Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





GAUDÍ Y BELLESGUARD: UNA RECREACIÓN HISTÓRICA (1/2 PARTES)




                       Recibo una invitación para asistir a las veladas vespertinas de música y cava que se ofrecen este mes de Agosto en el palacete Bellesguard construido por Antonio Gaudí, preludio de la próxima apertura del edificio para ser visitado a partir de Septiembre. Por ello cambio el orden de publicación de varios posts que tenía previstos, para dar prioridad a lo que considero más interesante en las fechas actuales. Si tienen posibilidad de acercarse a visitar este edificio privado no lo duden, es sin duda la más emocional de cuantas obras llevó a cabo el arquitecto. 

                     Todo un juego sugestivo se perfila al estudiar la obra de Antonio Gaudí, al examinar como abordó en ella su particular sentimiento nacionalista, apartado del que desplegó un variado catálogo.

                        Geológico, cuyos principales exponentes son la Casa Milà, el Parque Güell y la Cripta Güell. Y miitológico, relacionando su obra con el Mediterráneo, Grecia y sus héroes, como podemos apreciar en las bodegas Güell de Garraf y las Caballerizas Güell de la Avenida Predalbes, antigua Cátedra Gaudí cuando la dirigía Joan Bassegoda. 

                       Pero donde el arquitecto hizo aflorar las raíces históricas de su tierra, concebidas como una exaltación a la saga reinante de la Corona de Aragón, hegemónica en la Edad Media. Cuando las naves de Martín I de Aragón también llamado Martín el Humano y Martín el Viejo, rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Cerdeña y de Sicilia, y conde de Barcelona, recorrían victoriosas el Mare Nostrum, fue cuando sobre las ruinas del castillo Bellesguard que el rey se había hecho construir en Barcelona en 1408, Gaudí levantó entre 1900 y 1908 un palacete para la viuda del comerciante Jaume Figueras. Edificio que acabaría siendo conocido con el mismo nombre del castillo: Bellesguard.    


Sobre las ruinas del castillo Bellesguard del rey Martín el Humano, el palacete
de igual nombre, obra de Antonio Gaudí para el comerciante Jaume Figueras.

Retablo del Traslado de las reliquias de San Severo a la catedral de Barcelona. En el centro, a la
derecha, puede verse a los reyes Martín I de Aragón y su hijo, Martín el Joven, rey de Sicilia. S. XV.

Detalle de las cabezas coronadas
 de ambos reyes
            
     Descuartizó un venado en cuatro partes…

Publicado en Gaudí y Más. 11 de Agosto de 2013


                         Cuentan las crónicas que el rey Martín mandó descuartizar un venado en cuatro partes, enterrando cada una de ellas en un punto del terreno. Pasadas unas semanas se vio según el diferente estado de conservación, cuál era el lugar más sano para ubicar el castillo. En ese punto, el más alto, se construyó Bell esguard, Bella Vista, bautizado así por sugerencia del secretario real, el poeta Bernat Metge.

                          Desde esa atalaya el rey Martín pudo contemplar el regreso de sus galeras, vencedoras en la batalla de Sanluri, en Cerdeña, recibiendo mas tarde la triste noticia de que su heredero Martín el Joven a cuyo mando estaba la expedición, había fallecido de malaria en Cagliari, capital de la isla, el 14 de Julio de 1409. Con él se desvanecía la Casa de Aragón, que daría paso a la de Trastámara tras el Compromiso de Caspe .




Imagen de las ruinas del castillo del rey Martín I de Aragón, antes
 de la construcción del nuevo Bellesguard por Antonio Gaudí


Pasadizos y jardines bajo las almenas de Bellesguard

                                  Transcurridos cerca de 500 años, el obispo de Astorga, Joan Bautista Grau i Vallespinós, natural de Reus y nuevo propietario de la finca, la cedió en testamento para que el producto de su venta se emplease en levantar una escuela donde pudieran instruirse los estudiantes sin recursos de su villa natal. Su amigo personal Antonio Gaudí representó a la compradora Dª María Segués que era analfabeta, firmando en su nombre. Esta señora, viuda del comerciante Jaime Figueras, era propietaria de un establecimiento de comestibles selectos en las Ramblas y dueña de una estimable fortuna.

                              La historia volvía la vista al pasado, los terrenos del castillo habían rodado por muchas manos, de un mercader a un rey, y ahora retornaban devueltos a una familia de comerciantes que ponían total confianza en su arquitecto. Antonio Gaudí utilizaría los restos del muro y las dos torres del castillo del rey Martín como testigo base de su proyecto, actuando como privilegiado cronista histórico de un tiempo y un país.


El obispo Joan Bautista Grau Vallespinós, obispo
de Astorga nacido en Reus, propietario de los
terrenos de Bellesguard. También encargó a Gaudí
el Palacio Episcopal de Astorga.

Mosaico con el nombre del palacete
Detalle de los bancos de la entrada con el mosaico alusivo a la flota del
Rey Martín, el pez con la "M" y coronado
Rincón de los jardines de Bellesguard con sus bancos de trencadís

                           Nuestro arquitecto trabajaría en Bellesguard a lo largo del periodo 1900-1908. Lo que resultó de ese intento narrativo es una acrobacia que se define sola, con pasión, sin tics ni imitaciones. No es una fortaleza militar, aunque su construcción pétrea lo sugiera, tampoco un castillo, a pesar de que su torre de homenaje se vea rematada por una corona y una cruz. Un palacio, de ninguna manera, y eso que sus ventanas y tribuna cara al mar componen una balada cortesana. O sí. Quizás al final el visitante decida que es todo eso y además una casa de 15 mts. de lado con vocación de monumento, adornada por la bandera combatiendo los cuatro vientos a 33 metros del suelo, elevándose en espiral hacia las nubes.

                        La casa ha demostrado tener inclinaciones social/sanitarias. Durante la guerra civil sirvió de horfanato y las maderas de su construcción, muebles, puertas, se quemaron para calentar el edificio contribuyendo a su ruina. Hasta que en la posguerra un entusiasta admirador de Gaudí, el Dr. Luis Gonzaga Guilera Molas, la restauró dándole nueva vida e instalando en ella una clínica y más tarde su propia residencia familiar.



Fachada de la izquierda del palacete, encarada al mar. Gaudí recreó la tribuna
desde la que el rey vió llegar sus naves victoriosas después de la batalla
tras la que su hijo Martín el Joven murió de malaria.

Fachadas trasera y derecha de Bellesguard. Obsérvese el recubrimiento total
             
                     Una característica no muy conocida. Las viviendas que construyó Antonio Gaudí son todas notables en su diseño y realización, pero a menudo resultan incómodas como habitáculo y posiblemente sea Bellesguard de las que peor se adaptan a las necesidades del día a día. El gran espacio que devoran el vestíbulo y la escalera es en sí mismo media casa, un lugar diáfano, blanco, sin aristas, modernista y mórbido, que consigue con sus ventanales un efecto de luminosidad que rebota por toda la estancia.

                         La vidriera que avanza cóncava sobre la puerta de entrada es una fábula cristalizada, contiene la estrella de Venus triplicada en ocho puntas que se agrandan en tres representaciones diferentes, superpuestas, Plana, en relieve y ondulada. Los morados, azules, rojos, amarillos, se funden según sea la luz, tamizando la atmósfera hasta darle un aire vainilla e irreal. Pero una vez llegada la escalinata hasta el final, se divide en una serie de estrechísimos escalones que convierten la ascensión a la parte superior en algo incómodo que puede llegar a imposibilitar el traslado de quienes anden con alguna dificultad, como le ocurrió a la viuda del doctor, doña Casilda, que pasó la última etapa de su vida sin poder descender de la parte superior de la casa.


Parte de la entrada del espacioso vestíbulo.
Fragmento del techo del vestíbulo con la famosa ventana estrellada


Fragmentos de la fachada con la ventana estrellada 



Panorámica y detalle de la buhardilla de Bellesguard

                                  Ésta pecularidad doméstica queda oculta por los muchos logros originales de la obra. En Bellesguard, hasta el profano puede apreciar la maestría constructora de Gaudí. Los arcos extraordinariamente ligeros de sus buhardillas son alados, como en una mezquita rústica combinan perfiles y arabescos consiguiendo  soportes tan sutiles que parecen volutas de humo que escaparan hacia los tejados.

                               A veces curvas, a veces horizontales con filigranas caladas, sus bóvedas se alternan obligando a mirar varias veces para intentar comprender la lógica de esa estructura. El observador queda más conforme en su sorpresa cuando se entera de que el propio ayudante de Gaudí, Juan Rubió, confesaba en su vejez: ...en Bellesguard hay cosas que aún no he comprendido por qué se sostienen...



La puerta de entrada con su orla almohadillada y los bancos de mosaico

Preparando las Noches Gaudí. Música de violines y DJ, cava y mojitos,
interés y relax.  Debajo, el cartel anunciador de las veladas. 
               


                             Los muros de Bellesguard se recubrieron con pizarra del lugar y se siguieron forrando con un trencadís de la misma piedra todas las soluciones decorativas y de servicio, sin descuidar los bajantes de los desagües, arcos y marcos de puertas y ventanas. Para la ornamentación que destaca la entrada, Gaudí rescató la olvidada técnica romana de forrar con piedra picada un molde, vertiendo sobre ella un mortero de cemento. Al desmoldar se logra una vistosa pieza con la que Gaudí compuso una orla almohadillada enmarcando la puerta principal.

                                  Los delicados matices naturales los consiguió un operario dedicándose pacientemente a separar la pizarra en cuatro tonos: gris, verde, pardo y crema, y puede advertirse como curiosidad destacable la decoración de alguna ventana que aparece más clara debido al origen diferente de su material, fragmentos de loza blanca.            


                                                                                       Continúa...

Ana Mª Ferrin


4 comentarios:

  1. Bellesguard es una de las construcciones de Gaudí que más me gustan (y lo digo sin haberla visitado) porque nos revelan al maestro anterior al Parque Güell, a la Casa Milá o a la Casa Batlló (corrígeme si me equivoco). Y quizás fuera una de sus obras más queridas porque estaba haciendo resucitar el pasado de la Historia de Cataluña, reviviendo el espíritu del último rey considerado verdaderamente aragonés (Fernando de Antequera, su sucesor, era un Trastámara castellano).
    Que a partir de septiembre se abra al público me parece una idea excelente. ¿A qué se debe?
    Un beso
    PD. Mi enlace con Santibáñez está missing por ahora. Espero poder contactar con él en algún momento.

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    1. Hola Carmen.
      No me extraña que te guste este edificio. La forma en que concibió una casa que es relativamente pequeña, logrando darle un aire mayestático por medio de esa torre disparada al cielo como una flecha, la hace única.
      Lo apabullante de Antonio Gaudí es constatar que entre 1900 y 1915 simultaneó como mínimo 9 obras mayores que no sólo eran distintas a todo lo conocido, sino que además lo eran entre ellas.
      Hará unos quince años recuerdo que la negativa de los dueños a verse obligados a abrir su casa a las visitas impedía que accedieran a las subvenciones oficiales para el mantenimiento, así que la decisión tomada ahora supongo que se deberá a que habrán llegado a un acuerdo con la Administración para financiar la atención continua que precisa esta casa, que por sus características es de un coste inasumible para cualquier economía. Si sólo el precio de reponer una teja, o una reja o cristalera originales ya da escalofríos, será bueno conocer que restaurar en 2009 el último tramo del torreón con la cruz generó una factura de 600.000 €, de los que esta vez la familia Guilera “sólo” pagó la tercera parte. Un abrazo

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  2. No conocía este edificio, pero me ha disgustado ver que los restos del antiguo castillo, por las fotos que exhibe, fueron demolidos para la construcción de aquél. Y aunque no soy un experto, recuerdo que Gaudí fue conocido, no sé si admirador y seguidor de Violet Le Duc, que tanto hizo por la conservación y rehabilitación de viejos monumentos franceses.
    En fin, lo hecho, o mejor dicho lo deshecho, no tiene remedio. Al menos lo que ocupa el lugar del viejo castillo, es una gran obra también.
    Un saludo.

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    1. Como consta en mi texto, Gaudí aprovechó los restos de un torreón con pequeños fragmentos de la muralla y sus almenas, única huella existente del castillo del Rey Martín, como base para su obra Bellesguard. Sí levantó de nueva planta la casa, pero reunió los trozos de muro y torre que perduraban, más las piedras desperdigadas por el solar que subsistía del terreno original, integrándolo todo en el muro que cierra la finca actual, recreando por la parte interior un recinto de pasadizos y escaleras, altos y almenas, que a escala reducida tienen el gran valor de seguir en su auténtico lugar de origen en vez de haber desaparecido por completo. Por mi parte, nada de qué lamentarse. Prefiero ver el bellísimo y evocador Bellesguard actual con su trozo de muro auténtico, que un erial con un rótulo donde una flecha señalara:” Ahí estaba el castillo del rey Martín el Humano”. Lo mismo hizo Viollet le Duc en Carcassonne y tantos otros enclaves históricos, tan atacado en su momento por los puristas y hoy reconocido por la mayoría, ya que gracias a él se evitó que se volatilizara el Patrimonio medieval francés.. Buen verano.

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