Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





SAGRADA FAMILIA: DE ARTE ILLUMINANDI


                      
                         El Agente rural deja sus prismáticos sobre la mesa de la cabina situada en lo alto de la torre de vigilancia, lleva 15 años en este trabajo y el espectáculo de ver amanecer en el macizo rocoso de Montserrat sigue fascinándole. Es una escenografía que cambia cada vez, ahora asomando un gajo naranja entre nubes, ahora subiendo desde el horizonte una sinfonía de amarillos, puede que hoy a la luz se le ocurra nacer tras un negro nubarrón abriéndole ventanillas grises, o quizás, como aseguraba Dalí que pasaba en su cielo de Port Lligat, el sol brochea el cielo con pinceladas de un verde lisérgico, inexplicables pero reales. Todo muy normal.


S. Familia. Baldaquino con la caligrafía de Josep Batlle

CALIGRAFÍA Y MINIADO:
 ¿UN ARTE MENOR?

Oublicado en Gaudí y Mas. 6 de Noviembre de 2011    

            
                    O no todo tan normal, porque este guardián de bosques, Josep Batlle, tenía mientras tanto en su garita de vigía, junto a los prismáticos, un tintero y una pluma de pavo con los que ensayaba sobre un pergamino leyendas similares a las que un día iban a figurar en el baldaquino de la iglesia de la Sagrada Familia, en Barcelona.

                Batlle estudió Protésico Dental. Trabajó en albañilería y como fontanero. A partir de los catorce años empezó su afición a la montaña, a escalar, y de ahí a emplearse durante quince años los tres meses de verano haciendo el trabajo sedentario del vigilante forestal, pasando muchas horas en la cabina elevada de una atalaya, oteando con sus prismáticos los bosques y rocas que rodean el Monasterio. 


                   Pero nunca sabes hacia dónde te llevará la vida y él es una buena muestra de que a veces, más vale no resistirse al destino y dejarse dirigir por su timón. Desde hace tres años su nuevo trabajo como Agent Rural está en Lérida, en la comarca del Urgell. A pie o en un todoterreno vigilando la caza, la pesca, las prácticas susceptibles de peligro, controlando los riesgos del fuego y que los caminos sean practicables o viendo si aparece algún animal herido o peligroso, transcurre su jornada. Una especie de policía del medio ambiente con muchos registros, dedicación ideal para una persona inquieta a la que le interesa la Naturaleza.



Detalle de leyendas del baldaquino escritas por Josep Batlle (A.Mª.F.)
                      
                      Conocer cómo este joven pudo llegar a apasionarse por un arte tan minoritario y desconocido fuera del ambiente de sus practicantes como es la caligrafía de los documentos y libros antiguos. Saber el esfuerzo que le ha llevado a miniar láminas copiando motivos milenarios, invirtiendo en alguna de esas páginas hasta 600 horas. Enterarse de cómo empezó a estudiar las técnicas con que se componían esos manuscritos medievales muchas veces celosamente guardados por sus monjes, es lo que les propongo con este trabajo a los interesados como yo misma por lo poco usual, por las noticias que raramente serán noticia. 


                        Ver los trabajos que guarda en su estudio, impacta, aunque él no le da importancia: -Solo copio, dice-, achacándolo a las horas muertas en aquel trabajo de centinela en el que pasó quince años ocupando espacios de tiempo que un ser curioso como él iba llenando con la lectura. Un día cayó en sus manos la primera reproducción de algún escrito medieval y se interesó en copiar como distracción algún párrafo, un motivo aislado, una escena completa, una página. Hasta el día en que abrió el Missal de Santa Eulàlia y fue la revelación de que el pasatiempo merecía más dedicación. Corría 1998.


Acuarela, tinta y pan de oro de 24 K. sobre pergamino. J. Batlle

                   Un par de años más tarde Batlle había ido mucho más allá, hasta el núcleo de ese arte artesanal, hasta llegar a la preparación de las pieles y a la fabricación de las tintas. Atender con su esposa a sus dos hijos y una vez los tenían acostados ponerse a la tarea llegando hasta las seis de la mañana sin moverse de la silla, eso ya no era recrearse, era señal de que su actividad había pasado a ser algo mucho más serio, al punto de convertirse en una dedicación vocacional que abarcaba investigación y análisis.

            Durante un tiempo trabajó experimentando técnicas de caligrafía y decoración para su propio placer personal. Conoció que la gótica rotunda se escribe con una caña. Aprendió a modelar las plumas de pavo regaladas por su vecino Pubill, su primer proveedor que tenía una de esas aves, para después proceder a pelarlas, endurecerlas rellenándolas con arena y sumergiéndolas en tierra caliente dentro de una sartén, terminando de aguzarlas para darle a cada una la función adecuada.


Batlle escogiendo la pluma que se adapta a un nuevo proyecto (A.Mª.F.)

                     La mezcla de productos para fabricar tintas, con yema, con clara, con pigmentos a los que hay que machacar bien en el mortero para eliminar los gránulos, con vinagre o vino, con hollín, nogalina y las mil y una materias que han pervivido desde que nuestros ancestros empezaron a contar su historia, equivale a descorrer el telón de una práctica cercana a la alquimia. Con nombres sugerentes, como la siguiente receta para elaborar tinta ferrogálica cuya sola lectura evoca mundos olvidados, ocultos, que sólo iniciados muy afortunados conocen:


                          Tómese un azumbre de vino blanco lo mejor que se pudiere haber, y cuatro onzas de vitriolo de Flandes, y cuatro onzas de agallas de Valencia, y tres onzas de goma arábiga...Y luego tras ésto colarlo con un paño espeso, y revolver se ha bien con un palo, y echar se ha en una bota... 


Una muestra de filigranas en letra versal


                    Vivir pegado a la cara de un macizo como Montserrat, de esos que abrigan, imprime carácter. En paralelo a su trabajo en los bosques Batlle buscó contactar con quienes tenían su misma afición, descubriendo que por muchos rincones del mapa vivían gentes interesándose como él por algo tan excéntrico como puede parecer, en la era de la informática, transmitir mensajes dejando tu propia huella digital en un escrito. Se enteró de que existen asociaciones como la Asociación Alcuino en Urueña, Valladolid, donde no sólo los libros, también la caligrafía como tal encontró su acomodo  impartiéndose cursos por renombrados especialistas como el catalán Oriol Miró y el inglés Keith Adams, que en 2008 caligrafió en esa villa la fachada entera de una casa con el Capítulo 50 de la Primera parte de El Quijote. Y entre ellos, el mismo Josep Batlle.

                    Bastantes de sus copias sirvieron para decorar su casa o como regalo a los amigos. Pero la reproducción de esos trabajos había conformado un dossier donde mostrar sus registros a posibles interesados que rentabilizasen su afición. Aquí no está considerado un arte con mayúsculas como en los países anglosajones, entre nosotros hasta ahora se tenido por un arte menor. Pero la cultura de plástico y molde no satisface a todo el mundo y poco a poco la demanda que pide trabajos realizados a escala humana por artistas artesanos, va cavando su pequeño canal.


Privilegio de Felipe II concedido a Mazarrón, Murcia. Desaparecido en 1989, fue
realizado por Batlle a partir de unas fotografías que se conservaban. Pigmentos
 al temple sobre pergamino y papel verjurado de los siglos XVII y XVIII.

                   En el 2000 desde Mazarrón, Murcia, Batlle recibió el encargo de realizar el facsímil del Privilegio otorgado por Felipe II en 1572 a la villa, un documento desaparecido del archivo en 1989. El trabajo, soberbio, lo realizó a partir de unas fotografías del manuscrito que se habían conservado. Poner en marcha el proyecto le costó varios meses, que invirtió en encontrar y acondicionar el pergamino, la piel del exterior, y el papel verjurado del siglo XVIII con el que compuso el pliego interior. Algo similar a lo sucedido cuando  reprodujo unas páginas del manuscrito gótico de Las Horas, de Turin, cuyo original había sido iluminado por Jan Van Eyck

                        Por su cuenta ha reproducido el Missal de Santa Eulàlia, cuya página del Juicio Final –600 horas de trabajo- es un derroche de arte y oficio como puede comprobarse en el detalle de la imagen siguiente. Este trabajo construido a partir de pigmentos al temple sobre pergamino, reposa a la espera del entendido que conozca el valor de una inversión en algo así, cuyo precio siempre será inferior a su valor.


Detalle del Juicio Final del Missal de Santa Eulàlia, por Josep Batlle.  En este
trabajo invirtió 600 horas. Pigmentos al temple sobre pergamino. 

                     El hito que lo ha llevado a que el especialista Denis Brown le apadrine un reportaje a doble página con parte gráfica en la revista irlandesa The Edge (El Filo), ha sido su descubrimiento de un sencillo útil con el que según el resultado de una investigación que le ha llevado años a Batlle, los monjes celtas autores del Libro de Kells habían conseguido realizar las minúsculas circunferencias y espirales que guardan otras en su interior y dentro otras a su vez. 


Libro de Kells. Obsérvese el detalle interior de los círculos


                Al libro irlandés se lo conoce por ser el más ilustre ejemplar de manuscrito ilustrado con motivos ornamentales que existe en la actualidad y fue realizado hacia el año 800. Por su gran belleza de ejecución y la calidad del colorido está valorado como una de las piezas cumbres del arte de la iluminación medieval, exponiéndose actualmente en el Trinity College de Dublín, donde el reputado especialista Dr. Bernard Meehan ha considerado de interés el hallazgo de Batlle.

                   El artilugio creado por el barcelonés es de una sencillez pasmosa Eso cuando lo ves, claro, porque consiste en uno de esos huevos de Colón que estaban ahí, idea a la vista de todos, esperando centurias la llegada de alguien con la mirada adecuada para captarla. Incluida su dosis de referencia actual, ya que la Coca-Cola ha tenido algo que ver en el invento de Batlle.


La revista The Edge publica el estudio de Josep Batlle (A.M.F.)

            Y llegamos al baldaquino de la Sagrada Familia. Con su limpia caligrafía, terminado y colocado a tiempo en el altar mayor a la vista de los fieles y visitantes para la visita del Papa Benedicto XVI, el 7 de Noviembre de 2010.

                   La génesis del proyecto se debe a que las monjas del monasterio de San Benet, en Marganell, conocían a Josep Batlle. Cuando les pidieron que confeccionasen el techo de tapicería para el baldaquino, se produjo una conversación con el arquitecto Director de las obras de la Sagrada Familia, en la que les mencionó su interés por encontrar un calígrafo que escribiera Los Dones del Espíritu Santo en la franja inferior. Las monjas no lo dudaron y dieron el nombre de Batlle. 


Santa Marta y San Julián en la barca. Detalle del manuscrito Las Horas, de Turín,
iluminado por Jan Van Eyck y desaparecido en el incendio de la biblioteca de Turín
 en 1904. Realizado por Josep Batlle en pigmento al temple sobre pergamino de cabra.

                    La Dirección y el calígrafo llegaron a un acuerdo, tardando Batlle seis meses en preparar todas las pieles y escribir las palabras, para lo que utilizó tubos de acuarela Schmincke de dos colores, Rojo de cadmio y un poco de amarillo, sin más aditamentos. En su ejecución se han utilizado cincuenta piezas rectangulares y octogonales, pieles de cordero curtidas por Magí Puig, de Igualada, Barcelona, y acondicionadas a su gusto por el mismo Batlle sobre las que ha escrito en letra versal las siete virtudes del Espíritu Santo, a saber: Sabiduría, Inteligencia, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios.

                    Sólo en dos ocasiones por un error de medidas al cortar las pieles se vio obligado a desecharlas. Por cierto que él, muy puntilloso con eso de darle a cada protagonista su lugar porque sabe muy bien el mal trago que se pasa, cuando alguien silencia tu trabajo adjudicándose una autoría que no es tal, llama la atención sobre las estrellas que separan algunas palabras del baldaquino: - No son mías, ¿eh? Hágalo constar.


En un muro escribiendo la leyenda de Lincoln (A.Mª.F.)
http://www.arteilluminandi.com
                 
                    Así que ya saben, las estrellas pintadas en el baldaquino no son obra de Josep Batlle, que así conste. Lo dice mientras trabaja en su proyecto actual decorando una pared con la frase de Abraham Lincoln escrita en caracteres itálicos: Tú puedes engañar a unos pocos todo el tiempo y a muchos un poco de tiempo. Pero no puedes engañar a todos todo el tiempo.


Ana Mª Ferrin

4 comentarios:

  1. Bravo bravísimo al maestro.
    Y gracias a la autora por tan maravilloso reportaje, homenaje también en cierto modo a la caligrafía y miniatura.

    Enhorabuena Josep.
    ¡Qué grande eres!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por sus palabras. Tiene toda la razón, ES GRANDE.

    Saludos

    ResponderEliminar
  3. Delicioso artículo sobre un grande de la caligrafía ibérica. Gracias por darnos a conocer el maravilloso trabajo de Josep. Estuve el año pasado en la Sagrada Familia y me llené de emociones y volveré cuantas veces me sea posible.
    Un saludo muy afectuoso desde Monterrey, México, donde los calígrafos e iluminadores somos también una verdadera rareza, pero los habemos gracias a Dios.

    ResponderEliminar
  4. Saludos, Alberto. Para usted y para Monterrey

    Si le interesa Gaudí, de quien soy biógrafa, éste blog está dedicado a él, a la Sagrada Familia y a cuantos han intervenido en esta obra y las demás del maestro. Aparte de, como dice el título, mucho más sobre todo tipo de creatividad constructiva, siempre a favor de la cultura del esfuerzo.

    La entrada de mañana también trata de iluminadores y calígrafos.

    Gracias por sus palabras y espero que nos siga visitando.

    ResponderEliminar