Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





URUEÑA. (2ª PARTE) HAY-ON-WYE, PRIMERA CIUDAD DEL LIBRO



                            Él no necesita más energía que la tuya.

                    En la oscuridad más negra una cerilla sirve para ponerlo en marcha. Puedes pararlo, conectarlo, apartarlo, retomarlo, tantas veces como desees sin depender de nada ni nadie. La película más costosa, los efectos más especiales, el derroche de medios y actores más delirante, jamás podrán superar a una imaginación capaz de paralizarte de terror entre las sábanas.
                          
                           Acariciarlo produce sensaciones afectivas, tiernas. Después de conocerlo puedes apretarlo contra tu pecho, hurtarlo a la vista de los demás, meterlo bajo la cama, esconderlo bajo tu almohada.

                Otras veces, cuando el mar más removido se encuentra encuadernado con tu propia piel, tenerlo ante tus ojos le hará desplegar toda su sabiduría, mostrarse como un guía iluminado y llegar hasta el centro de tu más íntimo arrecife.

                             Él, el libro, te pertenece.






Tres imágenes de Hay-on-Wey. Arriba, en la actualidad. Centro, en 1955.
Junto a estas líneas vista desde un ultraligero.


LA PALABRA EN EL MURO

URUEÑA, VILLA DEL LIBRO Y LOS CALÍGRAFOS (1ª PARTE)


          
                    En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, cuatro astrofísicos se encuentran en el estrado que preside la sala en espera de exponer sus ponencias. El coordinador procede a su presentación con la breve biografía de cada uno dando paso a que el nombrado desarrolle su teoría. El resto de la mesa asiste atento con la vista puesta en el conferenciante de turno, atentos a sus palabras. Bueno. Todos, excepto uno que escribe pausadamente en el folio que descansa ante él.

   Una asistente al acto desde la segunda fila observa que más que seguir una línea con su pluma, el escribidor realiza todos sus movimientos sobre el borde superior del papel. Ni su brazo ni su muñeca se desplazan en las casi dos horas que durará la charla, su vista está centrada en el mínimo espacio de tres o cuatro centímetros y sólo dejará de hacer correr la tinta durante el tiempo que dure su propio parlamento. Intrigada, la observadora decide resolver la incógnita al final del evento, acercándose hasta los folios del orador.     



                                                 

           ARTE MEDIEVAL DEL GARABATO                                     

GAUDÍ Y SU APRENDIZ RICARD OPISSO


                        Junto al escultor Joan Matamala, quizá sea Ricard Opisso Sala, pintor, ilustrador y caricaturista muy estimado por los coleccionistas del posmodernismo, uno de los colaboradores más jóvenes que tuvo Antonio Gaudí y al que no dejó de tratar hasta su final. De esa relación quedaron múltiples instantáneas de su día a día, los visitantes que recibía en el templo, estampas del entorno, incluida una última imagen, yacente, que le tomó tras estar cercano en sus últimos momentos. Fue también uno de los acompañantes más próximos en el trayecto fúnebre que le tributó la ciudad desde el Hospital de la Santa Creu hasta la catedral, y quien se enfrentó a los que se proponían profanar la tumba del arquitecto en la cripta de la Sagrada Familia durante la destrucción de las iglesias en 1936, consiguiendo disuadirlos (*).


Subido a la mesa de Gaudí, el  joven Opisso se dibujó atento al maestro
que le enseñó el oficio de delineante.

En pose despreocupada y arrogante inmortalizó
Picasso la juventud de Ricard Opisso


OPISSO, UN CRONISTA AVANT LA LETTRE