Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





SUBIRACHS Y EL BARÓN HEINRICH THYSSEN-BORNEMISZA


                       
                       Una anécdota interesante, la vivida por Josep Mª Subirachs al recibir al barón Heinrich Thyssen un viernes por la tarde en la Sagrada Familia. Ese día, visitando el estudio del escultor, el magnate y coleccionista de arte vio tendido en el suelo al Cristo Crucificado, desnudo/desnudo, boca arriba aún sin prender en la Cruz.


El baron Heinrich Thyssen, coleccionista de Arte.


EL CRUCIFICADO, UN CRISTO POLÉMICO


 Publicado en Gaudí y Más. 10 de Noviembre de 2010                 


                    El motivo era que Bruno Gallart, ayudante del maestro y presente en aquella ocasión, debía calcular el lugar exacto para taladrar las muñecas de la imagen en un punto preciso entre los tendones, haciendo coincidir los agujeros en perfecta simetría con los de la viga de hierro que haría las veces de madero, una de las llamativas innovaciones de la fachada.

                     Como a partir de la base cervical, el cuello y la cabeza del Cristo inician una curvatura de 1,5 metros hacia delante que transforma la vertical de la imagen en un delicado ángulo, Gallart tenía instalada la figura en el suelo, protegiendo su estabilidad al situarla sobre unas parihuelas en suave inclinación que la mantenían incorporada, evitando forzar una postura de la imagen que hubiera provocado la ruptura del cuello por su propio peso.


El Cristo Crucificado en el nivel más alto de la Sagrada Familia (A.MªF.)
                      
                     Así vio el barón Thyssen al Cristo antes de su prendimiento. El aristócrata que fue famoso por su gran olfato descubriendo nuevas formas artísticas y por aquilatar anticipadamente su valor, supo apreciar las cuatro novedades que hacían de esta Crucifixión una pieza revolucionaria. 

                 En primer lugar, el cambio de la cruz clásica hecha con dos leños aquí estaba formada por dos jácenas, siguiéndole la colocación del elemento vertical clavado en la pared en lugar de en el suelo y cuyo perfil superior formado naturalmente por una "I", inicial de INRI, estaba pintado de rojo sangre. Acabando todo el conjunto con la variación más evidente, la desnudez de Cristo. Al ver la talla de piedra con su cruz y comprender la originalidad del diseño, estuvo observándola en silencio junto a Subirachs, que a su vez trataba de adivinar cual sería la reacción del entendido coleccionista al término de su estudio.

             Transcurrido un tiempo Thyssen se volvió hacia el escultor, diciéndole: -Me interesa mucho esta obra. Quisiera comprarla. La sorpresa de Subirachs fue grande, respondiéndole que lo sentía pero que no estaba en venta. Era un encargo para la Fachada de La Pasión de la Sagrada Familia, una obra única, proyectada exactamente así para que encajara en aquel emplazamiento.


El escultor Bruno Gallart, ayudante de Subirachs. 1999. (A.Mª.F.)

                           Este Cristo ha producido una retahíla de curiosidades para la miscelánea del templo, empezando por el escándalo que provocó al principio su desnudez entre un sector de fieles.


                         Un día, un contratista que trabajaba para las obras y  tenía aspiraciones artísticas, habiéndose ofrecido varias veces a Subirachs para ser su ayudante, reaccionó de forma violenta al considerar las negativas del escultor como un desaire. Era cierto que el escultor, ya fuese porque en realidad no necesitaba aquel trabajador o porque intuía en el hombre algún rasgo que le parecía negativo, no consintió en tomar en cuenta sus pretensiones las varias veces que el hombre se dirigió a él. Para vengarse, el aspirante rechazado aprovechó una jornada a última hora, ya sin testigos, para acceder al taller del artista y enlazar con un cable el cuello y un brazo del Cristo. Ató los cables a la polea de una grúa y accionando su mecanismo intentó elevar la figura del suelo, con la idea de dejarla suspendida en el espacio con los dos puños levantados como señal de protesta.

  
La Crucifixión, de perfil. (J.Mª.S.)

                            Mal sujetos, los seis metros de piedra arenisca de Lérida tensaron las correas haciéndolas crujir. De las entrañas del Cristo partió una especie de quejido y el cuello primero, después el brazo, quedaron tronchados.

                           El individuo debió asustarse y no se le ocurrió otra cosa que pegar al torso las partes arrancadas, en una torpe chapuza que hubiera provocado la sonrisa de no mediar la importancia del caso. Pocas investigaciones fueron precisas al día siguiente para dar con el culpable, había suficientes pruebas de irregularidades en la vida de aquel hombre para identificarlo. Un tiempo después volvió a trabajar para la Junta, pero tras provocar una serie de faltas acabó muriendo prematuramente como resultado de su problemática vida. (*)

 Ana Mª Ferrin                          

(*) Un buen número de las peripecias sucedidas en la fachada pueden leerse en El tacto y la Caricia. Subirachs, libro de Ana Mª Ferrin:

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