Foto cabecera

copia ¡VACACIONES! (M.M.Freitas)





LA VISTA. DE PINTORES, PACIENTES Y DOCTORES ( 2 )



                           De la vista decía Antonio Gaudí, que era El sentido de la gloria. 

                       Cuando Brueghel el Viejo se planteó pintar una serie de tablas con los cinco sentidos, tuvo la buena idea de encargar a Rubens las ninfas y diosas que centraran cada uno de los motivos. En el caso de La vista, ideó una bella inspiradora en un espacio rebosante de pinturas además de otros elementos artísticos. Placer para los ojos, antítesis de la ceguera.



                           
La Vista. Óleo de la serie "Los Cinco Sentidos". Museo del Prado. Obra de Jan Brueghel el Viejo con las
 figuras humanas pintadas por Pablo Rubens. c. 1620. 

    
A PROPÓSITO DE LA CEGUERA


 Publicado en Gaudí y Más. 3 de Noviembre de 2013


                    La ceguera y diversas disfunciones o traumatismos oculares  atraparon a muchos pintores. Aquí cabe detenerse en el retrato que hizo Rafael de Sanzio al cardenal y prefecto de la biblioteca vaticana, Tommaso Inghirami, aquejado de un estrabismo divergente que el gran pintor solucionó mostrando al humanista en actitud pensante, con el ojo derecho elevado, escapando hacia las alturas. 

                      Del Almirante Blas de Lezo, héroe de la ciudad colombiana de Cartagena de Indias, se guarda en el Museo Naval de Madrid el cuadro con su efigie mostrando la falta del ojo izquierdo, algo que el retratista no obvió, logrando captar la grandeza del personaje a través de una actitud imponente. Con menos de veinticinco años este marino vasco de amplia biografía ya estaba cojo, tuerto y manco, como resultado de las numerosas heridas que sufrió en batalla. Eso no le impidió llevar una vida de valor e inteligencia estratégica superior que merece ser difundida, por lo que animo a que la conozcan quienes valoran esas existencias que nada tienen que envidiar a las novelas de aventuras. (*)


                      Nada menos que toda una Princesa de Éboli, Ana de Mendoza ha pasado a la historia como una mujer de gran carácter y hermosura a pesar de tener un problema ocular que ha dejado para la posteridad su rostro moteado por un parche negro tapando su ojo derecho. Si fue la amante de Felipe II y de su secretario, Antonio Pérez. Si era cierto que le faltaba un ojo. Si esa falta provenía de practicar el florete o se la hizo un paje jugando cuando era niña. Si uno de sus hijos tenía por padre al rey. Si mantuvo serios enfrentamientos con Teresa de Jesús. Todo ello no ha superado el impacto de sus retratos, de autoría y autenticidad no muy clara, y de ella recordamos tan sólo su belleza y el parche, gracias a la mirada de varios pintores.


Rafael Sanzio. Retrato del Cardenal Tommaso Inghirami. c.1510-1514

El Almirante Blas de Lezo, nacido en Pasajes, Guipúzcoa. (1689-1741)


Ana de Mendoza y de la Cerda, Princesa de Eboli

1962. Óleo de Eduardo Arroyo , Princesse d'Eboli au Bandeau Blanc. 


                De la ceguera, el cuadro que más valoro es el de Jan Brueghel el Viejo. Partiendo de los Evangelios de Mateo 15, 14-24 y de Lucas, 6,39 donde aparece la parábola: -Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyoEn esta imagen, seis ciegos caminan agarrados a una cuerda guiados por el primero, que en el cuadro acaba de precipitarse al río. El segundo ciego está trastabillando a punto de caer sobre el primero. El tercero parece vacilar y los tres siguientes siguen andando confiados, pero el espectador advierte cuál será su suerte.  

                  Un equipo de oftalmólogos del Hospital de San Carlos, en Madrid, publicó un estudio con las diversas dolencias que llevaron a la ceguera a los protagonistas del cuadro: En el primero no puede verse por haber caído de espaldas, pero en el segundo se aprecia una enucleación bilateral que podría tratarse de un traumatismo por pelea o accidente, o quizá por la costumbre de sacar los ojos de los nobles vencidos en las guerras.  El tercer ciego presenta un leucoma corneal en su ojo derecho. El cuarto, una ptisis bulbi grave. El quinto ciego oculta sus ojos con un gorro, imagen presentada de forma recurrente por Brueghel en otras obras. Y el sexto presenta dos cataratas hipermaduras evidentes (**). Con un dinámico movimiento de los personajes, Brueghel nos alerta sobre la esencia de la parábola: Quien sigue a un mal líder acabará mal.  












Detalle de los cuatro ciegos que muestran su rostro

                 A la obra de Brueghel le han salido infinitos seguidores. Su contemporáneo Sebastiaen Vrancx lo intentó añadiéndole un perro y eliminando al último personaje. El mismo recurso utilizó el cubano Ulises Bretaña para personalizar su cuadro, calzando a los caminantes con unas botas envidiables y ambos artistas especiando sus obras con pellizcos de humor. Robert Sherer mezcló la parábola con la mitología de Dafnis, encaminando los andares de sólo tres personajes hasta un precipicio, como indica el nombre del cuadro, Precipice. Pues está escrito que el pastor Dafnis se despeñó cuando deambulaba, ciego por un sortilegio, tras romper una promesa de amor.  

                     Martín Pérez Agripino atrapa el tema y nos lo sirve con el fondo de ladrillos ante el que desfilan siete figuras, entre la desesperanza de un mundo que al autor bonaerense no le inspira mucha confianza. Norberto Fuentes, seguidor del proyecto Drap Art, que promueve la reutilización y el reciclaje en el arte, nos presenta su Parábola con un dibujo en grafito repleto de imaginación. Tuercas, muelles, tornillos, tuberías, componen su original desfile de invidentes, que aquí vuelven a ser seis.




Sebastian Vrancx copió a Brueghel en tono más amable

El cubano Ulises Bretaña pintó en 2009 esta recreación de la Parábola de los Ciegos


Robert Sherer, Precipice. Mezcla de la Parábola de los ciegos y el mito de Dafnis. 

Martín Pérez Agripino, La parábola de los ciegos.

Norberto Fuentes y su particular desfile reciclado, todos los personajes con la lente averiada 
      
                  El pintor chileno Alejo Lopomo aporta su maestría como notario del jazz dejándonos la alegre visión del músico ciego que acude a la cava con sus dos compañeros inseparables, fuente de luz del cuadro y del mismo pianista. Y el artista y maestro mormón, James Christensen, relaciona sus creencias con el arte en clave divertida, dejándonos su sonriente versión de la Parábola de ciegos que guían a ciegos. Lo que pasa es que aquí sólo quedan tres de los seis... ¿Se habrán caído al río los que faltan? 


Alejo Lopomo y su Pianista ciego. 2000

La parábola  de los ciegos, según el mundo onírico de James Christensen
        
El californiano James Christensen en su estudio

Ana Mª Ferrin


(**)  E. Santos-Bueso, F. Sáenz-Francés y J. García-Sánchez
Unidad de Neurooftalmología, Servicio de Oftalmología, Hospital Clínico San Carlos, Madrid, España:

8 comentarios:

  1. Extraordinaria entrada.
    Tremendo lo de los ciegos y sus secuelas, algunas hasta divertidas y/o desenfadadas.
    De este cortejo tan completo de enfermos y dolientes personajes sólo echo en falta el ciego de la guitarra, de Goya:
    http://elafinadordenoticias.blogspot.com.es/2012/10/goya-y-el-toque-de-guitarra.html
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es cierto, faltan Goya y muchos, muchísimos más, parece mentira la cantidad de pintores que se han interesado por el tema.
      Aquí con prioridad a la Parábola por la cantidad de secuelas de todo estilo que ha generado. Y eso que sólo va una muestra.

      Eliminar
  2. La paradoja está en los pintores que acabaron quedándose ciegos (o los compositores sordos), tal y como lo pasó a Degas o Pisarro. Y éste último siguió pintando casi sin apreciar formas ni colores. Sólo hay que pararse a contemplar su serie dedicada a las calles de París vistas desde el balcón de su residencia.
    Conozco a algún buen fotógrafo casi ciego que capta imágenes alucinantes y él, humilde, dice que el secreto está en la mirada no en la vista.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Precisamente acabo de ver una exposición muy completa de Pissarro, uno de esos artistas del que conoces más su biografía que su obra. Y al verla en secuencia cronológica comprendes su búsqueda, sus patinazos con el puntillismo y cómo la pérdida de visión contribuyó a modificar su estilo y quién sabe si a ser un pionero del impresionismo. La ceguera es un drama para cualquier persona, pero si eres pintor te condena a no ser.
      Un beso.

      Eliminar
  3. El diagnostico de los distintos ciegos del cuadro de Brueghel por los oftalmólogos me ha dejado sin habla. Ese cuadro me ha recordado otra fila de ciegos: la formada por los prisioneros franceses capturados por Roger de Lauria, en tiempos de Pedro el Grande, durante un combate naval. Tras sacar los ojos a los prisioneros los hizo volver a sus cuarteles en fila india, dirigidos por uno de ellos al que sólo saco un ojo para que sirviera de guía.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué buen dato el que aporta. Ni Mateo ni Lucas citan la maroma donde iban agarrados los ciegos en la Parábola, pero sí aparece en la crónica de la batalla de Roger de Lauria contra Francia en las Islas Formigas en 1285, que no conocía y que he consultado gracias a su comentario. De ahí debió tomar Brueghel la idea para su cuadro, tan repetido posteriormente, de hacerlos ir agarrados a diversos elementos que los mantuvieran unidos.
      Saludos

      Eliminar
    2. Publiqué ese episodio en un artículo "El almirante" que publiqué hace unos meses en el blog, por si le interesa.
      Un saludo.

      Eliminar
    3. Acabo de leerlo, un buen perfil clarificador de lo que fue aquella etapa de nuestra historia. Qué valientes pero qué bestias. No me extraña que por algunas tierras aún se recuerde a los almogávares.

      Eliminar