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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





GAUDÍ Y LA BURRA "MARGARIDA"


                             
                        Alabad al señor vosotros que estáis en los cielos, ¡Oh, sol! ¡Oh, luna!.. Vosotras, lucientes estrellas, todas las aguas que están sobre el firmamento...Alabad al Señor vosotras, criaturas de la tierra, monstruos del mar...¡Oh, abismos!..¡Fuego, granizo, nieve hielo, vientos!.. Montes ¡Oh, cedros!..Bestias todas, silvestres, domésticas, reptiles y volátiles...



                                                                                  Salmo 148  

                                                                                         
La Huída a Egipto en la Sagrada Familia, con la burra Margarida

UN CORRAL EN LA SAGRADA FAMILIA



Publicado en Gaudí y Más. 17 de Octubre de 2011. (1)


                    La belleza danzando por la mente de Gaudí mientras el lápiz avanza por el plano, símbolos y metáforas, fauna y flora,  envuelven la decoración de la fachada del Nacimiento. Gaudí vive un tiempo pleno en el cual naturaleza y humor se entremezclan en la Sagrada Familia por el puro placer de crear.

                  Sobre el papel toma forma el grupo escultórico de La Huída a Egipto. Este pasaje del evangelio según San Mateo cuenta el viaje a Egipto de la Virgen María, San José y el Niño Jesús huyendo de Herodes rey de Judea, porque éste temía perder su reino ante el advenimiento de Jesús, el Mesías. Herodes proyectaba asesinar al Niño, pero un ángel se le apareció en sueños a San José avisándole del peligro que corrían. Se pusieron en camino con María y el Niño a lomos de una burra, viviendo en Egipto hasta la muerte del rey Herodes tras la cual volvieron a Nazareth.

                     Escogiendo entre la copiosa imaginería existente representando el viaje, Gaudí opta por situar la escena con el ángel a la izquierda seguido por María y el Niño sobre la burra con San José a la derecha. Ya contaba con modelos humanos para la Sagrada Familia, sólo le faltaba el animal que  transportaba a la Madre y su Hijo hacia Egipto. La burra tan conocida y representada en la iconografía cristiana.


Detalle de la fachada con La Huída a Egipto a la izquierda
     

                    Mientras dibuja, desde la calle Cerdeña va colándose por la ventana de su estudio el eco conocido de la vendedora que día tras día, varias veces a la semana, llega desde Sants (2) a lomos de su burra Margarida. La mujer tan anciana como su compañera de fatigas vende asperón, la arena blanca y abrasiva utilizada desde antiguo para pulir ollas y otras superficies metálicas, como los fogones de hierro. Va pregonando su mercancía: ¡Noies, qui vol terra d’escudella! (3) y su voz después de muchos años de oírse ya forma parte del mapa acústico de la ciudad siendo habitual para los vecinos, entre ellos Antonio Gaudí. Oírla y situar in mente al animal formando parte del grupo escultórico, fue todo una.

                          Llamándola, le propuso a la vendedora:  

                   -Dona, li compro la ruca –le dijo-. Tingui, ¿li sembla ben aixó? (4)

                      Tan bien debió parecerle el precio a la mujer, que aquel mismo día liquidó el negocio y dejó en la Sagrada Familia a la que era a la vez su pan y su transporte, después de una despedida en la que no faltaron las lágrimas y los abrazos de la mujer.
                      
                        Para cualquiera que observe con atención el grupo de la Huída a Egipto se hará evidente la escasa talla del animal, demasiado pequeño para cargar con la Virgen y el Niño. Talla real porque la figura se hizo vaciada en yeso. 

                       Pero no ha de extrañar que Gaudí se quedara precisamente con aquel animal. Además del evidente servicio que iba a proporcionarle como modelo escultórico, es muy posible que algo tuviera que ver el recuerdo de aquella otra burrita que lo llevaba desde Reus al Mas de la Calderera, en Riudoms, para pasar días de reposo abriendo sus ojos a la deslumbrante Naturaleza. La memoria de la edad infantil contiene un gran potencial evocador. A su lomo el arquitecto en sus años infantiles, convaleciente tras las agudas crisis de fiebres reumáticas que lo inmovilizaban largas temporadas impidiéndole asistir al colegio, debieron fraguarse muchas ideas de las que se nutriría en su edad adulta.                     


                        La burra Margarida accedió a la fama como cualquier estrella que se precie. Primero, un cambio de imagen a manos de un gitano esquilador del barrio de Sant Martí dels Provençals que terminó rasurándola por completo. Más tarde un tratamiento corporal oleoso y por fin una mascarilla integral a base de yeso. Aunque eso sí, colgada de lo alto por un arnés de lona que la sujetaba bien firme por debajo del vientre, para evitar que sus pataleos en tierra impidieran el fraguado del molde.

                         Este animal fue el primer habitante de un corral que Gaudí mandó construir en el recinto de las obras. En él pasaron diversos espacios de tiempo un buen número de ejemplares de variadas especies y procedencia, cuyas figuras podemos contemplar hoy en la antigua fachada y de los que poco a poco iremos contando sus historias. Tan curiosas como la de la burra Margarida.


Ana Mª Ferrin


(1) Todo el proceso creativo de la Fachada del Nacimiento en la Sagrada Familia, en Gaudí. De Piedra y Fuego. Ana Mª Ferrin:
      http://afejara.blogspot.com/p/gaudi-de-piedra-y-fuego.html


(2)  Antigua villa independiente cercana a Barcelona que fue anexionada a la ciudad en 1897. Es un enclave de marcada personalidad por su historia de antiguo centro industrial y posee la calle comercial más larga de Europa, con más de 300 comercios individuales que aportan al barrio un caudal económico de primer orden al ser muy visitados por el resto de barceloneses. 
(3) En castellano:  ¡Chicas, quien quiere asperón
(4) En castellano: Mujer, le compro la burra. Tenga, ¿le parece bien ésto?       

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