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detalleChillout Momento Chill Out. (La ventana de Mari Carmen)





LA CABRA EN LA SAGRADA FAMILIA



                            Veintisiete, veintiocho, veintinueve, treinta.

   Bastan treinta escalones para que los visitantes salgan al exterior de la cripta de la Sagrada Familia en un estado de alegría espumosa. La ensalada de ruidos existenciales los acoge a golpes de maza, cristal, metal. Las obras eternas del templo eterno vuelven a ocupar el espacio sonoro.

  Un borboteo de agua y un solo de trompeta desvían la atención turística cuando suben el último peldaño. Junto al pozo construido –según dicen– por Gaudí con sus propias manos, la vecina de la calle Marina, Pilar Cornax, vacía una botella de agua. No es un hecho aislado sino repetido por ella a lo largo de muchos años, porque ésta hermosa buganvilla que hoy riega con mimo Pilar, fue en su día un mínimo esqueje que ella se empeñó en hacer florecer junto al pozo, hasta que arraigó y sus raíces llegaron a fundirse con el fondo líquido


En 1910 la construcción de la Sagrada Familia seguía adelante. En su solar, antiguo huerto, continuaban 
brotando hierba y restos de hortalizas. Buen lugar para llevar a pastar las cabras de los vecinos.


No sabemos la cantidad de cabras equilibristas que han transitado por todo el mapa de España durante años.
 Por Barcelona se movían un par que podías encontrártelas como reclamo turístico en los lugares más 
emblemáticos, como la Sagrada Familia. Y también saludando desde un cuadro de Pablo Reina Martínez.

El pozo de la parroquia de la Sagrada Familia. A su lado, la buganvilla a punto de florecer.



CRÓNICAS DEL TEMPLO

Publicado en Gaudí y Más. 18 de abril de 2015


                          Ningún lugar mejor para dejar una prueba de admiración por el arquitecto que la placilla de la rectoría en la Sagrada Familia, porque el muro que acoge las ramas junto al pozo en la esquina interior de las calles Provenza y Cerdeña, formó parte en su día del estudio de Gaudí
           
  Agua, flores rojas y música de pasodoble.
  
  Las esculturas de los apóstoles que ilustran los campanarios de San Judas Tadeo –107 metros–, y San Matías –94 metros–, saludan bajo el Trisagio (tres veces santo), Sanctus, Sanctus, Sanctus, aclamación a la Santísima Trinidad siempre repetida tres veces. La frase recubierta de mosaico rojo, naranja y amarillo, aprovecha su cara al sol reflejando la luz. 

  Las otros dos torres a la izquierda de La Pasión, Santiago el Menor y San Bernabé, se convierten también en formidables candilejas con las gárgolas de reptiles como atentos tramoyistas. Las puntas de las agujas del ábside casi cimbrean sus espigas de piedra ante los agudos de un trompetista que se vacía reinterpretando el pasodoble Marcial, eres el más grande.




Fachada de La Pasión y detalle de las letras de sus campanarios. (httpwww.wolfgangstaudt)



                          Los turistas que acceden a la Sagrada Familia se apresuran a sacar las cámaras para inmortalizar al singular trío que se ha parado ante la verja de entrada al recinto. La acera de la calle Provenza está a punto de convertirse en un improvisado auditorio.

  Soltando las notas en un tempo rapidísimo, alargándose entre remolinos al final de cada estrofa, las notas de goma se estiran y encogen a la brava, saliendo de un flaco cuerpo que ha transitado por todas las carencias infantiles hasta quedársele grabadas en su pecho abombado. En otra época, otro país, otra familia, ese derroche de facultades podría haber cristalizado en un instrumentista brillante. 



Aquí y ahora, los rizos polvorientos medio rubios, jersey a rayas blanquiazules y pantalón marrón que olvidaron el calor de una plancha años ha, son la envoltura de un músico gitano que acompaña con ojos brillantes las evoluciones de una cabra albimiel subiendo y bajando los peldaños de la escalera portátil.

 Del cómo las chancletas de los turistas se mueven al compás de una trompeta podría escribirse un ensayo. Del porqué la partenaire del artista baila una rumba al ritmo de un pasodoble, otro ensayo.


En su cuadro Danza de Fauno y cabraPicasso recrea a los gitanos que pasaban por el pueblo de Vallauris
donde vivió más de 20 años, hasta su muerte en 1973. A la iz. la cabra Esmeralda, que lo seguía por su estudio 




La más famosa, siempre con su propietario.
                   
                     Como si la imaginación de Gaudí quisiera poner también un sello sobre todo cuanto rodeara su obra, la canción culmina caracoleando fogosamente, buscando el instrumentista sus segundos de gloria entre los aplausos de los viandantes. Elsa y Nicolau, la pareja de gitanos, brindan su arte a la cosmopolita Barcelona acompañados de su estrella, la cabra Menina, quien consciente de su importancia posa con las cuatro patas agrupadas en un cubilete no más grande que un puño, aguantando inmóvil los flashes internacionales con el cuello estirado y la perilla tiesa.

   Hay como una vuelta tenue y fina al pasado...

 Después de todo, las gentes que asoman por los ventanucos de los campanarios escuchando la música poco deben diferenciarse de las que muchos años antes visitaban la construcción con variados fines.           

  ¿Variados fines?... 

  Escarbemos en los recuerdos de José Luis de Vilallonga(*)


Ana Mª Ferrin

(*)    El episodio de José L. de Vilallonga en el post:
               http://amf2010blog.blogspot.com.es/2011/08/la-vendetta-de-gaudi-con-jose-luis-de.html
         
Anécdotas relacionadas con Gaudí y su obra, en el libro de Ana Mª Ferrin, Regreso a Gaudi's Place:
          http://amf2010blog.blogspot.com.es/2005/07/regreso-gaudis-place.html


10 comentarios:

  1. Cómicos, equilibristas y músicos, artistas callejeros... Siempre encontramos algo de esto al lado de alguna obra de arte urbano de importancia, como por ejemplo junto al George Pompidou de París. Buenos lugares siempre y muy concurridos.
    Y siempre hay algunos con la máquina de fotos, casi siempre extranjeros. Por cierto: creo que se te ha olvidado poner calcetines a las chancletas de los turistas.
    Un saludo, Ana María.

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    1. Cayetano, mea culpa por la omisión . Las colas para entrar en la S.F. son un catálogo mundial de moda, pero chancletas o sandalias con calcetines oscuros de cuadros y pantalón corto ya son un clásico.
      Saludos

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  2. Hasta hace poco esa escena que tan bien describes de la cabra se producía aquí en ferias, cuando yo era una enana. Ya entonces me parecía cosa de otro tiempo lejano, lejanísimo para una niña que, como todos en edad infantil, piensan que diez años, veinte, treinta es mucho tiempo, mientras que para los adultos es un soplo.
    Lo de Villalonga es de nota. Pero, ¿a quién se le ocurre elegir ese lugar para un escarceo? La piedra no es precisamente blanda, ni caliente...
    Un beso

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    1. Según contó Vilallonga escogiendo muy bien las palabras, el ardor ya lo llevaba él incorporado de serie y en esas circunstancias, qué más daba. Tu generación es afortunada. Si te contara que en los años 70, hasta para cambiarse los dos en una sola caseta de playa a las parejas jóvenes les pedían el libro de familia…

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  3. Ostras que interesante y curiosa entrada :-)

    Saludos

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  4. Qué no habrá pasado en ese recinto en casi siglo y medio…

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  5. Que bueno

    Yo creía que solo era en mi tierra que pasaba el gitano y la cabra y la trompeta

    Gracias por recordarme aquellos dias Un beso

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    1. Parece que el trío ha viajado más de lo que podríamos pensar, porque me han hablado de las Baleares y las Canarias, así que tienen su buen currículum.
      Un beso

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  6. Pues por aquí, en Valencia, yo creo que aún es posible ver alguna función con música y cabra. No hace muchos semanas vi una. Parecen resistirse a ceder ante los nuevos tiempos.
    Un saludo.

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    1. Me parece muy bien, es una forma de ganarse el pan honradamente y alegrar nuestro paisaje urbano. En cuanto a la cabra nunca he visto que se la maltrate, muy al contrario. Aunque claro, como es algo popular, no un diseño de Jean Nouvel...
      Saludos, querido amigo

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