proyecto de Gaudí no era vanguardia tampoco pertenecía al pasado, no tenía semejanza con nada anterior, no existían referencias en las formas, él era el estilo. 

                           En una de sus últimas visitas a las obras de la Casa Batlló, un entusiasmado Milà le confió al contratista de la obra Josep Bayó Font, la decisión que había tomado después de hablar con Gaudí sobre la nueva casa que pensaba construirse unas manzanas más arriba del Paseo de Gracia, diciéndole: Su próxima obra la hará para mi.

                        La Ruta del Modernismo estaba a punto de enriquecerse con su obra caudal. Corría el Año de Gracia de 1906. La Casa Milà, La Pedrera, empezaba su andadura (**).


                                                                                   Continúa...


Ana Mª Ferrin



(*) Gracias a la villa de L'Aleixar y a Ramón Ciurana por su colaboración. La fotografía de Josep Guardiola i Grau y parte de la información sobre él están extraídas del libro L'Aleixar, de Fina Anglès i Joan-Miquel Ventós, publicado por Cossetània Edicions. 


(**) En el libro de Ana Mª Ferrin,  Gaudí de Piedra y Fuego, puede leer el extenso capítulo dedicado a la construcción e historia de La Casa Milá. Reseña y datos:

                             http://afejara.blogspot.com.es/2011/09/gaudi.html

4 comentarios:

  1. Si però el propietari de la fotografia és del senyor Andreu Vernet i Martí, que els hi va cedir.

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    1. Si su mensaje es correcto hago extensiva la nota de reconocimiento tanto al señor Andreu Vernet i Martí, como a usted por advertirlo. Y por visitar el blog.

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  2. Un edificio que no se puede explicar como es sino lo as visto alguna ves tanto por dentro como por fuera es excepcional te quedas maravillado delo adelantados que estaban en aquellos años

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    1. Hola, Carlos, gracias por el comentario.
      Hasta que no entras no aprecias lo revolucionario de su construcción. Sus detalles.
      Seguro que fue una visita inolvidable.

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