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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





JOSEP Mª ALPISTE. EL PRIMER VIOLÍN DE LA SAGRADA FAMILIA



A FONDO


                         
                        Primero llegaron sus abuelos Jerónimo Alpiste y Mª Eugenia García, venidos desde Vélez Rubio hasta Barcelona con sus hijos Gregoria y Andrés. Una familia que de no ser por problemas políticos nunca se hubieran movido de Almería, donde tenían una vida tranquila dentro de una familia bien situada, propietarios de tierras y un cortijo que heredaría el mayor de los hermanos. Ellos fueron los primeros guardas que hubo en las obras del templo de la Sagrada Familia, contratados por Antonio Gaudí para atenderlo a él, vigilar la construcción y ejercer de guías. 

   Con los años, su hijo Andrés sería modelo de varias figuras para la fachada del Nacimiento y más tarde, cantero en la construcción del templo y ayudante del escultor Joan Matamala. Buen dibujante, su maestría le llevó a ser un apreciado ebanista en los talleres del templo al tiempo que empezaba a tallar la madera, después fue aprendiendo técnicas de modelado, trabajando la piedra con idea de dedicarse a la escultura, y aunque por una serie de circunstancias no llegó a dedicarse a tiempo completo a este arte, sí dejó su huella en diversas obras. Del edificio donde vivían en una habitación bajo el estudio de Antonio Gaudí, Andrés salió para casarse en la misma cripta del templo. 

  Por ello, decir que su hijo, el músico Josep Mª Alpiste formó parte de la tercera generación de una familia que convivió y vivió bajo el estudio del arquitecto en la hoy Casa Parroquial, teniendo los terrenos de la construcción como escenario de sus juegos infantiles, ya es toda una tarjeta de presentación (*). Añadamos que nuestro protagonista ha sido desde los 19 años violinista y concertino (violín solista) en la Orquesta Municipal de Barcelona, y primer violín de la Orquesta del Gran Teatro del Liceo.

   Así, es un placer traer a nuestra página este fragmento del reportaje que realicé a los cuatro primos que vivieron parte de su niñez en el recinto del templo. Publicada en 2006 en la revista Historia16, la entrevista al violinista Josep Mª Alpiste Pérez nos revelará su perfil.  


Durante un concierto en el Palau de la Música, Josep Mª Alpiste Pérez saluda como primer violín. (FA)

A la izquierda Josep Mª con A. Soler y J. Francesch, componentes del Trío Händel 

      
                
UNA INTENSA Y RICA BIOGRAFÍA

Publicado en Gaudí y Más. 3 de enero de 2015


                            Para entrar a fondo en la vida de Josep Mª Alpiste Pérez, será preciso empezar con la curiosa inclinación musical que sintió  desde muy pequeño por el violín, en una época que no existía la televisión y perteneciendo a una familia que jamás había asistido a un concierto ni había poseído aquel instrumento que sin embargo el niño parecía conocer, aprovechando cualquier elemento para escenificar una interpretación.

    Podían ser dos agujas de hacer media sustraídas a su madre, que un día se lo encontró a los tres años de edad con una aguja apoyada en el hombro y sujetándola con la barbilla, mientras intentaba arrancarle sonidos al frotarla con la otra puesta encima formando una cruz, con el comprensible susto de la buena señora. A Josep Mª cualquier utensilio le servía para arrancar notas, soplando o percutiendo sobre él. Y aunque él no dé hoy una especial importancia a los sencillos antecedentes musicales de su familia, debe saberse que de forma autodidacta, su abuela Mª Eugenia tocaba la guitarra, su padre, Andrés, la mandolina, y su tía Gregoria y su prima Marisol el armonio y el piano, por lo que es evidente que el ambiente familiar tuvo que ver en su temprana afición.

    En el colegio del Sagrado Corazón donde estudió, una religiosa que se había fijado en las aptitudes del pequeño le regaló por Reyes un pequeño y auténtico violín. Josep Mª debía andar por los cinco años y al tener en sus manos ese instrumento quedó fijada para él la que sería su vocación y profesión. Su padre batalló contra la opinión generalizada del resto de la familia que veían en aquella afición del niño un camino seguro hacia el descarrile moral, y no permitiendo que su hijo viera contrariada la vocación artística como le pasó a él mismo con la escultura, matriculó al niño en el Conservatorio Municipal.

    Y ya por siempre, la música.  

   A los diecinueve años entró a formar parte de la Orquesta Municipal de Barcelona. El sueldo era tan bajo que lo complementaba como músico de estudio grabando temas bailables y todo tipo de acompañamientos. Más tarde participó varios años con el maestro Joan Guinjoan en su famosa formación de música contemporánea Diavolus in Música y fue también uno de los creadores junto a A. Soler y J. Francesch, del Trio Händel.

    Más tarde entró de primer violín en la Orquesta del Liceo donde también ejerció de profesor, dando paso a lo más duro que recuerda de su dilatada carrera, las oposiciones a concertino de la Orquestra Ciutat de Barcelona bajo la dirección de Enrique García Asensio, plaza que ganó. De toda esa importante carrera musical acompañado de su violín, Josep Mª Alpiste se queda con el cariño del público y los viajes compartidos con tantos compañeros de la familia musical en la que existe un solo lenguaje que los hermana.
    
   Con ellos ha tocado en los principales auditorios bajo batutas legendarias, entre las que destaca a Sergiu Celebidache o Ricardo Mutti y tiene la satisfacción de que su hijo Josep Mª también toque el violín en la Orquestra Ciutat de Barcelona.


En el centro, Jerónimo Alpiste Sánchez y su esposa Mª Eugenia García Campoy, entre sus hijos Andrés y Gregoria.
Junto a ésta, su esposo Jaime Martínez Abad. (F.A.)

Boda de Andrés Alpiste García y Asunción Pérez, padres de Josep Mª Alpiste. Subiendo a un taxi en la puerta
de su casa en la Sagrada Familia. (F.A.)


Andrés y Asunción teniendo como fondo el ábside en obras de la Sagrada Familia.
Entre ellos, su hijo Andreu. Delante, Josep Mª. (F.A.)

                          Josep Mª Alpiste desgrana desde su casa en la sierra del Montseny las cuentas de su memoria. Comparte con su hermano Andreu y sus dos primos Jaume y Marisol los recuerdos transmitidos por su padre, su tía y sus abuelos, familiares todos que fueron entre 1904 y 1952 los guardianes y guías de las obras de la Sagrada Familia.  La teoría de Josep Mª Alpiste a este respecto es muy personal:

  -Opino que la construcción de la Sagrada Familia debió haberse quedado como estaba al morir Antonio Gaudí porque la Sagrada Familia no es una catedral, una catedral es un lugar de fe y no lleva firma. Y la Sagrada Familia sí la lleva, es una obra de arte firmada, un monumento, la obra de un artista que fue Antonio Gaudí y que debía haberse quedado tal y como la dejó su autor, inacabada.   

     Y siente, también como ellos, auténtica admiración por el maestro. A Josep Mª le gustan todas sus obras y además le atrae el gran carácter que demostró, su sello, su fuerza. Le fascina cómo consiguió Gaudí, -con la precariedad de medios técnicos y financieros entre los que se movió-, calcular la estabilidad de unas formas revolucionarias, que hoy, a los grandes arquitectos actuales con la abundancia de todo tipo en la que se mueven, aún les cuesta comprender como pueden sostenerse esos muros sin venirse abajo. 

    -Esa voluntad de insistir en todo hasta el límite de sus posibilidades –comenta-, su autoexigencia, ese ir él mismo a enseñar como se debían forjar los hierros, a picarlos para que quedaran exactamente como los había pensado, toda esa responsabilidad que se imponía buscando la excelencia, me hace sentirme muy identificado con él. Yo he tocado en el Palau Güell y ¡Uff!, te envuelve algo que es genial, que conmueve.

   Él hace unos años que empezó a jubilarse poco a poco, del Liceo y de la Orquestra Ciutat de Barcelona. Así lo explica el profesor.

    -Dejé de tocar porque tuve la percepción de que mis condiciones para estar continuamente arriba menguaban, de que la lucha continua para dar lo que yo mismo me exigía iba a ser agotadora y  llegaría un momento en que si quería seguir, debería rebajar la calidad de mis interpretaciones. Por suerte creo que tuve la inteligencia de decirme a mí mismo: Basta. Quiero que se me recuerde como el artista que he sido. Mire, para cualquier artista la decadencia es difícil de aceptar. A veces él lo sabe, pero en el fondo su ego le pide seguir escuchando las voces que le dicen: - ¡Bravo! ¡Estupendo, muy bien!...

    ...Si, he conocido casos. Yo he visto el declive de gentes a las que he admirado muchísimo, y puede que sí, alguna vez aún consiguen hacer algo, una nota sublime, pero la magia desapareció y sin embargo, ellos siguen... Así que hoy prefiero dedicarme a ejercer de profesor en la Escuela Marshall con Alicia de Larrocha, a veces hago alguna actuación, y sobre todo,toco para mí placer personal ensayando en mi casa mientras camino por el salón o el jardín.    


A la iz. de la obra terminada, Andrés Alpiste García, a la der. Joan Matamala Flotats. Andrés no logró dedicarse
por completo a una especialidad artística, pero sí apoyó a su hijo Josep Mª cuando decidió estudiar música. (F.A.) 

Josep Mª Alpiste Pérez ensayando en su casa situada en la falda de la cordillera del Montseny. 2005 (A.Mª.F.)

                             Esa confidencia pide que la foto para la entrevista se la haga mientras ensaya paseando por su casa, con camisa a rayas y pantalón tejano, como si estuviera solo en un día cualquiera. Un reloj de pared anuncia que son las doce del mediodía soltando una ristra de campanadas y él desabrocha la correa de su muñeca que sujeta el reloj, volviendo con ese gesto al magisterio impartiendo gratis una primera lección:

    -Es nocivo llevar puesto el reloj mientras se toca el violín. Aunque no seas consciente, estás oprimiendo todo el delicado mecanismo de nervios y ligamentos de la muñeca... - Su rostro amable adopta matices de seriedad buscando la concentración precisa, a la vez que tantea por Beethoven las cuerdas de su valioso violín, construido en 1851 por Jean Baptiste Villaume. 

   Sin voces que la entonen, suena en los oídos la lírica Oda a la Alegría de Friedrich Schiller. Brincan acordes sueltos que escapan por el ventanal de la casa hasta desaparecer entre los robles del Montseny.

  Las notas toman carrerilla, afinándose a impulsos del arco manejado por Josep Mª Alpiste. La Historia forma un bucle y se expande el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía, exigiendo voces afinadas que entonen estrofas del Himno.

                 ...¡Alegría, hermosa chispa celestial...ebrios de fuego,                                como una llamarada!...

 Una de las piezas preferidas de Antonio Gaudí, presencia intuida durante toda la entrevista.


Ana Mª Ferrin

(*)http://amf2010blog.blogspot.com.es/2011/07/sagrada-familia-en-el-75-aniversario-de.html

8 comentarios:

  1. Muy consecuente el violinista con lo que pensaba. Muy coherente. Así como había que dejar La Sagrada Familia sin terminar porque murió Gaudí, él también dejaba de tocar el violín porque habían menguado sus facultades. Que la gente les recordara pues por lo que fueron en su día. Un paralelismo curioso el que traes hoy aquí de la mano de un músico y de un arquitecto. Ambos tuvieron que trabajar mucho y aguantar mil sinsaboreshasta llegar a la cima.
    Un saludo, Ana maría.

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    1. Díficil, eso de mantener la coherencia. Años atrás, cuando veía sobre el escenario alguien que seguía allí ya sin facultades, no lo comprendía. Hoy pienso que de ellos mismos, la mayoría también ven la realidad. Lo que pasa es que es humano, los artistas comen (o deberían) cada día y han de pagar el alquiler, y ya sabemos que lo primero siempre va antes.
      Que siga un buen año.

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  2. Es muy de alabar la actitud del padre: comprensiva y de total apoyo hacia su hijo en sus pretensiones. No cabría de orgullo al ver cómo su hijo se hacía con una posición.
    Un saludo.

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    1. Sí que debió ser todo un orgullo ver los logros del hijo.
      Estuve viendo algunos trabajos del padre que hay en un colegio donde estuvo trabajando de portero o como encargado del mantenimiento, y estaban muy bien. Así que no sabemos cuál hubiera sido su historia de tener más apoyo familiar.
      A ver que tal el 2015, DLT.

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  3. Gaudí pensaba que la arquitectura y la música se complementaban, que un arquitecto era un músico de las estructuras y un músico construía edificios imaginarios cuando interpretaba una partitura. ¿Tendrá algo que ver su influencia con el gusto de los Alpiste por la música?
    Un beso

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    1. Jerónimo Alpiste y su esposa Mª Eugenia vinieron a Barcelona ya casados, por lo que parece evidente que ella ya tocaba el piano cuando llegaron a la Sagrada Familia. Lo que apuntas tiene su razón, porque el amor a la música tanto de Gaudí como de los Alpiste, pudo ser un nexo de unión para la correcta relación que hubo entre ellos..
      Además, un miembro de la familia tocaba el armonio que hubo originalmente en la cripta.
      Abrazos

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  4. La armonía de la Sagrada Familia y la del violín de Alpiste se complementan hasta tal punto que, leyendo este magnífico texto, Anamaría, se siente el leve rumor de los sonidos en el interior de las escaleras de caracol perfectas y los sonoros sones de una estructura magistral, imponente y dirigida hacia la cúpula celeste.Deberá ser excepcional poder escuchar los acordes del cuarto movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven, con el texto cantado de la Oda a la Alegría de Friedrich Schiller, en el interior de la Sagrada Familia. Creo que se mezclaría la melodía musical con la reverberación que emitiría la propia estructura arquitectónica. Tan bello, solo pensándolo, como tu delicado y exquisito texto.

    Un cariñoso abrazo, querida Anamaría.

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    1. Amo la música, aunque mi cultura clásica en este campo sea elemental y a menudo no sé ubicar lo que escucho. Pero sí sé detectar que lo bueno es bueno. De esta pieza había escuchado fragmentos muchas veces y siempre me emocionaba. A raíz de la entrevista me documenté históricamente y la escuché completa. Tú que eres un entendido la has situado ascendiendo en espiral por los campanarios de la Sagrada Familia, tal y como la imaginó Gaudí, con sus varios órganos tocados a la vez acompañados por las voces de cinco mil cantores. Imagínalo. Épico, querido Antonio.

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