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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





GAUDÍ EN LEÓN. "LA CASA DE LOS BOTINES SE CAE, SE CAE..."



                         Contaba Josep Pla, que estando de visita en León sentado en el velador de un café de la plaza de San Marcelo, el camarero le dijo, señalando la Casa Botines: -Si, ahora está bien. Pero si la viera en invierno. Se le hielan a uno las entretelas....

                          Quizás la menos retratada de las obras de Antonio Gaudí, este edificio surge en el plano de la ciudad de León poblado de rectas y ángulos, grave y maciza, sin más concesión a la fantasía que esas torrecillas angulares de las que una, la del lado norte, se remata con una veleta empinada sobre el doble sombrerete.

                         Castillo burgués de apariencia nórdica o victoriana, deja claro desde la primera ojeada que está destinado desde/para el comercio y las residencias bien asentadas. La casa leonesa introduce sólidamente su base en la tierra, y así continúa, rectangular, hasta el último saliente.

                    Más una característica por la que se cuela, traviesa, la minuciosa observación del Gaudí mediterráneo cuando acudió a su primer encuentro con el invierno de la ciudad. Comprendió que esa casa debería construirse como bastión contra el frío, capaz de resistir un clima siberiano. Por eso, anticipándose, hizo que el cantero Antoni Cantó al picar los marcos y alféizares para cada una de las 365 ventanas, hiciera éstos en piedra blanca, un punto rosada, para que siempre, con nieve o sin ella, quedara patente la vocación del edificio.                           






Tres imágenes de la Casa Botines. Nevada, fachada principal y fachada trasera

          
PERO NO SE CAYÓ...



Publicado en Gaudí y Más. 13 de diciembre de 2014

                           Eusebio Güell fue de nuevo el ángel custodio que proporcionó a Gaudí este contacto con dos clientes suyos de León, Simón Fernández Riu y Mariano Andrés Luna, antiguos encargados del comerciante catalán de tejidos Joan Homs y Botinàs. En esta ocasión,la construcción leonesa fue un engrasado tablero de ajedrez donde cada peón se limitó a seguir su cometido puntualmente, aquí no hubo problemas de presupuesto, de entregas, ni judiciales, ni financieros, hitos bastante generales en su carrera. El otro detalle que la distingue es la de ser su obra conservada más auténtica, él la empezó, la terminó y lo que vemos hoy, con algún lógico retoque de mantenimiento y adecuación funcional, es proyecto original suyo.

Los dos constructores traídos por Gaudí, Mariano Padró que al término de la obra se quedó en León, enamorado de una leonesa con quien se casó, y Claudi Alsina Bonafont, llegaron desde Barcelona acompañados por Cantó y por Juan Munné, que haría el espléndido trabajo de carpintería

La profesionalidad de Claudi Alsina funcionó como un reloj, así que aprovecharemos para situar un foco sobre él. Primero, hizo tallar todas las piedras para depositarlas ordenadamente en un ángulo del solar a la espera de que pasara el invierno de 1891. En abril de 1892 con los cimientos ya preparados se iniciaban las obras, elevándose a gran velocidad un semisótano, planta baja y cuatro pisos, más las buhardillas. Todo ello se vería terminado en noviembre del mismo año, por lo que este constructor, que ya venía de colaborar en otros trabajos del arquitecto, fue los auténticos ojos y manos de Gaudí en León acometiendo una obra de complicada logística, por lo que en una próxima entrada volveremos a él ampliando los datos de su trayectoria, interesante de veras.


Claudi Alsina Bonafont, el constructor colaborador de varios edificios de Antonio
Gaudí. (Fam.Alsina) 

El carpintero y ebanista Joan Munné Sibari, autor de esos
elementos de la Casa Botines y otras obras de Gaudí (ABC)

                         En León aparte de sus clientes y del obispo Francisco Gómez-Salazar, Gaudí no tuvo ningún contacto con la población y puede que por ese motivo en un principio la construcción fue acogida con frialdad. Era una obra extraña, hecha por forasteros para una ciudad que presume de un monumento tan imponente como su catedral del siglo XIII, y en esas condiciones no sólo Gaudí, cualquier otro arquitecto en sus mismas circunstancias hubiese tenido que esforzarse mucho para hacerse notar con agrado, por lo que la señorial mole de la casa Botines se vio en sus inicios con indiferencia.
           
Una indiferencia que se rompió al ver elevarse por las esquinas unas torres colgantes innecesarias en apariencia, alas sin pluma muy capaces de hacerlo volar, que rompían de golpe el aburrimiento lineal de la obra y lo transformaban dándole un aire de castillo de cuento. Los niños, espectadores limpios que saben destilar lo esencial, ante aquellas esquinas de las que decía que necesitarían un andamiaje de apoyo para sostenerse, cantaban: ¡La Casa de los Botines se cae, se cae!... Y no solo ellos, los profesionales técnicos locales asentían: Esto no puede sostenerse... Pero sobre el Antonio Gaudí respetado y admirado que ahora se disputaban los clientes, había llovido mucho para que los agoreros lo inmutasen. Ante los comentarios burlones, incluso se permitía una salida arrogante: ...¿Ah sí,eso dicen? Muy bien. Quiero que me envíen esas críticas por escrito para enmarcarlas y colocarlas en el vestíbulo de la casa cuando esté acabada... 
           
Sobre la puerta de entrada a la casa de Fernández y Andrés colocó una figura de Sant Jordi matando al dragón pie a tierra, una pose muy poco habitual, pues la leyenda suele mostrar al caballero capadocio bien asentado sobre su cabalgadura. Se ha escrito que la imagen fue amoldada directamente sobre el propio escultor, un joven Lorenzo Matamala Pinyol vestido con una camiseta ceñida por un cinturón, pero no cuadran las fechas porque cuando la realizó ya era un hombre maduro y corpulento. Una vez conseguido el molde de yeso, Matamala pasó a trabajar la textura de la camiseta hasta darle aspecto de cota de malla, realizando después la escultura en un bloque de piedra de Gerona. Para el dragón se copió uno de los reptiles que ya se había utilizado como gárgola en la Sagrada Familia y bajo su base, dentro de un tubo de plomo, se guardaron testimonios del fin del siglo XIX, monedas y planos originales.





La puerta principal. Sobre ella, Sant Jordi




La puerta desmontada para su reparación con el nombre en forja de los dueños originales, Fernández y Andrés.
 Detalle del león,  símbolo de la ciudad, en la parte superior de la puerta.

El armonioso edificio está construido en piedra caliza que la meteorología ha convertido en un bicolor tono gris, más claro a medida que ascienden sus muros. De nuevo un foso feudal rodea el semisótano, protegido de la calle por una verja que Gaudí mandó forjar en Gijón con terminaciones similares a la Casa Vicens. No así la reja de la entrada, ésta se realizó en los talleres Oñó, de Barcelona.

Poco a poco, la casa que resistía a los cuatro vientos el duro clima con su piel rugosa fue abriéndose un hueco en la vida leonesa. En los días de nieve, los antepechos rosados de sus ventanas enmarcando de blanco sorbete los cristales se ganaron un lugar en la fisonomía de la ciudad junto a la Catedral, el Monasterio y el Palacio de los Guzmanes

La Casa de los Botines empezó a formar parte del itinerario monumental que cualquier viajero desea conocer al visitar un lugar, y cuando el año 1952 unos obreros desmontaron la figura de San Jorge para colocar en su lugar una imagen de la Virgen del Camino, un movimiento ciudadano de solidaridad con la escultura de Gaudí hizo que las autoridades reconsiderasen su actitud, restaurándola y volviendo a colocar en su lugar al legendario personaje. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1969 (*).







  
Detalle de la forja de la verja y la cancela. Una fase de su reparación.        


Junto al maestro, un paseante se permite un descanso. 2000 (A.Mª.F.) 
           
Una anécdota simpática:
Cada año por Semana Santa la ciudad rinde un homenaje transgresor a Genarín, el santo bebedor, un conocido pellejero amante del orujo y los prostíbulos, que la madrugada del Jueves Santo de 1929 volviendo de juerga, fue atropellado por el camión de la basura, el primero que hubo en la ciudad. Frente a la fachada de los Botines hoy, presencia de bronce en banco de bronce, Antonio Gaudí parece meditar la aceptación de La Casa que no se cayó... mientras algún Genarín se acomoda a su lado a reponer fuerzas tras una noche movida, sin que el artista interrumpa su cadencioso dibujo en la libreta de  apuntes.       


Unas cuantas cifras:
Gaudí tenía 39 años cuando inició la obra. El solar mide 2.390,5 metros. Tiene 4 torres. El sótano tenía 28 pilares antes de la remodelación, cuando le retiraron 7. La ciudad contaba en el año de su inicio, 1891, con 13.500 habitantes. La actual propietaria del edificio, Caja España, se creó en 1990 a partir de la fusión de 5 Cajas de Ahorro. Y tiene 365 ventanas, 1 por cada día del año.


Que pueden observarse desde un prisma navideño si visionamos el documental siguiente:
   



Ana Mª Ferrin


(*) El capítulo completo de esta obra de Antonio Gaudí, en el libro de Ana Mª Ferrin, GAUDÍ. DE PIEDRA Y FUEGO. 2001:    afejara.blogspot.com.es/2011/09/gaudi.html



10 comentarios:

  1. Dos apreciaciones curiosas.
    Sobre la anécdota de Genarín, un personaje singular que tiene muchos emuladores y seguidores, destacar que ya es fruto de la casualidad más negra y hasta cruel, que el destino deparó un final muy parecido tanto al borrachín como al arquitecto: los dos iban distraídos, uno por el alcohol y el otro por sus reflexiones, y fueron víctimas de un atropello.
    Y sobre la forja de la puerta, destacar que el símbolo del león, en realidad convendría más para la ciudad de Lyon que para esta, por provenir su nombre no del felino sino de "Legio séptima", una procedencia más prosaica por sus connotaciones castrenses, pero más acorde con la realidad. Otra cosa es que se adoptara la figura del noble animal por pura cuestión de oportunidad o, si se quiere, de estética.
    Un saludo.

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    1. El león figura como representación del reino de León desde el siglo XIII, más tarde también lo ha sido de la capital, y siempre, de su tierra para cualquier leonés. Así debió tomarlo Gaudí en el XIX, siempre amante de los símbolos aunque no sabemos si lo colocó por propia iniciativa o siguiendo la voluntad de sus clientes.
      Gracias y tomo nota de tu indicación, que me ha llevado a ojear un texto que tengo desde hace años sobre la “Chronica Adefonsi Imperatoris” y al que nunca le había echado una segunda mirada. Gracias a ti, igual le ha llegado su hora. Y en referencia a lo del fin de Genarín, la verdad es que la coincidencia tiene su punto macabro.

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  2. Fue mi primera obra de Gaudí admirada in situ y me pareció sacada de un cuento, más propia de los castillos Exin que de una ciudad de León recocida aquel día por los calores del mes de julio. ¿Un castillo de piedra gris con torrecillas de pizarra? Parecía impensable y más si el propietario era un empresario textil. Me imaginaba esta construcción en un lugar como Béjar, serrana y cubiertas sus montañas por la nieve del invierno, y concluí que hubiese sido bonito que algún burgués textil de la época se le hubiera ocurrido edificarla aquí. Sueños...
    Un beso

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    1. Desde luego con una buena caja de Exin alguno de estos peques tan listos lo monta, es un juguete magnífico.
      La Casa Botines fue una obra compacta hecha para durar. Con materiales de primera, mucho oficio, con su lógico esfuerzo constructivo, pero después de su mala experiencia en Astorga no se arriesgó en la zona a más saltos mortales de los suyos y fue a lo seguro.
      No me parecería nada raro que Gaudí la hubiera hecho en Béjar. A través de tus trabajos he conocido el gran trasiego de catalanes que circuló entre Barcelona y tu tierra, y ya sabes que él siempre trabajó a través de sus paisanos.
      Lo del viento serrano de Béjar y sus nieves me ha dado un escalofrío. Abrígate bien.

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  3. A mí me parece un edificio admirable, que rivaliza sin desventaja con el palacio de los Guzmane, a su lado. Estuve sentado hace unos años en ese mismo banco, junto al maestro, aunque en un estado de perfecta sobriedad. Un saludo.

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    1. Que un amante de la Historia y el Arte lea este cuadernillo, que lo haga en un año como el que se va, tan cab.., quiero decir, tan difícil, y que además lo haga en estado de sobriedad, es de agradecer.
      Un saludo

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  4. El aspecto de fortaleza de hadas es el pensamiento inmediato que muchos hemos tenido cuando, paseando por las bulliciosas y comerciales calles de su entorno, observamos la obra de Gaudi denominada “La Casa Botines”. Fortaleza inexpugnable por su diseño, tan peculiar como las piedras del exterior y las hadas se cuelan por las artísticas chimeneas y habitan los cuatro torreones. Desde uno de ellos, Lucerito echaba las trenzas a su príncipe. Me impresiona tu meticulosidad pero la considero imprescindible para entender que sin la ayuda inestimable de canteros y constructores expertos y amigos, acostumbrados a trabajar con Gaudí, es posible que este impresionante edificio no fuese como lo contemplamos en la actualidad. Uno de los aspectos en los que me fijé la última vez que la visité, en octubre pasado, fueron las rejas, la forja. Siempre me ha parecido un trabajo tan artístico como complejo. En Gaudí, además, posee la categoría de arte, simetría, dislocamientos, anarquía medida… El reto de las bellísimas construcciones románicas y góticas de León encontraron en la Casa Botines una aliada que engrandeció un poco más, con su modernidad, las piedras que empezaban a sentir la soledad de otros estilos, otros diseños, que contrastasen con ellas. Nunca podría ser similar a una casa mediterránea, debía mantener la sensación, acertada o no, de protección contra los largos y fríos inviernos. La iluminación del vídeo es buena y la publicidad siempre oportunista. Quien paga exige poner sus anagramas. Menos mal que no han sido tan impertinentes como para colocar un gran letrero encima del tejado con el nombre de su propietaria. Tu publicación Ana María, es precisa y acertada. Tu estilo es excelente y Genarín, imprescindible.

    Un cariñoso abrazo, Anamaría.

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    1. Las Artes Aplicadas que contienen las obras de Gaudí nunca dejan indiferente a los que saben ver lo que ven, querido amigo. En este caso, su amplio catálogo de herrería y forja fue pan comido para él, acostumbrado desde niño a colaborar con el padre y otros familiares en su profesión de caldereros. También más adelante sería un plus económico para el estudiante que sacaba dinero de las piedras, como dibujante y ebanista, entre otras pequeñeces. Y siguió haciéndolo toda su vida. Precisamente el día en que fue atropellado había estado ocupado en realizar manualmente el prototipo de unas lámparas de latón, con retazos de cristales y sibas de colores.
      Pienso que después de su fracaso en Astorga, Gaudí estudió con toda astucia, más que los nórdicos, el estilo de algunos castillos del Loira como el de Arpentís, buscando la solera de la antigüedad para introducir un golpe de aire fresco entre la solemnidad del gótico, sin que pudieran acusarlo de “moderno”.
      Estoy contigo en valorar esa lección de estilo de no colocar un gran letrero en lo alto, con el nombre de la entidad propietaria. Ni quiero pensar lo que hubieran hecho según qué empresarios.

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  5. Estamos ya en las navidades y por si no me paso por aquí que las tengas muy buenas con toda la tribu.

    Me ha gustado el post, como siempre todo lo que escribes y no creo que fuera facil para Gaudí aquel encarrgo por muy dandy que se pusiera en sus comentarios Trabajar sin buen ambiente no es plato de gusto y creeme que se de lo que hablo. Muchos recuerdos.Santi

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    1. En realidad no fue en León capital donde Gaudí tuvo un problema de convivencia, sino durante la construcción del palacio episcopal de Astorga. También conviene saber que en ésta ciudad sus desencuentros no fueron con los albañiles ni los demás técnicos, ni con vecinos, sino con algunas autoridades superiores eclesiásticas de Valladolid, y de arquitectura en Madrid, donde tenían que autorizarle sus planos de Astorga por ser una obra oficial. Todo ello y sobre todo, la dejadez a la hora de abonarle los honorarios, convirtió aquel encargo en un calvario para el arquitecto. Algo que seguro tú comprenderás muy bien.
      Gracias por tus buenos deseos. Recibir los dos de nuestra parte un fuerte abrazo.

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