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LouisConfortTiffany Sorolla Louis Comfort Tiffany, artista plástico creador de joyas y de las famosas lámparas Tiffany. Joaquín Sorolla. Hispanic Society.





ANTONIO GAUDÍ Y EL GUARDIA CIVIL QUE LO AUXILIÓ



Ya nunca atravesará, ignorado,
las calles de la populosa ciudad,
 llevando la llama del genio
bajo apariencias humildes.

J.M. Llovera

                           Los diversos informes del día en que fue atropellado Antonio Gaudí -médicos, hospitalarios, policiales, municipales, particulares, periodísticos y de la Compañía de Tranvías-, dan versiones del accidente no siempre coincidentes. Sólo será posible aproximarse a la realidad basándose en todos ellos y tomando como punto de partida unos datos incontestables, los contenidos en el informe meteorológico del 7 de Junio de 1926.


Ramón Pérez Vázquez, de A Pobra do Caramiñal, A Coruña, acababa de llegar a Barcelona
para incorporarse a su destino como Guardia Civil. Paseaba por la Gran Vía cuando vio el
grupo que rodeaba a Gaudí herido en el suelo. Paró a un taxista,  subió con Gaudí y lo
llevó al Dispensario de la Ronda de San Pedro, nº 37. (A.H.GuardiaCivil) (Arch. A.Mª.F.) 


DOS RAMONES TRASLADARON A GAUDÍ

Publicado en Gaudí y Más. 13 de Octubre de 2012


                         A las seis y cinco minutos de la tarde, Antonio Gaudí i Cornet se disponía a cruzar la Gran Via de las Corts Catalanes en un punto situado entre las calles de Bailén y Gerona. Pocas nubes estorbaban al sol en un cielo limpio que alargaba el crepúsculo y proporcionaba a la ciudad una temperatura de 22 grados. Con su andar pausado y apoyándose en el bastón con taco de goma, el arquitecto bajó de la acera, salvó la calzada lateral y subió a la parte peatonal de la avenida donde una doble hilera de frondosos madroños sombreaban a los viandantes que paseaban o reposaban en los bancos. Bajó a la calzada central y cruzó los rieles de la línea que se dirigía hacia la plaza de Cataluña.

                         Pero al ir a cruzar la segunda vía que efectuaba el recorrido contrario, divisó que se acercaba un tranvía y reculó hacia la que acababa de pasar sin mirar hacia atrás, por ello no se percató de que otro tranvía de la línea 30, de los llamados cadeneros, llegaba rodeando la plaza de Tetuán. En el último instante debió alertarle algún sonido que instintivamente le hizo girar hacia la derecha, recibiendo un tremendo impacto en las costillas y la sien de ese costado.


´Frente al lugar aproximado del accidente, Gran Vía-Girona, uno de los
tranvías de la línea 30  como el que atropelló a Gaudí. (Archivo A.Mª.F.)
  
En la Ronda de San Pedro, nº 37, antiguas
instalaciones del Dispensario que hoy siguen
siendo municipales. (A.Mª.F.)

                                Los viajeros acusaron la brusca detención del tranvía viendo seguidamente como el conductor, descompuesto, saltaba atribulado a la calle. El hombre nada había podido hacer para evitar el atropello. Cuando accionó la rueda que tensaba la cadena del frenado el golpe ya se había producido y el anciano, menudo y con aspecto desheredado, yacía en el suelo inconsciente, podía apreciarse como un hilillo de sangre brotaba de su oreja derecha y se desvahía entre la blanca barba. Sobre el cuerpo proyectaban su sombra los cables del tendido eléctrico que alimentaban los tranvías.
           
                                  A los viandantes que habían presenciado el accidente se unían los curiosos, acercándose a emitir sus juicios. La sociedad crea sus tabúes. Hubo quien paseó la vista por las gastadas ropas color ala de mosca, advirtió los imperdibles que suplían sus botones, las polvorientas zapatillas cubriendo unos pies envueltos en tiras de tela y dictaminó: “Debe ser un pedigueño” “Es un mendigo borracho, seguro”. Alguien aventuró que se imponía trasladarlo a un centro de primeros auxilios. Ante esa sugerencia la mayoría que observaba la escena se apresuró a desaparecer, sólo algunos ciudadanos decidieron aplazar sus obligaciones y atender al herido. De entre ellos se han conservado los nombres de Antonio Roig, un administrativo del puerto, y Antonio Noria, que aseguró ser socio de la Sociedad Colombófila, aunque en los completos archivos de tal Federación no conste su pertenencia.


La  fotografía de Gaudí en la procesión de C.Christie en
1924, imagen aproximada que debía presentar en 1926
           
                      Los dos voluntarios intentaron, sucesivamente y sin éxito, detener a cuatro taxis que circulaban por la Gran Vía. Los tres primeros Fiat B-5889, Ford B-18412, Profos B-18873, negaron el auxilio por temor a que la sangre manchara sus tapicerías. El cuarto chófer requerido se acercó al grupo reduciendo la marcha lo justo para observar el cuerpo tendido en la acera, sin llegar a pararse. La sola visión del herido fue suficiente para que huyese del lugar a toda velocidad, sin dar tiempo a que se denunciara la matrícula.
            
                        Esa insolidaridad fue motivo de que se perdiera casi media hora preciosa en el intento de conducir al herido a una Casa de Socorro y no se sabe cuánto tiempo más habría transcurrido, si un miembro de la Guardia Civil no hubiera transitado en aquellos momentos por el lugar del suceso. El agente se hizo rápidamente cargo de la situación, impuso su autoridad y obligó detenerse al siguiente taxi que apareció, ordenando al chófer, Ramón Cos, que trasladase al anciano hasta el cercano dispensario de la Ronda de San Pedro, nº 37. Para asegurarse de que se cumplían sus órdenes el agente de la autoridad subió también al vehículo. Ramón Cos hizo lo que se le pedía sin conocer la identidad del herido y poco después de morir el arquitecto se identificó en la prensa como el conductor que lo había conducido hasta el Dispensario de la Ronda de San Pedro.


Antiguo plano del Hospital de la Santa Creu (Archivo A. Mª F.)

                        El libro de registro del centro dejaba constancia del somero examen: se aprecia un traumatismo a la altura de la oreja derecha y conmoción general del paciente, que dice llamarse Antonio Gaudí... Al parecer el accidentado debió recobrar la lucidez los instantes necesarios para dar el único dato de su nombre, tras lo cual volvió a perder el conocimiento y no se pudo ampliar su filiación por no llevar documentos. El contenido de sus bolsillos se limitaba al libro de los Evangelios, un rosario, un pañuelo, un puñado de avellanas y la llavecita de su escritorio. En atención al estado del paciente, el médico de guardia ordenó trasladarlo en ambulancia al Hospital Clínico después de administrarle un antiespasmódico.

                    Concluía la nota que “había llegado acompañado por un miembro de la Guardia Civil llamado Ramón Pérez Vázquez”. Posteriormente se conocería que el citado agente, natural de La Puebla de Caramiñal, La Coruña, tenía 25 años y acababa de incorporarse a la Comandancia de Barcelona, por cuya Gran Vía paseaba vestido de paisano (*).


Cuerpo principal del antiguo Hospital de la Santa Creu con su magnífica
escalinata- En la actualidad acoge la Biblioteca Central 

Ex-libris de la biblioteca mostrando sus bóvedas

                          Pero el destino es caprichoso. La existencia de Gaudí estaba forjada con el fuerte sentido antimilitarista propio de un país que aún no se había repuesto de la Guerra de Independencia contra la ocupación francesa y esa circunstancia lo llevó a ser un diletante los últimos años de su vida frente a cualquier autoridad armada, aunque en los años que cumplió su Servicio Militar en Barcelona, no consta la más mínima falta en su expediente. Sin embargo, tras sufrir el mortal atropello por un tranvía de la línea 30, de los muchos curiosos que pasaron ante el anciano herido el único que se paró y decidió recogerlo para llevarlo personalmente a un centro médico de urgencia, fue un guardia civil, representante del primer cuerpo de seguridad de ámbito nacional creado en España en 1844, ocho años antes de nacer Gaudí  

                         Al partir la ambulancia la trama prevista daría un vuelco. En algún punto del trayecto hasta el hospìtal, los sanitarios decidieron variar por su cuenta el destino del maltrecho pasajero. No existe una explicación contrastada del cambio de rumbo, la orden del médico era llevarlo hacia el Hospital Clínico al otro lado de la ciudad, pero el vehículo nunca llegó a ese centro; por su cuenta y riesgo los camilleros se dirigieron al más cercano Hospital de la Santa Cruz, situado en la calle del Hospital junto a las Ramblas y cercano al puerto.


En grabado de Gustavo Doré, Dº Quijote y Sancho por la calle Espasería. Al fondo, la iglesia
de Santa Mª del Mar.
  

                 Se publicó que la decisión de los sanitarios fue debida a  que -…era tarde, estaban cansados y no tenían ganas de trabajar. Pero esa afirmación cae por sí misma leyendo el informe nº 225 de la Guardia Urbana, donde el agente nº 53 Silverio Silvestre encabeza el texto con estas palabras:  A las 18 horas del día de hoy ha sido auxiliado en la Casa de Socorro de la Ronda de San Pedro una persona que dice llamarse Antonio Gaudí. El examen iniciado a esa hora y su posterior orden de traslado ya que se trataba de un accidentado de extrema gravedad, no debió demorarse más de 30 o 40 minutos, todo lo más una hora, lo que nos sitúa en las 7,30 de una clara tarde mediterránea a las puertas del verano.


                     Existe la posibilidad de que el personal de ambulancias, por su continuo servicio, conociera la existencia de camas libres en un hospital u otro y la conveniencia de variar el destino del herido, pero de haber sido así parece extraño que no lo indicaran al médico del dispensario y aceptaran sin objeciones la ruta prevista sin rectificar lo escrito. No hay que descartar el error humano, el despiste de que lo dejaran en un lugar en vez de otro, pero ¿acaso no circulaban con una orden escrita? En cuanto a la idea de un ángel custodio llevando en volandas la ambulancia de Gaudí sobre la ciudad, meciéndolo con la obertura de Tannhaüsen, aunque también se publicara y tenga su atractivo, sólo está al alcance de los muy creyentes. En cambio, dejando un resquicio al azar si es posible explicar el porqué Gaudí apareció ingresado precisamente allí.


Fragmento del Registro de Entradas del Hospital.


            
                      Porque son verídicas las continuadas visitas de Antonio Gaudí al antiguo Hospital de la Santa Cruz desde sus tiempos universitarios y más adelante se intensificaron, cuando en calidad de estudioso anatómico recorría a menudo las salas de beneficencia, observando los tipos humanos que yacían en aquellos lechos. - Ya que no tengo familia directa –había declarado- me gustaría morir en esta misma Santa Casa  y en esta misma sala de indigentes del Hospital de la Santa Creu, eso es preferible a depender de familiares lejanos que en muchas ocasiones atienden por obligación. Aquí te cuidan por amor, no como en una clínica que lo hacen  por dinero

                        Si, como creían algunos de sus amigos, Gaudí recobró la lucidez durante el trayecto y pudo conversar con los camilleros, no hay duda de que pudo convencerlos del cambio de rumbo. Son infinidad los testimonios asegurando que dejarlo hablar conducía a plegarse a sus deseos, y en este caso, dirigirlos hacia su querido Hospital de la Santa Creu, fundado en el siglo XV por el rey Martín el Humano, el mismo centro que Miguel de Cervantes había inmortalizado en la Segunda Parte de su Ingenioso Hidalgo Dº Quijote de la Mancha, uno de los escasos libros que Gaudí guardaba en su estudio y donde se lee en el capítulo LXXII:



                           ...Yo -dijo Dº Quijote-, no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el malo, para prueba de lo cual quiero que sepa vuesa merced, mi señor don Alvaro Tarfe, que en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza; antes, por haberme dicho que ese don Quijote fantástico se había hallado en las justas de esa ciudad, no quise yo entrar en ella, por sacar a las barbas del mundo su mentira; y así, me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres , patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única. Y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, sólo por haberla visto...



Ana Mª Ferrin

(*) Diversas ampliaciones de este episodio en los siguientes libros de A. Mª Ferrin:

      GAUDÍ DE PIEDRA Y FUEGO:

afejara.blogspot.com.es/2011/09/gaudi.html

      REGRESO A GAUDÍ'S PLACE:
http://amf2010blog.blogspot.com.es/2005/07/regreso-gaudis-place.html                          

14 comentarios:

  1. Muy interesante y entretenida lectura. gracias!

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    1. Es que a este hombre le pasaban cosas increíbles. Espero leerte más, Carlos.

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  2. Su articulo, a los seguidores de la obra y vida de Antonio Gaudi nos permite conocer con detalle los ultimos momentos de su vida .Muy interesante la mencion de las personas que lo atendieron´
    Enhorabuena Ana Maria Luis

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    1. Este episodio da para mucho, Luis. Fueron tres días densos.

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  3. Soy seguidora de su blog desde hace tiempo, de forma callada pero siempre presente. Cada uno de los temas que nos presenta me parecen, a la par que entretenidos, descubridores de una nueva faceta del genio. Quizá la personalidad de Gaudí sea uno de los misterios de su vida al ser en extremo discreto en ese punto. Se dice que por sus obras se conoce en profundidad sus sentimientos y creencias más que por cualquier otro testimonio, pero es necesario que alguien nos desvele aspectos próximos a la vez que claves que arrojen alguna luz en este sentido. Las entradas del este blog lo hacen sin duda alguna. ¡Enhorabuena!
    Un saludo desde Béjar (Salamanca)

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  4. Hola Carmen, interesante su comentario.
    Cuando siendo una adolescente empecé a interesarme por Antonio Gaudí, mi madre me aconsejó que no perdiera el tiempo porque toda Barcelona sabía que aquel señor era un tipo raro, un fanático religioso que vivió toda su vida encerrado en aquel templo en construcción y no tenía nada que contar. Con los años cambió de opinión, pero con su mejor intención ella fue la primera que me alertó ante esa creencia general. Aunque yo seguí con mi proyecto porque no me cuadraba que la alegría carnal que muestran las obras del Gaudí en plenitud, el Capricho, la Casa Batlló, la Pedrera, partiera de alguien tan oscuro como lo pintaron algunos en su tiempo, siempre levitando entre incienso. Así empecé el tema y es un placer saber que hoy somos bastantes los que disfrutamos descubriendo más claves de su obra, como resultado de conocer ciertas motivaciones que guiaron la vida del maestro. Bienvenida y saludos a Salamanca donde tengo una parte muy querida de mi familia.

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  5. Te agradezco mucho la visita y comentario que me dejastes en mi blog. Antes solía contestar a cada uno de ellos, pero, visto el volumen y número de los mismos y que la mayoría suelen coincidir, suelo contestar a los más significativos directamente. Ya sé que el tema de la entrada de mi blog no viene al caso aquí o quizá sí dado que trata de Cervantes y su mecenas el duque de Béjar, caso paralelo al de Gaudí y Güell. Me decías que Cervantes tuvo suerte de tener un mecenas que defendiera sus ideas y proyectos económicamente, pero me temo que no fue todo de color de rosa. Francisco III de Zúñiga fue mecenas de artistas y literatos de la talla de Góngora, Lope o Cervantes. Sin embargo, a la hora de su muerte, había dilapidado toda su fortuna. Su hijo, el duque Alonso II, heredó telarañas y es entonces cuando sale publicada la primera parte de El Quijote dedicada al duque de sflojara la bolsa y le sacara de la situación ruinosa en que vivía, pero se llevó un chasco: el duque don Alonso no tenía un ducado y acabó por hacer oidos sordos de las súplicas de don Miguel. El resultado fue una desavenencia tan grande que dió como consecuencia el cambio de dedicatoria en la segunda parte de la magna obra, esta vez dedicada al duque de Lemos. Mecenazgo fallido, podríamos hablar en este caso, nada más lejos de la estrecha relación entre Gaudí y Güell.
    Un beso de una ciudad que empieza con "B" y de pasado textil a otra de las mismas características... (Béjar y Barcelona)

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    1. Hola Carmen, resulta curioso el paralelismo que va apareciendo en algunos aspectos de la vida de Gaudí y Cervantes a medida que conozco más la vida del de Alcalá. Ninguno de los dos tenía fortuna, pero sí un talento que brillaba como el oro despertando envidias y recelos. Ambos tuvieron importantes cargas familiares, crearon obras universales e incluso se vieron empujados a llamar a determinadas puertas para solucionar problemas económicos, Gaudí para costear las obras de la Sagrada Familia y Cervantes para subsistir. En cuanto a la referencia que haces de cómo resultó la relación de Cervantes con Alonso, IV duque de Béjar al que le dedicó la 1ª Parte de El Quijote, e hijo de aquel III duque de brillante biografía y tan gran mecenas como mal administrador, aunque no sea algo de conocimiento popular hay una similitud importante en la forma en que terminó Gaudí con los herederos de Eusebio Güell, fallecido en 1918.
      Y ya que en esta ocasión la profundidad del tema va más allá del simple comentario y su respuesta de cortesía, considero adecuada una aclaración ampliada que en breve, como suelo hacer de vez en cuando, colgaré en forma de entrada.
      Es un placer leerte, cordiales saludos.

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    2. Para mí es un honor que un comentario mío haya podido inspirarte una entrada tan interesante como ésa. Es curioso todo lo que comentas. Uno de los males de nuestro país es que a los verdaderos hombres de genio no se les ha valorado en vida y muchos de ellos han muerto en total soledad y desprestigio. La gloria les ha llegado después de muertos. Cervantes y Gaudí... quién lo diría.
      Un saludo

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  6. se sabe el nombre del conductor del tranvía?

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    1. Hola, Laura.
      En los años 90 consulté un informe que me proporcionó el profesor Joan Bassegoda Nonell en la antigua Cátedra Gaudí de los Pabellones Güell, del que saqué parte de los datos referentes al atropello. De haber figurado el nombre del conductor lo lógico era que yo lo hubiera hecho constar, pero al no ser así por si acaso he revisado mis apuntes de entonces y he confirmado que no aparece, sólo lo tengo anotado como “el conductor”.
      Pero de eso hace más de veinte años y los fondos documentales de la Cátedra no han parado de incrementarse desde entonces en todos sus apartados, por lo que es posible que si acude a los archivos de la nueva ubicación de la Cátedra, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en la Avda. Diagonal, 649, encuentre lo que busca.

      Si eso ocurre y me lo comunica, con mucho gusto lo haré constar en el blog citándola a usted y su investigación. Un cordial saludo.

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  7. ana, soy arquitecta justamente y no me resultaría nada complicado consultralo. La mejor forma de buscarlo sería con alguna referencia en particular? Supongo que habrá mil temas que hablan sobre Gaudí, es un tema muy amplio. Podrías darme alguna referencia más porfavor para concretar la búsqueda? Muhcas gracias de antemano

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    1. El dato podría encontrarse en las declaraciones del conductor tras el accidente, tanto a la Policía como en la compañía Tranvías de Barcelona, S.A.
      Otra vía son las crónicas que hizo el periodista Melchor Font para el diario La Publicitat de Barcelona el mes de Junio de 1926, los días 8 al 30. Es cuestión de paciencia y minuciosidad dedicándole todo el tiempo preciso. Saludos y suerte.

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