Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





LA SAGRADA FAMILIA Y ENRIC MAJÓ, ACTOR Y ARTISTA PLÁSTICO




ENRIC MAJÓ A FONDO


                          Hay situaciones que surgen de pronto y te dan hecho el perfil de un personaje. El actor y pintor Enric Majó me abre la puerta de su casa vestido con un conjunto vaquero y descubro que este hombre puede ponerse lo que quiera. Dará lo mismo esa indumentaria relajada que el oscuro traje valentino de su asistencia a los Premios Gaudí, su imagen siempre refleja al hombre que domina con elegante serenidad tanto la posición del cuerpo como el tono de la voz. Y ya se sabe que el ABC del estilo consiste en no transmitir prisa jamás.


Con Jordi Dauder durante la III edición de los Premios Gaudí en 2011

En un ángulo de la terraza de su casa, en Barcelona. 2012 (A.Mª.F.)


POR CAUCES DE ARTE


Publicado en Gaudí y Más. 11 de noviembre de 2012


                            Me contaba un familiar, de Erasmus en Holanda, que allí el sistema educativo está compartimentado de un modo férreo. Son los profesores designados -supongo que en colaboración con el psicólogo del centro y tras estudiar su expediente-, los que determinan hacia qué área profesional debe encaminarse un niño, si su futuro deberá dirigirse hacia las humanidades o las ciencias. En caso de que no le vean aptitudes para la vida intelectual serán ellos los encargados de orientarle hacia una formación menestral determinada.

                           En esto pensaba yo mientras Enric Majó, actor y artista plástico, recordaba para esta segunda entrevista veinticinco años después de la primera (1), aquel día en que sus padres, pequeños ganaderos de la comarca barcelonesa del Vallés fueron a entrevistarse con el maestro, para comunicarle que su hijo de 12 años no quería seguir el camino de los padres y deseaba cursar estudios superiores. Con todo el respeto de la época acudían a él para que los orientara sobre qué sería más interesante para el niño y qué pasos debían seguir, ya que ellos desconocían como desenvolverse en el mundo de la cultura.


Una cómoda, un cuadro en azul y un bronce.  El artista al contraluz de la terraza. 2012  (AMªF)

                        El matrimonio tenía otros dos hijos mayores y todos vivían de las vacas y cabras que pastoreaba el padre y de los pequeños ingresos que obtenía la madre vendiendo quesos que ella misma elaboraba, por lo que para toda la familia los estudios de éste hijo iban a suponer un gran esfuerzo con el que estaban dispuestos a enfrentarse. Pero el profesor los sorprendió con una respuesta inesperada que zanjó la entrevista: -¿Estudiar su hijo una carrera? Si bastante trabajo le cuesta lo que hace ahora…   

                         Los padres con su mejor voluntad dieron por bueno el juicio  del profesor, pero el niño se sintió ofendido porque no era cierto que él no valiera para estudiar y no entendía por qué el maestro le había dado ese consejo a sus padres. Él era un discípulo medio-alto, de bienes y algún notable. La historia no se paró aquí, ya que sus padres le apoyaron cuando decidió dejar aquel colegio y empezar unas clases nocturnas donde conoció al profesor Ribera, uno de esos encuentros capaces de cambiarte la vida para bien, como asegura Majó añadiendo agradecido, que: el día que lo conocí me tocó la lotería.

                          Aquella primera Navidad de estudios nocturnos el maestro, antiguo estudiante de la Escuela de Arte Massana, encargó a los alumnos que hicieran un pesebre de arcilla con sus propias manos, repartiendo a cada niño el personaje que debía modelar y confiándole a Majó la Virgen Maria. Ésta circunstancia iba a influir en el derrotero que tomaría su vida, porque al entregarle la figurita terminada al maestro, éste inició un breve diálogo con el chico: ¿Quién te ha enseñado a modelar? –Nadie -contestó el pequeño Enric-, lo hago cuando llueve y hay barro (2). El profesor Ribera se quedó mirando la figurilla girándola entre sus dedos y comentó algo de lo que el niño no entendió el sentido: -Pues tiene ritmo, -añadiendo a continuación-: ¿Qué piensas hacer de mayor? Sorprendido por la pregunta, el chico respondió un poco desorientado: - No lo sé. Como el maestro le dijo a mis padres que no valgo para estudiar…El profesor, haciéndose cargo de la situación le dirigió a Enric una propuesta: - ¿Ah, sí? ¿Eso les dijo? Pues dile a tus padres de mi parte que vengan a verme. Quiero hablar con ellos. 

  
Un espléndido Enric Majó

Agosto de 1987 durante la anterior entrevista que le hizo Ana Mª Ferrin

                         La existencia de Majó empezó a verse propulsada por el motor de un expreso que no ha parado hasta hoy. Sólo tenía doce años, pero al poco entró a trabajar en el estudio del profesor Ribera donde a la vez que ganaba un pequeño sueldo aprendiendo el conjunto de técnicas que componen el arte y oficio del artista pintor, iba convirtiéndose en aprendiz a la manera de los clásicos, dentro de un grupo de ayudantes en los que uno pintaba el cielo, otro las barcas, otro el fondo, dejando listo el lienzo para que el maestro colocara el motivo central. A los 18 años, cuando ya se ganaba la vida dibujando, le invitaron a participar con un cuadro propio en una exposición colectiva. Llevó al lienzo la calle de Sant Pere, de Rubí, su pueblo, -Y se vendió- recuerda con voz sonriente, dejando que la nostalgia flote sobre la mesa que acoge la charla.                                       
                 
                        Por entonces, 1964, unos amigos del Institut del Teatre lo animaron para que se inscribiera en un curso con el resultado de que durante una visita al centro, el gran Adolfo Marsillach se interesó por él y lo contrató sin más. De simple figurante, supongo –le pregunto. A lo que responde Majo impostando la voz con autoridad: -De figurante ¡y con frase!
  
                      Era 1965. Con la obra Después de la caída de Arthur Miller,  empezaba una carrera en el teatro que iría extendiéndose, ocupando buena parte de su vida hasta la actualidad. Clasicos. Drama; Valle-Inclán, Segarra, Brecht, Darío Fo, Llull, Espriu, Peter Weiss. Sin olvidar la Yerma de García Lorca, de la que ningun@ de los espectador@s ha olvidado la irrupción de Majó en el escenario mostrando sus legendarias piernas. Una larga lista de trabajos en televisión, en castellano como la celebrada serie dedicada al pintor Goya, y en catalán con innumerables títulos en todo tipo de géneros. La Comedia, el teatro comercial, apartado en el que últimamente actúa bastante demostrando su vena cómica. Su incursión en el cine le dio ocasión de conocer un mundo interpretativo con características propias. 
                     


Fotograma de la serie "Goya" con Majó pintando Saturno devorando un hijo, una de las
obras de la Serie negra que el pintor realizó como decoración  en los muros de su casa

Con Montse Guallar y dirigido por Ricard Reguant. en la obra
de Bill Manhoff, La gateta i el mussol, (la gatita y el búho)

                    El balance de tanto trabajo despierta la curiosidad de conocer de qué estará más satisfecho el artista.     

                    - Después de casi cincuenta años de profesión me satisface que después de tanto tiempo los directores, productores, empresarios, sigan confiando en mi, que sigan contratándome para todo tipo de papeles, drama o comedia.

                        - ¿Drama o comedia?


                     - Todo es difícil, lograr el tono perfecto obliga a un esfuerzo constante. Lo que pasa es que en un papel dramático el actor sólo puede recoger el silencio del público, dándole pie a pensar: “Que bueno soy, qué bien lo hago”. Y puede creérselo porque no hay una reacción evidente, el espectador no cambia su actitud, interioriza lo que le llega y no lo expresa. Pero con la comedia el actor no se puede engañar. Si cada día provocas la risa tras una frase determinada y de repente un día no aparece esa respuesta, es que algo ha fallado, tú has fallado. Y eso te obliga a estar a tope todos los días con la voz y el gesto. El gag es la ley. Un test continuo para el actor, que controla si todo va bien o si debe ponerse las pilas.

                         -  Permíteme una pregunta. ¿Fuiste un niño feliz?

                       El interrogante se me ha ocurrido de pronto, a trasmano del diálogo. Majó lo recibe con una pausa:
  
                    - No, no fui feliz. Lo más fácil sería echarle la culpa a mis padres, pero ahora veo que fui un niño querido, que mis padres estaban por mí y me dieron todo lo que podían, más que a mis hermanos porque yo era el pequeño de los tres. A veces hablando con mi hermana, a la que quiero mucho, ella me dice: “¿Ves? A mi, aquello no me lo daban”. Ahora estoy seguro de que si no era más feliz era por mí mismo, cosas de la bestia que llevamos dentro. 


A la iz, Beth Rodergas, Enric Majó, Álex Casanovas, Pep Planas, Eduard
Farelo y Mercé Comas. en la obra Pels Péls (Por los pelos), de Paul Pörtner.
Dirigida por Abel Folk

Iz, Jordi Díaz, Dafnis Balduz, Miquel Sitjà, Mónica Pérez, Meritxell Huerta,
Aleix Albareda, Enric Majó, Anna Barrachina y Saida Lamas. En la obra
de Michael Fryan, Pel devant i pel darrera (Por delante y por detrás). Al
cumplir 300 representaciones. Teatro Borrás. Dirección de Alexander Gerold

El elenco de A la ville de Barcelona. En el centro Joan Ollé, autor y
director. Tercero por la izquierda, Enric Majó

                      Comparte su vivienda situada entre las Ramblas y la plaza Catalunya, con su pareja. -Siempre he sido un hombre de relaciones largas. Desde hace catorce años vivo con la misma persona, así que puede decirse que soy un hombre casado y me gusta esta estabilidad. Nunca lo hubiera dicho.
  
                      Lo observo mientras escucho sus respuestas y tengo la sensación de encontrarme ante un hombre que no alardea de sus cicatrices, pero que haberlas haylas porque ha sido de los que no se rinden ante los avatares. Sabe del conflicto interior de profesar una fe que no admite a quienes asumen una orientación sexual distinta a la establecida. De una primera juventud en que ya era consciente de su realidad y buscaba soluciones que le indicaran qué camino tomar. Mientras por un lado la medicina le proponía aceptar una ayuda radical “para eliminar sus inclinaciones” y por otro el confesor le aconsejaba casarse y formar una familia “porque ya verás como ésto se te pasa”, transcurrió un espacio de tiempo inmerso en toda esa lucha interna, con novia y culpándose de que su mente lo derivaba hacia otros caminos. Hasta el día en que durante un paseo por los alrededores  de la catedral de Barcelona un hombre empezó a seguirlo insinuándose. Un hombre con su hijo de la mano.
   
                    Fue al ver esa imagen trágica que parecía extraída de una novela de Thomas Mann, cuando comprendió que la solución a sus problemas estaba en vivir sinceramente, aceptando su realidad. –Aquella experiencia me abrió los ojos y vi claro que de ninguna manera iba a consentir que ese fuera mi futuro, yo no quería acabar así. No iba a engañar y hacer desgraciada a una mujer a la que tenía cariño y respetaba. Con años de fingir lo que uno no es, reprimiendo su realidad, hasta la persona más honesta puede llegar a una situación límite. Ahora lo sé muy bien porque he conocido a mucha gente con conflictos tremendos –concluye, pausado. Mirando de frente, concluye refiriéndose a la mujer que compartió esa etapa de juventud-: Hablé con ella y dejamos la relación.


Palau Güell, salón que tanto a Majó como a Paul Naschy le inspiraban una película de terror


Decorado para una de las obras de Salvador Espriu, dirigida
por Ricard Salvat, con Enric Majó. Obra de J.Mª Subirachs

                    
                             Esa tarde de octubre hablamos largamente sobre Antonio Gaudí, no en vano el actor se ha convertido en guía frecuente de la obra gaudiniana para sus amigos extranjeros .

                          - Sí me interesa la obra de Gaudí, sus arcos catenarios cambiaron la arquitectura -comenta, demostrando que conoce el tema-. La Pedrera me parece un momento constructivo sublime. Pero nunca viviría en uno de los edificios de Gaudí, sus curvas me inquietan con esa falta de verticalidad, de ángulos. Mira, si tuviera medios a lo grande, eso de decir "puedo vivir donde quiera", la casa de mis sueños sería una villa del tipo Palladio, luminosa, de líneas rectas. Vivir en el Palau Güell sería algo terrible para mí, como vivir en una película de terror.

                               - ¿Qué opinas en general de la obra de Josep Mª Subirachs?

                          - Me gusta el Subirachs pintor y escenógrafo. He trabajado en varias obras en las que él había hecho los decorados y conocí una característica suya que me sorprendió, que no es muy común, porque venía al teatro y acababa de colocar y retocar la escenografía personalmente. Valoro mucho en un artista el compromiso total  con su trabajo. 

                         Aparte de que Subirachs tiene obras con un gran significado para mí. Yo pasé una época muy difícil en que se juntaron varias circunstancias que me llevaron a una depresión; el fallecimiento de un sobrino muy querido, la ruptura de una larga relación y una búsqueda espiritual que me dirigió de nuevo hacia la religión. En ese tiempo en que no acababa de encontrarme, era un alivio entrar en el silencio de algunas iglesias y pasar un tiempo meditando, por ejemplo en algunos rincones de la catedral. También en la iglesia del Pino. Y sobre todo en la capilla que hizo Subirachs en Montserrat, he pasado mucho tiempo en ese pequeño espacio tan espiritual.  



 Altar de la capilla del Santísimo. Monasterio de Montserrat. Josep Mª Subirachs.

El grupo escultórico de La Sagrada Cena en la Sagrada Familia. Obra de
Subirachs en la Fachada de La Pasión

                               - Y su trabajo en la fachada de La Pasión, en la Sagrada Familia, ¿que te parece?               

                            -  Ese es otro tema. Hay obras suyas que no acaban de interesarme y la fachada de La Pasión, pues tampoco, la verdad. Quizás es que no he acabado de conocerla a fondo, no sé. Leeré tu libro y a lo mejor la veo de otra manera, ya te lo diré -subraya, para continuar-: Eso no quita, que cuando me llamaron en 1990 para que acudiera con un grupo que se había formado para hacer una especie de procesión en la Sagrada Familia contra la obra de Subirachs, a mí me pareció una idea de locos. Eso precisamente les contesté: ¿Estáis pidiéndome que vaya a una manifestación contra la obra de un artista? ¿Es que estáis locos?  Algo increíble.

                                  -   No voy a desaprovechar dos facetas tuyas que conocí en la anterior entrevista. En el grupo escultórico de La Sagrada Cena, Subirachs dejó la mesa vacía porque había estudiado a fondo los Evangelios y sabía que no figura ninguno de los alimentos que se consumieron esa noche, excepto el pan y el vino. En tu doble condición de pintor y aficionado a la cocina, de ser tú el artista ¿qué alimentos habrías colocado en la mesa?

                              - Vamos a ver... -una pequeña pausa es su única reacción-. Que estaban a punto de vivir algo tan tremendo como que Jesús iba a morir crucificado sólo lo sabían dos personas, Judas que iba a traicionarlo y Jesús que como era Dios lo sabía todo. Para los otros once sólo era un alto en el camino que habían emprendido, una cena normal. No era como al principio cuando había esa excitación, eso de: ¡Vamos a emprender la gran epopeya! Porque a esas alturas ya habían andado bastantes caminos, les habían pasado bastantes cosas y no creo que estuvieran para mucha farra. Así que basándome en que eran trece colegas, trece amigos que se reunían para una cena de Pascua, lo que no podía faltar era el cordero, el pan y el vino, sobre todo el vino.

                                            Y aunque a mí me gustan esas Sagradas Cenas del barroco italiano con mesas llenas de manjares, tampoco le pondría más cosas a esa mesa, porque además estaban lejos de su tierra y de sus familias y no debían tener productos propios. Tampoco creo que su economía fuera muy boyante. Cordero, pan y vino, sin más. 

 
En este retrato de Majó, Baco ofrece un brindis al espectador tras un decorado 2012(AMF) 

Aquí el modelo cubre la imagen de la catedral de Gerona mientras tras ella se vislumbra
el templo real.  ¿O es todo un decorado? 2012. (A.Mª.F.)
     
                            
                     A su ofrecimiento de qué me apetece beber, le pido agua, que me ofrece en la reproducción en cristal azul de la botella diseñada en 1912 por Josep Mª Jujol. Su gata Sissi ronronea jugando con los hilos depositados en una mesita. De las paredes que envuelven la mesa donde se desarrolla la entrevista cuelgan dos retratos de cuerpo entero, obra del artista. Cambiando de asunto pasamos a la pintura. Así define sus cuadros el autor:

                    - ¿Mi estilo? Hace años te hubiera respondido con la etiqueta de un cierto neo-orientalismo, ahora no sabría exactamente como definirme. Bordeo el clasicismo, lo figurativo. Me enloquecen los italianos, Caravaggio, nada me produce tanta emoción como ellos,  me gusta contar historias a partir del cuerpo humano, muchas veces con un trasfondo escénico. Fíjate -señalando los dos grandes óleos, explica-: Aquí está este retrato de Baco, pero entre bambalinas como si estuviera a punto de salir al escenario. O éste otro señor con el fondo de la catedral de Girona, ¿está mirando hacia la catedral o contempla un decorado con esa catedral? Me doy cuenta de que en una forma u otra la tramoya, los decorados, la escena, siempre están presentes en mis cuadros. ¿La abstracción? No me interesa nada. Mira, durante muchos años Barcelona ha sido muy cateta en arte, muy injusta con lo figurativo. Aquí, durante mucho tiempo, Tapies que con todos mis respetos es un horror, era el Dios. 


                            Por eso estoy muy satisfecho de la última obra que he representado, "A la ville de Barcelona" de Joan Ollé. A los actores nos animaron para que aportásemos al texto nuestras vivencias y yo decidí hacer un homenaje a muchos grandes artistas que los habían borrado de la ciudad, los de la Bodega Bohemia, el Gran Gilbert, los cabarés del Paralelo. Por mucho que se empeñen en silenciarlo todo eso también es Barcelona, historia de Barcelona. Y no debe olvidarse.                                           


                        A partir de su inicio en los escenarios la pintura quedó relegada a un segundo plano, convertida más bien en una vocación lucrativa en la que emplear su tiempo libre. Los temas fueron sucediéndose, paisaje, mucho retrato, hasta el día en que su gran amigo Néstor Almendros le habló de conocer los hammam, los baños árabes. El encuentro de Majó con esos espacios de ocio tan singulares que pueden encontrarse principalmente en Egipto, Turquía o el Magreb, junto a su calidad balnearia le deslumbraron los tonos culturales que evocaban su estética y colorido herederos de Bizancio. Tanto los de gran nivel, como esos otros humildes lugares donde entre desconchones de añil y rosa, celeste o turquesa, los hombres de esas tierras sabias -que ya han visto todo, por lo que esperan poco del poder- arreglan el mundo entre vapores, envueltos en el eco de las palmadas de los masajistas.
  
                           Una serie de cuadros con esos motivos tenía expuestos en su salón la primera vez que lo entrevisté. No fue uno de los temas que centraron el encuentro pero aquella faceta del actor me dejó un poso de interés por su calidad. Me informa de que las telas se vendieron casi todas y hoy sólo queda alguna colgada en las paredes como testimonio de aquella etapa, decorando el pasillo que une y separa la parte hoy habitable de la casa, con la apuntalada por las graves deficiencias del edificio que después de ocho años de percances, por fin empezará a ser restaurado el próximo febrero.


El hotel Gellért  de Budapest, versión de lujo de un hammam
    
Baños árabes de Torres Torres, en Valencia

Hammam en un cuadro de Enric Majó 2012 (A.Mª.F.)

 
                      Una situación doméstica como la que hoy vive con esos problemas no podría sobrellevarse sin la ayuda del humor. Humor en el que cabe acudir a todas las súplicas posibles, desde conocidos, a mediadores de la talla de una Virgen María regalada por su amigo el pintor Guinovart, imagen que vigila los boquetes del techo tocada con un casco obrero y portando en cada una de sus manos, una pala y un ladrillo, con su advocación pintada en la peana: La Verge dels paletas. Aún guarda Majó otra baza como abogado de lo imposible, Sant Muç, santo milagroso por excelencia de su pueblo de Rubí, al que antaño confiaban los vecinos sus cuitas cotidianas. –Para casos más graves se acudía a Montserrat –explica muy serio. Ante este incómodo panorama le he recordado que no olvide a Gaudí, acudir a su tumba en la cripta de la Sagrada Familia es comprobar la cantidad de velas que ponen a diario quienes confían en su intersección con las alturas. 

                    Cercada su libertad por las molestias hogareñas, ha decidido que ahora es un buen momento para retomar la idea que guardaba desde que hará unos años le invitaron a participar en una muestra colectiva en el Colegio de Arquitectos, bajo el lema de diseñar un jardín. Una idea interesante en la que participaron actores y otros artistas de diversas disciplinas. En el rectángulo de 30x30 que debía situar su diseño, a Majó se le ocurrió realizar su jardín con elementos escénicos de music-hall a partir de lentejuelas, minúsculas perlas y otras cuentas, sugiriendo el paisaje brillante de un jardín-burlesque que muy bien podría haber sido el decorado del mítico cabaret barcelonés El Molino.
                   
                      Se hizo la exposición, se vendió su cuadro, pero allí no acabó para él esta experiencia, porque le interesó el concepto de crear un pequeño tapiz paisajístico hasta el punto de iniciar una serie de piezas similares. Ningún momento mejor para plasmar su idea que ahora cuando no puede utilizar su estudio por estar apuntalado, y trabajar este pequeño formato de arte puede hacerlo en cualquier rincón. Caja con un tapiz de cristal encerrado en el fondo, que al separar sus dos hojas y abrirlas como una ventana nos muestra un paisaje de comedia musical, mundo de Oz esperando a su mago y a Dorothy saltando de la mano del espantapájaros. En cada una de las piezas Majó compone un paisaje onírico dedicado a su tierra siguiendo los versos de Salvador Espriu o de Joan Oliver (Pere Quart):


                                     En ma terra del Vallès
                                   tres turons fan una serra,
                                  quatre pins un bosc espès,
                                  Cinc quarteres massa terra.
                                “Com el Vallès no hi a res” (3)


Regalo de su amigo Guinovart. Una virgen con el nombre de Mare de Déu dels
 Paletas, (Virgen de los albañiles), equipada con casco, pala y ladrillo.
 A ver si intercede en el final de las obras. 2012 (A.Mª.F.)

El santo patrón de Rubí, Sant Muç, ( San Mus, San Mucio)



Cuadro-caja de Majó trabajado como un tapiz bordado. 2012 (A.Mª.F.)
    

                    Sus declaraciones de 1987 sobre la conveniencia o no, de que fuera Josep Mª Flotats el designado por la Generalitat para la creación y organización de un futuro Teatre Nacional de Catalunya, demostraron el sólido compromiso de Majó con su profesión, no es Barcelona territorio cómodo para las críticas. Aclara el entrevistado que en sus palabras no había nada personal contra Flotats, al que considera un buen actor. Pero sucedía que había regresado a Barcelona tras veinticinco años de ausencia de la realidad de nuestros escenarios, y aunque viniese de la prestigiosa Comedie Francaise, Majó opinaba que aquí había otros muchos actores y directores que bregaron en la dura posguerra, haciendo méritos más que suficientes para ser ellos los que se hicieran cargo del importante proyecto de un teatro nacional catalán, como era el caso de los integrantes del Teatre Lliure.

                         Sin llegar a los dos años de su nombramiento como Primer Director, Flotats fue destituido, dejando inaugurado y en marcha el Teatre y trasladándose a vivir a Madrid.     

                        El tiempo no pasa en vano y hoy, en 2012, al rememorar aquellas declaraciones de 1987 Majó tiene matices para el resultado de aquel episodio: - Con todos sus inconvenientes, ahora estoy convencido de que si actualmente tenemos un Teatre Nacional, no tengo dudas de que Josep Mª fue determinante para que lo consiguiéramos. Y de que si hubiera seguido como director los problemas que hoy padece el teatro, como la sonorización, él habría logrado solucionarlos porque demostró ser un buen gestor.



El Teatro Nacional de Catalunya, en Barcelona. Obra de Ricardo Bofill


Interior del Teatre Nacional de Catalunya.


Las características del Teatre Nacional de Catalunya, obra de Ricardo Bofill criticada con sordina por un buen número de profesionales de la escena,  merecen la opinión de un actor como Majó, experimentado en todo tipo de funciones y personajes. 

- Has comentado que admiras la arquitectura de Ricardo Bofill. Con sinceridad, ¿qué te parece este teatro?


- Me gusta Bofill, éste es un buen trabajo, no es feo como L' Auditori. Cuando se estrenó el teatro, como los actores somos muy exquisitos recuerdo que algunos compañeros me decían, "¡Oh, que horrendo!" Y yo les contestaba "¿Que ésto es horrendo? ¿Pues entonces qué me decís de L'Auditori? Si parece un tanatorio".  A mí el Teatre me parece muy culto. 

    -  ¿Culto? ¿Qué significado debo darle a eso?

-  Pues nada en especial. Eso, que es muy culto, porque 
Bofill es un hombre muy culto. Entras y hay citas a Grecia, citas del teatro de Palladio que a mí me gusta mucho. 


-  ¿Tú has trabajado en el Teatre Nacional?


-    -  Hice una obra, pero de producción forastera, nada del Teatre Nacional.  Nunca fui un actor del Teatre Nacional.

                

 ANA Mª FERRIN         
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(1) Anterior entrevista a Enric Majó. Agosto de 1987. Periódico Sant Andreu Expréss:
http://amf2010blog.blogspot.com.es/1987/08/enric-majo-arremete-contra-los.html

(2) En la comarca barcelonesa de El Vallés se encuentra la localidad de Rubí (del latín Rivo Rúbeo, riera roja). Debe su nombre a la riera que lo cruza y que al arrastrar arcilla roja, tras la lluvia se convertía en barro con el que jugaban los niños haciendo figuras.

(3) En castellano: En mi tierra del Vallés/ tres cerros son una sierra/ cuatro pinos un bosque espeso/ cinco cuarteras demasiada tierra/ No hay nada como el Vallés.


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