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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





SAGRADA FAMILIA. LAGARTIJAS Y BALLET


        
RELATO        

Original de 
Ana Mª Ferrin.

R.P.I.           

                     
                         Va subiendo el termómetro en el recinto exterior de la Sagrada Familia y un calor tranquilo ayuda a mantener los ecos surgidos tras el apilado de piedras, a la derecha del templo. El día cruza su ecuador camino de convertirse en una radiante tarde de verano.

  Una joven lagartija a punto de desovar en el hueco de un bloque, se sobresalta al ver invadida su seguridad por los manejos del camión grúa y escapa de su reposo con la rapidez de una centella. Confundida entre el suelo arenoso intenta pasar desapercibida esquivando a los visitantes, buscando un nuevo refugio, deslizándose por el borde inferior de la escalera arqueada que asciende hasta los Portales del Nacimiento.

  Antes de salir del peldaño protector y aventurarse a cruzar el último tramo al descubierto se queda inmóvil, agazapada bajo el reborde, solo unos tres metros separan al animal del cobijo de los talleres picapedreros, donde confía depositar los huevos en una grieta soleada. Pero la espera lleva camino de alargarse porque el claro a cruzar se ha visto invadido por seis pies inquietos que no paran de saltar y moverse. 

  La prudencia dicta sus leyes y el pequeño reptil sabe que para ponerse a salvo es preciso que el espacio se desaloje. Aguarda.


...El animal confía depositar los huevos en una grieta soleada....


TIEMPOS DE LUZ

Publicado en Gaudí y Más. 6 de junio de 2015


                         El azul de los vitrales sobre el Nacimiento, regalados al templo por las cristalerías Berni, aporta un tono acuático a una escena verdaderamente hermosa. Tres bailarinas se encuentran visitando el templo e inspiradas por la visión se han arrancado con unos pasos de danza.

  La primera en saltar lo hace impulsada por el motor interno de una buena técnica clásica, brazos en alto, asas de ánfora, piernas flexionadas y salto. Giro en el aire y aterrizaje en el suelo con los pies fijos, desarrollando con los brazos todas las figuras posibles. La imagen sube y baja, aparece y desaparece ante la cristalera del taller del escultor Etsuro Sotoo y tras cesar los saltos, sus compañeras contagiadas de entusiasmo han puesto en marcha su creatividad.

   Las tres bailarinas se mueven en la franja de los veinticuatro años, de los que veinte de aprendizaje han convertido a las jóvenes en unas veteranas que dominan la dura base del ballet clásico, amante insaciable que a cambio de sacrificio transforma a sus practicantes en maestros, permitiéndoles afrontar cualquier estilo.

  Aparte, claro está, existe el duende, que como saben muy bien los flamencos aparece cuando Al De Arriba se le antoja. También en la danza el duende es algo intangible que no puede adquirirse, no se hereda, y por supuesto nada tiene que ver con contorsionismo ni gimnasia. Consiste en un soplo divino que quien lo tenga amanecerá cada día imaginando coreografías innovadoras, pasos perfectos a costa de machacarse el cuerpo, los huesos, las articulaciones, buscando -y a veces consiguiendo- la perfección a base de convertir sus pies en un manojo de apéndices doloridos, todo con la única aspiración de transmitir emociones a quien lo vea bailar.

  El aficionado que acude a una velada de danza y queda admirado de la facilidad con que los artistas se elevan trenzando piruetas, nunca sospechará las renuncias, la férrea disciplina, las horas infinitas de esfuerzo invertidas por esas jóvenes vidas para ofrecerlas al espectador que ocupa una butaca.

  Pero esas vivencias no importan en el preciso momento que las tres danzarinas improvisan una actuación ante la Sagrada Familia por el único placer de bailar, animadas por su arte que vive al margen del entorno. El instante del disfrute las empuja.

  Un nuevo salto.

   Lo efectúa otra joven batiendo los tobillos, el brisé, los giros en el espacio tras la elevación conocidos como tour dans l’aire, las manos en delicadas posiciones extendiendo los dedos. Un tourbillón convierte en espirales los rizos de su cola de caballo. Con un repiqueteo eléctrico de sandalias y el revuelo de sus amplios pantalones de seda remata un arranque flamenco, abandonándolo para apoyar una mano en la rejilla de la columna central del Nacimiento y sostener la difícil figura de mantener un pie de puntas elevando la otra pierna recta, en paralelo con su propio cuerpo, hasta dibujar las seis en punto.

   Las compañeras animan a la tercera, ¡Afrika, Áfrika! Y Áfrika evoluciona, cisne en el Lago, expresando el ensueño de una tarde de verano, elevando los brazos y volteando las manos como palomas, la frente alta y el busto erguido. Desciende el brazo izquierdo y bascula la cintura hacia delante, extendiendo hacia atrás una pierna para iniciar el arabesque que se convierte en attitude al doblarla, al mismo tiempo que eleva el otro brazo dibujando un aleteo con la mano. La figura es perfecta a pesar de las pesadas botas Dr. Martens que calza. O gracias a ese contrapunto imposible. Y al ser consciente de haberla conseguido la satisfacción aparece en sus ojos, estrellas negras enviando su brillo al cielo.

   Con botas militares, sandalias y zapatillas deportivas, las bailarinas derrochan estilo como si fueran calzadas por Dior y vestidas por Yves Saint Laurent para una representación en el Liceo. Los turistas comprenden que a escala reducida están asistiendo a una representación de ballet en toda regla. Han transcurrido dos minutos eternos para inscribirse en las retinas de los curiosos, que de puro embebidos han olvidado conectar las cámaras.

  Existen momentos irrepetibles en los que todo se une para crear una belleza tal que pueda contemplarse con los ojos cerrados. ¿A que nunca se había oído a las piedras cantar? Pues los presentes creyeron ver y oír como los tres Portales entonaban unas estrofas dictadas por Mozart en homenaje a las tres ninfas que habían volado ante la Catedral de Agua (*).                           



... A pesar de las pesadas botas Dr. Marteens que calza la bailarina...

                            Mientras tanto, aprovechando los pies parados de los espectadores, la lagartija ha tomado un atajo saliendo del lugar y entrando por la verja que separa el templo de la acera, alejándose del peligroso pisar de los viandantes y haciendo estragos en el reguero de hormigas que desfilan bisbiseando por el canto de los peldaños. En su huída, el pequeño saurio escala la pared fronteriza con los talleres encontrando una mínima grieta en el marco de la puerta. Se introduce por ella agarrándose con sus largas uñas y estirando su vientre abultado todo lo que puede. A salvo por fin, la hembra se relaja, afloja los músculos y bien asentada empieza a expulsar en el mínimo orificio de una piedra las docenas de huevecillos gelatinosos de los que saldrán las próximas lagartijas que limpiarán de insectos las obras de la Sagrada Familia.

  El sol ronea sobre el animal, barriendo de sombras el recinto y caldeándolo.

 El reptil da por finalizado el esfuerzo ponedor. Durante esa función le abandonaron los sentidos, quedando sin vista y ensordecida por el agotamiento. Acabado el desove empieza a recuperarse, la respiración se normaliza y sus oídos se desbloquean volviendo a percibir los sonidos. 

  Da un respingo y su cuello queda rígido, tiesa y alerta la cabeza. Le ha llegado el resonar vibrante de la sirena que anuncia la entrada de un camión en el templo. El agudo ulular convertido en hilachas enhebra, como un pespunte, las torres de la Sagrada Familia.

Ana Mª Ferrin

(*) Diversas anécdotas del templo en el libro Regreso a Gaudí's Place, de Ana Mª Ferrin:

8 comentarios:

  1. Aquí todos bailan. Complicados y fatigosos pasos de ballet los que tuvo que ejecutar la lagartija para evitar ser pisoteada y burlar tanto obstáculo como se encontró en su peculiar viaje hacia un adecuado lugar donde desovar. Malos tiempos estos para tener descendencia incluso para los diminutos saurios.
    Un saludo.

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    1. Muy buenas, Cayetano.
      Tengo la sensación de que el relevo generacional fue bien. El verano pasado vi por allí a varios familiares de la protagonista.

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  2. Se nota que alguien muy cercano a ti adora el baile y la creación coreográfica. Sólo así puede explicarse la extrema sensibilidad con la que describes los pasos de danza en el marco inconmensurable de la Sagrada Familia. ¿Sabes que la lagartija habrá sufrido mucho al ver tanto pies moviéndose raudos y veloces por el suelo? La pobre pensaría que en cualquier momento uno caería encima de su inocente cabeza.
    Un beso

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    1. La fauna urbana está compuesta por minúsculos héroes que luchan contra las adversidades como nosotros. Y además contra nosotros. Si se observan, los registros de estos animalillos y sus batallas en el día a día son fascinantes.
      En cuanto a la danza, estás en lo cierto, amiga.
      Un beso.

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  3. Pues en la línea de los anteriores comentaristas, el uso de esa terminología sobre el ballet clásico indica que que sabe usted muy bien de lo que habla, Por comparación también esta mamá lagartija, es una excelente bailarina sobre las piedras del templo, ella con sus cuatro pies desnudos agitando la cola entre paso y paso.
    Un abrazo Ana María.

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    1. Una noción de danza sí tengo, gracias, DLT.
      Muy buena su observación sobre los pasos de la lagartija, yo no había caído en esos dones.
      Por supuesto que ella también sabe lo suyo de danza. Hasta diría que su vida en un lugar tan concurrido será siempre un ballet perpetuo. Y contemporáneo, con sus dedillos desnudos y el movimiento trasero. Qué imagen más seductora.

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  4. Nacer. Aparecer en unos instantes en un lugar diferente del que se sueña. Crear. Escenificar una realidad escondida, posiblemente enmascarada. Las danzantes giran cual escaleras de helicoidales perfectas, cual torres inmensas lanzadas al cielo en un giro permanente. La relación y el estudio de un instante mágico se completa tras una dura, muy dura preparación que se convierte en realidad en un tiempo y espacio donde las tres artistas, las danzantes helicoidales, crean un momento de tal tensión, tal belleza que la lagarija, presente entre las duras piedras de la construcción e incluso enclavada en ella y otras muchas del mismo autor, retiene el nacimiento de nuevos seres que llevarán su historia fisiológica escrita en los genes. Todo se ha detenido porque ya no existe una belleza inmóvil sino cuatro, la inmóvil y tres figuras que representan el misterio y la fantasía que se representa en dura piedra. La inmediata unión de movimiento y aparente serenidad se unen para que aquellos admiradores de la seducción y el encantamiento visionen unas nuevas facetas del Arte: la expresada corporalmente y la establecida como trabajo. Ambas con idénticas muestras de ser idénticas, con idénticas muestras de no separarse jamás, de conmoverse una con la otra ante el nacimiento de los huevecillos lechosos y frágiles en los que s eha generado la vida. Excelente y magnífico retrato de un aspecto novedoso del giro en el aire de bailarinas y torres.

    Un gran y cariñoso abrazo, querida Anamaría

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    1. Amigo Campillo, has ampliado la acción añadiéndole más paisaje y aspectos que no habían sido pensados. Una mirada que va más allá del texto, planteando nuevas realidades y quizá un nuevo relato. Gracias.

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