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copia ¡VACACIONES! (M.M.Freitas)





LA PEDRERA Y LA FIEBRE DEL ORO



...No ho faràs endebades:
qui tria la bellesa
desafia l'atzar i es fa més lliure.

Eduard Sanahuja (*)



                    Pere Milà i Camps había quedado deslumbrado por la trasformación que había efectuado Antonio Gaudí en la casa de su amigo el empresario textil José Batlló Casanovas, en el Paseo de Gracia. Y aunque su esposa Roser Segimón era más reticente y hay testimonios de que nunca fue una gran admiradora de Antonio Gaudí a quien consideraba de condición social inferior, se impuso el criterio del marido y ambos encargaron el proyecto de su nueva casa en el mismo Paseo al arquitecto de Reus, también la ciudad natal de la señora Milà.

                          Una publicación satirizaba al matrimonio  especulando sobre si Pedro Milà se había casado a los treinta años con la viuda del millonario Josep Guardiola, o con la guardiola –en catalán: hucha, capital–, de la viuda. Y no sólo la prensa salvaje se permitía comentarios de ese tipo. Si en la buena sociedad barcelonesa los Milà eran respetados como miembros solventes de la burguesía, el pueblo llano tenía abundantes chascarrillos populares que atribuían a la pareja, como que el marido era un hombre de suerte porque iba al Liceo con su amante, mientras que en casa le esperaba una guardiola bien llena. 






Detalle de una columna del salón principal. El espacio en la actualidad, tras la instalación del Bar Restaurante.
En la imagen inferior aspecto original de un salón de la vivienda.

UN OLEAJE DE PIEDRA



Publicado en Gaudí y Más. 10 de Noviembre de 2013
                          

                            Para la que sería su última obra civil y cuarta intervención en el Paseo de Gracia –el Café Torino y la farmacia Gibert, ahora desaparecidos, fueron las dos primeras, seguidas por la Casa Batlló–, puede decirse de una forma castiza que Antonio Gaudí echó el resto. Sumergirse en el trabajo siempre ha sido una forma muy válida para olvidar el dolor y el arquitecto acababa de perder a su padre, fallecido en octubre de 1906, a los 93 años (**).

                           Estaba terminando la Casa Batlló y tenía en marcha siete obras mayores, siete creaciones originales que no sólo rompían con todo, también entre ellas mismas eran completamente distintas. El Parque Güell, la Cripta Güell, la Sagrada Familia, Bellesguard, el Primer Misterio de Gloria del Rosario Monumental de Montserrat, la restauración/recreación de la Catedral de Mallorca y la Casa Milà, más una serie de obras menores y el desarrollo de dos revolucionarios encargos que de haberse llevado a término habrían adelantado cincuenta años la ciencia arquitectónica. Uno, el proyecto para un hotel en Nueva York de 360 metros de altura. Otro, la estructura para la estación de Francia de Barcelona cubierta por un gigantesco entoldado. En realidad, como bien apuntó Joan Bassegoda Nonell, la misma idea que el arquitecto alemán Frei Otto rescataría para sus obras en la cubierta del pabellón de la R.F.A. en la Exposición de Montreal de 1967 y en el estadio olímpico de Munich en 1972.      

  
Una vez más un tarraconense, el farmaceútico Joan Gibert Casal, de Torredembarra, le
encargó un trabajo. Decorar su farmacia del Paseo de Gracia nº 2.  1879


En 1902, en el cruce del Pº de Gracia con la Gran Vía, en Barcelona, el distribuidor del vermut Martini&Rossi,
Flaminio Mezzarana, inauguró un café de una suntuosidad espectacular, decorado por nombres que son
historia de las Artes Decorativas, entre ellos el escultor Eusebio Arnau y el arquitecto Antonio Gaudí


Varios colaboradores de Antonio Gaudí dejaron constancia de que los promotores del Ferrocarril en Barcelona,
encargaron un estudio para la Estación de Francia a Gaudí, que les propuso un proyecto revolucionario a base
de cubiertas tensadas del tipo que años más tarde utilizaría Frei Otto. El proyecto no fue aceptado. c.1920  
     
                              Los Milà habían comprado al fabricante Ferrer-Vidal el terreno de 1620 m2. que incluía una casa de tres pisos. Su proyecto seguía la tónica constructiva ya conocida del Ensanche; bajos comerciales, principal para vivienda de los propietarios y resto de los pisos en disposición de alquiler. Por su parte Gaudí se propuso conjugar las expectativas de sus clientes con sus propios intereses, que parecían dirigidos en la única dirección del ideal cristiano. El estratégico solar venía cargado de un legado de fe por haber estado ubicada en aquel terreno una capilla hasta el año 1860, y Gaudí se proponía coronar el edificio con su propio homenaje a la Virgen, con un grupo escultórico de casi 5 metros proyectado y realizado por Carles Mani.

                              Para iniciar la cimentación de la finca, Antonio Gaudí hizo rebajar 4,5 metros el terreno y mandó que se derribara tan solo la mitad del chalet existente. Con sentido práctico utilizó el material del derribo para los pilares, y una parte restante de la casa como barraca de obras y otra para estudio técnico donde se dibujaron en tinta china los planos sobre un gran pliego de papel tela. Las dimensiones de la planta completaron los 1323 m2. y el plano resultó tan extenso que ni aún estirando todo el cuerpo el delineante lograba llegar con los brazos hasta los extremos del dibujo. Gaudí mandó abrir un agujero en el centro del tablero y así, encajado hasta la cintura, el dibujante pudo controlar toda la superficie del plano.       
    






Imágenes de los patios de La Pedrera. En la inferior, labores de restauración. 


                          Visto en planta, el proyecto creado para el matrimonio Milà presentaba el esquema de una célula con dos núcleos – los patios - rodeados por los gránulos que componían las diferentes viviendas. Otra interpretación apunta hacia la transposición de una colmena, la cámara de la abeja reina rodeada por celdillas melíferas, y algo tiene de todo eso. Si una cosa resulta incontestable por encima de interpretaciones propias, es la sensación de organismo vivo que transmite el edificio.

                           Gaudí construyó un semisótano con una enrejada galería de ventilación bajo la acera para alojar toda clase de conductos y servicios, más cinco pisos y dos desvanes alrededor de los dos patios de luces que se ensanchan en forma de embudo a medida que ascienden. La estructura tiene el carácter de un edificio antiguo por su composición a base de piedra, pero es de concepción moderna al ser una planta libre de muros interiores, una carcasa hueca que acepta la disposición interior que se prefiera. El arquitecto había comentado que en un futuro el edificio podría destinarse a cualquier uso, incluido un hotel.
         

  



Arriba, el chalet construido por Gaudí en 1905 para los ingenieros de las minas de carbón de la
 Sierra de Catllarás, junto a La Pobla de Lillet.  Atención a las ventanas, que más tarde
reproduciría en las buhardillas de La Pedrera. Sobre éstas líneas vista completa de La Pedrera 

                                    La expectación de los barceloneses tocó techo ante la Casa Milà aumentada por el secretismo de su construcción, velada por lonas y vallas. Sólo se veían entrar grandes armazones de hierro – 40 Toneladas por piso– de curvaturas variables, que atravesaban Barcelona desde las fundiciones navales de los astilleros Morell en el barrio de la Barceloneta.

                          Y muchas piedras, enormes piedras traídas desde Vilafranca del Penedès por un monstruoso y humeante vehículo, el locomóvil Ruston propiedad del marqués de Monistrol, que lo utilizaba en las faenas agrícolas de sus viñas en Sant Sadurní d`Anoia. Los bloques se depositaban en un solar cercano para un labrado sencillo, luego se colocaban en el lugar justo de la construcción anclándolos entre sí con hierros, copiando la curvatura exacta de cada piedra, de las  maquetas a escala natural que se hacían con yeso. El toque final de las uniones lo dieron los especialistas subidos a tablones colgados de cuerdas a la vista de la gente, y los curiosos empezaron a decir que parecían obreros picando en una cantera, en catalán pedrera. La palabra se popularizó y así quedó bautizada la casa, La Pedrera


La Pedrera por Nicolai Blechinger

Por Jean Francoise Rauzier

 Joan Jordá Doménech

Bru Torres

Narcís Galià Adell

Laura Climent

                      El auténtico reto para el maestro lo constituían las grandes dimensiones de la casa. Estar encajonada entre dos edificios formando esquina fue también algo nuevo para él, algo que solucionaría creando un chaflán cóncavo lleno de agujeros que domarían la pesadez de tanta piedra. Los dos pisos de los desvanes los resolvió construyendo unos arcos de ladrillo que recuerdan su trabajo en la sala de blanqueo de Mataró. El frontal de las buhardillas están revestidas de mármol blanco, con los ventanucos que ya ensayara en el refugio para los ingenieros en La Pobla de Lillet, aún existente.  

               El inmueble de la calle Provenza/Paseo de Gracia acabó cubriéndose con seis terrazas a distintos niveles. Pero aún faltaba el toque definitivo sin el cual la Casa Milà no hubiera sido lo que su creador tenía en mente. Faltaban las salidas de escalera, de humos, de ventilación. En realidad, esculturas orgánicas, burbujas expulsadas por la agitación de un mágico caldero de piedra. Visto desde arriba, el edificio es un universo marino, ondulación de olas y espumas en las que flotan caracolas y piedras moldeadas por las aguas. Desde abajo la impresión es geológica, coronada por nubes. Según la procedencia del observador, así se etiquetan los acantilados de su montañosa fachada, Sierra de Prades, de la Mussara, Montserrat, Mallorca, Turquía, Irán...

   
Josep Bayó Font, el maestro de obras que trabajó con
Gaudí en varias de sus obras principales haciendo
realidad las soluciones creativas del maestro.
  
Vista aérea de La Pedrera mostrando los patios y las formas de sus salidas, chimeneas  y ventilaciones

El arte de las imágenes fotográficas del innovador  Javier Álvarez

                            Con la aportación de Josep Bayó Font, el maestro de obras que tantas dificultades supo sortear en aquella obra tan innovadora que contaba con ascensor, gas, electricidad y garage en el mismo edificio, Gaudí terminó La Casa Milà que había empezado en 1906. La inauguración sería en diciembre de 1910, cuando ya nuevos vientos se aproximaban arrinconando el horizonte de la curva para dar paso a la estética lineal. Se abría un punto de inflexión en la cultura mundial con el advenimiento de una reacción clasicista. En España, el Novecentismo propugnado por Eugenio d´Ors tomaba el relevo al Modernismo…

                       Pero el poeta siempre oficia de vidente. 

                Joan Maragall veía venir un tiempo en que el individualismo podría ser controlado por la masificación en aras de elevados ideales colectivos. En su texto Preparar los caminos, parece apoyar a su amigo Gaudí, tan atacado por su singularidad: ...Aplicáos a la socialización aún tan necesaria -escribía-, pero riéndoos un poco de ella, salvando lo que siempre será en el fondo la única cosa necesaria. El afecto humano y vivo de hombre a hombre. Preparad los caminos... 
   

Ana Mª Ferrin

(*) Del libro El llançador d'espases, de Eduard SanahujaPagés Editors. Poema Teoría amb els daus, fragment.

En castellano. Del libro El lanzador de espadas. Poema: Teoría con los dados. Fragmento:
No lo harás en balde:/ quien elige la belleza/ desafía el azar y se hace más libre. 

(**) La historia de la construcción del edificio, la vida de sus propietarios y sus relaciones con Antonio Gaudí, en:  Gaudí. De Piedra y Fuego. Ana Mª Ferrin. 2001. 
Distribuye Ed. Experiencia.  ediciones@edicionesexperiencia.com

Sinopsis:

http://afejara.blogspot.com.es/2011/10/el-tacto-y-la-caricia-subirachs.html

6 comentarios:

  1. Estupendo recorrido. Cuando visité la Casa Milá, ahora me explico de dónde le viene el nombre, aparte de quedarme anonadado, no recuerdo haber visitado ese restaurante en la planta baja. O no estaba habilitado como tal o no entraba en la visita. De eso hace ya unos diez años.
    Un saludo.

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    1. Recuerdas bien, este espacio se inauguró el año pasado y ahora también hay visitas nocturnas al edificio con una atmósfera mágica que en verano incluye jazz en las terrazas.
      Por si vuelves y quieres darte un gustillo la comida es espléndida. A 35 € el menú.
      Y como los tiempos son los que son, informo de que tomarse un café en una de sus mesitas es asequible y la vista del Paseo de Gracia desde sus ventanas y la sensación de vivir La Belle Époque es la misma.

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  2. La visita a esta casa deja huella... La señora Rosario tenía los gustos demasiado clásicos para valorar la obra de su paisano, pero cualquiera se enfrentaba con el carácter del maestro... En cuanto murió la inquilina cambió, por desgracia, la decoración interior y se cargó la inimitable obra de Jujol. Un atentado contra el Arte. La Semana Trágica y los ataques contra todo aquello que oliera a religión hizo que Milla diera marcha atrás con el proyecto de colocación de una gran virgen, obra de Mani, y Gaudí abandonó el proyecto, Desde luego anécdotas no le faltan a la casa; parones, chistes, un pleito con el ayuntamiento, los disgustos de la señora, la hipoteca de la casa entera antes de acabarse por parte de Milá para pagar a Gaudí, entre otras.
    La primera vez que me acerqué a la casa me fijé que un par de portales más allá vivía Ramón Casas y me imaginé la escena del siguimiento de las obras de los vecinos por parte de éste y de su inseparable Rusiñol. Con el buen humor que destilaba el dramaturgo, escritos y pintor seguro que sacó más de un chascarrillo mientras se fumaba su sempiterna pipa.
    Un abrazo

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    1. La señora Rosario provenía de una honrada familia de comerciantes, más o menos como Gaudí. Pero tenía muchos humos, como cualquier advenedizo que intente destacar, y rebajaba a Gaudí siempre que tenía ocasión. En mi opinión ella fue desgraciada con Milà, un tipo atractivo y encantador que la humillaba mostrando públicamente sus amantes mientras manejaba con alegría la fortuna de su mujer, y que admirando a Gaudí sin reservas se lo impuso a ella como arquitecto de su propia finca. De ahí pudo partir el primer resentimiento de la dama, generando una sucesión de problemas que resultaron fatales para las dos partes.

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  3. He leído un magnifico artículo, con muchos detalles que no conocía, incluído ese proyecto de rascacielos neoyorquino, que, lástima, no llegó a construirse. Un soberbio edificio, mezcla de ciencia y arte que inspira más arte: la estupenda colección de pinturas tomando el edificio como modelo.
    Un saludo.

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    1. Veo que te interesa la pintura. En especial los artistas al aire libre suelen tener ese componente de lo inmediato que no puede sustituirse. En referencia al proyecto de Gaudí para N.Y., tras la tragedia del 11 S., Joan Bassegoda hizo gestiones para que las autoridades USA lo tuvieran en cuenta cuando recuperaran los solares, pero el tema no llegó a buen fin. Creo que se equivocaron.

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