Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





LA OLIVERA


RELATO

Original de
Ana Mª Ferrin

RPI



               AQUELLA mañana había leído su primer libro en Internet y por esa circunstancia acababa de darse cuenta de que ella, contrariamente a lo que siempre había creído, no aspiraba a ser una intelectual, sino una castiza.

 ¿Interesante? Sí, había sido una experiencia interesante, pero nunca podría compararse a la de palpar un libro querido.


La niña del bello rostro/ sigue cogiendo aceitunas/ con el brazo gris del viento/ ceñido por la cintura.
                                                                                                                                            Federico García Lorca 


    NUESTRO OLIVO, EL TÓTEM MEDITERRÁNEO



Publicado en Gaudí y Más. enero de 2015

                
                             Un lector podrá empaparse, dejarse hechizar, por la acumulación de saberes inmediatos que nos esperan con sólo apretar una tecla. Todo lo que existe, a su alcance, con tal celeridad de respuesta que no hay formato que se le iguale.

   Pero, qué será -piensa la lectora-, que acceder a la emoción depositada en el papel por unas huellas que se funden con las tuyas al palparlo, transmiten de otra forma las experiencias y el conocimiento. 

  Saliendo de su abstracción, hoy ha sentido la necesidad de viajar hasta el viejo árbol de su niñez en Sant Vicens dels Horts como si la materia básica del libro, la celulosa, hubiera hilado un filamento que los uniera por siempre a los tres: árbol, mujer y libro.

  Ahí seguía, desafiante. Cargado de tormentas y símbolos, en pie después de haber soportado tantos avatares, el retorcido gigante de su infancia que ha luchado contra el cielo cobijando infinidad de pájaros e insectos, extendiendo su sombra como un pavo real. Ella se ha emocionado porque allí precisamente, escalando ese árbol, esa olivera (el nombre catalán define mejor su talante maternal), nació su mundo narrativo.

   A la niña instalada en la copa verdegris los sueños se le desataban para vivir, casi tangibles, universos llenos de brillos y luces. Los colores que adornaban el Caupolicán de Darío, y a Victor Hugo describiendo en dos o tres líneas, la mirada destructiva que lanza el miserable al cristal donde la dama exquisita, resguardada dentro del carruaje, mima los mofletes rosados del robusto bebé que asoma entre una nube de encajes. Ni la lectura completa de El Capital le hubiera informado mejor sobre qué significaba la ira del proletariado.

   Reviviendo aquellos días recordó cómo con los ojos entrecerrados y una historia en la mente, escogía con mimo las palabras que iniciarían su vocación, desvelando sorprendida que al llegar a un punto preciso, la historia, el relato, se despegaban de su idea primera lanzándose a vivir por sí mismos en un silencio sabio. Ella intentaba retenerlas, reconducirlas por el camino previsto. Pero aliándose con una parte de su mente la convencían invitándola a dejarse ir, hasta que agotada su resistencia, cedía, dejándose engullir por la vereda que ellas le marcaban.

   El gozo de la creación más o menos humilde, más o menos noble, la tenía atrapada cuando ahora, veinte años después, volvía a ver su olivera. Tiempo en el que ya empezaba a entender, el gran trecho que separa el contar de forma oral cómo alguien tropieza en la acera y cae, de lo que cuesta expresarlo por escrito.

  Mareó a todos los vecinos del pueblo preguntándoles que le había sucedido al árbol. Aquellas ramas no podían ser por las que ella trepara tantas veces. Veía su copa desmayada, pobre. Era imposible que hubiera podido escribir allá arriba durante horas al abrigo de miradas, bajo el sol, como un águila desplegada. Si tenía cuatro hojas...

  Le costó un tiempo entenderlo.

  Un amor recordado en años es duro comprender que no valía la pena.
    
  Pero, qué digo. Claro que valió la pena. 

                      - –le susurró al árbol, acariciando su tronco-. Tú seguirás siendo en mi interior el abrigo de tantas alegrías, el refugio donde yo desvelé la belleza de África y su sonido de tambores. Por la senda del descubrimiento...


     …Subiré las dunas de tu vientre,
    los blancos muslos rutilantes del día… (*) 


    Un helado despabilaba su cuerpo aquel día de calor agosteño. 

   Como antaño, recostada en la rugosa corteza de su amigo, su falda se agitó por el aire que bajaba de Torrellas acariciando sus piernas.




Ana Mª Ferrin

(*)  Obra poética. Léopold Sédar Senghor

10 comentarios:

  1. Bueno, Ana María, parece que nos perseguirnos con alguno de los protagonistas de nuestros relatos. Escribí uno de la olivera (en Murcia también se la llama con este nombre, a diferencia de Jaén que se la denomina oliva) en la que, en uno de sus profundos huecos, quedó abandonado una cría de mochuelo que adopté inmediatamente. Cuando niño, el aceite de casa se extraía de las oliveras que teníamos en márgenes y esquinas de nuestras fincas. Su zumo era oro puro que extraían en la almazara delante de los propietarios de la oliva recolectada. No es extraño el amor que se puede llegar a sentir por un vetusto árbol que ha vivido tantas estaciones meteorológicas y tan diversas. La niña, protegida y aupada por encima de un suelo sucio, pudo añadir a su experiencia la ruda rigidez y aspereza de quien se ha abierto camino en un entorno y contra unos animales que han tratado de mutilarla. Los sentimientos de volver a encontrarse con su amiga y poder apreciar el paso de los años debió ser una feliz e importante experiencia para equilibrar su sensibilidad, como lo fue el reposo que le ofreció su amiga para que sus lecturas fuesen plácidas y comprensivas. Un relato tan sensible, emotivo y afectivo, como bello.

    Un cariñoso y gran abrazo, querida Anamaría.

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    1. Querido Antonio, eso de que adoptaras la cría de un mochuelo ya me parece surrealista. Te imagino mirando muy fijo al mochuelillo y éste devolviéndote la mirada.
      Lo que cuentas de la molienda de las olivas es un párrafo con aroma, tiene ese olor a oliva virgen del aceite verde y rasposo que sella la punta de la lengua. Como bien dices, oro puro.
      Me has provocado. En cuanto llegue a casa voy a coger un trozo de la coca de cristal que venden en mi panadería, lo abriré para tostarlo y le echaré un buen chorreón de aceite de 1º que me traje de Castellón. Luego, con un buen cacho de Flor de Esgueva me daré un festín. Va a tu salud.

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  2. Nada mejor que un árbol centenario para buscar entre sus escasas hojas el tiempo perdido y compartido. Añorado siempre.
    A mí me pasa algo parecido con los libros. Donde esté el papel... El problema es que hay que pensárselo mucho. Mi última eventura editorial se saldó casi en números rojos. Todo por tener el libro impreso y que los familiares y amigos tuvieran en sus estanterías un pedacito de mí.
    Un saludo, Ana María.

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    1. Pocas cosas hay comparables a la satisfacción de escribir un libro y lograr publicarlo. Piensa que el mundo está lleno de seres con un libro en la mente, pero sólo los afortunados consiguen hacerlo realidad.
      Tu esfuerzo ha valido la pena y ha sido un placer leerlo.
      Ese pedacito de ti quedará en las bibliotecas y no sólo en manos de los que te quieren, también viajará a las de otros lectores, porque con el tiempo se acabarán vendiendo todos esos ejemplares donde cada letra contiene un sueño tuyo.
      Y serán eternidad.

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  3. Los seres vivos desprenden una energía vital que te arropa cuando lo necesitas. Para sentirla solo tienes que mirar los ojos de tu mascota (esa mirada comprensiva y leal de tu perro hace brotar en ti la esperanza), abrazar el tronco de un viejo árbol o pasear plácidamente a través de un bosque. Miles de libros han visto la luz mientras otros tantos árboles caían bajo el hacha inmisericorde. Cultura frente al ser vivo. ¿Qué prima más? Hoy día tenemos la posibilidad de leer por medio de otros formatos, pero me sigo resistiendo a abandonar las hojas de los libros, dejarme arropar por ellos en las largas tardes de invierno. Y para ello no hace falta ya sacrificar a nuestros amigos los árboles.
    Un beso

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    1. La Naturaleza es sabia autorregulándose para defenderse del hombre. Si nuestros lejanos antepasados utilizaban el papiro para escribir, cuando ya parecía que en ciertas zonas su explotación y exportación masivas llevaba mal camino, ese soporte se cambió por el pergamino. Se temió que la demanda excesiva de pieles jóvenes acabaría con los rebaños, pero entonces apareció el papel. Ahora llevamos décadas pregonando el fin de los bosques.
      Pero esta vez estamos mejor preparados para editar nuestros queridos libros. Los bosques de Finlandia y otros países productores suelen están bien reglados y por cada árbol que talan, siembran tres. Y los textos oficiales y otros más o menos pasajeros raramente se editan en papel, suelen guardarse en formatos plásticos. Creo que no vamos mal

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  4. El interior de la provincia de Castellón es región de abundantes olivos, muchísimos centenarios, y muchos incluso milenarios. Estos, supongo que por su antigüedad, han sido objeto de expolio los últimos años. Durante mucho tiempo se compraban, arrancaban y trasladaban esos magníficos ejemplares, cuyos nuevos dueños, me pregunto si así querrían creer ser dueños no de un árbol, sino de tiempo, de tiempo vital. Afortunadamente, las autoridades tomaron cartas en el asunto y ese tráfico de vida milenaria fue atajado, y de raíz, aunque al parecer con alguna excepción: en los jardines de la macrociudad financiera existente en las afueras de Madrid, construida para hacer "más feliz" la vida de sus empleados, han sido plantados doce olivos castellonenses, todos con sus mil años cumplidos, que ha a partir de ahora irán ganando edad en su nueva casa. Me pregunto si, en su ser vegetal, sentirán añoranza por su vida anterior, tras esa forzosa mudanza y cuantos pájaros, insectos y hombres se sentirán desamparados al perder la protección de estos gigantes casi inmortales.
    Un abrazo.

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  5. Otro para usted.
    Comprendo bien sus sentimientos hacia el desgarro que sufre el paisaje tras despojarlo de sus olivos milenarios. Porque no se trata de un brote recién nacido que el visitante se lleva para hacerlo crecer, sino de arrancarle un siglo, o diez, a la historia de un lugar nuestro, borrando a las generaciones que se esforzaron para que esa fortaleza viva diera su fruto.
    Mi infancia va unida al olivo. Es algo tan importante para mí que le dediqué un capítulo de mi libro Regreso a Gaudís Place, contando los avatares de la partida hacia Italia de un olivo de Riudoms, el pueblo de Tarragona al que Gaudí llamaba “el meu poble”.
    Gracias por identificarse con el post.

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  6. Maravillosa la sensación de un libro querido entre las manos. el creado por uno mismo, el que tiene la historia que nos conmueve, el que pertenecía a una persona amada.
    Un beso, amiga
    Recuerda que estás invitada a participar en el blog: http://escritoresporhaiti.blogspot.com.es/search/label/COLABORADORES?updated-max=2012-10-22T21:23:00%2B01:00&max-results=20&start=16&by-date=false
    Con un poema o texto breve y una foto tuya infantil.

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    1. Todas las opciones que nombras nos emocionan. Cuántas historias podrían escribirse contando las ventanas que se nos abren tras una lectura.
      Gracias por tu invitación. Por mi parte date por invitada a enviarme lo que quieras, también suelo colgar relatos de amigos que enriquecen mi cuaderno y sabes lo mucho que me gustan tus trabajos.
      Besos.

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