Foto cabecera

detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





TÁMARA DE CAMPOS: LOS CUENTOS DE JUAN TOCINO (1)


                     Válgame San Hipólito, ¡Cómo tengo el pescuezo!
                     O dicho en fabla de hoy, ¡Cómo tengo las cervicales!


                          Antes de nada permítanme vuesas mercedes que me presente. Me llaman Juan Tocino, nacido en Támara de Campos. Soy el mozo que aguanta el púlpito con su cabeza, el que antes trabajó en la venta de el Rebollar, el hijo de Tocino el Viejo, aquel cantero que tanto picó para San Miguel como para San Martín de Frómista…

   
Iglesia de San Hipólito el Real en Támara de Campos, Palencia. El púlpito gótico-mudéjar
reposa sobre la nuca de un personaje al que popularmente se conoce por "Juan Tocino"

REFLEXIONES DE UN PORTOR

Publicado en Gaudí y Más. 7 de Diciembre de 2011

                      
                  Ahora ya sé lo que dirán. Que a mi padre todos lo conocían porque era un hombre duro para el trabajo y ponía su marca en más piedras que nadie. Pero yo, qué quieren que les diga, trabajar siempre he trabajado, pero no tan brutal como mi padre, hombre, a mí me viene más el mester de cómico y juglaría.

Vista completa del púlpito


                     Como siempre fuimos detrás de mi padre rodando por conventos y capillas, los frailes y curas me enseñaron las letras y me di a las rimas. Además siempre fui un doncel que gustaba de echar cantigas a la Virgen de Rombrada o a San Hipólito, tanto como echarles flores a las mozas de Campos. Sepan vuesas mercedes que a pesar de haberme pasado más de 500 años escondiendo la cara en esta posición y ya nadie se acuerde, mis facciones son de querubín. Soy pajuelo con los ojos  celestes y mis labios son finos y agraciados. Un poco cejijunto sí soy, pero bien plantado.


Visión del rostro de Juan Tocino que pocos conocen. 2008 (A.Mª.F.)
                         
                            Por los años en que nuestra reina Isabel y su señor esposo Don Fernando echaron a los infieles para África y completaron la unión de España. Por la época en que Cristóbal Colón conseguía para nuestra corona un nuevo mundo. Por esos tiempos, vivía yo tan regalado yendo y viniendo a los tajos de las grandes obras llevándoles víveres a los maestros, con mi rocín y un  pollino, desde la venta hasta donde me enviara el amo.

                       Pues sucedió, que llegado un buen día arribé a mi villa de Támara de Campos con las alforjas llenas de condumio para maese Candalio, y cuando estaba en la faena de desembuchar, me llamó el maestro: Juanillo, ven para acá un momento. Mira, agáchate debajo del púlpito y sujétalo un momento con el testuz que vamos a collarlo a la columna. Y yo: -Mire vuesa merced, que eso debe pesar cien arrobas.

                           Pero maese, con los ojos como brasas, me gritó: -¡Sálveme Belcebú! Por mil diablos, ¿Es que voy a tener que repetirlo? ¡Que te agaches! Y si te duele aprovecha para rezarle tres credos a San Hipólito y ofrecerle tu penar.

Juan Tocino visto de lado con su jubón verde y sus
botas negras. 2008 (A.Mª.F.)

                        No me pregunten más, pero el tiempo se paró y aún a día de hoy no he comprendido lo que me pasó ni que conjuro de Merlín me alcanzó, para verme así. Porque allí empezó mi desdicha. Por prudente, por no porfiar. Como el que no quiere la cosa me han corrido seis siglos con mis botas negras, mi jubón verde y mis calzones, en verano, en invierno, aunque caigan chupiteles del techo. Las manos en las rodillas y la espalda baldada.

                   Al principio pasaban los días y raro era que no se acercase alguna moza y me acariciase la cabeza, yo ponía cara de pena y algún beso que otro me cayó. Luego llegó un momento en que ya no pude levantar la frente, aún que maese tuvo a bien darme un bonete de bramante trenzado para que sostuviera mejor el púlpito, pero se me fue clavando en el cráneo y ya ni me lo siento. 


Llamada "La Moza de Campos", San Hipólito el Real en Támara, Palencia (*)

                       Y no es que me queje de mi suerte, que ya me parece oír a los de Támara ir diciendo: Este es un quejita, menudo chisgarabís está hecho, que los de aquí son como  mi padre, que un día pasó a verme y cuando me oyó decirle: Padre, mire como me han puesto, se volvió y me endiñó un sopapo, diciéndome: Como te oiga un lloriqueo más te vas a enterar, que eres un flojo y un gatomuso, cuatrojijas. Ves a lo varón, que los hombres no se quejan de su suerte.

Puerta principal de San Hipólito en sombras.
Al fondo tras una reja, la puerta inconcebible

                       Como verán vuesas mercedes, aquí estoy, fincado en tierra por los siglos. Porque la última vez que levanté la frente fue sin proponerlo, se me levantó sola al ver las dos hojas de la puerta nueva con el martirio de San Hipólito. Si, esa puerta, la que hizo aquel artista inmortal. Y digo inmortal porque alguien que fue capaz de hacer algo así vivirá eternamente en el magín de los tamarienses que seguirán acordándose de él por los siglos de los siglos. Suerte que ellos son bien listos y casi han conseguido hacerla invisible, arreglándose para que la dichosa puerta sólo sea vista por los que saben de su existencia.
   
Tras un incendio que destruyó la bella puerta original, los
habitantes de Támara se vieron agredidos por este
"martirio" de San Hipólito (AMF)
                                                   
                      Pues aquella noche que trajeron la puerta y la dejaron apoyada en la columna que tengo enfrente, del susto los ojos se me salieron de las cuencas y eso que entonces aún podía girar la cara y mirar por el rabillo. Estiré tanto el pescuezo que estuve a punto de arrancar el púlpito de sus clavos. Lo que pasé yo aquella noche con la puerta frente a mí sin poder moverme fue un martirio que ríete de los leones, mira que llevo siglos viendo cosas y enterándome de cosas, pues nunca vi algo semejante a la nueva puerta de San Hipólito. No me extraña que un grupo de paisanos se juramentara un día para hacerla desaparecer.

                       Pero esa es otra historia… 

                                                                               Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada