Foto cabecera

detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





GAUDÍ, ENTRE DOS GITANOS Y DOS CIENTÍFICOS




                        Tendría yo unos quince años, cursaba estudios nocturnos y trabajaba en los almacenes de perfumería Prats y Almendro en la calle del Carmen esquina a Joaquín Costa, en Barcelona. Ésta calle, perpendicular a la del Carmen en la que desemboca, daba de frente con el Bar Espasa (espada), un espacio de amplio fondo oscuro con una entrada siempre abierta a todo lo ancho del local, una barra a la derecha que llegaba hasta la puerta con su hilera de taburetes de madera y alguna silla ya casi en la acera. Fue allí, en una de esas sillas, donde un cliente asiduo y veterano que parecía formar parte del decorado –camisa blanca, pantalón negro-, una mañana me desveló una historia que rodó conmigo años y años contándola sólo a los íntimos, ya que por excepcional, por imposibilidad de confirmarla, siempre pensé que aunque fuese cierta jamás podría darla a conocer:

                               -   Yo también trabajaba cuando era tan joven como tú-, me  contó el hombre entre sorbo y sorbo de su barretxa (*)-. Lo primero que hice fue aquí al lado, en el Hospital de la Santa Creu cuando era un chaval. ¿Tú sabes quién era el Antonio Gaudí? Pues una de las primeras cosas que me mandaron hacer en el hospital fue ayudar a sacar de una cama a uno que se llamaba Pubill ya muy mayor, un gitano de Mataró. Me acuerdo porque yo también soy gitano, de la calle de la Cera, y después de que cambiaran las sábanas estuve ayudando a poner allí al Antonio Gaudí, que estaba muriéndose porque lo había atropellado un tranvía…

                       Cuántas veces habré lamentado no haber entrado más a fondo en la conversación con aquel amable parroquiano del Bar Espasa conocedor de un episodio tan oculto, pero ya se sabe, las tablas precisan el rodaje del tiempo para poder adquirirse. En su momento estuve consultando el antiguo archivo del hospital pero no hubo manera de dar con el paciente Pubill, de Mataró. El tema podía haber quedado en el olvido como uno más de esas confidencias nunca confirmadas, pero quiso la fortuna que un día, leyendo las memorias del doctor Josep Trueta, me saliera al encuentro el siguiente párrafo:



El doctor traumatólogo y científico Josep Trueta Raspall, nacido
en el Poble Nou de Barcelona (1897-1977)

La pequeña sala del del Hospital de la Santa Creu con la cama donde murió
Antonio Gaudí el 10-6-1926. 

Antiguo Bar Espasa de la calle del Carmen nº 69, donde la autora encontró el primer testimonio que se
cuenta en la entrada. Ahora es el restaurante Elías & Zakaria.



EL ANTEPASADO DE "PERET"

DE PARASOLES, SOMBRILLAS Y QUITASOLES


                     

                Las hemos visto de rafia o cristal, ladrillo y hormigón, seda y madera, lona, plástico, hierro, aluminio, vegetales. De gruesas columnas o perfil de esqueleto. Angulares, de espiral, oblicuas. Señoriales y de puro arte povera. Modernistas y románticas, abstractas, helenas, faraónicas o intimistas. Unas te dañan la vista y las hay que te las llevarías a casa para jivarizarlas y colocarlas en tu terraza.

            Son las sombrillas, marquesinas, o parasoles públicos, que atemperan el sol sureño protegiéndonos y haciendo más grato –casi siempre- nuestro paseo.                         


  

    

En ésta calle principal de la parte antigua de Águeda, poesía de color en lo alto
 y octágonos de sombra en el pavimento


SOÑAR EN ÁGUEDA


GAUDÍ Y JAPÓN. AMISTAD, WHISKY Y COÑAC



          En los años noventa, al echar un primer cierre a todo lo reunido sobre Antonio Gaudí y disponiéndome a iniciar la redacción de mi libro Gaudí. La Huella del Genio, revisando diversos apartados descubrí que me faltaba un eslabón, imprescindible para descifrar el cómo se había podido mantener la fascinación japonesa por Antonio Gaudí desde 1926, año en que la Sagrada Familia recibió al primer viajero conocido de esa nacionalidad, Kenji Imaii, dos meses después de la muerte del arquitecto.


 Pero ya habían pasado 70 años y el número de visitantes de esa nacionalidad no dejaba de crecer, era arrollador, imposible por tanto que sólo se alimentara de aquella visita aislada que si exceptuamos al colectivo de arquitectos, entre sus compatriotas tuvo escasa repercusión.

Tres eran los japoneses, dos arquitectos y un escultor, que se habían anticipado en una década al boom de sus paisanos en 1983, llegando en solitario y por libre a Barcelona en los años 70 y tomando la decisión de dedicar parte de su propia obra a la de Gaudí. Uno haciendo durante 20 años los planos de todas sus construcciones, el segundo preparando un extenso estudio que publicó en dos tomos con muchas claves de la inspiración de Gaudí, y el último quedándose a trabajar en la Sagrada Familia para realizar diversos elementos en la fachada del Nacimiento, lugar en el que sigue en la actualidad.

El primero de ellos, el arquitecto Hiroya Tanaka, señaló la respuesta a mi interrogante al desvelarme un episodio ignorado en Occidente que había fascinado al país nipón hasta tal punto que lo había unido al espíritu del arquitecto, enamorándolo de Gaudí para siempre.

 Gracias a Tanaka descubrí que todo partió de un hecho fortuito: la impactante campaña publicitaria que la firma de bebidas Suntory había desplegado en televisión para el lanzamiento de su producto estrella, el whisky Royal.













Secuencias del vídeo Suntory para su Whisky Royal. El protagonista y
la bailarina. Diversas imágenes del whisky hasta arrancarle el lacre y
saltar en fragmentos la Sagrada Familia que le sirve de fondo (*).

     UNA CAMPAÑA GENIAL

GAUDÍ Y ORWELL. REFLEXIONES





RESPUESTA

    A varios comentarios y correos para la entrada "Contra Antonio Gaudí" 

George Orwell, ¿Icono de libertad?

 A PROPÓSITO DEL 

GUSTO Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


JAVIER BARBA Y SU GREEN ARCHITECTURE (2/2 PARTES)


                

A FONDO

  Continúa...

                 
                  ...Y Javier Barba Torra contó las dos siguientes anécdotas:


                       
   



Tres imágenes de las Bodegas de Warren Winiarski, Stag's Leap Wine Cellars
 en Napa Valley, California. En la inferior, un péndulo de Focault. 1999

LA ESENCIA DE LA TIERRA