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copia ¡VACACIONES! (M.M.Freitas)





GAUDÍ, UNAMUNO Y LA PAPIROFLEXIA


         
                                  Qué cosas.


                 Sentado en el saliente del muro que rodea la fachada del Nacimiento, el señor Luis Rico da sus últimos toques a la manipulación de un cuadrado de papel con el que ha conseguido crear una grulla. Algunas de sus obras las decora con motivos en rojo, azul y amarillo, dejándolas con un aspecto muy atractivo. A su lado, apoyado en un carrito de la compra reposa un panel de cartón con todas las obras de papiroflexia que expone. ¿Para su venta? -No, no, por favor. Yo no tengo licencia para vender nada. Estoy jubilado y es un pasatiempo para distraerme. Las regalo a los visitantes y si ellos tienen el gusto de hacerme un regalo a mí, lo acepto, es su voluntad. ¿Sabía que Gaudí también hacía palomitas?


El señor Luis Rico con sus pajaritas en la Sagrada Familia. 1999 (A.Mª.F.)

Grulla parecida a las del señor Rico
                     

   UNA TARDE DE PULLAS Y PAJARITAS

Publicado en Gaudí y Más. 15 de Septiembre de 2012. 
                
                             Esta conversación se desarrollaba en 1999 (*). En la actualidad hace tiempo que no veo al señor de las pajaritas de papel, uno de los protagonistas asiduos que se movían por la Sagrada Familia de una manera amigable recurriendo a la bonhomía y el ingenio para procurarse distracción y/o algún ingreso que otro.


                                Lo curioso era que en esa única charla que mantuvimos, sin darle más importancia el señor Rico había hecho referencia a uno de los más originales episodios que han trascendido sobre Gaudí sobre la visita que hizo al templo el rector de la Universidad de Salamanca, Miguel de Unamuno, resultando el encuentro de esos que saltan chispas.

                                 Acompañado por su amigo el poeta Joan Maragall y por el también filósofo Francesc Pujols, Unamuno no dejó de soltar inconveniencias durante toda la visita, ya fuese contra las creencias de Gaudí o contra las formas de la Sagrada Familia. Por su parte, Gaudí, cuya rápida lengua era  temida por quienes se atrevían a contradecirle, no se achantó. A cada impertinencia del catedrático respondía con un sarcasmo hiriente o una burla. Todo ante la mirada atónita de Maragall, colocado en una situación incómoda al ver a sus dos amigos comportarse de manera tan impropia en caballeros de su edad y solvencia.



Dibujo de Ricard Opisso. De iz, Francesc Pijoan,
 Miguel de Unamuno, Joan Maragall y Gaudí


El poeta Joan Maragall


Miguel de Unamuno según dibujo de Ramón Casas

                           El encuentro se produjo en 1906 con ocasión de la conferencia del filósofo en el Ateneo Popular de Barcelona, por lo que Maragall no tuvo ocasión de leer previamente el libro Homenots escrito por Josep Pla en 1921. De haber tenido esa oportunidad habría ido a la reunión sabiendo que tenía enfrente a dos seres sin nada en común. Si por un lado Unamuno era un enciclopedista del pensamiento, políglota, glacial, con una forma de vida que convertía el hábitat de su entorno, libros y papeles, en una simetría impoluta de líneas rectas estructuradas hasta rayar lo obsesivo, el arquitecto amaba la curva, la mixtura del caos, con el don de saber ordenarlo lo justo para crear un grato ambiente. En cuanto a la faceta lectora de Unamuno, Gaudí contraponía la sapiencia empírica. Sin llegar a la opinión de Joan Bassegoda cuando opinaba guasón que Gaudí no era ágrafo, pero casi, la terca realidad nos dice que los testimonios de quienes lo trataron a fondo y los cuatro libros que dejó al morir, nos informan de que antes que leer las vivencias de otros prefería encontrar sus propias soluciones a través de la experimentación. 



Una de sus obras era esta pajarita de su invención,
de la que se decía que estaba hecha a imagen y
semejanza del propio filósofo.

Cerdo de papel. Uno de los originales de Unamuno, fechado en Puerto Cabras
y  con el nombre del General Primo de Rivera, que allí lo desterró (*).
                  

                      Gaudí se encontraba en esa etapa de su vida en que decidió no volver a hablar castellano, tras el desastre que para él significó el encargo del palacio episcopal de Astorga cuya construcción abandonó en el segundo piso, harto de no cobrar sus honorarios y de ver rechazados una y otra vez los planos del edificio. Desechando para siempre las lógicas expectativas de ampliar su campo profesional fuera de Cataluña, que tras la muerte de Eusebio Güell tampoco le eran propicias, pasó a dedicarse en exclusiva a la Sagrada Familia. Por lo tanto, cuando Unamuno lo visitó no consintió en hablar otro idioma que el catalán, ante la sorpresa de Joan Maragall que se vio obligado a traducir las declaraciones del arquitecto.


En este cuadro de Unamuno pintado por Ignacio de Zuloaga y expuesto en la
 Hispanic Society de Nueva York, aparecen dos pajaritas hechas por el filósofo. 
                  
De nuevo Dº Miguel de Unamuno y la pajarita de su invención.
Cuadro de José Gutiérrez Solana
   
                       Si era conocido que el catedrático vasco calificaba los idiomas españoles que no fueran el castellano de espingardas, por anacrónicos, el arquitecto catalán se burlaba de su renombrada sapiencia diciéndole a Maragall que no tradujera sus explicaciones, ya que: - No se moleste en traducirle lo que digo, este hombre es un sabio y seguro que lo entiende, ¡si sabe de todo! ¡hasta griego!

                        Si Maragall le indicaba los diversos simbolismos cristianos, Unamuno respondía dirigiéndose a Gaudí entre condescendiente e incrédulo: -Parece mentira que siendo usted tan inteligente crea en estas cosas de la religión -añadiendo-: Esta forma de arte no me gusta. No me gusta, no me gusta. Es un arte borracho

                            Por su parte, Gaudí se resarcía de la ofensa poniéndolo en evidencia a propósito de un comentario sobre matemáticas: -Pero, como, ¿No sabe usted matemáticas? -a lo que, molesto, le respondió Unamuno: -Pues mire usted, no. La contestación demoledora de Gaudí, fue: -¡Nunca lo hubiera dicho! Yo estaba convencido de que usted era un verdadero filósofo. En la Grecia antigua la filosofía contenía matemáticas, hubiera sido impensable que un filósofo no supiera matemáticas.


Origamis del maestro japonés Akira Yoshizawa


Ranita del físico y artista del origami, Robert J. Lang


Una muestra del trabajo del joven Satoshi Kamiya, su Wizard, mago

                        La reunión siguió con una serie de inconveniencias y parecía que iba a terminar bien, con los tres hombres sentados en el estudio de Gaudí tomando café ante la curiosa mirada de Maragall viendo a sus dos amigos haciendo en silencio todo tipo de elementos de papel. Unamuno pìdió una hoja de papel creando con ella una copia del taburete gaudiniano que vio en la estancia. El arquitecto tomó otra hoja, formando una mesa. El vasco volvió a tomar papel y construyó una pajarita. El catalán hizo lo propio con un candelabro. El filósofo, con varias hojas elaboró un buen número de miniaturas, varios taburetes distintos seguidos de pajaritas también diferentes. El arquitecto por su parte compuso una difícil figura geométrica a modo de farol y una serie de objetos cotidianos de lo más original.

                          Y en eso estaban, cuando a Unamuno se le ocurrió preguntarle a Gaudí qué le parecían sus ensayos. La respuesta de Gaudí dejó helados a los presentes.

                      - La verdad, me hacen el efecto de desperdicios de casa señorial donde se amontonan trozos de seda, de terciopelo y otras cosas valiosas y relucientes, pero que en realidad no valen para nada, son cosas para tirarlas.

                                 La situación se solucionó sola. Llegaba el atardecer y al sonar la campana del Ángelus, como era su costumbre Antonio Gaudí rezó con recogimiento la plegaria. Terminada la oración tomó su sombrero y se lo colocó mientras se despedía de sus acompañantes, diciéndoles:

                              - Alabado sea Dios. Buenas tardes tengan ustedes.

                        Y dicho esto los dejó, siguiendo hacia el obrador de los canteros. 



Ana Mª Ferrin



(*)     Diversos personajes amables, habituales en la Pza. Gaudí como el mismo señor Rico, aparecen en el libro GAUDÍ. LA HUELLA DEL GENIO:

http://amf2010blog.blogspot.com.es/2001/07/gaudi-la-huella-del-genio-sinopsis.html


(**) La antigua localidad de Puerto Cabras llamada desde 1956 Puerto del Rosario, es la capital de la isla canaria de Fuerteventura, lugar elegido en 1924 por el general Miguel Primo de Rivera para desterrar al catedrático y filósofo Miguel de Unamuno.

       El archivo del Cabildo guarda una rica colección de imágenes con el profesor en numerosos ambientes de la ciudad. Porque lo que no imaginaba el dictador era que su gesto iba a propiciar un enamoramiento del intelectual hacia la isla, sabiendo ver y conmoverse con la insólita belleza de esa tierra tierna y dura de donde extrajo los espléndidos versos que contiene su libro De Fuerteventura a París. 



Ante su Casa Museo en Puerto del Rosario, Fuerteventura, Unamuno.


Unamuno en bronce, vigía en Fuerteventura

Oteando el horizonte cerca de la Montaña Quemada de
Tindava, Fuerteventura, Dº Miguel de Unamuno.
http://oficiodescribir.blogspot.com.es


Dº Miguel con un grupo de sus habituales de Puerto del
Rosario. (Arch. Ayto. Puerto del Rosario)




Sólo 4 meses de estancia le dieron tiempo al Rector
de la Universidad de Salamanca para escribir textos
notables, conocer la comarca majorera, pasear varias
veces en camello y hacer profundas amistades. 

                            Escribe Juan Luis Calbarro: "El edificio que de marzo a julio de 1924 fuera provisional residencia del escritor desterrado alberga desde 1995 la Casa-Museo Unamuno, dependiente del Cabildo insular. En sus dependencias se encuentran muebles, fotografías, alguna vajilla y otros recuerdos personales de lo que fuera la estancia del vasco en Puerto de Cabras. Las distintas habitaciones recrean la atmósfera de aquella época y, sobre el escritorio que Ramón Castañeyra cedió al desterrado, algunas pajaritas de papel dan testimonio de la afición de éste a la papiroflexia o, como él quiso llamarla elevándola al rango de ciencia, "cocotología"".  

2 comentarios:

  1. Ana me ha encantado la anécdota de Unamuno con Gaudí haciendo pajaritas; no la conocía. ¿De dónde la has recogido?
    Me interesaría documentarla

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    1. Este episodio consta más o menos ampliado en varias obras.

      Una de ellas está en el libro de Joan Matamala, "Mi itinerario con el arquitecto".

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