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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





GAUDÍ Y ORWELL. REFLEXIONES





RESPUESTA

    A varios comentarios y correos para la entrada "Contra Antonio Gaudí" 

George Orwell, ¿Icono de libertad?

 A PROPÓSITO DEL 

GUSTO Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


Publicado en Gaudí y Más. 8 de Mayo de 2013


                           Hola a todos.

                          Diría que existe un matiz importante entre los dos grupos de críticas escogidas para la entrada "Contra Antonio Gaudí" de entre las muchas que guardo en mi archivo. 

                           Las de Henry Gheón y Jacques Maritain pertenecen a las emitidas desde tipos que, convencidos de su superioridad intelectual, menosprecian lo que se aparta del ideal helénico en el que se sienten cómodos. Ahí coincido con Gaudí en que eran personas que no podían abrir su mente a un cambio tan rotundo del concepto arquitectónico, ese razonamiento lo entiendo hasta yo. En cuanto a Puget, Porcar, Llanas y Torner, simplemente no les gustaba la obra de Gaudí, y con gracia, porque la tenían, así lo declaraban. Todos ellos se mueven en un camino de opinión muy válido, ya que no hacen más que emitir el juicio dictado por su gusto. Y qué decir de Paul Morand. Su exquisita pedantería lo lleva al extremo de cruzar la línea del respeto al hombre, utilizando en mi opinión la siguiente clave de razonamiento: “Como lo que hace Gaudí no entra en mis esquemas, no puedo comprenderlo y eso en un intelecto como el mío es inconcebible, será porque el autor no debe estar en sus cabales. Es un loco”.

                            Otra cosa son los escritos de Georges Orwell, seudónimo de Eric Arthur Blair a quien admiro por su clarividencia al escribir "1984” y “Rebelión en la granja”, pero al que no tengo complejos en calificar de inconsciente, snob, o claramente un tipo con mala baba, al lamentarse de que sus compañeros anarquistas al contrario de lo que hicieron con tantas otras iglesias, no hubieran aprovechado para destruir –por completo- la Sagrada Familia cuando tuvieron ocasión, ya que a él "no le gustaba". Justificación curiosa teniendo en cuenta que en su texto Porqué escribo, confesaba que: ...a los dieciséis años ya había descubierto la alegría de las palabras.  







Imágenes de la Cripta de la Sda Familia tras los destrozos de la Guerra Civil (Arch.AMF)

                          Porque sucede que Orwell no era ese turista adolescente, despistado e ingenuo, al que alguien con mala fe le hubiera contado chismes divertidos de la lucha entre hermanos en que se habían enzarzado “esos españoles". No. El escritor inglés ya tenía 35 años y sabía muy bien de lo que hablaba. De los cientos de iglesias, algunas con casi con medio milenio de existencia que durante aquel desolado episodio desaparecieron de nuestro patrimonio, quemadas con todos sus archivos que eran nuestra historia y en muchos casos acompañadas de sus sacerdotes, de los fieles que oraban en su interior y de algún organista que intentando huir de la razzia se ocultó en la caja del instrumento donde acabó su vida entre las llamas.

                         Orwell no era ignorante de la situación porque precisamente él no fue como Hemingway que escribió muchas de sus crónicas bélicas desde un bar, con la pluma en una mano y un vaso en la otra. Orwell participó en nuestra guerra luchando en el frente por sus ideales, como un español más, vio lo que vio, y en 1938 en plena contienda aprovechando la convalecencia de un tiro que le traspasó el cuello fue cuando escribió y publicó “Homenaje a Cataluña”, donde incluyó esa gracieta de que "…Por primera vez desde mi llegada fui a ver la Sagrada Familia, una moderna catedral y uno de los edificios más horrorosos del mundo. A diferencia de la mayoría de iglesias de Barcelona no había sido dañada durante la Revolución. Según el pueblo se había salvado "gracias a su valor artístico". Pienso que los anarquistas demostraron mal gusto al no destruir la Sagrada Familia cuando tuvieron ocasión", párrafo que si a según qué lectores les sonará jocoso, en otros muchos provoca una sugerencia elegante sobre el lugar de su anatomía donde el escritor podía haberse guardado tal reflexión.            
   


Orwell en España. 3º por la izquierda
  
En el frente. De pie, 3º por la derecha.

Orwell al fondo sobresaliendo su altura entre los milicianos del POUM

                       Con el agravante de que siendo buena parte de la obra de Orwell un canto al hombre independiente y un aviso contra la perversión del totalitarismo del pensamiento único que ya se avecinaba en esos años con el nazismo y los soviets, con su chistecito animaba a la destrucción de un bien privado, propiedad de un grupo de personas que lo habían construido con sus aportaciones y su esfuerzo, más el trabajo de un creador que había renunciado a sus honorarios dejando de ganar una fortuna durante los 43 años que dedicó a construirlo. Un gran trabajador y un hombre libre llamado Antonio Gaudí. Y digo yo que sería interesante que Orwell hubiera escrito algo semejante a propósito de los bombardeos alemanes que destruyeron buena parte de su querido Londres en 1940 y 1941, entre ellos 21 iglesias. A ver si el tema le parecía tan festivo como cuando eso mismo sucedía en España.

                        En 2003 el diario The Guardian descubría la paradoja de que en 1949 un año antes de morir, George Orwell puso en manos del Foreing Office por medio de una amiga, una lista con treinta y ocho nombres de escritores, periodistas y actores, a los que él les suponía simpatías procomunistas, labor que hizo en uso de su libertad de expresión. Por otra parte, en sus últimos días de vida antes de morir a los 47 años de tuberculosis, Orwell pidió que le atendiera un religioso y ser enterrado cristianamente. Gran hacedor de frases y de nuevas palabras en su obra "1984", con ambos gestos redondeaba uno de sus más célebres hallazgos: - "Doblepensar" -escribía-, significa poder mantener a la vez dos creencias contradictorias en la mente y aceptar ambas.   

                        En el mismo saco de las irresponsabilidades cobijadas bajo la capa de la libertad de expresión, podemos incluir la ocurrencia de cierto crítico sobre la continuación de las obras de la Sagrada Familia, dirigida por escrito a Subirachs durante la kermesse de burlas desatada en 1990 contra él, poco después de empezar con las esculturas para la Fachada de La Pasión. Lugar donde permaneció casi veinte años viviendo junto a su taller dentro del templo. La frase hiriente decía: -Subirachs, ya no quedan tranvías, ¡lástima! – en referencia al accidente sufrido por Antonio Gaudí al ser atropellado por el tranvía que le causó la muerte.

                        Así que no está de más reflexionar sobre si toda opinión en cuestión de gustos es respetable. La libertad de expresión encuentra su barrera cuando ataca la libertad o seguridad del vecino, haciéndolo sufrir y destruyendo sus pertenencias, provocando su acoso o pudiendo desencadenar actos dramáticos como los que vivió Europa en tiempos no lejanos. O muy cercanos. No olvidemos lo que sucedió una noche cuando encontrándose en una discoteca con 10.000 personas, haciendo uso de su libertad de expresión alguien decidió gritar¡Fuego!

                    Saludos y mi agradecimiento a los amigos que visitan el blog y se detienen a compartir sus ideas.

Ana Mª Ferrin

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