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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





GAUDÍ. DE YOGURS, SETAS Y ALUCINÓGENOS 2/2



Continúa...                          



                          Como decíamos, el arquitecto consumía un producto artesanal que no sabemos si era el mismo que ya en 1911 se anunciaba en el diario La Vanguardia como Yogouhrt de Leche Cuajada Búlgara y se vendía en el Paseo de Gracia nº 53, manzana contigua a la Casa Batlló construida por Gaudí en el nº 43. 

                          Porque también podía ser que tomara el que en 1919 empezó a comercializar bajo el nombre de Yogurt Danone el sefardita de SalónicaIsaac Carasso, en los bajos de su vivienda de la calle de los Ángeles nº 1 y más tarde en el  16, muy cerca de las Ramblas. Los dos locales a pocos metros del Hospital de la Santa Cruz donde Gaudí acudía como voluntario para acompañar los últimos momentos de enfermos sin familia, tomándoles la mano y rezando con ellos. Y próximo también a la Maternidad de la calle Elisabeths, donde visitaba a su amigo el doctor Pere Santaló. 



Cupulín de uno de los dos pabellones de entrada del Parque Güell. Josep Mª Jujol consiguió dar
 relieve a las motas propias de la seta amanita muscaria, aplicando tazas blancas al recubrimiento
 granate del trencadís. (sites.google.com)

La Sagrada Familia en 1909. Cerca, una de las paradas del tranvía que llegaba al templo.



 EL HOMBRE Y SU ISLA



Publicado en Gaudí y Más. 28 de febrero de 2015


                         Isaac Carasso trabajaba en su negocio, modesto aunque con métodos sofisticados que ya había experimentado en Suiza, siguiendo las pautas del científico del Instituto Pasteur de París, Elias Metchnikoff, que en 1908 había recibido el Nobel de Medicina por sus descubrimientos inmunológicos.
  
   La novedad láctea que prefería Gaudí, ¿era el Yogouhrt,  Leche Cuajada Búlgara? ¿o era el Yogur Danone, una marca creada en España que llegaría a ser líder internacional en su campo? Es un dato sin confirmación, porque los años en que Gregoria y Andrés Alpiste fueron testigos de la ingesta de Gaudí, ya se comercializaban ambas marcas. Lo que sí sabemos por el testimonio que transmitieron a sus hijos, era que de vez en cuando le traían al señor Gaudí los tarros de cristal blanco que él colocaba sobre su mesa. A la vez, tenemos constancia de que el señor Carasso, de Danone, consiguió un acuerdo con los empleados de correos y los conductores de tranvías para que distribuyeran sus yogurs por las diferentes paradas. Y que una de ellas estaba situada junto la Sagrada Familia. 

                                        Hasta aquí lo contrastado.

  
La familia Alpiste en la Sagrada Familia. Delante Gregoria y Andrés.

Al fondo del estudio de Gaudí, la mesa donde comía y trabajaba.

Isaac Carasso, 7º por la izquierda, junto a una de las dos primitivas calderas donde elaboraba su yogurt. Barcelona  
Elías Metchnikoff

                        Sé que para los amantes de lo oculto, la leyenda psicotrópica del arquitecto se ha manejado con tal banalidad y ha dado tanto juego, que de poco valdrá que al adjuntar los anteriores datos me haya esforzado por transmitirlos en condicional, ya que no disponemos de información de primera mano. Una cosa es que tengamos la certeza de que retiraba la capa de moho del tarro de yogur, tras lo que ingería el alimento. Y otra, confirmar que cantidad tóxica lo habría contaminado y cómo podía afectar esa ingesta a su cerebro, ya que muchos quesos contienen hongos de color y son un alimento cotidiano sin más problema. En este punto sería de gran interés contar con las opiniones autorizadas de un especialista en ese tipo de hongos y de un psiquiatra o neurólogo, a quien coresponda. Toda una investigación científica. 

   Tengamos en cuenta un hecho comprobado, el de que la familia a la que pertenecemos no nos define de adultos, pero sí las relaciones que frecuentamos a menudo. En el caso de Gaudí, el perfil de todos los amigos que se le conocieron en vida a partir de sus dos íntimos compañeros adolescentes, fueron los de hombres con sed de saber, estudiosos que lograron situarse a base de esfuerzo, empezando por Eduard Toda y Josep Ribera, diplomático y cirujano avanzado, con quienes compartió importantes proyectos casi infantiles que al final se harían realidad. En todo su currículum no ha sido posible detectar amigos más o menos aventureros que buscaran encontrar la verdad por medio de la disipación, o la juerga y la bebida, cocainómanos, opiómanos o morfinómanos -eran los años de la belle époque-, y eso que ésta última droga causó estragos entre muchos, muchísimos artistas, que compartieron generación con el arquitecto, pero nunca amistad.

   Los amigos de los que ha quedado escrito que trataron y fueron íntimos de Gaudí en su primera juventud y de ahí en adelante hasta el final de su vida, siguieron la misma pauta. Eclesiásticos de altura y humildes sacerdotes, arquitectos, médicos y artistas de fama o sencillos operarios sin las veleidades que citamos. Atendiendo al tema tratado no olvidemos al arquitecto Josep Mª Jujol, auténtico revolucionario de las artes aplicadas, artífice del recubrimiento del banco y de varios puntos determinantes de la fama del Parque Güell, como la idea de utilizar tazas de café para redondear la similitud con cierta seta, que fue parejo a Gaudí en cuanto a religiosidad. Que se sepa, la curiosidad enfermiza de Gaudí por encontrar nuevos campos creativos siempre la canalizó por los mismos senderos, del estudio y el trabajo. 


Eduard Toda Güell. (Reus 1885- Id. 1941). Diplomático. Amigo del Gaudí adolescente

Josep Ribera Sans. (Tivissa, Tarragona 1852- Madrid 1912). Cirujano y escritor de amplia biografía.
Compañero de Toda y Gaudí de sus años primeros años estudiantes, con quienes compartió proyectos.


El sacerdote y poeta Jacinto Verdaguer.


Caricatura de Eusebio Güell relacionada con su afición a las setas.

                        
                           Del mismo modo es importante aclarar que de los centenares de memorias de sus contemporáneos que lo citaron, no se conoce ningún testimonio de primera mano que avale las pretendidas tomas psicodélicas de Antonio Gaudí. Quienes han hecho referencia a tal circunstancia se limitan a transmitir sensaciones propias, del tipo si aquí puso ésto, fue por ésto. Sin más aval. Debiendo ser precisamente éstos autores los que aportaran pruebas de sus afirmaciones.

   Lo contrastado es que Antonio Gaudí rechazaba las aventuras que rozaran lo referente al mundo mágico o paranormal, hasta el punto de romper su amistad con Jacinto Verdaguer al saber que el poeta de Folgueroles había entrado en el mundo del espiritismo y los exorcismos al límite, viéndose rodeado a partir de un determinado pasaje de su vida por siniestros personajes como el famoso Padre Piñol. Una historia triste y a menudo silenciada, de consecuencias amargas para el hombre sencillo y gran poeta que fue Verdaguer, prácticas que en palabras de las autoridades eclesiásticas lo "metieron en un mar de pasiones, con la brújula perdida", acabando con su carrera. Biografía apasionante a la que volveremos.

                         Así que, como siempre, dejando en el aire la convicción de que nadie sabe lo que cada uno guarda en su mente. Y que si apareciese un argumento confirmado contrario a lo que exponemos, éste cuaderno sería el primero en dar fe, acabamos la crónica de Gaudí, el yogur, las setas y los alucinógenos.


Ana Mª Ferrin  


8 comentarios:

  1. Con la sencillez de la ignorancia en pormenores biográficos pero también con la firmeza de conocer, creo que con suficientes motivos, tanto la síntesis como purificación y métodos de obtención de diferentes alucinógenos y drogas, Ana María, puedo aventurarme a decir lo contrario de quienes suponen que los alucinógenos son un jueguecito para poder vislumbrar lo psicodélico e inspirarse. Creo, igualmente, que con la contaminación de las fermentaciones en la caseína, derivada de un proceso de no purificación ni ralentización de la fermentación mediante frío, no se producen hongos que puedan contener materias primas para la obtención de alucinógenos. Más lo creería de los derivados de cereales y, especialmente, del centeno. En estos casos se puede producir una ingesta de pan o bollos de estos cereales infestados con cornezuelo y, en función de la concentración del hongo, producir incluso la muerte. La fermentación con levaduras de la masa de harina de cereales, posteriormente, se introduce en el horno y se cuece, proceso que “sienta muy mal” tanto a hongos como a sus compuestos químicos. He tenido la suerte de poder visitar, cuando niño, la Sagrada Familia casi con solo el Pórtico de la Gloria y llegar hasta este momento, ya mágico, para tratar de visitarla acabada, el Parque Güell con la ilusión de sus formas, etc., y jamás, jamás, he prestado atención a “noticias explicativas” de la inspiración de Gaudí desde procesos diferentes a su imaginación y trabajo. Como muy bien dices, se tendría que escribir una enciclopedia pormenorizada de pruebas fehacientes y me seguiría debatiendo entre los prcesos químicos y creer en estos métodos para conseguir obras tan diferenciadas de la arquitectura moderna de su tiempo. Por otro lado, casi todos los mayores de cincuenta años hemos tomado “remedios” que contenían opio, heroína, cocaína y otras lindezas del saber profesional de “los brujos de la tribu” y las farmacéuticas. Muchos experimentaron con ellos mismos las bondades de drogas que son tan peligrosas, por sus consecuencias físicas, como funestas para sus profesiones. Esto no le ocurrió a Gaudí.

    Un cariñoso abrazo, querida Anamaría.

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    1. Querido Antonio, ojalá tu comentario lo leyeran (y asimilaran) ciertos autores que son capaces de colar en libros y conferencias los datos sin sentido que hemos compartido en las dos partes de la entrada. Locuras sin base, difundidas por quienes suplantan la realidad ajena del talento y el trabajo con el único motivo de conseguir un poco de tribuna, en la línea que denunciaba Joan Bassegoda:

      http://amf2010blog.blogspot.com.es/2012/12/con-gaudi-hacia-la-fama-una-tesis.html

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  2. No por menos conocido, queda claro que don Antonio no era un vividor dado a las prácticas bohemias tan frecuentes en los artistas de primeros de siglo y de los años de entreguerras, tan liberales en sus costumbres y a los que se les atribuye muchas de sus geniales obras por los efectos de la absenta, todo tipo de licores o de vapores.
    Y sus amigos. Pues cada uno los elije afines a sí mismo, en su mayoría. Todo en el parece muy razonable, pues la razón, al menos en lo humano, prevalecía en su mente.
    Un saludo.

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    1. Dudo que hayan existido verdaderos descubrimientos científicos ni obras plásticas o literarias universales, creadas por gente que viviera pegada a la botella u otros paraisos artificiales. Aparte del genio, una cabeza clara es vital para cualquier logro.
      Saludos.

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  3. No encaja el perfil de Gaudí ni su estilo de vida en el de un consumidor al uso de sustancias alucinógenas. Más bien me da la sensación de todo lo contrario: una persona frugal y sobria poco dada a los excesos y nada proclive a frecuentar los ambientes bohemios ni los amigos de vida disipada.
    Un saludo.

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    1. La realidad es que el perfil que dibujas es el que nos han transmitido todos los que estuvieron cerca de él. Los que han querido mostrarlo de otra manera no llegaron a tratarlo.
      Saludos

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  4. En resumen: la gran imaginación de Gaudí, la que le llevó a la máxima originalidad, se debe a sí mismo, a su capacidad de reflexión y de observación de la naturaleza, a su voluntad por el estudio, a su experiencia, a su absorción de lo que hasta ese momento se había experimentado en la arquitectura. Dejemos de buscar tres pies al gato y reconozcamos que fue un genio al que no le hicieron falta usar drogas ni pertenecer a logias o sectas extrañas. La documentación y su obra así lo avala.
    Un beso

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    1. A ver si me pongo un día y rescato un trabajo con entrevistas sobre el tema de la masonería de Gaudí, de la que se ha tratado en varias ocasiones.
      Ese es otro tema con calado.
      Abrzs.

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