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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





GAUDÍ Y LAS FAROLAS DE PERE FALQUÉS



                     Tendría Antonio Gaudí unos veinte años cuando entró en contacto profesional en Barcelona con el arquitecto Josep Fontseré i Mestres, de ascendencia tarraconense de Riudoms como el propio Gaudí. En 1873 empezaba Fontseré las obras del recinto de la Ciudadela, una de las obras más emocionales de la ciudad por derribarse la parte militar y penitenciaria de un conjunto construido por el gobierno central en 1718, al que los barceloneses llevaban años tratando de eliminar de su paisaje por todos los medios, incluidas varias revoluciones. De la última en 1868 conocida por “La Gloriosa”, partió el anteproyecto de transformar las instalaciones de aquella ciudadela con sus terrenos adyacentes, en el magnífico parque que hoy constituye el pulmón central de Barcelona.


Farola de 1906 en el Pº de Gracia, obra de Pere Falqués.
Al fondo, La Pedrera, de Gaudí.



EL ILUMINADOR DE GAUDÍ


Publicado en Gaudí y Más. 6 de Enero de 2011

                        El parque sería el mismo escenario que veinte años más tarde albergaría la Exposición Universal de Barcelona, donde por 85ª vez desde 1798 numerosos países mostrarían sus más famosas mercancías. De los carruajes ingleses a las porcelanas francesas. Los Tabacos de Filipinas, las nieves de Austria, moda femenina, acero, gastronomía, lo mostrado dejó boquiabiertos a los visitantes. De las fabulosas carteras de obras que enriquecieron a tantos arquitectos y contratistas de la época ninguna le llegó a Antonio Gaudí, lo que no significa que el arquitecto pasara por aquel evento sin dejar su huella, lo hizo a través del estudio de Josep Fontseré y contada en metros resultó verdaderamente notable.


Ilustración de la entrada principal del Parque de la Ciudadela
en una revista de finales del siglo XIX. 

El arquitecto Josep Fontseré i Mestres 


                       Nos referimos a la totalidad de la verja que rodea el parque de la Ciudadela. Con un perímetro de un kilómetro y diez puertas principales: Cinco en el Paseo de Pujades y cinco en el Paseo de Picasso. Rejas, farolas y motivos ornamentales en hierro que diseñó para el conjunto, construyendo la parte de fundición en los talleres barceloneses de la Nueva Vulcano y la de forja en los de Mariano Rifà Romeu. Presentó el proyecto en 1876, a los veinticuatro años.


                Un ejemplar de la revista La Il.lustració Catalana de 1880 (posiblemente la primera publicación que mencionó su nombre), afirmaba que el cerramiento era obra de Gaudí: -La gran reja que da vuelta al parque fue ideada por el conocido arquitecto Antonio Gaudí, imprimiendo, especialmente en las puertas, un sello marcado de singularidad y elegancia... Con posterioridad irían apareciendo variadas confirmaciones de su autoría en la cascada y otros lugares del parque, así como en las balaustradas, macetones y diversos motivos escultóricos y constructivos que extendieron su participación por buena parte de los jardines.



Vista de la verja del Parque de la Ciudadela.2011(A.Mª.F.) 

Perdidos los murciélagos, las aureolas sobre los cascos y las luces del pilar
central, puerta de entrada por el Pº Picasso. Diciembre de 2011 (A.Mª.F.) 
                         
                     Los conjuntos de puertas merecen dirigir una especial atención a los escudos de la ciudad y a los cascos medievales, que a la vez constituyen una alegoría a su antigüedad y a su pasado militar. Aún siendo cierto que ningún departamento de la Administración confió personalmente en Gaudí para responsabilizarlo de un encargo concreto, a pesar de haber construido y llevado en proceso varios edificios singulares: El Capricho, la Casa Vicens, Los Pabellones Güell, el Palau Güell y la Sagrada Familia, fue a través del estudio de José Fontseré donde el joven colaboraba habitualmente, que Gaudí consiguió dejar su impronta en una de las obras más notables que se realizaron en la Barcelona del siglo XIX. 


                     Mientras, a pocos metros de donde Gaudí colocaba la puerta principal del parque, otro arquitecto de su generación levantaba las primeras de una serie de farolas que lo harían más reconocible que ninguno de los importantes edificios que construyó. Su nombre, Pere Falqués i Urpí.


Tercero por la derecha, sentado, Pere Falqués i Urpí con un grupo de arquitectos
de la época. Junto a su brazo derecho, Enric Sagnier. 1908

                  Las farolas de Falqués son rotundas y multifuncionales, proporcionan alumbrado urbano y peatonal y sirven de reposo al viandante además de ser espectaculares. Ya sean de piedra y forja, con fundición y cristal, de granito o con preciosistas combinaciones de trencadís; bien de cantería, bien recubiertas con apliques metálicos, no pasan desapercibidas, siendo por sí mismas un elemento escultórico además de servir para lo que fueron diseñadas. Cuatro obras de Antonio Gaudí cuentan con la iluminación de Pere Falqués.

                  Las primeras a que haremos referencia datan de 1897. Están situadas a lo largo del paseo barcelonés de Lluís Companys hasta su confluencia con el paseo de Pujades, precisamente en el tramo donde se encuentra una de las entradas principales del Parque de la Ciudadela, obra de Gaudí. Estas farolas presentan una base cuadrada de piedra con adornos, tienen un banco por lado y dos brazos de hierro que se elevan en uve animados por una recreación de hojas. La parte metálica está pintada de verde penicilina en tono pastel.



                  
        
Farola de Falqués y monumento a Ríus i Taulet del mismo
arquitecto tapando las puertas centrales de Gaudí para el Parque
 de la Ciudadela. Pº Lluís Companys/Pujades. 2011 (A.Mª.F.)

                    Las segundas, colocadas en el Paseo de Gracia barcelonés en 1906, están consideradas las más notables, dando el contrapunto turístico a la Casa Batlló y La Pedrera, las dos fincas más mediáticas de Antonio Gaudí. Estas farolas compuestas por casi treinta bancos con sus correspondientes luces para aceras y calzada, son unas piezas de mobiliario urbano que se han convertido por su diseño y funcionalidad en uno de los elementos más fotografiados de la ciudad, lo que no es de extrañar, pues Falqués derrochó imaginación y gracia en su diseño. Se inicia con un banco redondeado recubierto por fragmentos de baldosa, el conocido trencadís gaudiniano que colabora a su limpieza y brillo, ya que al no precisar pintura evita que los asientos se descascarillen y sólo con ayuda de la lluvia suelen mantenerse en bastante buenas condiciones.

                    Si nos fijamos en su único brazo que curva sobre la vía, al que alguien denominó Un golpe de látigo, veremos que imita al nervio de una pérgola sobre el que trepara una enredadera de hojas similares a las de una parra, a la que se unen otras de palma e hileras de cruces ensanchadas. Está la corona de los reyes de Aragón y el escudo de Barcelona sobre el que aparece el conocido murciélago, símbolo de fortuna del rey Jaime I desde que conquistara Valencia (*)  que aquí ha sobrevivido a su eliminación de las calles barcelonesas. 

  
Arriba a la derecha, sobrevive el murciélago en las farolas del Pº de Gracia. 

                          
Uno de los tres asientos de la farola. 2011. (A.Mª.F.)


                          Las terceras y últimas farolas de Falqués que acompañan hoy a la también última obra de Gaudí, el templo de la Sagrada Familia, se encuentran en la confluencia de la avenida Gaudí con la plaza de la Sagrada Familia y  podría decirse que lo hacen por una cierta predestinación. En origen su construcción estaba destinada a otro emplazamiento muy distinto, donde pasó  51 años.
                            
                    Se trataba de la confluencia del paseo de Gracia con la avenida Diagonal donde formaba en 1907, año de su colocación, una rotonda natural que el Ayuntamiento hizo resaltar colocando en el centro un círculo vacío punteado por seis farolas. En 1915 se puso en ese espacio central la primera piedra de un monumento destinado a recordar la figura del que fuera Presidente del Poder Ejecutivo de la República en 1873, Francisco Pi i Margall, un obelisco obra de los escultores Florensa y Vilaseca al que se añadiría en 1936 la estatua de bronce La República obra del escultor Josep Viladomat, un artista (¡Ay!) que demostró tener curiosos golpes de libertad (**), rodeando al monumento las seis farolas de Falqués. 
  

Confluencia del Pº de Gracia y la Av. Diagonal conocida como El cinc d'Oros
hasta que por razones urbanísticas se retiraron las seis farolas. En la imagen
pueden verse cinco de ellas. A la sexta la oculta el edificio de la derecha, el Palau
Robert. Actualmente podemos verlas en la Avenida Gaudí




Una de las farolas del Cinc d'Oros colocada actualmente en
la Av. Gaudí frente a la Sagrada Familia. 2011 (A.Mª.F.) 

                         
                       De los tres conjuntos de farolas que reseñamos, éstas son las más sencillas. Flores, festones, campanillas y espirales componen un cono de hierro pintado de granate, encajado en un monolito de mármol sobre una base de granito. En cada uno de sus cuatro lados, un saliente de forja del que sube un fino brazo sostiene un farol, del mismo modelo con mínimas variaciones de tamaño, del instalado en  todas sus anteriores farolas reseñadas.

                         A este espacio la ciudadanía no tardó en bautizarlo como El cinc d’oros, El Cinco de Oros, interpretando libremente la carta de la baraja española, que presenta cuatro sellos dorados y otro mayor en el centro. En 1957 la circulación rodada que iba en aumento decidió a la municipalidad retirar las grandes farolas que entorpecían el nuevo trazado viario, depositándolas en un almacén donde estuvieron desmontadas hasta 1985. Ya restauradas, cuatro de ellas se instalaron ese año en las intersecciones de la nueva Avenida Gaudí, colocando la última en su confluencia con la plaza Sagrada Familia. Esta farola que puede verse encarada frente a la iglesia, lleva en su base trasera una pequeña efigie del arquitecto colocada por la municipalidad.

En la base de la farola, un medallón con la efigie de Gaudí. 2011. (A.Mª.F.) 

                     No sabemos si fue algo buscado pero lo cierto es que Pere Falqués, nacido en el hoy barrio de Sant Andreu, consiguió armonizar todas esas farolas con las obras de Antoni Gaudí hasta el extremo de que tanto los vecinos no avisados como los turistas que las fotografían, están convencidos de que son obras de Gaudí. Pero a cada uno lo suyo y vaya ésta pequeña crónica en homenaje al arquitecto Pere Falqués.


Ana Mª Ferrin

(*) En el escudo de la ciudad de Barcelona, hasta 1882 el murciélago presentaba sus alas extendidas sobre la corona condal. Existen varias leyendas que hacen referencia a la presencia de este animal en la corona de Aragón, que empezó a conocerse durante el reinado de Jaime I, e incluso figura en el LLibre dels Feits o Libro de los Hechos, c. 1276, crónica de su reinado. La leyenda más conocida cuenta que durante la reconquista de Valencia uno de estos animales se posó sobre el casco, o celada, del rey Jaime y este hecho fue interpretado como un aviso para que el rey estuviera atento, desde ese día la presencia de un murciélago se tomó como de buen augurio. Otra versión dice que una flecha que iba dirigida al rey fue interceptada por un murciélago, lo que salvó la vida del monarca.
(**) Josep Viladomat era republicano y a causa de aquella obra se vio exiliado en Andorra. Según se ha publicado en elforodelamemoria.info, Viladomat llegó a un acuerdo en 1960 con el alcalde José Mª de Porcioles para hacerle una estatua ecuestre a Franco que se inauguraría en 1963, a cambio de que le devolvieran un coche Mercedes que le habían requisado por no tener en regla la documentación. Pero el día que se desmontó la escultura en 2001 se descubrió que el artista se había vengado del dictador y había hecho el conjunto desmontable en dos piezas, caballo y jinete. La de Franco con un agujero en su parte inferior donde se encajaba el punzón que llevaba el caballo en la silla y que le llegaba, según Viladomat, “Hasta el duodeno”, añadiendo el escultor a sus íntimos, que “el día que se retire la estatua, el caballo se podrá aprovechar porque es republicano”. Hasta 2008 en que se la envió a unos almacenes del barrio barcelonés de Nou Barris, la estatua había estado depositada en unas estancias interiores del Castillo de Montjuich.

13 comentarios:

  1. Hola Anamaria. Te felicito públicamente por este magnífico artículo, de alto nivel, sobre los arquitectos Gaudí, Fontserè y las farolas. Sólo personas como tu, conocedoras del arte y con dominio del lenguaje pueden dar al lector el placer de la lectura y sorprenderle con nuevos conocimientos. Gracias por tus relatos y sigue adelante.
    Un abrazo de tu amigo de Riudoms
    Xavier F-T

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    1. Querido Xavier. Soy yo quien te felicita por la gran inteligencia que demuestras, siendo el Director de una publicación tan premiada como la tuya, visitando este blog.

      Ya sabes que cada viernes espero verte leer el artículo y paso lista.

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  2. gaudi reformo un pabellón de la compañía transatlántica española para la misma exposición? a ser de esta forma, también tendría su participación en la misma

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    1. Su comentario tiene una larga respuesta, cosa que no hago con los anónimos. Saludos y gracias por la visita.

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  3. Me ha parecido una lectura interesante i amena, desconocía mucha de esta información.
    Es la primera vez que visito este blog y voy a repetir.
    Haciendo un poco de ejercicio caminando por la ciudad, quise saber quién era el arquitecto de la "Central Catalana de Electricidad" y eso es lo que me ha traído a leer sobre las farolas del señor Falqués.
    Muchas gracias!!

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    1. Sea tu nombre real o ficticio, enhorabuena, Yolanda Marfil. Me has transportado hasta Macondo, por lo menos.
      Falqués es de veras un creador notable. Gracias a ti por tus palabras.

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  4. Hola Ana. Me interesó mucho tu trabajo.

    Me contaron que las farolas del Paseo de Gracia tenían, en el interior de los asientos, unos calderillos para calentar las posaderas de los eventuales usuarios. Y que todavía hoy puede apreciarse las puertecillas de hierro de dichas calderillas.

    He visto personalmente a esas puertecillas de hierro, pero me pregunto si será verdad lo que me contaron ...

    Con mis felicitaciones te saludo,

    Peter

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    1. Yo también te saludo. Bienvenido.
      Mira Peter, ojalá fuera cierto lo que cuentas porque no vendría nada mal. A veces baja un viento frío por el Pº de Gracia...

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  5. Hola Anamaria, por casualidad he dado con este blog que me ha emocionado leer. Sobre las farolas de Pere Falques hace tiempo que en uno de mis blog hice mención sobre su autoría. Me sabia mal cada vez que paseando por el Paseo de Gracia algún turista me preguntaba dando por hecho que eran de Gaudí. Realmente este artículo es de lo más completo que he leído, claro está que sólo soy una enamorada del trabajo de Gaudí y sin más remedio de sus colaboradores ya que creo supo ver la genialidad o habilidad en todos los que escogió para sus obras. Muchas gracias por culturizarnos desinteresadamente al compartir sus conocimientos.
    Reciba un cordial saludo.

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  6. hermosa informacion...me transportó nuevamente a la bella Barcelona

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    1. Hola. A.
      Seguro que en alguna ocasión te habrás sentado en uno de estos bancos.
      Así que hasta pronto.

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