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LouisConfortTiffany Sorolla Louis Comfort Tiffany, artista plástico creador de joyas y de las famosas lámparas Tiffany. Joaquín Sorolla. Hispanic Society.





GAUDÍ Y EL ARTE DE LA FORJA



                      De cuero negro sobre su Harley-Davidson Softail de Luxe, Chus Martínez rueda por la carretera barcelonesa de La Roca. El cielo por techo, el asfalto por horizonte, relajado, recostándose en el respaldo con las piernas estiradas, reafirmando su propia fuerza apretando las suelas de sus botas contra los pedales y dando gas con el puño enroscado en el acelerador, corre a lomos de una máquina tan suave que su motor podría  haberse montado dentro de una catedral gótica al son de la 9ª Sinfonía de Beethoven. O algo así.
                   
                       Algo así, esa sensación de libertad, debía ser la que sentían los jinetes medievales cuando marchaban al galope por los caminos, a la aventura, buscando liberar a la princesa y matar al dragón. Caracoleando por el torbellino de esa carretera conocida por lo rizado de sus curvas la imaginación puede desbocarse hasta el punto de hacerte ver lo que no es. Porque es imposible que Chus haya visto lo que ha visto, un castillo, y ante su puerta un caballero con la armadura brillando al sol, matando a un dragón que se retuerce dando coletazos con la lanza clavada en el cuello.
                     
                    Pero la visión es tan potente que el motero no puede por menos que frenar, entrar en el primer desvío, cambiar el sentido de su marcha y retroceder hasta la curva que le ha impactado. Y no puede creer lo que ve. 

Sant Jordi mata al dragón ayudado por Max y su espada. 2011 (A.Mª.F.) 

UNA HERENCIA EXQUISITA


Publicado en Gaudí y Más. 2 de Diciembre de 2011

             
                         La amplitud de diseños y técnicas en hierro con que Antonio Gaudí enriqueció sus edificios le valió un apreciable respeto entre los artesanos del gremio de la herrería, quienes podían captar mejor que nadie la cantidad de conocimientos que aquel joven traía aprendidos de un oficio que desde siempre ha complementado la arquitectura. 

                       Todo lo relativo a la forja fue para Gaudí una vocación temprana. Tenía la imaginación imprescindible para crear, pero eso no hubiera bastado de no contar con la maestría adquirida en los talleres por los que fue pasando a medida que cambiaba de domicilio. Si profundizamos en su biografía no nos extrañará la excelencia a la que llegó sabiendo que partía de ayudar desde niño en la calderería de su padre, donde el oficio de formar volumen con metales encerrando en ellos el espacio sería un recuerdo sobre el que han escrito todos los que recogieron sus comentarios.


Puerta de las caballerizas Güell con su magnífico dragón, realizada en 1885. (A.Mª.F.)
                           
                   Antes de marchar de Reus a Barcelona a los dieciséis años, el adolescente Gaudí ya había trabajado en la calderería Sardá, en la herrería Ciré y en el taller que tenía uno de sus tíos, un buen forjador especialista en la torsión de barras. Una vez en Barcelona fueron varios los talleres con los que se relacionó. El de Joan Oñós, el de los hermanos José y Luis Badía Miarnau, Salvador Gabarró, Talleres Manyach y especialmente el de Vallet i Piqué, donde se forjó la espectacular puerta de las caballerizas Güell en la avenida de Pedralbes nº 7.

                       Gaudí alternó en sus diseños el hierro colado, fundido, forjado, el latón, combinando elementos industriales con otros artesanales. Y nos da la medida de su genio el saber que estos pequeños pabellones que vemos a ambos lados del dragón, al encargárselos Eusebio Güell sólo pretendía que le construyeran unas cuadras con la cochera para guardar sus carruajes y los caballos que tiraban de ellos. Pero a esta primera construcción para Güell se agarró Gaudí con toda la pasión de su juventud, ansioso por demostrarle su talento a un hombre de fortuna y espíritu artístico como fue el que se convertiría en su cliente más importante y no estaba equivocado. Aquel prodigio de creatividad le abriría las puertas de Barcelona




Arriba, el interior de las caballerizas Güell en los tiempos que se utilizaban
como cuadras. Posteriormente, cuando pasó a ser la Cátedra Gaudí.


Vista del conjunto de las caballerizas Güell. Entre los pabellones, la cancela
con el dragón.
                       
                        El dragón está formado por una diversidad de elementos que nos permiten dos miradas muy distintas ya sea de cerca o de lejos. Situados a distancia la figura es un prodigio de enrevesado movimiento, provista de garras amenazantes con una boca para asustar y la cola enroscada de afiladas escamas con púas terminales en sus alas de murciélago, incluso la lengua que ondea entre dientes como cuchillos, amenazando con salir disparada de sus fauces, convierten a esta puerta en el destino ideal para una foto atractiva.


                         Pero si el observador se acerca lo bastante, su sorpresa será mayor al comprobar que muchos de los elementos que forman la bestia son piezas comunes en los montajes metalúrgicos, utilizados en motores o maquinaria corriente. Tuercas, muelles, cadenas, mallas, tornillos, etc. Otra curiosidad es que este dragón de Gaudí nada tiene que ver con San Jorge. Aquí estamos ante otro personaje, el dragón Lidón, a quien Hércules (o Heracles según su nombre griego) debía matar en el nº 11 de los 12 trabajos que según la mitología griega le encomendaron los dioses. La historia del porqué Gaudí situó aquí este dragón es tan compleja como atrayente, une los nombres de Eusebio Güell, Antonio Gaudí, el marqués de Comillas y el poeta Jacinto Verdaguer, y por su interés y extensión merece otro artículo que vendrá más adelante. 


Obsérvese el delicado diseño de las rejas de la cripta Güell (AMªF)




La reja que envuelve la columna genealógica de Jesús entre
las puertas centrales del Nacimiento y detalle de su trenzado.
                   
                       Se sabe que unas veces trabajando y otras haciendo pruebas que más tarde le servirían para tener idea de lo que proyectaba y cómo realizarlo, a menudo era él quien ideaba artilugios para conseguir las filigranas en hierro que se le ocurrían. Como es el caso del trenzado que envuelve la columna central de la fachada del Nacimiento, que tiene mucho de encaje de bolillos, o el sutil enrejado que sorprende por su finura protegiendo las ventanas en la cripta de la iglesia de la Colonia Güell, hasta que te enteras de que está hecho con agujas inservibles de los telares de la empresa de Güell, una fábrica textil.  
                             
                        Los artesanos de las fraguas que trabajaron para Gaudí hablaban con orgullo de haber participado en sus obras. No era algo común que todo un señor arquitecto conociera los metales con tanta profundidad como para dirigir punto por punto esas obras que hoy nos dejan boquiabiertos. Para hablarles de tiempos y grados de fundición, de qué aleaciones eran correctas. Para ponerse los guantes y montarles maquetas de alambre o plomo, escayola, madera o cartón para facilitarles el trabajo ilustrándoles sobre las formas que deseaba conseguir. El anecdotario de esas pequeñas piezas es exhaustivo. Cuentan sus ayudantes que las usaba como pisapapeles, asegurándoles con lucidez anticipatoria que en un futuro habrá gente que pagará para que les permitamos hacer reproducciones de esas piezas. Y ese dinero nos servirá para continuar las obras.


Todo un tratado del arte de la forja encierra esta obra de Antonio Moya que
hoy obliga a parar al viajero que circula ante el
nº 9 de la carretera de la Roca, en Montcada i Reixach, Barcelona.


                          Por lo general quien trabaja la forja suele ser humilde al hablar de su tarea. Claro que habrá de saber calentar los metales y manejar el fuego y el martillo sobre el yunque para dotarlo de una deformación plástica. Deberá lograr el rojo, el anaranjado, el amarillo, el blanco, percibir ese blanco-anaranjado que es el color ideal para el esculpido artístico. Aunque los forjadores suelen decir con sencillez que para hacerlo bien sólo se necesita algo donde poder calentar el metal, un sitio para apoyarlo y algo para golpearlo, lo que no sería muy dificultoso, algo me dice que para traspasar la artesanía y llegar a la obra de arte es preciso contar con algo, con mucho más. Nunca mejor dicho, será preciso contar con una chispa extra. 


                         En marzo de 1921, en la portada del número 13 de la revista De l’Art de la Forja, órgano del Gremio de Cerrajeros y Herreros, aparecía una larguísima dedicatoria que empezaba así: A don Antonio Gaudí…, terminaba con los siguientes párrafos:…En los siglos venideros, cuando se hable de las generaciones pasadas en el arte del hierro, se señalará como un hito remarcable su obra… Retomando la historia artística que tan alto colocaron los herreros medievales, De l’Art de la Forja le ofrece este sencillo homenaje, dígnese aceptarlo con el mismo amor que se lo ofrecemos. 


El Gremio de Cerrajeros y Herreros portando el estandarte diseñado por Gaudí.


                          Gaudí diseñó para este gremio que data de 1380, un estandarte de 1,70 de alto por 2,50 de largo. De color verde, llevaba bordados el escudo de Barcelona y en el centro la imagen de su patrono San Eloy, que no por casualidad lo es también de orfebres y joyeros. La bandera fue quemada en 1936 por un grupo de anarquistas, aunque afortunadamente existe como testimonio en el Museo de Historia de la Ciudad, en Barcelona, el original del dibujo que cierra este trabajo.


Ana Mª Ferrin
                               

8 comentarios:

  1. Buenas tardes

    Interesante artículo, Gaudí fue un gran maestro del arte del hierro forjado.
    Gracias por compartir.

    Un saludo,

    Prefabricados Metálicos Tafer, S.A.
    www.tafer.com

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    1. Acabo de advertir que se me había pasado mandaros un saludo. Rezo una penitencia y hasta pronto.

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  2. Interesante artículo. Otro ejemplo a destacar sería el trabajo de Joan Oñós y los hermanos Badia Miarnau en las magníficas puertas de entrada del Palau Güell en la calle Nou de la Rambla de Barcelona.

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    1. Tiene razón. Los hermanos Badía trabajaban con Joan Oñós, y cuando éste se retiró siguieron con el negocio. Gaudí continuó llevándoles a ellos los encargos y cuando más tarde se cambiaron a un nuevo taller en la calle de Nápoles y Gaudí les hizo el proyecto, para ayudarles en el comienzo del nuevo negocio acordó que sus honorarios de arquitecto los irían descontando a medida que él les fuera encargando trabajos. Por cierto que cuando Gaudí visitaba la obra del Palau, Oñós se escondía para no encontrárselo por temor a que le encargara alguno de los difíciles trabajos que se le ocurrían.

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  3. Me gustaria añadir a este interesante artículo sobre la forja de Gaudí, aquella que éste realizó imitando la palmera Margalló, una muestra de belleza y precisión.
    Escribí algo sobre ello y puse una foto aquí:

    http://dmiventana.blogspot.com.es/2012/04/chimeneas-de-gaudi-en-el-palau-guell.html

    Un cordial saludo.

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    1. Hola Nuria. Tiene usted buen gusto. Esta hoja de palmito es una filigrana que diseñó Gaudí para la reja de la Casa Vicens de Barcelona y ha sido copiada y repetida a menudo. El modelo en barro lo hizo Lorenzo Matamala y el forjador Joan Oñós la realizó en hierro colado. Me alegro de que se haya detenido en este rincón.

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  4. Attn. ANA FÉRRIN:
    Como de costumbre la consulta de tus "páginas" es ilustrativa y aporta datos y también los complementa, y de todo ello permite seleccionar la información necesaria, que se agradece.
    joan palmarola nogué
    BON ANY 2015

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  5. Y yo te agradezco la visita, el comentario y la felicitación.

    Feliz Año 2015 para ti y los tuyos, amigo Palmarola.

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