Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





DE PINTORES, PACIENTES Y DOCTORES. (1)


                        Todo un mundo, el de la medicina, los enfermos y sus médicos, cuando los acompaña el pintor oficiando de notario de su tiempo y lugar.

                        Enseñándonos el terror de caer en según qué manos y épocas de ignorancia médica, aprovechadas por curanderos y farsantes capaces de todo. 

                            Descubriéndonos la mirada irónica del retratista, al captar la elegancia con que el científico mueve sus manos con sonrisa de complacencia mientras practica una trepanación. Igual que cuando procede a extraer de un cerebro trastornado “la piedra de la locura”.

                              Sin olvidar que médico y artista pueden convertirse ellos también en protagonistas del cuadro.


Extracción de la piedra de la locura. c.1490. Oleo sobre tabla de roble.
El Bosco. Museo del Prado. Abajo, detalle de la extracción de la flor.



Delicadeza complaciente. Trepanación en un grabado anónimo


EL PULSO DEL NARRADOR


Publicado en GAUDÍ Y MÁS. 20 Octubre 2013
                        
                                
                                 Desde tiempos pretéritos, el pulso, la orina y la fiebre fueron pilares básicos sobre los que el médico basaba su diagnóstico. Una pintura de Jan Steen, La visita del doctor, nos ilustra con su alegre minuciosidad sobre algo más que una anécdota; abre un agujero en el muro de una residencia para que veamos como se desarrollaba esa acción, con la sirvienta trayéndole al médico un frasco con la orina de la enferma, que aparece sujetándose la cabeza por el dolor que le ocasiona la fiebre mientras el médico le toma el pulso. El fresco se cierra con la perspicaz mirada del galeno, de reojo, a la joven sirvienta. Como nos dirá Jan Steen en muchas otras de sus obras, no todo en la vida va a ser trabajo y trabajo...



La visita del doctor. Oleo sobre tabla. 1661. Jan Steen. 
                           
                       Hoy, si existe remedio para una dolencia, en países avanzados se le administrará al enfermo cueste lo que cueste, como sucede en la mayor parte de Europa. Pero en otros tiempos, cuando se creía que un desvarío procedía de piedras que se habían alojado en el cerebro y para sanar al paciente debían extraerlas por medio de una trepanación más o menos ortodoxa, el enfermo estaba sentenciado. Partiendo de los egipcios, no pocos pintores observaron esta práctica y dejaron testimonio de lo que veían: El Bosco, Jan Sanders, Pieter Brueghel el Viejo, Jan Steen.

                             Sobre el mismo tema, el óleo que encabeza esta entrada, de Jeroen Anthoniszoon van Aeken, llamado El Bosco, merece especial atención. Si sus obras son un compendio de estilos a los que se anticipó varios siglos, con La extracción de la piedra de la locura nos permite sumergirnos en el simbolismo tanto como en el surrealismo. Si el pretendido cirujano lleva sobre la cabeza un embudo en vez de un birrete doctoral, la opinión del artista sobre el médico parece clara: él es el loco, no el paciente. Si en lugar de una jofaina con agua el fraile que lo ayuda porta una jarra de vino, y la monja, en lugar de leerlo se ha colocado un libro sobre la cabeza, lo que nos transmite El Bosco trata de la ignorancia, ya que según él, ninguno de los dos tiene noción de cuál es la utilidad de los elementos que portan. Añadiendo la metáfora de que al fin, no es que el loco viva con una piedra en el cerebro como era la creencia medieval, sino que anida una sensibilidad extrema, simbolizada en una flor, que oportunamente el cirujano le extraerá como prevención de que la epidemia no se extienda.  
                                 
                                En el caso de Jan Sanders van Hemessen, la avaricia y ebriedad fueron algunos de los defectos que captó en la sociedad de Amberes, alternando estas obras con otras de contenido religioso. Su óleo El cirujano nos muestra sin tapujos la extracción de "la piedra", como llamaban al posible tumor. Sangre, plegaria, desvalimiento del infeliz paciente ante la indiferencia del personaje femenino que sigue con sus manejos a la izquierda del cuadro. Tanto el cuadro de Brueguel el Viejo, Extracción de la piedra de la locura, con varias extracciones a la vez, como el de Jean Steen, Extracción de la piedra, contienen unos apuntes cómicos que los distinguen. 
                           
                           Visiones éstas últimas que se hermanan con la propuesta estética del colombiano Mario Fernando Delgado, hibridando la obra bosquiana con elementos picassianos y personajes del cómic manga. Dando la vuelta al cuadro original, aquí se riza el rizo. Porqque aquí asistimos a La introducción de la piedra de la locura, avisados de que, o estamos atentos o cualquiera podrá manipularnos, colando en nuestro cerebro algo que nos haga ver lo blanco, negro.


El cirujano. Jan Sanders

Extracción de la piedra de la locura. Copia del original de Brueghel el Viejo, por
Martin Cleve el Joven

Extracción de la piedra. Jan Steen

Mario Fernando Delgado. Introducción de la piedra
de la locura. 
2011


                  La nariz extrema a la que hoy cualquier cirujano plástico hubiera dado la estética que deseara su dueño, captó la atención de El Bosco colocando un personaje de apéndice descomunal a la derecha de su Cristo coronado con espinas, creando todo el juego de narices feroces que acompañan a su otra pintura Cristo cargando la Cruz. También atrapó el interés de Piero Della Francesca al pintar a Federico II de Montefeltro, duque de Urbino, en dos ocasiones; en su cuadro de 1472 Virgen con el niño, santos y Federico de Montefeltro, y en el retrato Federico de Montefeltro. En ambas obras el duque es presentado de perfil. No porque deseara mostrar su característica nariz, sino como forma de ocultar la falta del ojo derecho, ya que arrastraba ambas lesiones como resultado del traumatismo sufrido durante un torneo.  

                      Sin embargo, cuando la nariz del modelo tenía características que ninguna técnica de la época podía aliviar y su portador deseaba mostrarse tal cual ante la posteridad, el artista, en este caso Doménico Ghirlandaio, sólo contaba con la iluminación divina para llevar a buen fin su trabajo. En su excepcional Viejo con su nieto, el que fuera maestro de Miguel Ángel debió plantearse que siendo la realidad la que era, su labor debía centrarse en conjugar elementos inmateriales, sentimientos, que nos transmitieran la belleza interior del personaje. Así, a través del amor filial, la delicadeza al tomar al pequeño y la ternura con que lo mira, el pintor nos hace cómplice de sus intenciones consiguiendo que veamos al anciano a través de los ojos del niño, con el mismo cariño y confianza con que posa su mano y sus ojos en él.     


Cristo coronado de espinas. c. 1485. 
    
Detalle del personaje a la izquierda del cuadro

En su Cristo cargando la cruz, El Bosco lo rodea de rostros feroces


Federico de Montefeltro, 1472. Piero della Francesca




Virgen con el niño. 1472-74. Piero della Francesca


Viejo con su nieto. 1480. Doménico Ghirlandaio. Museo del Louvre


                                 "Goya agradecido, a su amigo Arrieta: por el acierto y esmero con que le salvo la vida en su aguda y / peligrosa enfermedad, padecida a fines del año 1819, a los setenta y tres de su edad. Lo pintó en 1820". Con esa dedicatoria, escrita por él en el mismo cuadro donde Francisco de Goya se pintó junto a su médico el doctor Eugenio García Arrieta, agradecía el artista al amigo sus desvelos para curarlo de cierta enfermedad. A la que nunca se puso nombre, pero que algunos escritos aventuran como meningitis o sífilis.    

                           De nuevo otro pintor, acompañado por su padre en el papel de médico y su hermana en el de monja, forma ante el espectador un grupo de dolor. Aquí, un Picasso adolescente de dieciséis años da un repaso a todos los ingredientes del género con su cuadro Ciencia y Caridad, hecho en familia. Cada uno de los cuatro personajes del lienzo está perfecto en su papel. El médico silente y atento a la toma del pulso de la enferma. Esta, amarillenta y laxa con los ojos hundidos apenas lograr enviar una mirada a su pequeño, en brazos de la religiosa que la atiende.

                                 En infinidad de cuadros y murales por toda Venezuela, sigue velando por sus compatriotas la figura del doctor José Gregorio Hernández, un avanzado científico bacteriólogo que tras estudiar en Europa a finales del siglo XIX volvió a su país empeñado en transmitir todas las novedades médicas que había conocido, empezando por el microscopio, lo que consiguió respaldado económicamente por su Gobierno. Deseando combinar su labor científica y docente con una dedicación a los más humildes, ingresó en una Orden Franciscana Seglar y en plena labor de visita a sus enfermos, cuando se dirigía a comprar unas medicinas, fue arrollado por un coche falleciendo a causa del impacto. En la actualidad se sigue en el Vaticano su Proceso de Beatificación, aunque los venezolanos se han adelantado y las imágenes y figurillas de Dº José, ya santificado por el pueblo, pueden verse en cualquier esquina del país.      

                                  Aunque para mostrar lo más impactante en cuanto a la unión del médico, enfermedad y pintor, nada como una mirada al último cuadro de Ivan Kramskoi, donde retrataba al pediatra Karl Raujfus. Transcurría de manera normal la sesión ante su modelo, cuando de repente, Kramskoi cayó fulminado ante el cuadro, dando una última y débil pincelada en la parte inferior. Nada pudo hacer el médico por su pintor.


Goya atendido por el doctor Arrieta, 1820. Francisco de Goya y Lucientes.

Ciencia y caridad, 1897. Pablo Picasso




Muestra de cuadros pintados a Dº José Gregorio Hernández en Venezuela


El pintor ruso Ivan Kramskoi (1837-1887)

Cuadro que pintaba Kramskoi al pediatra Karl Raujfus, cuando cayó muerto ante él.
Observar el fino trazo vertical del borde inferior, hecho por el pintor en su caída.
                                                                  
                           Por último, dos cuadros nos enseñan algo sobre la mujer, gran desconocida durante buena parte de la historia médica por falta de estudios específicos. Gracias a la valía de las primeras mujeres médico que tanto contribuyeron a la investigación y el sentido común, sin olvidar a los compañeros varones que las apoyaron en su decisión, la ciencia dio el gran paso de aplicar igual talante y respeto hacia los dos géneros. 

                                Sólo saber cómo se diagnosticaba y trataba algo tan peregrino como la Histeria Femenina, bastará para englobar la ignorancia médica con que se curaron los males femeninos hasta mediados del siglo XX. Esta supuesta dolencia que englobaba cualquier actitud no deseada en una mujer, ya fuera nerviosismo, insomnio, contracturas, espasmos, mareos, taquicardia o dolores de cabeza, posee, unida a los remedios que se le aplicaban, una bibliografía muy apropiada para desarrollar literatura de terror. Leer los remedios humillantes que atacaban hasta lo más profundo de su intimidad, como los llamados eufemísticamente masajes pélvicos, está al alcance de cualquier interesado/a, que no dará crédito a lo que se vieron obligadas a sufrir nuestras abuelas y antecesoras. 

                                  De manera fulminante y en paralelo a la llegada de los avances del siglo pasado, la enfermedad desapareció. Jean Martin Charcot y el que fue su alumno, Sigmund Freud, entre otros, llegando hasta el fondo de la mente de sus pacientes, ayudaron a descubrir la realidad de las carencias que producían esos trastornos. A la vez, la incorporación de la mujer a la medicina aportó el empirismo capaz de comprender la verdad de un problema, que si Galeno en el siglo II ya lo tenía descrito, milenios de ineptitud y capas y capas de represión habían conseguido desviar la atención de la realidad.  

                  En el primer cuadro, Lección clínica en la Salpêtrière, 1887vemos a Charcot en su clase de aquel hospital francés a donde iban a parar las mujeres con desajustes neurológicos. Los estudiantes asisten a una demostración del catedrático explicando la hipnosis practicada a una paciente diagnosticada de histeria, una de las técnicas corrientes aplicadas a estas enfermas. El segundo lienzo, La sala del hospital en la visita del médico en jefe, de 1889, contiene el preciado documento de mostrar a una mujer, futuro médico, entre sus compañeros varones como un estudiante más de medicina. La primera mujer en doctorarse en Medicina en España fue Martina Castells Ballespí, el 4 Octubre de 1882 en Madrid. 

                                      Con ella el Progreso iniciaba una andadura que nos alejaría del oscurantismo, encaminándonos hacia la igualdad que hoy disfrutamos.   



Jean Martin Charcot ante sus estudiantes durante una clase de hipnotismo,
en su aula del hospital Salpêtrière. Cuadro de André Bruoillet. 1887

El neurólogo Jean Martín Charcot


El psicoanalista Sigmund Freud


Luis Jiménez Aranda pintó en 1889, La sala del hospital en la visita del médico jefe. 
En el centro, una estudiante


Detalle de la estudiante de medicina.


Cuadro con la imagen de Martina Castells Ballespí., de
 Lérida. Primera mujer española en obtener el doctorado
en Medicina 


Ana Mª Ferrin 

6 comentarios:

  1. Muy original la entrada con esa dimensión tan interesante y curiosa del arte cuando introduce el tema médico en los lienzos.
    Un saludo.

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    1. Los artistas plásticos son una sorpresa. Hace años a raíz de un reportaje estuve haciendo un estudio de las diversas enfermedades y el arte, y encontré que casi todas estaban representadas. Y en todos los estilos.

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  2. Ante esta muestra magnífica de pintura con lienzos cuyo nexo común es la medicina, sólo puedo decirte que me alegro de vivir en el siglo XXI. Por cierto, existe un blog de un médico que hace comentarios sobre la medicina en el arte, es decir, lo mismo que has hecho en esta entrada y que puede interesarte por mera curiosidad.
    Te dejo en enlace que es http://medicinaybellasartes.blogspot.com.es/.
    Un beso

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    1. La medicina ha evolucionado en el último siglo infinitamente más que en todos los anteriores y en eso somos afortunados. Con el Arte hay una gran cantidad de nexos y puedes encontrarlos en cualquier especialidad, con dolencias específicas. BSSS.

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  3. Un estupendo repaso sobre medicina y pintura, que demuestra, como ésta era y puede seguir siendo -aunque hoy sustituida por la fotografía- testimonio del quehacer humano.
    Un saludo.

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    1. Hola DLT. La fotografía la considero una bella arte, pero cuando el pintor está en estado de gracia, para mí nada como su mirada para dar esa pincelada precisa que capta no sólo un acto, si no incluso la intención del mismo. Aunque ni el protagonista sea consciente.

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