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detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





EL SENTIDO DEL GUSTO EN LA PINTURA




Mi abuelo decía que en griego, la palabra “soñar” contiene
                                la palabra “eructar”.  Al principio no le encontré sentido,
                              pero años después comprendí que estaba relacionando la
                                comida con las historias.

                                Ambas contienen un ritual. Cualidad esencial para ser más
                                                               sabrosas en su presentación…
                                                                                                                                                                                      Tassos Boulmetis 
                                                                Director de cine 
                                                             
                    

                           En una de las magníficas entradas de su blog Dactyliotheca, el amigo Antonio Campillo evocaba en el pasado agosto el cine de verano de su niñez añadiendo una película griega y turca, con Estambul como fondo, donde junto a la historia de un desgarro nos habla de amistad, de tragedia identitaria y del placer de los sentidos. Prodigio de gusto y sensibilidad, Un toque de Canela (*).   
                        
En esta obra de arte el inicio del film, soberbio, nos muestra en primer plano los senos de una madre que intenta amamantar a un bebé que rechaza el pecho. Serena, la mujer echa mano del bol que reposa en la mesa cercana, atrapa un buen pellizco de azúcar y lo espolvorea sobre sus pezones a los que queda adherida por el vaho de calor que desprenden. Al acercarlo de nuevo a su boca, el cambio en la actitud del lactante es radical. En contacto con el azúcar, las papilas de su lengua detectan el dulce sabor y se le escucha rezongar con gruñidillos de placer que, suaves, se entremezclan de leves gemidos entrelazados de chupetones y chasquidos de lengua. El nuevo ser se adentra en el universo del placer gastronómico, iniciándose en el saber de sabores que ya no olvidará jamás.








Cuatro secuencias de Un toque de canela que forman parte de la biografía de todo ser afortunado. 




EL SABER DEL SABOR

Publicado en Gaudí y Más. 7d de febrero de 2015


                           Este cuarto sentido tan placentero cuenta con las dos indiscutibles obras maestras creadas por el tándem Rubens-Jan Brueguel, ayudados por la ocasional colaboración de Frans Snyders y otros artistas para la serie de Los Cinco Sentidos que podemos admirar en el Museo del Prado. 

En la primera, abriendo las opciones Brueguel lo tituló El gusto, el oído y el tactoAquí fueron Gerard Seghers y Frans Francken el Joven los pintores que colaboraron con Jan Brueguel realizando esta tela donde los rojos grana y carmesí del vestido y la cortina prestan un indudable protagonismo al cuadro. De nuevo en primer término suculentos manjares, y en las paredes, cuadros reales identificados por los especialistas, ya están prestos la vista y el olfato. Luego, instrumentos para alegrar nuestros oídos. Y en la mesa, vino acompañando los diversos paladares cocinados que fijan una sonrisa epicúrea en los personajes. 


En la segunda tela, El gusto, la bella comensal es sorprendida por el sátiro que escancia vino en su copa, dos figuras pintadas por Rubens, mientras el resto del cuadro es obra de Jan Brueguel en un derroche de viandas frutales, a la vez que nos ofrece el soberbio bodegón de caza y pesca donde una sensualidad onírica se cuela por todas las esquinas. Como en el resto de cuadros de esta serie (**) los pintores nos muestran el manual descriptivo de una vida ideal, abundante y sofisticada, de principios del XVII, aquí situada en un porche. La luz lechosa de Flandes ilumina el centro del cuadro destacando el valle del Voer con el castillo de Tervuren a lo lejos, el cisne y el blanco mantel. Años más tarde, Brueguel extraería la imagen del castillo para hacerlo protagonista de una obra de larguísimo título. 




El primero de los tres cuadros de Jan Brueguel lleva por título El Gusto, el Oído y el Tacto. El segundo, es
El Gusto. En el tercero, su nombre es a la vez la descripción minuciosa de lo que vemos: Los archiduques Isabel
Clara Eugenia y Alberto en el palacio de Tervuren, en Bruselas.

                                   La principal característica de un cuadro para incluirlo en el apartado de los sabores debe ser el hedonismo, no basta que figure una mesa con alimentos. O un bodegón, ahí faltaría el factor humano. No nos valdrán El almuerzo frugal ni La comida del ciego, ambos pintados por Picasso en 1904, ni la introspección inquietante de Mike Worrall o la grisura minimalista de Virgilio Guidi, ante los que dará igual si la persona que los contempla padece ageusia, que así se llama el trastorno de quienes tienen disminuida esa capacidad. El gusto se abrirá paso penetrando nuestros ojos hasta llegar al paladar, producirnos calor con los platos que aparecen ante nosotros, presionar el interruptor de nuestro apetito. Sacudirnos hasta que nos apetezca asaltar la mesa que nos anuncia el placer.

    La combinación del color y la sonrisa de los comensales pondrá en marcha la imaginación del observador. Los labios de los personajes, su distensión y curvatura, irán dándonos la pauta de si lo que se vemos nos atrae o no, de si rezuma la calidez que pide una buena comida bien acompañados, de si exhala promesas de que nos aguarda una experiencia gustosa.


La comida frugal, por Pablo Ruiz Picasso

La comida del hombre ciego, P.R. Picasso

De Mike Worrall, Aquí y ahora.
          
Virgilio Guidi, El almuerzo 

                           El maestro Velázquez pinta y borda sus escenas con tipos auténticos que parecen dispuestos al comentario jocoso. Pan, pescado, vino, huevos fritos. Un mortero donde majar un par de ajos, perejil, pimentón con un chorreón de vinagre para espabilarlos. Y que no falten los músicos. Dan ganas de acompañarlos en su yantar.


Velazquez, El almuerzo

Almuerzo de campesinos

Vieja friendo huevos

Tres músicos
                         
                          El desembarco de los impresionistas en la gastronomía pictórica dotará de un toque voluptuoso a la pintura. El ambiente se relaja escuchándose un murmullo de charlas, sube la temperatura y eso lleva a despojarse de la chaqueta, del sombrero. Monet, Manet. Y ya se sabe, una copa de vino se enhebra con otra, un grano de uva ayuda a desgranar el racimo, el río está cerca y es buen lugar para refrescarse los pies. Sobra la ropa. Da comienzo el auténtico Déjeuner sur l'Herbe. 

   Ni sólo ellos, ni lo apetitoso, se circunscribe a una determinada geografía ni clase social. Venido del frío nórdico, a Peder Kroyer se le ha llamado el Sorolla noruego y ahí lo tenemos, con los amigos, en la sobremesa que nos habla de un almuerzo copioso bien regado por las botellas vacías que pueblan el mantel, o a la hora familiar de los brindis espumosos en la mesa del jardín donde aún se aprecian los olores frutales del vino.

   Una sopera que nos parece humeante y gustosa la vemos junto a los hijos de Zinaida Serebriakova, con los niños atendiendo con desigual interés a la madre pintora y a los platos. Todos estos cuadros consiguen atrapar y transmitir la alegría de sentarse a comer aunque sea en un cubo boca abajo durante el descanso del tajo en una obra, como nos enseñaba el artista argentino Pio Collivadino en 1903. La clave estará en disfrutar la charla tras saborear lo sabroso, aunque de lo que ha sido cocinado, en la pintura ya no quede más rastro que el aroma de esa velada.  


Renoir, Almuerzo de remeros

Le Déjeuner sur l'Herbe, de Edouard Manet

Edouard Manet, Almuerzo en el estudio

Claude Monet, Le Dejeuner sur l'Herbe


Zinaida Serebrakova, La hora del almuerzo

Almuerzo con pintores en Skagen, de Peder Kroyer
Peder Kroyer, ¡Hip, Hip, Hurra!

De Pío Codivallino, La hora del almuerzo

                    Llegamos a los postres. Se abre la puerta de la cocina. Nos invade un alud de aromas, preludio de dulces sabores. Llegan las natillas flotando en la fragancia de la leche caliente, el huevo, la canela. 

                     Pero ese será otro capítulo porque ésto no acaba aquí.

                                   El Gusto en la Pintura, continúa... 
   

Ana Mª Ferrin

                       
        Película  Un toque de canela  https://www.youtube.com/watch?v=6QYD4gaGAIg


entradas vista, oido, olfato

11 comentarios:

  1. Pinceladas sensoriales que se añaden a la obra para dotarla de mayor sentido o significado. Olfato, tacto, gusto... Hay que ser un verdadero artista para no sobrecargar el mensaje. Pasa algo parecido a cuando en narrativa introducimos adjetivos que retocan o potencian el contenido. En su medida justa, resultan agradables o necesarios. Si te pasas o no los utilizas convenientemente, puedes llegar a estropear el conjunto. Hay que ser maestro en el arte de respetar lo sustantivo aderezando todo con las gotas justas del aderezo imprescindible que dé color o sabor, pero nunca ir más allá.
    Un saludo.

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    1. Evitando repetir palabras, por ejemplo.

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    2. No es fácil conseguir la excelencia, amigo Cayetano.
      Saludos

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  2. Muchas gracias por compartir algo tan creativo y hermoso.Un fortísimo abrazo

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  3. Una lanza su idea esperando que sea captada. Gracias por identificarte con ella y otro abrazo para ti.

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  4. Es complicado para un artista sugerir al espectador la idea del gusto, de la música o del tacto si en su obra no introduce elementos alusivos a los sentidos. ¿Cómo invocar a la música en el silencio? ¿Cómo provocar a las papilas gustativas sin probar alimentos? ¿Cómo infundir la suavidad de una caricia sin poder tocar a través siempre de una tela o de una superficie en la pared? Quien lo logre se puede llamar creador.
    Un beso

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    1. El poder de sugerir tiene su dificultad, pero existen creadores maestros del mismo modo que observadores con sensibilidad superlativa. Sentir el arte es un privilegio y está comprobado que hay personas capaces de disfrutarlo fusionando con la imaginación varios sentidos.
      Thomas Mann contaba en La Montaña Mágica lo turbador de un retrato (que además no era muy bueno) donde la carne de la modelo provocaba en un personaje párrafos arrebatados. O ese síndrome de Stendhal entre taquicardias y vahídos visitando Florencia, o García Lorca a punto de desmayarse oyendo un griterío de zambras ante la visión del portal del Nacimiento en la S.Familia. Si es un don, llevado al límite parece mal asunto.
      Abrazos

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  5. A veces se oye decir de alguien que come con la vista. Ver estos cuadros, toda una galería ejemplo de buen gusto al elegirlos, se puede comparar con el niño que, embelesado con los pasteles al otro lado del escaparate de la dulcería, ve desbocados sus apetitos. El hip hip hurra es digno brindis final a una magnífica entrada.
    Chin chin, amiga mía.

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    1. Qué buenas vibraciones provoca ese brindis.
      Chin Chin para usted, DLT. Por este nuevo año que tanto promete.

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  6. Ana María he leído varias veces y en distintos días este maravilloso artículo que con tu ágil, serena y bella prosa nos has regalado. Afortunadamente, no será el último sobre este sensual y necesario sentido. Es tan inteligente tu introducción que, para evitar la relación íntima entre gusto y olfato has seleccionado un instante de la película en el que la no volatización del azúcar dirige la atención del lector hacia el sabor, el gusto. Así, posteriormente, con los cuadros de Jan Brueguel, acompañados por esa especial captación de la luz lechosa de Flandes y los modernos de Picasso y otros autores, nuestra atención siempre potencia el sabor, dejando a un lado, aún existiendo el olfato de los suculentos guisos. Me ha encantado especialmente cómo ha sido posible expresar tanto sobre Velázquez en tan pocas frases, es tan real como genial. Y por último, y no por ello menos saboreados, la voluptuosidad impresionista nos envía una catarata de luz, color y gusto que, inevitablemente, debemos saborear. Querida Anamaría es una suerte prodigiosa poder leerte por la delicadeza que imprimes a cada una de tus palabras. Como sabes, la receta en “Un toque de canela” poseía la suficiente especia para imprimír un sabor novedoso en el plato que, tradicionalmente, jamás había sido utilizada. Este es el caso de tu artículo: posee una especia que todos saboreamos con delectación: tu prosa.

    Un gran y cariñoso abrazo, querida Anamaría.

    P.E.: Muchas gracias por tus palabras.

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    1. Hola, Campillo.
      La primera serie de imágenes estuvo muy pensada para centrar el tema en el sabor. Ya sabes que a menudo suelen relacionarse los dos sentidos, olfato y gusto, cuando se habla del segundo. Dando por sentado que van juntos.

      Pero no estoy de acuerdo en unirlos, ya que algo que huela bien no tiene porqué saber bien. Una paella seductora con un aroma que te hace salivar, pude ser un verdadero asco al saborearla. De ahí que intentase separar los dos conceptos y me alegra que tú lo hayas entendido así.

      P.D. Cómo no iba a citarte si la idea del azúcar la tomé de tu blog, querido amigo.

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