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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





CANCION DE ADA Y EVANS (1/2)



RELATO

Original de 
Ana Mª Ferrin

RPI

Forzas do ar, terra, mar e lume,
a vós fago esta chamada:
se é verdade que tendes máis poder
ca humana xente,
facede que aquí e agora
os espíritos dos amigo ausentes
compartan con nos, esta queimada.

                                                                  Conxuro da queimada (*)


                              Con fondo musical de gaitas y la esencia fragante del aguardiente blanco, azúcar, unos granos de café, cáscara de limón y trozos de melocotón, escribo este cuento de amor imposible. A distancia. Entre dos personas que jamás se encontrarán. Es más, que jamás sabrán de su existencia una de la otra.
 
  Desde Ourense a Edimburgo, envueltos en las llamas aromáticas de una queimada, los eslabones perdidos de la genética celta, cabalgan.

  
Clavándole dos ojos como uvas verdes...

El exquisito Queso de Tetilla gallego

DOS ALMAS GEMELAS

Publicado en el libro Los Ojos del Paraíso. 1998
Publicado en Gaudí y Más. 22 de agosto de 2015


A D A


OURENSE. La yerba, el agua, las piedras.

Ríos, valles.

Unas crestas con arboladas laderas, camino de romanos y judíos, auténticos tesoros de vida.

Brañas de difícil acceso, siempre entre prados.

Un estanque, isla de agua entre bosques.

O rosío ha llegado por la noche y cada brizna de hierba luce como un diminuto árbol de Navidad adornado de cuentas blancas.


                          Mientras serpentea por la orilla del Sil, Cecilio Blanco Rojo siente una imprensión de soledad por lo desmesurado de su grandeza, su infinitud. Pero la melancolía le dura poco tiempo, una sonrisa acude a sus labios cuando recuerda que al visitar Ribadavia esperando entrar en la catedral del vino gallego, se ha topado con la industria más contraria a la alegría que cabría esperar, porque ésta capital de la comarca del Ribeiro es hoy el principal productor de féretros de España.

   Si siempre se ha dicho que un gallego no se sabe si baja o sube, nada más lejos de la realidad.

   Está claro que aquí sí saben cuando bajan y cuando suben, tanto, que para no estar a merced de altas o  bajas de una industria que depende desde siempre de los hados metereológicos, se ha embarcado en una actividad paralela, por lo que tiene de no interferencia en el mercado principal, ni pierde a los posibles parroquianos, pues cuando necesitan ése manufacturado, el féretro, es que lo necesitan de veras y no pueden prescindir de él.

   Por un lado la muerte, y por otro la vida, la alegría, simbolizada en la gaita. Nunca había visto a un ángel tocando la gaita. En Ribadavia sí, en la iglesia de Sto. Domingo lo acaba de ver. Tallado en uno de los cinco sarcófagos que hay en la primera tumba, entrando a la izquierda. Tampoco conocía que un monje aportase música de gaita a un coro. Después de visitar la iglesia de Celanova, ya no podrá decirlo.

  Por los pueblos de Zela y Mouriño una tienda de comestibles ha llamado su atención. Para el coche y se acerca al escaparate.

 Había leído bien: QUEIXO TETILLA. ELABORACIÓN ARTESANA. 1/2 QUESO 4 euros. Y por si quedara alguna duda, debajo otro cartel lo remarca: 4 euros EL MEDIO QUESO.

  El día es brumoso y húmedo. O no. Quizá es solo este sirimiri calador que los naturales llaman oi non chove pero que al foráneo le fastidia con su ambigüedad, porque llover, no lloverá, pero tampoco deja de caer agua. Así que, como no quiere hacer el ridículo siendo el único que se pasea con el paraguas abierto, se pasa la vida con la ropa ensopada.

  Desde la puerta del comercio, el largo espacio hasta el mostrador se ilumina por una bombilla desnuda que pende del techo y que aún se ve más pobre de luz al recibir una limpia claridad desde el frondoso huerto/jardín que se ve muy al fondo del local, pasada la trastienda.

  Tres parroquianos, dos hombres y una mujer del pueblo hablan entre sí con la críptica conversación que el visitante sólo creía que se daba en la literatura pintoresca mientras de espaldas, la vendedora envuelve unos chorizos sobre una mesa:

     -¿Morreu Falin? -pregunta la mujer, de pelo corto entreverado de gris, vestido verde con flores marrones.

      - Morreu, morreu, -le contesta el más joven, treintañero con botas y chaleco pardos.

      -¿Tenía fillos, verdad?.

      -Debía tenerlos, claro.

      -¿Muchos?

      -Los que tuviera, muller.

      -Yo nunca te los ví, Odón.

      -Porque non los verías.

      -¿Debía estar casado, claro?

      -Debía, claro, debía.

      -¿Y en dónde fue el entierro? -la dama no se daba por vencida.
     
      -Donde morreu.

      El tal Odón era duro de pelar, sin duda. Seis preguntas directas y ninguna respuesta efectiva. La conversación se rompió la oírse la voz de la mujer que se veía lavando en una pica en medio del jardín:

      -¡Inmaculada, Ada, hija!

   -¡Qué quiere usted, madre! -contesta la vendedora en dirección a la llamada.

      -¿No me oyes? ¡Inmaculada, Ada, ayúdame con la ropa!

   -¡Madre, qué quiere usted! ¡Santo Patrón, madre, cada día está usted más sorda!

      -¡Ada! ¡Ada! -desde el patio, sigue llegando el nombre.

      Con su vestido celeste de pequeñas flores amarillas, la tela casi transparente por lo gastada, Ada crispa su belleza morena apretando los dientes, cerrando los ojos y levantando la cara y la mano derecha con la palma hacia arriba. Poniendo a las alturas como testigo de la sordera de su madre, se aleja hacia el claroscuro.

     Sale al huerto tarareando una cancioncilla, se acerca a la mujer que está lavando en la pica que recibe el agua directamente del pozo y toma la prenda enjabonada que ésta le ofrece, una camisa. Cogiéndola por los hombros, la muchacha sumerge la prenda varias veces en la pica hasta entrar en el agua las manos, le da unos enérgicos golpes contra el refregadero y procede a retorcerla girando en sentido contrario los dos extremos de la ropa, hasta que las últimas gotas resbalan por sus codos.

     Sin dejar de cantar y saltando al ritmo de la cancioncilla, pegados a la espuma que los cubre, los rotundos pechos de Ada subrayan el estribillo. Unos pezones tersos y oscuros, a modo de copetes, se transparentan juntándose al impulso de la cara interna de sus brazos desnudos, con cada restregón de la nueva prenda que acaba de coger. Unos pantalones de pana sufren ahora contra la piedra del lavadero.

     De vez en cuando la espuma le salta a los ojos. La joven detiene el canto, hace un alto en su trabajo despegando el jabón de las manos largas y morenas con un roce rápido, derecho y envés sobre los senos, retirando las burbujillas rápidas que se pegan a sus párapados y pestañas. Ya de paso, enjuagando las manos en el caño que vierte agua del manantial a la pica, se da un aclarado en cara y cuello desde el nacimiento del negro pelo, crespo y ondulado, sujetado a ambos lados de la raya central por unas horquillas sobre las orejas, hasta el inicio del canalillo que remata su escote.

     Desde el grupo de parroquianos se alza la voz de la chismosa. Suspira:

    -¡Ah! Pobre mujer, sola con la hija y sin ningún varón en la casa. Porque más hace un buey de cien golondrinas, tú sabes, Odón.

     Los compradores esperan encantados. La visión de la joven tiene la doble belleza, hermosa y plástica, de lo natural sin aditamentos. Los tres vecinos se sonríen unos a otros dando a entender que están al tanto de los avatares de las dos mujeres.

     Desprendiendo un agradable olor a jabón mentolado y lejía, vuelve Ada y cobra al cliente que había dejado a medias.

     -Tres euros por el vino, Otiliano.

     -Toma. Y oye, ¿esa canción la has aprendido en el Baile del Plátano? A que sí, Ada.

     -No se llama del Plátano, Otiliano -responde mirándolo desafiante- se llama Salón Metropol y es el mejor del valle, para que se entere usted.

     -Se llamará como quieras, rapaza, pero con el Plátano se ha quedado. Eso es lo bueno que nos han traído los políticos. Y tú más vale que no vayas a esos sitios, que te estás haciendo una yegua muy buena moza y en esos bailes todos van al calentón, ten cuidado, rapaza.

     -Usted ve siempre todo lo peor, Cabe... digo, Otiliano. A ver. ¿Qué tiene de malo ir a bailarle un poquiño?

     -No, niña, yo sólo soy un viejo borrón, que no le quedan ni dientes, pero lo que veo, lo veo. Que bien veo yo por los carreiros a los mozos y a las mozas cuando acaba el baile, así que ándate con ojo. ¡Ah! Y puedes llamarme Cabeciña Dourada, o fin e o cabo todos lo hacen- mientras habla, remarcando las palabras, se pasa la mano por la calva, en  verdad dorada, a la que solo alegran unos cabellos cortos en el cogote.

    -Ande, hombre, ande -la vendedora aprovechó al vuelo la justificación que el hombre hacia de su calvicie, rebajándose, para subir el tono de su voz desafiándole-. Usted que va a ver, si en cuanto se agarra la bota no conoce ni a su madre, que en paz descanse. Se tumba bajo un castaño y se queda amodorrado a calor.

   -Más respeto chavala, que eres tú muy nova para hablarme a sí. Yo me tumbo a reposar cuando acabo o meu traballo. Que yo soy un hombre de una vez -la voz empezó a temblarle- férveme la sangre nas veas, que estoy aquí y estoy allí y me dá vueltas o hórreo con o traballo.

    Por las miradas de complicidad y las risas contenidas de la pareja vecina, el forastero comprende que la afilada lengua de la chica ha retratado al murmurador.

Rematando la faena y como despedida, Ada suelta la última con una mano en la cintura y la otra abanicando el espacio.

    -Venga ya, aire. Menos fantasmadas de trabajo, que en el pueblo todos nos conocemos y sabemos lo que damos de sí. Déjelo usted ya, que tengo muito traballo. E vaya usted con Dios -dando por finalizado el diálogo se dirigió a la mujer preguntándole- Y tú Neves, ¿qué te falta?

    Aprovechando que aún quedan dos personas por despachar antes de que le toque, Cecilio sale detrás del escaldado Otiliano para echar una mirada al coche que ha dejado con la familia dentro, medio aparcado en una cuneta. Delante suyo, balanceando la garrafa contra el pantalón de pana, el hombre va rezongando algo que no se entiende al principio, pero si oye muy bien las últimas palabras: - Diablo de rapaza, anque… Contigo e um botixo, ¡vaya verano!.

   Lo original del piropo/maldición provoca en el observador un principio de risa. Que ya no puede ahogar al fijarse en el cartel anunciador de las próximas fiestas del pueblo:

GRAN FESTIVAL DE FESTAS DA ALEGRÍA

El domingo 14 actuarán:

GEORGES MOUSTAKI
AMANCIO PRADA
LLUIS LLACH
VÍCTOR MANUEL
MARIA DOLORES PRADERA
ISMAEL SERRANO

    Desde luego el concejal de Fiestas y Festejos sabía como elegir el elenco adecuado.

 
   Al volver al mostrador la mujer preguntona sostiene dos botellas de aceite y medio queso y conversa de nuevo con el cliente más joven, que a su vez también sostiene otra media tetilla envuelta en papel.

  -¿Qué desea usted? No se preocupe, que ellos están esperando los grelos -le pregunta la dependienta al forastero. Por fin le toca el turno. Ya tiene detrás otros dos compradores y se encara a la joven modificando la rutina.

   -Deme un queso.

   -¿Cómo dice? -abre ella los ojos al máximo.

   -Que quiero un queso -le repite el parroquiano.

   -Me querrá usted decir dos medios quesos.

   -Pues no. Quiero decir un queso.

   -¿Entero?

   -Por supuesto que sí, entero -ahora el que abre mucho los ojos es él.
 
   -Oiga, pero es que no puedo venderle un queso entero.

  -¿Y por qué no puede? -aún dentro de su aturdimiento, se da cuenta de que está empezando a hablar con el acento de la vendedora.

  -Porque mi madre me ha dicho que sólo los venda a medios.

   -Pero mujer, eso se lo habrá dicho para que usted nos los venda a trocitos, pero es que yo no voy a estropear ninguno. Yo lo quiero entero -intenta razonar el visitante.

    -Oígame usted bien -poniéndose en jarras y clavándole unos ojos como uvas verdes, de nuevo Ada entra en acción-: Yo estoy aquí desde las ocho de la mañana para hacer lo que me diga mi madre y no para discutir con un extraño el por qué ella quiere que lo haga así y no de otra manera. Medio queso cuatro euros y no hay más que hablar. -Con una de las manos que reposaban en sus caderas soltó una palmada sobre la mesa, terminando la charla. Estaba claro que Ada no se dejaba apabullar, si de razonamientos se trataba a ella no le sacaba nadie los colores.

     El forastero comprende que ha topado con una descendiente por vía directa de Don Ramon Valle Inclán. Pero ya llevaba retraso, no quería volver a parar, y como el queso era para su jefe y quería visitarlo al día siguiente en Fermoselle, ya había perdido bastante tiempo y no quería más preocupaciones. Así que se hizo a la idea de que el esperpento militante tiene sus reglas. Haciendo una pausa empezó por el principio.

     -¿Qué vale medio queso?

     -Cuatro euros.

     Pausa.

     -¿Y dos medios quesos?

     La moza empequeñece los ojos barruntando que algo se le está escapando porque la pregunta parece demasiado fácil. Hasta contestar por fin:

     -Está claro que ocho euros. ¿Qué más?

     Observado por los demás clientes, Cecilio sacó unas monedas y las fue depositando sobre la mesa.

    - Un billete de cinco y tres monedas de 1 euro -puntualizó

   Ella respiró hondo tranquilizándose, las recogió y las echó en el cajón abierto de la caja volviéndolo a cerrar mientras sonaba un campanilleo.

   En silencio, con una leve sonrisa, Ada se volvió de la estantería con un cuchillo en la mano derecha y un queso en la izquierda, que depositó en la madera de corte del mostrador.

     Levantó la herramienta para cortarlo. En ése momento, rápido, el cliente agarró el queso y lo retiró, justo en la fracción de tiempo necesaria para rajarlo de arriba abajo con la hoja.

     -Gracias señorita, ya me lo cortaré yo en mi casa.
 
   Cumplida su hazaña, sin parase a ver la expresión de sorpresa de la joven salió con el trofeo apretado contra su pecho, mirando de frente al sol que se le aparecía haciéndole guiños a la lluvia a través de las lilas de la entrada. Con la duda de haber hecho el ridículo o el héroe.

    Los cuatro parroquianos quedaron en la tienda mirándose unos a otros con ojillos vivaces.

   -Odón, ¿Qué te parece? -la cliente curiosa empezó de nuevo el interrogatorio.

   -Pues qué me va a parecer, muller.

   -Pero qué rara es la gente por allá abajo, ¿no es?

   -Si tú lo dices...

  Tras el mostrador, Ada toma  de nuevo el mando de la situación. Se recoge los rizos con una horquilla y alza la voz:

   -A ver, curriquis. ¿A quién le toca? ¿O vamos a estar así hasta mañana? Y no me anden con carallos que echo el cierre. ¡Vamos!

    Mientras uno de los clientes habla con ella, el otro se dirige a Odón:

    -¿Vienes a cazar mañana?

   -Si tú quieres, Neoterio...

   -Podemos encontrarnos al amanecer en la casa de la parra.

   -Bueno, pues sí.

   -Buen año para becada.

   -Si a tí te lo parece...

   -La becada me gusta porque es como una seta que salta, pica y vuela.

   -Ahora que lo dices...

   -Además, tiene otra cosa que me la hace simpática.

   -¿Ah, sí?

   -Si. Es que es muy prudente la jodida y sólo se arriesga por aparearse y comer bien. Buenas costumbres, ¿verdad Odón?

   -Tú dirás, Neoterio.

   -¿Hasta mañana, pues?

   - Si es que te parece bien...


Continúa...

Ana Mª Ferrin


(*)    Fuerzas del aire, tierra, mar y luna,
a vosotros hago esta llamada:
Si es verdad que tenéis más poder
que los humanos,
hacer, que aquí y ahora,
los espíritus de los amigos ausentes
compartan con nosotros, esta queimada

                                      Conjuro de la queimada

   
     Este conjuro y su letra se atribuyen a Mariano Marcos Abalo, polifacético artista y animador cultural gallego. Según se sabe, la primera vez que recitó en público estos versos para ahuyentar a los malos espíritus tuvo lugar en los años 70 en la discoteca Fausto, en Vigo. Con el tiempo él mismo ha ido modificando las estrofas, por lo que podemos encontrar distintas versiones del texto.  

10 comentarios:

  1. En vez de darle los ocho euros por los dos medios quesos, tenían que haberle dicho a la buena moza: mira, te cobras primero de este billete de cinco los cuatro euros del primer medio queso. Luego esperar el euro de vuelta. Y, una vez devuelto el cambio, decirle: ahora toma este euro que me devuelves y con estos otros tres que te doy te cobras el otro medio.
    Buena gente hay por tierras gallegas.
    Un saludo.

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    1. Gracias por la parte que me toca, ya que mi apellido Ferrin es gallego.
      De que a muchos gallegos les gusta eso de no soltar prenda, no tengo duda. Es algo que hemos hablado con amigos de allí y están de acuerdo, aunque a veces sólo lo hagan como juego ante los extraños.
      Un abrazo.

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  2. Qué carácter el de Ada, no sé por qué habrá elegido usted ese nombre para una historia de amor, pero vaya, ésta de su relato parece seductora y despótica a la vez, aunque de momento no se ha salido con la suya, con lo del queso, digo…; ya veremos qué final nos depara esta historia de amor, porque no todas tienen un final feliz.
    Un abrazo.

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    1. La Ada real existe con otro nombre y es –era– de armas tomar. Tomé ese nombre para que al contraponerlo al de Evans, resultaran trastocados los de nuestros primeros padres. El sábado veremos cómo quedó el asunto, DLT.
      Saludos

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  3. Conocer las costumbres de todos los pueblos de una región tan bella como misteriosa es un placer que debe realizarse, al menos, una vez en la vida. Su misterio nace de sus gentes, de la transmisión de sus saberes entre labios/orejas, de sus perspicaces y, a veces, irresolubles expresiones que expresan con frases, a las que faltan las sobreentedidas, expresadas por quienes aprecian lo entredicho, lo imaginado. Este delicioso y misterioso relato, del que espero su segunda parte, es tan gallego como Galicia, tan sencillo en las complejas noticias que se transmiten como la incomprensión de foráneos incapaces de comprender el sentido pertinaz de la obediencia debida y los trabajos que endurecen el espíritu de quienes, a pesar de lograr su libertad personal, siempre han estado sometidos por quienes han detentado el poder. Ada y sus pezones traslúcidos por la camisa mojada, el erotismo en estado puro, es la gallega más gallega que ha existido jamás. Veamos la zade de las becadas, veamos si es cierto que Ada se atreve a cazar sola en compañía masculina.
    Ana María, delicioso, legible en un minuto por su viveza y prosa tan bella como sorprendente.

    Un gran y cariñoso abrazo, querida Anamaría.

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    1. La obediencia debida es la base sobre la que se desarrolla el texto. Y el orgullo de seguir la cultura que nos han legado, sin discutir si es o no es lo correcto ya que tus padres son la ley.
      Como el humor. Como las frases inacabadas que nos llevan a deducir intenciones.
      Querido Antonio, entrar en un círculo donde se dan todas esas circunstancias es de lo más estimulante.

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  4. La reflexión de Cayetano es muy buena. Ellos tienen sus costumbres, nosotros las nuestras, cada pueblo la suya. Lo bueno es que al final nos acabamos entendiendo que es lo mejor. Y en la diferencia está la gracia y eso es algo que se aprende viajando.
    Un beso

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    1. Y tanto que acabamos entendiéndonos. Y ahí está la gracia.
      Puedes no tener nada que ver con el vecino que vive pared con pared contigo y sin embargo reírte hasta las lágrimas con alguien que tiene que repetirte tres veces las cosas para que comprendas su sentido.
      Besos.

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  5. Olá, Ana.
    Acabei de ler textos seus em seu outro blog (como o fiz neste) e pude ver que a sua obra é bastante rica. Vou ver se consigo aqui no Brasil, pelo menos um desses livros.
    Parabéns.
    Um abraço.

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    1. Gracias, poeta. Es un placer saber que se ha detenido a ojear mi cuaderno.
      Saludos cordiales

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