Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





SAGRADA FAMILIA. DE GRÚAS, RAYOS Y PARARRAYOS


Ell la ciutat veié pecaminosa
Pel vici i pel pecat tota cercada
I va aixecar al cel un para-llamp;
Pedra picada, esvelta, harmoniosa
Que meravella sense està acabada!... 

- Qui és ell? 
                            
                                – Gaudí Almogàver, fill del Camp. (*)

                                                                                Joan Bertran

Emili, hijo de Guillém Torres (Fam.Torres)

      CAMPANARIOS CALVOS CON UN PELO        
           

Publicado en Gaudí y Más. 28 de Abril de 2012


No fue trabajando con escoplo y martillo como el mallorquín Guillem Torres fue herido por un rayo en las obras de la Sagrada Familia. Su cometido consistía en accionar el montacargas, uno de cuyos cables de acero atrapó la descarga casi mortal que lo dejó incapacitado para el trabajo, paralizándole parte del cuerpo. 


Desde la isla de la calma a Barcelona, pasando por ser capataz en las minas de Lérida, aquel hombre despierto que no desdeñaba el trabajo duro iba a terminar su etapa laboral en el templo barcelonés. Entre octubre de 1918 y marzo de 1919 se produjeron el accidente y la muerte del señor Guillem y en ese intérvalo de tiempo Antonio Gaudí subió varias veces a visitarlo al cuarto piso de la calle Cerdeña nº 324. 


Especialista ascendiendo hasta lo alto de una torre de
la S.Familia. Arriba, el pararrayos.  http://www.fairsl.com


Puede ser que a la simple atención al enfermo se añadiera un conocimiento más estrecho ¿de los tiempos en que el arquitecto trabajó transformando la Seo mallorquina? No puede afirmarse con seguridad, pero el hijo de Guillem Torres, Emilio, recordaría que a menudo Gaudí a pesar de sufrir fuertes crisis reumáticas, se agarraba con fuerza a la baranda y subía a pie los cuatro pisos del inmueble para hacer compañía a Guillem conversando distendidamente con él sobre las obras.
           
Un cierto sentido de responsabilidad pudo haberle quedado al arquitecto ante ante la desgracia sufrida por el obrero. En un rasgo de ese humor que tan solo conocían sus íntimos, Gaudí había comentado anteriormente su rechazo ante las desnudas terminaciones metálicas de los pararrayos que afeaban muchas construcciones. Seguramente, en paralelo a sus comentarios jocosos maduraba como protección alguna otra solución estética, pero la realidad era que por entonces no contemplaba instalar pararrayos: - Hacen parecer a los edificios cabezas calvas con un solo pelo en medio- solía responder cuando se le mencionaba el tema


Pero tras el accidente de Guillem debió experimentar el pesar de haber tomado a la ligera un riesgo tan serio y cambió de actitud, declarando que una vez terminados los cuatro campanarios, lo que se preveía para 1930, se colocaría un pararrayos rematando cada terminal.


En esta curiosa imagen con los campanarios exteriores cambiados por los
interiores, aunque muy débil pueden apreciarse los pararrayos. 
           
Pero ni él ni Guillem Torres llegarían a verlos. En 1927, un año después de morir Gaudí, se desencadenaron dos temporales que condujeron dos rayos hacia los únicos campanarios existentes, el de San Bernabé y el de San Matías (concluídos en 1925 y 1927 respectivamente). 


En uno destrozó la cruz del remate, en el otro una de las bolas cayó sobre la cubierta que protegía a los canteros, rompiendo el techo que los salvó de sufrir una tragedia. El recuerdo de aquellos episodios guardado por los vecinos del barrio que vivieron allí su niñez, era que tras las tormentas, se acercaban a las torres para recoger del suelo los fragmentos de Murano que se veían esparcidos por los alrededores del templo al desprenderse de los pináculos. Con ellos jugaban, intercambiándose los distintos cristales de colores que guardaban en cajas de cerillas.


Campanario de San Bernabé de 98 metros de altura,
 único que Gaudí vio terminado en Nov. de 1925
Vista posterior del 2º campanario, San Matías. 1927


Esta serie de infortunios hicieron adelantar el primitivo plan de protección. La Providencia Divina parecía haberse cansado de esperar la previsión humana y no queriendo arriesgarse a nuevas desgracias, la Junta de Obras mandó colocar en 1928 un pararrayos en cada uno de los dos campanarios construidos, dedicados a los santos Bernabé y Matías. 


Hoy en 2012, el gruista José Encina que llega a pasar 6 horas seguidas subido a 141 metros del nivel del suelo, en lo alto de la última grúa llegada a la Sagrada Familia, vive una realidad muy diferente a la que experimentó Guillem Torres en 1917. 


José Encina, gruísta de la Sagrada Familia. 2012. (lavanguardia.vivir.29/01/2012)
      
La cabina de la última grúa llegada a la Sagrada Familia está equipada con
muchos adelantos de confort para el técnico. Incluido un inodoro.

Sigue siendo un trabajo duro, empezando porque debe trepar diariamente unos diez minutos por una escalera hasta llegar a su puesto de trabajo en la cabina acristalada de 1,70x2 metros de larga, cálido confort que lo protegerá de los embates de un viento que a esas cotas es cosa seria, de la niebla, y sobre todo de las descargas eléctricas de los rayos que a menudo escapan a la atracción de los pararrayos instalados a pocos metros, en los campanarios: -Los pararrayos no impiden en todos los casos que toque un rayo -contaba Encina en La Vanguardia-. Lo notas por una fuerte descarga a la que sigue un destello de luz blanca.  


    Ana Mª Ferrin                   

(*) El veía la ciudad pecaminosa / Cercada por el vicio y el pecado./ Y elevó hacia el cielo un pararrayos./ Piedra picada, esbelta, armoniosa./¡Qué maravilla aún sin estar acabada!/ ¿Quién es él?/ –Gaudí el Almogávar, hijo del Campo.


Con "el Camp" el poeta se refiere al Baix Camp, Campo Bajo, comarca de Tarragona a la que pertenecen Reus y Riudoms.

En cuanto a los Almogávares fueron una tropa de infantería que formaba parte de los ejércitos de la Corona de Aragón en los siglos XIII y XIV. Por su gran bravura constituían la avanzada de choque en las batallas. En el poema se utiliza almogàver como sinónimo de valor hacia la figura de Antonio Gaudí.


El episodio aparece completo en el libro Gaudí. De Piedra y Fuego, de Ana Mª Ferrin:
afejara.blogspot.com.es/2011/09/gaudi.html

No hay comentarios:

Publicar un comentario