Foto cabecera

PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





GAUDÍ. A PROPÓSITO DE LOS VITRALES DE VALLGORGUINA (2ª PARTE)


   
                

                           Josep  Francesc  Ráfols fue el primer biógrafo de Antonio Gaudí. Publicó la primera edición de su libro Gaudí en 1928, dos años después de la desaparición del maestro. En las últimas páginas, tras el pormenorizado informe de todas las obras e intervenciones que reseñaba a partir de la documentación encontrada en el estudio del arquitecto, bajo el epígrafe Obras de Antonio Gaudí, difíciles, hasta ahora, de datar, aparecía el añadido de ocho líneas apresuradas dejando constancia de otros trabajos seguramente menores, de los que no figuraban fechas y se desconocía en qué habían consistido exactamente ya que no existían imágenes.

                            La intuición de Ráfols al incluir el pequeño listado iba a resultar providencial para preservar la memoria de la obra gaudiniana. Ocho años después toda la documentación del arquitecto guardada en su despacho, más la que habían traído ya catalogada de su domicilio para confeccionar un único archivo, desapareció comida por las llamas del incendio provocado por unos incontrolados en la Sagrada Famillia el 20 de julio de 1936 (1).

                           En la tercera línea del listado, nueve palabras apuntaban lo que iba a tardar casi ochenta años en poderse hacer visible al público: Rosó i finestrals per a una capella de Vallgorguina (2).


Por las fechas en que según la memoria oral de la familia Valls, Gaudí les hacía entrega del rosetón para la capilla de Vallgorguina, se construía el Portal de la Fe de la Sagrada Familia con el mismo motivo, la mano con el Ojo de la Providencia.

Rosetón en la masía Can Pujades. 2002 (A.Mª.F.)

Portal de la Fe. Arriba en el centro a unos dos centímetros
 del borde superior, la mano con el Ojo de la Providencia.


FORZANDO AL DESTINO


Publicado en Gaudí y Más. 4 de mayo de 2014

                  
                                Ese párrafo sin referencias nos habla de que, a punto de cerrar el libro y sin haber podido concretar algo más de cada una de ellas, optó por dejar siquiera por escrito el testimonio de que algo referente a esas obras había estado, como mínimo, en la mente del arquitecto, ignorando si en realidad eran sólo el apunte de un proyecto, si se debían a un encargo o a la idea propia que en un determinado momento debió ocurrírsele. Tampoco figuraba el exacto lugar de su emplazamiento, ni si la nota encontrada había pasado del papel, a hacerse realidad.

                 La siguiente mención llegaría del Director de la Cátedra Gaudí entre 1968 y 2000, Joan Bassegoda Nonell. Nacido en 1930, siempre recordaba que el de Ráfols fue el primer libro que leyó sobre el arquitecto y que la relación de sus obras no encontradas la tuvo en mente cada vez que lo llamaban para alguna autentificación.

                  De ahí que al escribir El Gran Gaudí en 1989 reprodujese en uno u otro punto del libro la información que había ido encontrando sobre aquella recopilación, con la esperanza de llamar la atención de alguien que teniendo más datos pudiese aportar nuevos conocimientos sobre ellas. En el caso de las vidrieras de Vallgorguina añadió unos apuntes de la parroquia dedicada a San Andrés que alguien le había proporcionado con su mayor buena fe, pero que al no tener nada que ver sirvieron más bien de maniobra de despiste, rebajando las posibilidades de identificación.   


                  Pero otro protagonista buen amigo de Joan Bassegoda y, en palabras suyas, experto historiador, Josep Mª Ainaud de Lasarte, estaba a punto de colaborar en la búsqueda de Vallgorguina de manera decisiva, al hacerle llegar a mediados de 1997 una revista que había llegado a sus manos, La Vall, publicada por l'Associació Cultural de Vallgorguina. Allí, en la página 4 de la pequeña publicación aparecía un texto con el título La Vidriera i el Rosetó de Can Pujades, firmado por J.M. y J.R. Llobet, iniciales de Jaume Mora y Joan Ramón Llobet.




Josep Francesc Ràfols.(1889-1965). Primer biógrafo de Antonio Gaudí , 1928


Joan Bassegoda Nonell junto a su mesa en la Cátedra Gaudí (lavanguardia.com)


La Cátedra Gaudí en la Av. de Pedralbes, nº 7. En primer término la mesa del Prof. Bassegoda. 
Al fondo en el centro diversos cuerpos de archivos.

                            El artículo contenía dos datos definitivos, al situar los vitrales no en una parroquia, sino en la masía de Can Pujades de Vallgorguina y justificar el regalo de Gaudí por la amistad que mantenía con sus propietarios, la familia Valls. Aunque los autores puntualizaban que "se atribuían a Gaudí", Bassegoda intuyó que allí había un ovillo, por lo que en octubre se dispuso a tirar del hilo encargándoles a dos estudiantes de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura que se encontraban siguiendo con él un curso sobre Monumentos, Begoña García Alarcón y Antonio Manuel Sevillano Llergo, que fuesen a Vallgorguina e hicieran un avance de investigación para ver si la noticia se confirmaba.

                         Los estudiantes se presentaron en el Ayuntamiento de Vallgorguina el sábado 15 de noviembre de 1997 por la mañana sin avisar de su llegada. Los dos funcionarios que les atendieron quedaron sorprendidos por el motivo de la visita, ya que ignoraban la existencia de obras de Gaudí en su localidad. Cuando localizaron en el pueblo a uno de los firmantes del artículo, éste, tras informarles de las razones que les llevaron a tratar el tema en la revista, los dirigió al mosén Josep Mª Nicolau, Director del Colegio Santa Fe situado entonces en la masía, que a la vez era párroco de Arenys de Mar. 
                            
                              Por primera vez se daba la fecha de 1878 para la vidriera de la ventana donde aparece Sant Jordi, y sobre el rosetón, el comentario de que pertenecía a fechas posteriores, cuando el arquitecto se encontraba terminando la fachada del Nacimiento. En febrero del año siguiente, al finalizar el citado curso le entregaron a Bassegoda el informe, titulado Trabajo de Investigación  sobre la atribución de una vidriera y un rosetón  en una capilla situada en Vallgorguina al arquitecto Antoni Gaudí y Cornet.

                         Los dos alumnos de Bassegoda habían encontrado datos precisos para que el profesor diera por buena la tradición oral, ya que la conclusión de la investigación decía: Parece evidente que la vidriera y el rosetón son obra de Gaudí. Y esa fue la opinión de Joan Bassegoda, haciéndolo saber en una conferencia que dio en Reus ese mismo año 1998, explicando el proceso seguido, con nombres y apellidos, hasta llegar a tal convencimiento.                         

                             A continuación, cómo me involucré en la historia de las conexiones de Gaudí y sus vitrales para Vallgorguina.




             Josep MªAinaud de Lasarte. Historiador y abogado. (1925-2012)



Portada de un número de la revista La Vall, de Vallgorguina.


Trabajo encargado a dos estudiantes de Monumentos Históricos de la ETSAB


Panorámica de las instalaciones de la masía de Can Pujades donde se encuentra la capilla con los vitrales

                            En 1985 con mis hijos mayores ya adolescentes por fin pude dedicarme a dar los pasos necesarios para publicar algún tema de los que durante toda mi vida había estado investigando. Uno era Antonio Gaudí, del que tenía media librería con buena parte de todo lo que se había publicado sobre su vida, más una documentación considerable.

                         A esas alturas había entrevistado a los que tuve noticia que aún vivían de quienes lo conocieron. Obra por obra, año tras año, mis vacaciones se habían empleado en viajar hasta ellas y hasta su tierra tarraconense del Alt Camp. Hablé con los vecinos entendidos, visité archivos y bibliotecas locales. La tierra y los orígenes de sus antepasados franceses, los descendientes de quienes habían sido sus ayudantes, artistas plásticos y arquitectos. También las memorias de sus contemporáneos resultaron un inmejorable vivero de anécdotas desconocidas sobre el arquitecto.

                        La lista de los viajes y visitas que llevaba hechos en 1985, vista hoy me apabulla. El entusiasmo de la juventud no tiene barreras y si encima tienes salud y a tu lado alguien para quien la Historia con sus añadidos de Arte y Patrimonio es un inmejorable destino, llegas a todo.
                      
                       Hay que aclarar que nuestro ocio, con tres hijos y un perro que pesaba más que yo, no hubiera podido emplearse en lo que cuento de no llevarse a cabo viajando en una autocaravana, un dato decisivo en esta aventura. Y que en 1978, tras una reunión en un cámping de Vallromanas en la misma comarca del Vallés que Vallgorguina, fueron añadiéndose miembros hasta llegar a las 100 familias que tomamos la decisión de crear el primer Cámping privado en régimen de Cooperativa que hubo en España, el Camping Coop. Roquetas.

                       Después de visitar diversos terrenos nos decidimos por adquirir 7 Ha, en el Parque del Montnegre i el Corredor un espectacular paraje en la comarca del Vallés Oriental. Precisamente en Vallgorguina. Allí crecieron nuestros hijos y será por siempre su territorio de juegos y descubrimientos. Siguen allí mucha segunda y tercera generación de amigos pasando vacaciones y fines de semana en los cómodas viviendas actuales, aunque haya quienes sigan teniendo aparcado el vehículo a pocos metros para cuando les ataca el virus de practicar el nomadismo con calidad de vida. Nosotros vendimos nuestra participación y nos fuimos hará unos diez años, aunque los vínculos y muchas de nuestras amistades sigan allí



La iglesia parroquial de Sant Andreu, en Vallgorguina. Aquí se habían dirigido los primeros
buscadores de los vitrales de Gaudí referenciados por Ràfols, sin resultado positivo.


El conjunto de iglesia y convento de Santa Eulalia de Tapioles fue considerado otro de los posibles destinos de los vitrales. No era así y hoy sus nobles y deteriorados muros suelen albergar prácticas mágicas y esotéricas atrayendo a buen número de visitantes la noche de Walpurguis. Está cerca del dolmen de Pedra Gentil.

                         En fin, volviendo a Gaudí, en 1985 siguiendo la pista de J.F.Ráfols habíamos hecho algunas incursiones para tratar de localizar sin éxito los vitrales de Gaudí en Vallgorguina, visitando la parroquia de San Andrés en el pueblo y el derruido monasterio de Santa Eulalia de Tapiolas, que estando a unos 500 metros del Dolmen de Pedra Gentil forma un conjunto paisajístico de lo más atractivo. Nadie consultado en el pueblo tenía noticia de que allí  hubiera existido rastro de las vidrieras. Aprovechando las visitas publiqué en el periódico Sant Andreu Expréss un artículo contando la fama esotérica de la zona (3).

                          Llegamos a las Navidades de 1998, ya con un buen número de artículos y reportajes publicados, dos libros de relatos en la calle y mi trabajo sobre Gaudí llegando a su fin. La documentación se había convertido en un largo texto al que acabé dando cuerpo dividido en dos libros. Uno, Gaudí. De Piedra y Fuego, centrándose en la vida del arquitecto y la historia de sus obras, una por una, con la génesis de cada proyecto y  los avatares de sus clientes. Otro, Gaudi. La Huella del Genio, cuyo grueso eran las entrevistas y crónicas de los principales personajes que, una vez desaparecido Gaudí, tomando el testigo de su obra en la Sagrada Familia habían conseguido seguir adelante hasta llegar al 150 Aniv. de su nacimiento, que iba a celebrarse en el cercano 2002.

                         En esos finales de diciembre, pasé por la Cátedra Gaudí para devolverle a Joan Bassegoda un libro que me había dejado y hablamos sobre mis viajes familiares en caravana, que a él le parecían de lo más exótico. Hablando, hablando, acabó contándome cómo pasaba de niño las vacaciones. Él no tenía hijos, pero a menudo sacaba el tema de una infancia que se adivinaba feliz y guardaba anécdotas divertidas sobre los pequeños que visitaban la Cátedra y le contaban su visión de Gaudí. No sé como, de repente varios factores se fundieron: los niños, las caravanas, Gaudí, Vallgorguina. Todo el episodio inicial de este texto salió a flote quedando aclarado en un momento. Me dejó pasmada cómo el azar puede hacerte visible algo que, teniéndolo al lado, ignorabas su existencia. Él me comentó que estaba en la misma situación, ya que de no ser por su amigo Ainaud de Lasarte que le envió la pequeña revista nunca lo hubiera sabido. 

                         Para abreviar, al acabar de explicarme lo sucedido con los vitrales aseguró que él los daba por auténticos, ya que el arcángel Miguel pertenecía al estilo primerizo de Gaudí y su técnica una variante sencilla de la misma que había utilizado en Mallorca, la tricomía. Le pregunté si había pensado en continuar investigando la historia. Me parecía que podía averiguarse mucho más de lo que se sabía hasta el momento, pues la evidencia contrastada era sólo que la casa donde se encontraban los dos vitrales perteneció a una familia cuyo heredero, al parecer, había sido amigo de Gaudí y eso era todo. Se levantó de su mesa a la derecha de la sala, y mientras se dirigía a los cuerpos de cajones situados en el centro, me dijo que ampliar la información y llegar hasta el fondo era algo que tenía en mente, pero que no se había presentado la ocasión. Con un punto de guasa, como me hablaba a menudo, me interrogó:



El dólmen de Pedra Gentil (franrecio.com)



Vallesos. Revista de la comarca del Vallés con información de las prácticas y castigos por brujería


Bernat y Elionor, los Gegants de Vallgorguina (publiblanes.com)


                           -¿Le gustaría averiguar cómo fue el proceso que llevó a Gaudí a realizar esas vidrieras? me dijo más o menos, abriendo uno de los cajones grises de donde sacó dos carpetillas que me enseñó, una blanca y otra azul ... ¿Sí? A mí también me gustaría saber qué pasó, estoy seguro de que aquí hay una buena historia.                       

                           El tema me interesaba, si, pero le comenté que al estar terminando los dos libros estaba muy liada. Él sabía que yo siempre iba justa de tiempo y trabajaba a largo plazo, por lo que no podía comprometerme a cuándo lo acabaría. Me contestó la famosa frase con que Gaudí zanjaba la cuestión cuando le preguntaban porqué se había metido en una obra que tardaría tantos años en estar acabada: -No importa, mi cliente no tiene prisa. 

                      Lo que me entregó consistía en el texto de los dos estudiantes sobre la visita a Vallgorguina, con fotos de las dos vidrieras. Más los folios de una conferencia que acababa de pronunciar en Reus, donde refería el hallazgo de los vitrales. Fotocopié la veintena de hojas donde se mezclaban anécdotas del profesor sobre brujas, con descripciones de los vitrales hechas por él y los dos estudiantes. Armada con ellas retomé tiempo después el camino a Vallgorguina, ahora pisando fuerte porque conocía que aquello que buscaba no era una quimera, era real, sabíamos dónde se ubicaba y teníamos la gran suerte de que a pesar de su fragilidad los pequeños cristales habían llegado enteros hasta el presente sobreviviendo al sinsentido de tanta destrucción.

                            La historia que me esperaba estaba llena de riqueza y así intentaré transmitirla a continuación. Moviéndose entre dos siglos, soldados y guerrilleros, contrabandistas, labradores. Y sacerdotes interesantes y arrauxats (4) como Lluís Mª Valls, el heredero al que relacionaban con Gaudí cuyos nexos se desconocían y yo estaba empeñada en descubrir. Desde la primera vez que lo oí, este nombre estuvo rondándome como si me fuera conocido, en relación con el genio pero a través de otros vínculos. Algo que parecía fácil de hilar, pero que pasaron años sin conseguir identificar qué vínculo los relacionaba. 

                      En el transcurso de la búsqueda iba a conocer a mosén Josep Mª Nicolau, el párroco de Arenys de Mar y Director del Colegio Santa Fe que hasta hacía poco había estado ubicado en Can Pujades, un centro por el que habían pasado miles de niños acompañados de sus maestros, jóvenes pedagogos con ideas innovadoras que consiguieron mantener durante más de treinta años aquel sueño de magisterio por el que hipotecaron sus vidas. 

                    ¿Qué curiosos puntos de contacto propiciaron que Gaudí entregara los vitrales a la familia Valls? Saber eso, o quién fue Ramón Codinach Subietas, a quien conocí, el artista plástico y escenógrafo que decoró la capilla con una idea que es toda una evolución del espacio sacro, en qué se inspiró, el cómo y porqué se ofreció a hacerlo de manera gratuita. Personajes que fui entrevistando, uno tirando de otro hasta recomponer el origen de estas obras tan desconocidas del corpus gaudiniano que se dudaba de que existieran y hoy conocemos por "los vitrales de Vallgorguina". 

                         Tardé tiempo y no llegué a publicarlo por primera vez hasta cinco años después y nunca completo, pero como veremos, fue un objetivo en el que todos los involucrados aprendimos.   

                                                                                    Continúa...

Ana Mª Ferrin



(1) http://amf2010blog.blogspot.com.es/2011/07/sagrada-familia-en-el-75-aniversario-de.html

(2)  Rosetón y ventanales para una capilla de Vallgorguina


8 comentarios:

  1. Toda una aventura acerca del asunto de los vitrales. Hay que ser muy "forofa" de Gaudí para dedicar tanto tiempo, esfuerzo y desvelos a desentrañar los enigmas que rodean a algunas de sus creaciones. Una labor encomiable.
    Un saludo.

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    1. Sobre todo interesante.
      Bassegoda las dio por buenas y por su autoridad y conocimientos eso es determinante. Pero opino como él que para ser rigurosos, aunque dentro de la obra de Gaudí esas piezas no sean más que una hilacha, al no existir imágenes de los vitrales ni conocerse relación entre Gaudí y Valls, aportar pruebas de si existieron tiempo, nexo, circunstancia y lugar coincidentes, es importante para su completa autentificación.

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  2. Parece que la perseverancia es cualidad necesaria para lograr un objetivo, y usted reúne una buena dosis de ella. Seguir la pista, aunque sea intermitentemente, desde hace tantos años, parece fue la clave... Bueno, no me anticipo, esperaré la continuación.
    Desconocía la existencia de ese dolmen y la iglesia de Santa Eulalia de Tapioles. Lástima que se esté arruinando.
    Un saludo.

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    1. La clave es esa, no tener prisa para hacerse la foto y trabajarlo en paralelo con otros temas mientras existe la posibilidad de confirmar el dato.
      En cuanto al dolmen dejaremos para otra ocasión la experiencia desternillante que vivimos el verano que coincidió un paseo al dolmen, que teníamos muy cerca, con la celebración de una “misa negra” a la que acabaron llegando unas cinco mil personas, según la policía. Aconsejo a los amantes del género que no se lo pierdan. Puro Alex de la Iglesia

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  3. Hola Ana Maria.A que pocos descubrimientos de obras desconocidas de Gaudi habremos asistido. Me gusta la minuciosidad de tu blog

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    1. Hola María, me alegro de que te interese. En mi caso ha sido la única vez que he participado en algo así y fue muy gratificante.
      Hace tiempo que no nos comunicábamos. Un beso

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  4. Ana María, no puedes imaginar lo que he disfrutado leyendo tu relato y los dos enexos enlaces que nos dejas. Has vivido una aventura impresionante en un entorno tan motivador e importante que, rodeada de misterios y supersticiones, con artistas e investigadores, con tema crucial para el descubrimiento y desarrollo de la historia tal cual sucedió, ha debido suponer para ti y toda tu familia una aventura inolvidable. Mi admiración por tus trabajos ya era grande pero ahora, conociendo un poco la maestría y el trabajo con la que los has realizado, mi admiración es mucho mayor. Ya nos gustaría a más de uno poder relatar unas aventuras como las que, con la sinceridad y amena prosa a la que nos tienes acostumbrados, poseyesen el valor añadido de un proceso del saber tan importante como rico en genialidad. Mis sinceras felicitaciones.

    Un cariñoso abrazo, querida amiga Ana María.

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    1. El relato tiene 3 partes, ésta es la 2ª y el próximo fin de semana colgaré la última. Gracias por tus palabras y en lo de que ha sido una aventura tienes razón, lo ha sido. No al nivel de Miguel de la Quadra Salcedo cruzando el Amazonas, sino por el convencimiento de que allí había la gran historia de unas pequeñas obras que hablaban sobre la forma que tenía Antonio Gaudí de entender la amistad y sobre la fortuna de los supervivientes.
      Porque sobrevivir a los incendios y saqueos del siglo y cuarto de vida de los dos vitrales también tiene su mérito, amigo Antonio.

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