Foto cabecera

detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





GAUDÍ, DOS ÁRBOLES Y CUATRO FOTÓGRAFOS




                  El primer atardecer que vió Gaudí en lo que después se convertiría en el Parque Güell no debió ser muy sugestivo, el sol disponía de piedras para reflejarse, algun matojo aquí y allá podía darle un contrapunto y eso era lo único destacable en una colina a la que se conocía por el desolado nombre de La Montaña Pelada. Detalles triviales carentes de importancia para el arquitecto, porque ya sus ojos vislumbraban la transformación de un lugar que muy posiblemente contenga las máximas facetas de su genio; urbanismo y jardinería resaltan con la misma fuerza que la ingeniería y la arquitectura.


Árbol seco del viaducto del Parque Güell. Man Ray, 1933


  SALVAR DOS ÁRBOLES

Publicado en Gaudí y Más. 7 de Octubre de 2011



                 Gaudí derramó por las 15 Ha. del monte un hormiguero de hallazgos técnicos con numerosos símbolos, dando paso a tal sin fin de interpretaciones entre 1900 y 1914 que al cumplirse el año 1926 ya se habían publicado más de cuatrocientos títulos sobre la obra. El terreno situado entre las carreteras barcelonesas del Carmelo y de Sant Josep de la Muntanya se componía de tres fincas: Can Muntaner de Dalt, Can Coll y Pujols y Can Larrard. El alcalde de Barcelona, marqués de Marianao, había sido uno de sus anteriores dueños y su palacete Casa Larrard pasaría a convertirse en la residencia de Eusebio Güell una vez acondicionado por Gaudí.

                Por ironías del azar, la mano del hombre enmendó a la Naturaleza y el cercano monte del Carmelo, un bosque tupido, quedó convertido en un erial tras sufrir los bombardeos del bando Nacional durante la Guerra Civil, mientras que la conocida durante generaciones como la Montaña Pelada recibió la varita mágica de Gaudí en forma de agua y fue repoblada rápidamente por un despliegue de especies mediterráneas, muy apreciadas por los barceloneses y forasteros que hoy suben a disfrutar del Parque.


El mismo árbol por Dora Maar en 1934


                  Suaves pendientes y curvas, muchas curvas, resultaron de la primera actuación de Gaudí con los contratistas Pardo y Bardié. Bajo el sol el ritmo es lento. Trabajando en jornadas agotadoras, midiendo topográficamente los desniveles, el arquitecto consiguió diseñar sesenta parcelas triangulares de 2500 mt. cada una con toda clase de servicios y de paso crear un paisaje de postal. El que iba a ser el primer parque residencial del país, la primera urbanización a la manera moderna de los parques ingleses, empezaba su andadura.

                     Entre sus muchos hallazgos, el arquitecto proyectó por medio de viaductos que toda la zona fuera peatonal a cubierto de las inclemencias. Envueltas en un juego de perfección con la soltura de su autor, las columnas escapan al encasillamiento, son formas orgánicas que van transformándose rozando algún estilo románico o barroco por medio de la decoración. Casi siempre inclinadas se vuelven verticales en la hilera central del Viaducto del Medio y a veces, a fuerza de brutalismo en su ejecución, los pilares parecen expulsar alguna de sus piedras.

          
Árbol salvado por Gaudí en la escalera de la Cripta Güell. Foto de 1915
publicada por Tokutoshi Torii en 1983


                   Uno de los paseos, cubierto y escamoso, discurre frente a la Casa-Museo. Otro doble, porticado, contrarresta el talud con sus columnas recostadas. Frente a la antigua Casa Güell una lavandera compuesta de piedrecillas tiene vocación de estatua griega. Resulta impresionante comprobar el exhaustivo trabajo que se tomó Gaudí para conseguir algo muy simple, hacer cómodo y paseable un montículo sin entrar a saco practicando desmontes en un pacto a solas con la Naturaleza, cuidando de no trastornar el paisaje. Los materiales fueron lo de menos en el coste final, el grueso del presupuesto lo consumieron durante catorce años, catorce albañiles con sus cuadrillas de obreros, ganándose el salario extrayendo, escogiendo, aplicando piedras a una sinfonía de palios.


                     Otro viaducto del Parque Güell es inclinado, y allí, igual que hizo modificando la escalera de la Cripta Güell para evitar la tala de un árbol –Él ha tardado cincuenta años en llegar a ser lo que es y para nosotros solo significa el mínimo esfuerzo de un cambio de trazado, explicó a sus sorprendidos colaboradores-, el arquitecto se dejó llevar por su pasión naturalista y dentro del estrecho espacio de este paseo  dejó sin arrancar un algarrobo, aunque interrumpiese el paso de los visitantes obligándolos a salir fuera de las columnas y volver a entrar si deseaban proseguir el camino.


El algarrobo en su mismo emplazamiento, ya caído, por Ana Mª Ferrin. 1999


                     La rareza de éste árbol que poco después se doblaría y acabaría secándose, atrajo desde el principio la atención de todo tipo de fotógrafos. Ya en 1933 la cámara de Man Ray lo captaba muerto pero aún en pie. En 1934 era Dora Maar, por entonces unida a Picasso, la que fotografiaba el algarrobo moviéndose entre el efecto desenfocado que había aprendido de Ray. En 1983 Tokutoshi Torii reproducía una foto de 1915 con la Cripta Güell y el árbol sorteado por Gaudí en la escalera.

                   En 1999, mientras tomaba mis últimas fotos para la publicación de Gaudí. De Piedra y Fuego capté la imagen del árbol del Parque Güell, aún en su emplazamiento original pero ya completamente tumbado, después de vivir a través de él un curioso episodio. Esa foto la añadí años después a un texto para el catálogo de la exposición de la Casa Asia en Barcelona, Gaudí en la retina japonesa, en el que narraba en forma de relato la vivencia que me había proporcionado unos años antes aquel tronco sin vida. Una sencilla experiencia, inolvidable por sus muchos matices. (*)


Ana Mª Ferrin


5 comentarios:

  1. He visitado el parque Guell muchas veces, y desconocia varias cosas que Vd. cita en su escrito.
    Hace algun tiempo que sigo su blog con interes.


    Jorge Grau

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Al leer su comentario me he dado cuenta de que hay muchos detalles sobre el parque Güell que he ido confirmando en los últimos años después de publicar mis libros sobre Gaudí, y que será bueno ponerlos en el blog. Espero que siga visitándonos y le interesen. Ya me dirá.

      Eliminar
  2. Encantadores detalles, que sin duda enriquecen la visión tan "estereotipada" que suele ofrecerse al visitante. Sólo largas estadías en repetidos paseos, confieren esa capacidad de "ver" este mágico lugar como lo viera y lo concibiera Gaudí en su tiempo. Gracias por proporcionar tan bellas informaciones. Ana, te he buscado en Facebook, si ya no lo usas, te buscaré en el correo electrónico. Muchas gracias por tu investigación.

    ResponderEliminar
  3. Siempre es un placer recibir un comentario de alguien que mira en tu misma dirección, mirada que en el caso del Parque Güell ha de ser por fuerza poliédrica, ya que es la obra de Gaudí que engloba el total de sus intereses. Desde arquitectura a ingeniería, urbanismo, paisajismo, jardinería, despliegue de técnicas constructivas y un notable apartado naturalista, sin olvidar la vertiente privada y familiar vivida en su casa del parque, el pensamiento de Gaudí late por todos los rincones. La amplitud de anécdotas y encuentros que vivió Gaudí en ese lugar y que fui recogiendo de testigos a lo largo de 20 años están en mi libro GAUDÍ. DE PIEDRA Y FUEGO: http://afejara.blogspot.com.es/p/gaudi-de-piedra-y-fuego.html . Si tienes ocasión de leer ese capítulo seguro que te interesarán.
    Felicidades por tu magnífico blog: http://alexguerraterra.blogspot.com.es/

    ResponderEliminar
  4. Hola, no había visto tu respuesta a mi comentario, tienes toda la razón, considero al igual que tú, que es una obra que engloba la totalidad de sus intereses y la mayoría de sus vivencias privadas, por ser su residencia más estable y duradera. Muchas gracias.

    ResponderEliminar