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detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





HIPERCOR Y EL MONUMENTO DE SOL LEWITT


                 
                    En Barcelona no muy lejos de mi casa se encuentra el Monumento a las Víctimas del Terrorismo, más conocido por quienes saben de su existencia como “A las víctimas de Hipercor”. Es obra del norteamericano Solomon “Sol” Le Witt, artista plástico conceptual también autor del mural que encabeza hoy el blog. El nombre del monumento, Alta Progresión Irregular, es lo primero que sorprende de esta pieza gris situada en la punta de la isleta con que se cierra un espacio de paso y carreras hacia las múltiples opciones de transporte, sitio de parada para los peatones que cruzan el complicado paso cuádruple que atraviesa ese tramo de la avenida Meridiana. Un lugar apresurado, lo que contribuye a que raramente se dirija una segunda mirada hacia la escultura.


Alta progresión irregular. Monumento a las víctimas del terrorismo en
Barcelona. Obra de Sol LeWitt. 

AQUELLA TARDE
              
           
Publicado en Gaudí y Más.  16 de agosto de 2012
                             
                       La mayor parte de los habitantes cercanos no se han enterado de que el homenaje a las víctimas de la tragedia que desgarró la ciudad en 1987 está ahí, lo toman como otro elemento del entorno sin ninguna relevancia. Fue inaugurado en junio de 2003, 16 años después del suceso y nada indica que sea un monumento, está colocado sin peana a ras de suelo formado por delgadas columnas rectangulares de diversa altura, que al unirse forman una especie de pirámide gris semejante a un atado de espárragos del color del pavimento.

                      La misma irrelevancia desprende el rótulo que ilustra sobre el significado de la pieza sin cercar, al no estar esculpido en placa ni lápida a la vista del observador. Las palabras “La ciudad de Barcelona en recuerdo de las víctimas del terrorismo” están grabadas en baldosas grises de formato similar al del resto del suelo por lo que poco se distinguen y son pisadas por todo el que pasa, lo que no es raro. A no ser que alguien te avise de lo que significan no percibes su importancia.  


25º Aniv. del atentado, el Lendakari Patxi López dirigiendo unas palabras.
  
                      En este 25 aniversario del atentado comparto mi testimonio de aquella tarde del viernes 19 de Junio de 1987, dedicando un homenaje a mis vecinos de Barcelona y a mis hermanos de toda España, familiares y amigos de las casi 1.000 víctimas y miles de heridos que desde hace 51 años padecen el dolor provocado por intereses cuyos verdaderos beneficiados suelen quedar impunes.

                        Nunca me había referido al atentado de Hipercor en calidad de la testigo que fui, las dos veces que escribí sobre el tema lo hice en tercera persona publicando un artículo y un relato sin identificarme como uno de los  presentes. Sólo mi familia más cercana y amigos conocen mi experiencia en aquel terrible suceso del que aún hoy, cuando menos lo espero, vienen a mi mente sus imágenes cargadas del sufrimiento que presencié, porque de algunas víctimas conocía su rostro y de otras sabía de sus vidas. Más tarde fui enterándome de bastantes personas que sin ser finalmente dolientes directos sí se vieron afectadas profundamente por una tragedia que les dejó las graves secuelas que hoy continúan arrastrando.


Pasadas unas horas, imagen de la salida del aparcamiento
  
Durante los trabajos de rescate, con la columna de humo presente
  
                        En junio de 1987 hacía ocho meses que Barcelona había sido designada para celebrar los Juegos Olímpicos de 1992 y la ciudad vivía una efervescencia de obras y proyectos que se notaba en todas partes. A la vez, aunque no me guste recordarlo, yo tenía la intuición de que el paisaje no cuadraba, algo que no podía explicar en qué consistía me inquietaba.

                        La primera vez que sentí esa sensación fue tras el mitin dado por Herri Batasuna en mi barrio de Sant Andreu para su candidatura al Parlamento Europeo. En el que, por cierto, tras las elecciones del día 10 de aquel mismo mes de Junio, ese partido consiguió colocar a un parlamentario.  


Los asesinos que perpretaron el atentado de Hipercor: Arriba, iz, Santiago
Arrospide Sarasola "Santi Potros". Domingo Troitiño Arranz. Abajo iz,
Josefa Mercedes Ernaga Esnoz y Rafael Caride Simón.
                    
                    El desasosiego me lo producía el que sin condenar los asesinatos de ETA, Herri Batasuna se presentaba como un partido convertido a la convivencia, con plataformas y comités apoyando su nueva imagen por toda España. Mientras, las muertes seguían sucediéndose; 38 en 1985, 40 en 1986 y en el mismo 1987, hasta un mes antes del atentado a Hipercor ya habían caído 9 víctimas, la última una señora de 79 años que circulaba junto a su familia frente al coche-bomba situado cerca de un cuartel.

                         Entre antes, durante y después de Hipercor, 1987 acabaría con 53 españoles menos. Así, mientras que por un lado los indeseables se beneficiaban de nuestras leyes democráticas, por otro seguían diezmándonos a base de ollas a presión repletas de explosivos mezclados con metralla, tornillos y cadenas, amén de chantajes y extorsiones sin cuento, sin que el total de la ciudadanía reaccionara de manera unánime repudiando a sus partidarios políticos, que seguían sin condenar las muertes.   
                
  


Pocos días separan las dos imágenes. La primera tardó años en repetirse.
  
                    Yo vivía a dos calles del Hiper y aquel día 19 de junio como solía hacer más o menos una vez al mes, me había acercado sobre las 15 horas a buscar algunos productos de alimentación, que por mi zona sólo encontraba allí. A pocos metros, en una tapia de la calle Dublín una pintada daba vivas a ETA y recuerdo que aquello me revolvió por dentro, ya que mi madre pasaba temporadas en Madrid, estaba cerca de los 70 años y por uno de esos reflejos encadenados que a veces nos asaltan, la relacioné con la última víctima de los asesinos, también en la capital.

                   Aproveché para hacer la compra y ver de pasada unos bañadores, con idea de pasar otro día con más tranquilidad a probarme alguno. Durante tiempo y tiempo el recuerdo de aquella circunstancia siguió provocándome ataques de llanto porque fue en ese mismo lugar, dos pisos más abajo, donde se produjo el grueso de la explosión y donde murieron varios adultos con niños a los que precisamente habían ido a comprarles un bañador.


Por el lugar exacto donde aparece la señal de aparcamiento salí con mi coche un minuto antes de la explosión.
  
Estado en que quedó el coche bomba, un Ford Sierra.
  
                        Poco más recuerdo de mi estancia en el comercio, era un día como cualquier otro. Que hablé con unas señoras sobre no sé qué y con otras en la caja sobre la próxima verbena, con éstas volví a encontrarme en el aparcamiento, haciendo comentarios con otras personas que también llevaban en el carrito farolillos y otros artículos para San Juan, mientras yo trasladaba las bolsas a mi seiscientos rojo. Que salí por la rampa a la misma calle Dublín y al girar por Camil Fabra, la primera a la izquierda –ahora ha cambiado el sentido y es contra dirección–, cuando estaba a punto de volver a girar hacia el mismo lado oí una explosión impresionante que hizo vibrar el pequeño coche como si se moviera el suelo.

                         Lo primero que pensé fue algo así como: -¡La madre que parió a los chinos!

                         Esto que ahora podrá parecer desgraciadamente cómico en ese momento tenía su sentido, porque aquel año se comentaba que habían empezado a venderse petardos de esa procedencia para las verbenas de San Juan y San Pedro y a ello se achacaba el que las detonaciones se hubieran duplicado o triplicado hasta el punto de asustar a gentes a las que les habían salido los dientes tirando tracas. Como yo misma, que vivía en un séptimo piso y por primera vez en mi vida llevaba días oyendo explosiones que sobresaltaban y hacían retumbar la casa. En resumen, que lejos de pensar en lo que realmente había pasado, seguí mi camino maldiciendo los dichosos petardos.




Diez años, dos fotos. Arriba, el día del atentado, abajo diez años más tarde

                          Tras pasar varios semáforos llegué a mi portal y paré el coche para sacar la compra y subirla a casa. Ese día tenía familiares a comer que bajaron a ayudarme con las bolsas y mientras las subían yo marché a buscar aparcamiento. Pienso que debí tardar unos diez minutos hasta que volví, mientras escuchaba alguna que otra sirena, algo nada raro por tener cerca una comisaría y ser mi calle una ruta continua hacia hospitales y el cuartel de bomberos. También vi a varias personas corriendo, pero como iban hacia donde se encuentra una parada de autobús mi alerta no se disparó.

                             Fue al abrir la puerta del piso cuando recibí el impacto de mi familia, abrazándome y dando gracias a Dios porque no me hubiera pasado nada. Acababan de dar la noticia por la televisión y la impresión los tenía afectadísimos. Reaccioné uniendo todas las señales que había notado, la explosión, las sirenas, las carreras, y no se me ocurrió otra cosa que dar media vuelta y bajar a saltos las escaleras sin esperar el ascensor. Eché a correr hacia el Hipercor, una más entre los habitantes de la zona que habían tenido la misma idea sin saber muy bien porqué, supongo que algo en el interior de cada uno le decía que fuese allí, que quizás podría ayudar en algo, lo que fuera.




Hubo muchas víctimas con  quemaduras en la totalidad de su cuerpo. Las supervivientes siguen hoy con dolorosas secuelas

                         La realidad fue que poco podía hacerse y que el libre albedrío de la gente que llegaba se cortó al poco. La policía, enfermeros, médicos y bomberos no tardaron en tomar la dirección de la situación, acordonando los diferentes espacios que se abrían ante las entradas y sobre todo ante la misma rampa del aparcamiento por la que minutos antes yo había subido y donde ahora una nube negra ocupaba por completo la boca del túnel, que a duras penas dejaba ver las maniobras de los profesionales que se aventuraban equipados con elementos de seguridad. Empecé a moverme de un acceso a otro, por si veía algún conocido. Salía gente con expresión de terror y algunos volvían a entrar al darse cuenta de que las personas que buscaban no estaban fuera, lo que a partir de un momento ya no se les permitió hacer. El que salía ya no podía volver a entrar y empezaban a salir camillas con heridos. O peor aún.

                        Vi sacar a clientes y trabajadores del centro, quemados, abrasados, asfixiados, tanto por el estallido de fuego que abrió un cráter en el suelo y un agujero en el techo del aparcamiento, como por el humo tóxico. A gente que llegaba enloquecida por la angustia de no saber que había pasado con los suyos, porque habían ido al Hiper y no tenían idea de que habría sido de ellos. Una embarazada lloraba con los brazos cruzados sobre el vientre. Varias personas forcejeaban con los guardias porque sus hijos o sus padres habían dicho que iban allí. Las ambulancias formaban una columna a todo lo largo de la avenida Meridiana, llegaban, salían ocupadas y partían, sin parar. 

                                Días después supe que los muertos, por quemaduras o asfixia, habían sido 21, 4 de ellos niños (*).  Resultaron heridos 45, algunos de mucha gravedad que hoy siguen sufriendo por las quemaduras recibidas en buena parte del cuerpo. En cuanto a la cajera Milagros Rodríguez que estaba embarazada durante el atentado, al dar a luz a su hija Jessica aquejada de sordera, luchó con la Administración para que reconocieran a la pequeña como otra de las víctimas. Según acabo de enterarme lo consiguió, y la sentencia ha sentado un precedente.  


14 de las 21 víctimas. De arriba, iz a der.
1- Jordi Vicente. 2-Felipe Caparrós. 3-Consuelo Ortega. 4-Luis Enrique Saltó.
5- Mª Carmen Mármol. 6- ª Emilia Eyre 7-Mercedes Manzanares.
 8-Sonia Cabrerizo. 9-Silvia Vicente 10-Rafael Morales. 11-Susana Cabrerizo.
12-Mª Teresa Daza 13- Xavier Valls. 14-Milagros Amez

Jessica con sus padres (elpais.com)
   
                             Dejé el lugar completamente apabullada por lo que contemplé, recogí a mi hija del colegio y en vez de llevarla a la actividad que le tocaba ese día me di una vuelta con ella, pronto llegó mi marido y con mis otros hijos nos quedamos todos juntos en casa. Suelo ser una mujer de naturaleza tranquila y me dijeron que lo llevé bien, porque no se me notaba nada especial, pero la realidad era que estaba experimentando algo muy serio. No dejaba de pensar que sólo la chispa de un instante de suerte me había librado de ser una de aquellas madres cuyos hijos habían quedado huérfanos, preguntándome qué habría sido de las familias que con tanto entusiasmo preparaban una verbena para sus pequeños y con las que hablé en el aparcamiento, pocos minutos antes de que se convirtiera en un baño de fuego.

                                Otra secuela que me quedó del suceso y a ésta la considero muy positiva, fue la criba mental que hice de las declaraciones efectuadas por determinados políticos tras el drama, porque a partir de entonces nunca he tolerado comentarios chistosos, comprensivos o guays sobre el tema del terrorismo o los terroristas, sin combatirlos. Suelo ir por libre y ante la preferencia de orientación sexual, ideas políticas o formas de gobierno, allá cada cual. Yo sé muy bien lo que soy, lo que quiero, y así vivo. Pero ante esos embajadores de la muerte, tolerancia cero. Ahora soy consciente de lo importante que es el lenguaje y de llamar en este terreno a las cosas por su nombre. Un asesino no es “un violento”, es un asesino. Del mismo modo que un grupo de mafiosos que chantajean, maltratan y extorsionan a sus conciudadanos y son capaces de ir al parque y meter en el bolsillo de un bebé una nota de amenaza contra el niño si no se les entrega tal cantidad para la causa, esa gente no forma parte de “un comando”, integran un lodazal moral de la peor especie que merece el mayor castigo.

                                Como tema de conversación el terrorismo no es de los míos, nunca lo saco. Pero sé porque lo he experimentado, que me levantaré de la camilla de la esteticista, del sillón dental, o desecharé un buen contrato, si mi interlocutor insiste en ponerse exquisito o superficial al tratar el tema. Nadie me convencerá jamás de que para demostrar lo muy patriota que uno es, puedes pegarle un tiro en la nuca o reventar con una bomba a cualquier otro ser humano que no pertenezca al que consideras tu colectivo de pueblo superior, tanto dará que sea un jubilado que circula por la acera llevando un periódico bajo el brazo como al guardia municipal que dirige el tráfico.  


En la avenida Meridiana de Barcelona, tras el atentado de Hipercor se
reunieron entre 75.000-100.000 personas
                
Roberto Manrique víctima superviviente del atentado, ha dedicado parte de
estos 25 años a colaborar como portavoz y ayuda a sus compañeros

                               Si Barcelona quedó descolocada tras el atentado, sobre mi esquina de la ciudad dejó un aplastamiento que tardó años en desaparecer. Raro fue el vecino que no sabía de algún perjudicado, eso cuando no se trataba de un familiar.

                         Tras el suceso pronto empecé a conocer historias de protagonistas directos y otras que hablaban de dramas personales  relacionadas con la bomba. Del artefacto, la prensa divulgó sus datos tan bien descritos como si se tratara de un ser vivo diseñado para matar, informando de que ...a las 16.08 horas del 19 de junio de 1987 un coche bomba había estallado en el centro de la primera planta del párking ubicado en el segundo sótano del Hipercor de Meridiana. La deflagración del Ford Sierra cargado con 200 kilos de amonal, gasolina, escamas de jabón y pegamento, causó efectos similares al napalm y convirtió el aparcamiento en un horno de 3.000 grados de temperatura. La mezcla explosiva se pegaba a personas y coches quemándolos y consumió el oxigeno rápidamente. Los bomberos informaron, que: "Cuando llegamos ya no se oían gritos de auxilio ni lamentos. Sólo había humo y silencio".

                          Los testimonios, pequeñas y grandes tragedias que fueron contándome a partir de entonces, los guardé con idea de que quizá un día, cuando el terrorismo forme parte de nuestro pasado, puedan servir para ilustrar sobre el sufrimiento causado a tantas familias en una época negra de nuestra Historia, por esos individuos que deshumanizando a las víctimas y privándolas de nombre en el mejor estilo del odio hitleriano, sólo los consideran “enemigos del pueblo” o hablando como escuché hacer en otro plano, la grasa que sobra.


Hipercor. Cuadro de Magí Batet Balcells

                       Con la información recogida sólo firmé un artículo en el periódico Sant Andreu Expréss utilizando la primera confidencia recogida al pie del establecimiento, entre las sirenas y el humo. Diez años más tarde, precisamente cuando terminaba mi segundo libro de relatos, sucedió el asesinato de Miguel Ángel Blanco que sirvió de catalizador para que de nuevo me decidiera a retomar el tema, añadiendo un capítulo sobre la base de varias historias que conocí. En especial la de una familia que pasaba unas pequeñas vacaciones cerca de Barcelona y quiso la fatalidad que escogieran  ese día para visitar la ciudad (**)

                      La experiencia que quedó dormitando sale hoy a la luz para compartirla con los que me quieren y con todo aquel que se haya solidarizado y preguntado, viendo con impotencia sucesos similares ante el televisor, cómo estarían viviendo esa situación quienes estaban ahí ese día. En 2005, Iñaki Arteta dirigió el film Trece entre mil contando las vidas de 13 familias de los mil asesinados por ETA, entre las que se encontraban varios familiares de las víctimas de Hipercor.

                   En este año de recuerdos sirva el mío como homenaje hacia los que se fueron, con mi solidaridad para los afectados que siguen con nosotros.


Ana Mª Ferrin                    
                               
(*) Los nombres de los fallecidos, son:

Rafael Morales Ocaña, Teresa Daza Cecilia, Jorge Vicente Manzanares, Silvia Vicente Manzanares, Carmen Mármol Cubillo, Susana Cabrerizo Mármol, Sonia Cabrerizo Mármol, Luis Enrique Salto Viñuales, Emilia Eyre Diéguez, Milagros Amez Franco, Matilde Martínez Domínguez, Mercedes Manzanares Servitja, Josñé Valero Sánchez, Luisa Ramírez Calanda, Felipe Caparrós Ubierna, Consuelo Ortega Pérez, Mercedes Moreno Moreno, Rosa Valldellou Mestre, Bárbara Serrer Cervantes, Mari Paz Diéguez Fernández y Javier Valls Bauza.

(**) Artículo Aquella tarde. Sant Andreu Expréss. Julio de 1987.   http://amf2010blog.blogspot.com.es/2010/12/aquella-tarde.html
      
Relato:  Y tu, ¿Qué hacías la tarde de la bomba en Hipercor?
Próximamente lo añadiré en el blog. Por ahora figura en el libro
Los Ojos del Paraíso.

9 comentarios:

  1. Qué espanto Ana María. Imagino que esta experiencia es algo que marca un antes y un después. Sólo mandarte mi cariño y solidaridad, contigo y con los afectados por tanta barbarie. Un beso enorme, prima.

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    1. Hola Pina.
      Quiero que sepas que durante todo el texto he estado echando el freno para no ser muy descriptiva por respeto al sufrimiento de los familiares, aunque el cuerpo me pedía mostrar todo el horror a lo vivo para que quien no ha vivido algo así y habla de oídas guiado por metáforas políticamente correctas, deje a un lado la tibieza y trate de ver cómo es en realidad lo que hacen estos asesinos. Pero verlo con los ojos del padre o el hijo que ve agonizar a su familiar en esas circunstancias.
      Estoy segura de que si lo hicieran así más de cuatro exquisitos dejarían a un lado el sexo de los ángeles y entenderían rápido el abismo que separa la libertad del terror. Abrazos.

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  2. Sin tu permiso, me he permitido enlazar tu artículo a mi Facebook:
    http://www.facebook.com/magibatet
    Espero que no te moleste.
    Saludos
    Magi Batet

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  3. Te doy las gracias por hacerlo y repito mi enhorabuena por la sensibilidad que demostraste con tu cuadro "Hipercor", que muestro en esta entrada. La técnica que utilizaste da pie a pensar que todo fue un mal sueño, algo que todos hubiéramos querido. Enhorabuena que hago extensiva a toda tu obra. Hasta pronto.

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  4. Recordar es no olvidar…..
    https://www.facebook.com/magibatet

    Saludos

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    1. Eso nunca, Magí, jamás.

      Me alegra saber de ti.

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  5. Hola Ana María, ayer pasé por el monumento, en el cual había varias coronas y me llamó la atención.
    Habré pasado mil veces por allí cerca en coche y nunca lo había visitado, ni sabía su significado.
    Me puse a leer las losas y le hice algunas fotos, por unos instantes mi cuerpo se estremeció al recordar el suceso, yo también era cliente de Hipercor que anteriormente era Siars o Sears o algo parecido, aunque vivíamos en Badalona íbamos bastante a hacer las compras a este centro.
    El día del atentado no estábamos allí, pero la sensación que vivimos fue brutal, y tardamos mucho, mucho tiempo en olvidarlo.
    De inmediato se me vino a la mente publicar en mi face las fotos y unas palabras de recuerdo y hastío de que ahora se nos haga culpables de que en su momento no se hizo bien la Constitución que si independencia, que si republica. En fin me descargué de la cabeza cosas que hacia tiempo pensaba y las iba añadiendo en mi teléfono, hasta que consideré que ya había largado suficiente y le di a enviar.
    Al rato mi WP me dio un mensaje de error en la carga, el cual después comprobé con cierta rabia que ni se había enviado, ni guardado y no hubo manera de recuperarlo.
    Hoy he vuelto a la carga con la idea de hacer un video con imágenes de internet y con la canción http://youtu.be/U-d0FSZbk1M , (aunque está dedicada al 11M)entonces me he encontrado con tu blog que una vez leído me he quedado frio y con un cierto descanso, por lo bien y con la sensibilidad que lo describes.
    Así no se que hacer si hacer el video o no.
    Un saludo y muchas gracias.
    Lorenzo Molina

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    1. Hola, Lorenzo, celebro que te haya interesado el tema.
      Antes de nada, siento lo que te ha pasado con el texto y el vídeo. Todos los que hemos sufrido algo similar sabemos que esas pérdidas a veces nos han costado tanto trabajo que nos dejan agotados y preferimos olvidarnos y no volver a empezar. Pero si te ves con fuerzas, hazlo. Quedará tu recuerdo y un testimonio
      Si vistes el monumento ya sabrás a qué me refiero cuando hablo de que el episodio merecía otra cosa. Como mínimo, un pedestal.
      Pero bueno, tú lo has encontrado y te habrá servido para soltar lastre por el dolor de unos días que ojalá nunca se hubieran vivido.
      Gracias por tu visita y ya sabes, cuando quieras aquí estamos.

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  6. He llegado a su blog desde la noticia de la negación de un lugar municipal para celebrar un homenaje a las víctimas en el treinta aniversario de la matanza. He buscado la escultura y he encontrado su blog. Le doy la enhorabuena por su magnífico relato de los hechos.
    Y despues de leerlo no solo entiendo aún menos la decisión de Ada Colau sino que además me produce una enorme indignación.
    Que clase de persona puede ser insensible a tanto dolor, a tanta barbarie?
    En manos de quién estamos? Da miedo.

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