Foto cabecera

Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





TESOROS OLVIDADOS (1)



                 
                            



ien a la vera del sendero cruzaba y descruzaba un arroyo  mostrando en su ribera unas pocas flores en lucha, sin rendirse ante la escarcha. El cálido nublado fundía el hielo del barro dejando impracticable el camino hacia unas cuadras lejanas por donde se oían balar ovejas...




El maestro de obras Miguel se grabó  a principios del siglo XII en la iglesia
 de los santos Cipriano y Cornelio de Santullán de Campos, Palencia. La
leyenda escrita dice: "Micaelis me fecit". Arriba, "B" capitular con la efigie
del Abad de la abadía cisterciense de Claraval, Bernardo de Claraval.


UNA OBRA CON ÁNIMO DE ETERNIDAD

                
Publicado en Gaudí y Más. Febrero 2013

                             
                           Llegué hasta la tapia y empecé a seguirla buscando la entrada. Un giro más, y al volver el recodo casi cubierto de matorral la presencia intuida del ganado se hizo presente a través de las aberturas de un arco medio cegado, por donde surgían unos ladridos marcando el territorio de la finca. Mi perro Tony salió disparado como pudo hacia aquella antigua entrada buscando al guardián, pero sus patas se enfangaron más y más hasta acabar casi paralizado en las huellas de un tractor convertidas en barrizal. Prismas y cilindros, unas chimeneas soltaban sus humos a lo lejos pintando con su verticalidad un paisaje carcelario, tras el letrero malherido e ilegible que un día debió señalar no se sabe qué.

                           La tierra arcillosa convertía el paseo en un calvario. Veníamos caminando el perro y yo campo a través en dirección a Saldaña, perdidos bajo el cielo sin sol que impedía la orientación bordeando la infinita cerca de tapial. Decidida a rodearla hasta encontrar la salida de aquel sembrado agotador y esforzándome por evitar el barro pisando sólo matojos, fui siguiendo el cercado esperando su final y con él la entrada principal de la finca y un camino decente.

                                   Todo el interior asomó de golpe. El quicio de entrada sin puerta que daba a un corral enorme con una extraña construcción cóncava al fondo, donde unas pocas ovejas desgalichadas parecían el avance de un rebaño que se oía en la distancia de una cuadra lejana. Columnas de paja, mucha paja. El extraño conjunto de muros con ventanas no parecía habitado por alguien a quien poder consultar hacia dónde paraba Saldaña.
  
    





  


Rodeando la tapia embarrada...
                           
                            Di unas voces pero nadie apareció, así que pasé de largo la puerta y seguí caminando con mi perro, ahora por lugares más practicables, pensando que como prisa no tenía, aquella era una buena ocasión para disfrutar de la Naturaleza. Ya encontraría el camino correcto. Lo que me intrigaba era aquella tapia soberbia e inacabable que me hacía especular a qué tipo de construcción debió proteger en origen. De vez en vez, aparecía un alto pilar de ladrillo o un trozo de ruina sin identificar, un zarzal imponente cerrando una grieta, agujeros tapados en la gruesa pared.
                          
                            El viento empezó a soplar más y más violento iniciándose  un vendaval de frío navajero que me recorrió las piernas. Sintiendo lo mismo que yo, Tony se me acercó y frotó su cabeza contra mi rodilla acompasando su paso al mío sin dejar el contacto.    
                  
                        El perfil de una sombra bulbosa entrevista a través de un matorral en la enésima esquina del muro descolocó la monotonía del lugar. Seguí andando y a medida que avanzaba hacia ella, la sombra se ampliaba mostrándose más redondeada, con formas más definidas. Nuevo trozo de tapia, nuevo grupo apiñado de árboles desnudos, nuevo giro. No lo podía creer. La belleza de las ruinas de aquella construcción expuestas en toda su desnudez era para enmudecer a cualquiera.




                         








...apareció una silueta bulbosa...

                              Anduve hasta situarme ante aquel resto de orfebrería en ladrillo enmarcado entre el pasto cortado a su pie y las secas retamas que apoyaban sus costados, cuando encajada entre nubarrones de mercurio se abrió una cúpula azul como gemas de Cartier envolviendo la construcción. Recordé la respuesta de Salvador Dalí al periodista norteamericano que le preguntaba si los increíbles colores de sus cuadros se debían al LSD: Querido amigo, yo soy español y vivo en la Costa Brava. Esta mañana al levantarme salí al balcón y el cielo que tenía sobre el mar estaba separado en dos partes, una era gris plomizo y la otra verde turquesa. Yo no necesito LSD para mi trabajo. Me basta con mirar el cielo de mi país. 

                             Por esa misma razón, por lo que he visto andando los campos de Castilla que inspiraron a Antonio Machado, sé que cuente lo que cuente me quedaré corta, porque la imagen rosada que ese día iluminaba la luz entre nubes en la comarca de La Vega tenía espíritu de eternidad. Así que para transmitir lo que vi pondré el piloto automático y dejaré que él solo se deslice por el tobogán de la emoción, sin preocuparme de si cruza o no esa línea tan tenue que separa lo descriptivo de lo cursi. 

                           Bajo ráfagas de sol traspasando las nubes, la reliquia que tenía ante mi respondía con la dignidad de una dama venida a menos, con la cara lavada y la frente alta mostrando la nobleza de sus facciones. Las tres bandas superpuestas de menudos ventanales en ladrillo proclamaban el antiguo orgullo del trabajo bien hecho. La mayoría de los huecos ya se construyeron para ir cegados, pero aún así, el único ábside superviviente de los tres que componían la construcción original regalaba al paisaje el minucioso rehundido de las formas islámicas de sus herraduras, los repuntes de rasilla, los frisos de minúsculas esquinillas componiendo una armoniosa decoración hecha sin prisas. Arte realizado con materiales humildes y manos diestras mostrándose bajo el reino serenísimo de la luz. Al acabar de rodear el testimonio mudéjar, dos nubarrones se separaron dejando ver el cielo y la única ventana sin tapiar me guiñó su ojo azul. A partir de ahí retome la orientación y pude seguir camino hacia mi coche.




A la derecha del central se aprecian los restos de otro ábside menor
   
                       
    




Era el ábside del convento cisterciense de Santa María de la Vega, en Renedo de la Vega
cercano a Saldaña.  Principios del siglo XIII. Ahora con cuadras y corrales.  2012 (AMªF)

Tony . Siempre en el recuerdo
  
                        Hermana de las iglesias de San Gervasio y San Protasio de Santervás de Campos, Palencia, y de Santo Tirso de Sahagún, León. Pariente lejana del Baptisterio de Pisa. Con Reglas del Císter, alma mudéjar y corazón de arcilla de la Vega, su Acta Fundacional se guarda en el Archivo Histórico Nacional y en ella puede leerse que se dictó en abril de 1215. No sabemos si en algún lugar de la obra constaba quien fue su constructor, por esos años del Medievo ya era común que la figura del maestro de obras figurase en algún lugar de la iglesia como su responsable. Fuese quien fuese su autor, tal belleza perdida entre bancales bien merecía que le dedicase mi atención, como así hice.

                             Al llegar a casa eché mano de una enciclopedia palentina para enterarme de qué era lo que había visto, descubriendo que se trataba del monasterio cisterciense de Santa María de la Vega, de estilo mudéjar, único representante en la comarca del llamado Románico de ladrillo. La historia guardaba una riqueza conmovedora, con el añadido de haber sido un lugar que vivió el grueso de su historia practicando la caridad y siempre luchando contra la penuria económica desde el primer día de los tres siglos que duró su construcción, del XIII al XVI, promovida su fundación por Rodrigo Rodríguez Girón y su esposa Inés Pérez. Y en esa escasez de medios siguió hasta su total abandono en 1835. 

                             Porque pese a tantos esfuerzos de heroicos municipios, a cantos de poetas, a los voluntarios que consiguen recuperar alguna de esas joyas, a tanta loa de viajeros románticos, al final estamos hablando de dinero contante e improductivo. ¿Y quién está dispuesto a emplear una fortuna en recuperar algo que los informes bancarios no tienen por rentable?   


Una imagen anterior del ábside central con uno de los laterales a su derecha

Iglesia de San Gervasio y San Protasio en Santervás de Campos, Palencia.
siglo XII. Construcción similar a la del convento de Santa Mª de la Vega.

Iglesia de Santo Tirso, en Sahagún, León. Siglo XII . También similar





Imágenes de las urnas funerarias  del convento de Sta.Mª de la Vega.
Se cree que pueden proceder de los primeros talleres de Carrión. 1230-1260
En 1899 ingresaron en el Museo Arqueológico de Palencia

                 En 1860 ya no figuraban los sepulcros del matrimonio de benefactores que donaron los terrenos para su construcción, aquellos que en su cabecera mostraban esculturas con halcones en las manos. De ellos hacía referencia el arquitecto y arqueólogo Leopoldo Torres Balbás al contar que poco antes de 1925 un anticuario de Álava se había hecho con las piezas, que después pasaron al Museo de la Hispanic Society de Nueva York. Los únicos testigos que se conservan de las obras que enriquecían el santo lugar de Santa María de la Vega, en Renedo de la Vega, se encuentran en el Museo Arqueológico de Palencia, donde podemos admirar un trabajo de cantería que entra en la categoría de lo inolvidable. 


Ana Mª Ferrin

2 comentarios:

  1. Las tierras castellanas, esteparias y duras, recias, ejercen un atractivo irresistible para quien se adentre en ellas. En la mente, cuando los ojos se pierden en el horizonte de la meseta, resuenan los versos de Machado y la prosa de Azorín que cantan las bellezas de los campos de trigo y los pegotes de barro rojizo.
    El mudéjar de ladrillo es fácil de ver por la ausencia de la piedra y asombra su resistencia a pesar del paso del tiempo. La erosión de los elementos y la inquina humana no hacen mella en algunas de estas construcciones humildes y fascinadoras por su sencillez. Cerca de donde te escribo, en la calle, nada más salir de esta casa, contemplo todos los días un ábside de ladrillo, solitario en este mar de granito de la sierra. Su existencia es un misterior. ¿Para qué barro cuando emerge la piedra en cualquier sitio? Y mi respuesta es: estética, pura estética.
    Un besazo y enhorabuena por este relato que no cae en modo alguno en ese estilo cursi que te temes tanto.
    P.D. Tony era un perro precioso

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    1. Ahí está la clave, amiga: Estética, pura estética.
      Significar tu tierra con algo distinto, un templo en el que no todo consistiera en cortar la piedra y tallarla (aún con lo que eso conlleva), como la mayor parte de las iglesias de la comarca. “Además nosotros le añadiremos un plus de arte creativo, filigranas de ladrillo que evidencien una pasión por elevar el mejor templo. Y distinto a lo que te rodea”
      Tú formulas el interrogante y su respuesta: ¿Por qué utilizar barro cuando la piedra aparece a cada paso?. Pues eso.

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