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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





EL SENTIDO DEL TACTO EN LA PINTURA.



Hombre, toca,
toca lo que te provoca:
seno, pluma, roca...
    
Dámaso Alonso


                             Para representar el último de nuestros sentidos, Jan Brueghel el Viejo contó, además de con su amigo Pedro Pablo Rubens para dar forma a Venus y Cupido, con lo aprendido de su abuela María Bessemers, famosa miniaturista. No sólo por su preferencia al vestir de terciopelo se le llamó a Brueguel, Jan Velours (terciopelo). También a su delicadeza colocando exquisitos detalles en sus cuadros se debió el sobrenombre.    

   Son infinidad las sensaciones producidas por el quinto sentido que asaltan al observador cuando contempla esta Alegoría del Tacto. De la picadura del escorpión al palo que golpea a un asno. La quemazón del hierro en la fragua, la frialdad del acero convertido en armadura. El golpe dado con uno de los manteletes que vemos en el montón donde reposan los restos de una batalla, o en algún cuadro. La suavidad del beso entre Cupido y la Diosa. Calor en el Infierno y el escozor que sugiere la Flagelación de Cristo en algunos de los cuadros presentes.

   La minuciosa perfección con que evoca cómo sería lo que rozara nuestra piel de pasearnos por el óleo de la tabla, desplisa nuestra mente. En una especie de gruta palaciega, armas y garfios, pesos transportados sobre el hombro, hierros de marcar al rojo y hasta una rapaz clavando pico y garras en su víctima, son algunos elementos de los muchos que Jan Brueghel imaginó para transmitirnos en qué consiste el tacto.



Tabla El Tacto, de 1618, última de la serie Los Sentidos. de Jan Brueghel el Viejo(*) 
                             


LAS ARTES PLÁSTICAS, POESÍA TÁCTIL

Publicado en Gaudí y Más. 3 de Octubre de 2015.


                        El tocar, como el pintar, surge siempre del pensar. Decía Johann G. Herder, que cuando vemos algo que nos interesa, surge a continuación el pensamiento de tocarlo, de sentir su tacto. Sobre esa realidad, los pintores han ido construyendo universos que contienen todas las formas del tacto, desde la caricia hasta el dolor.  


       En el capítulo bíblico del Génesis, Miguel Ángel nos muestra a Dios en el trance de dar vida a Adán con el leve roce de su dedo índice. Es quizá la más alta expresión del quinto sentido que tantas páginas ha llenado con sus imágenes bíblicas.



La creación de Adán en la bóveda de la Capilla Sixtina fue pintado por Miguel Angel sobre 1511
    
                            A partir de aquí van surgiendo temas que reafirman el tacto como motivo artístico. En la batalla o el armisticio, en el deporte. En la danza. 

    El hecho carnal, emocional o sexual, corta las amarras y se abandona al tacto por medio de dos pintores bielorrusos. Marc Chagall nos pasea en pleno rapto lírico por un cielo malviblanco que acentúa la pureza de la escena junto a su mujer, Bella, cuya expresión soñadora contrasta con la exultante de su marido. Doble tacto. Palma contra palma por parte de la pareja, suavidad en la mano derecha de Chagall al sujetar un pájaro. Años más tarde, utilizando la espátula con largas porciones de óleo, Leonid Afremov nos introduciría en su propuesta de clima pasional.

  La maternidad, la paternidad, nos hace cómplices de un mundo de caricias trasladadas a la pintura.

La Guerra del Pacífico, cuadro de época sobre esta contienda entre Chile, Perú y Bolivia. SigloXIX

La Rendición de Breda. 1634. Óleo de Diego de Velázquez. Museo del Prado

En este óleo del Estudio Delier, dos luchadores de sumo.

De Jorge Botero Luján, el pintor colombiano, esta imagen de su serie Tango

La Danza, de Juan Carlos Morén

Marc Chagall y  El Paseo. 1917

El contacto amoroso, según Leonid Afremov 

Alexis Alemany, de Valencia, y su dibujo Abrazo.

Mary Cassatt, artista de la maternidad, con su obra Primeras Caricias

                      Todos los estilos son buenos para transmitirnos la potencia del lenguaje no verbal que nos proponga un determinado artista. Miguel Oscar Menassa se sirve de un revuelo de largas pinceladas para envolver con aire un abrazo titulado precisamente así, El abrazo del aire. La canaria Amelia Pisaca por medio del surrealismo. Rafa Chevira, cubista desde Madrid, y la chilena Paulette Paiyée, ambos con sus Abrazos, nos muestran su representación del tacto a través de variaciones personales. 

   Azul es el color propuesto por Krzystoff Kieslovski para ilustrar el tacto, en sus films de la trilogía Tres colores.  Un rosa que azulea en aguas, retratando la carne amasada por dedos nerviosos que más que poseerla, se diría que buscan su destrucción. Es el vehículo utilizado por los pintores norteamericanos Cara Thayer y Louie Van Patten en la trayectoria de su magnífica obra a cuatro manos. Y en un sentido más sensual por el habanero Nick Rodríguez

   
El abrazo del aire. Miguel Oscar Menassa

 Amelia Pisaca, entre el surrealismo y la fantasía con sus Bailarines Extáticos.1999

Paulette Paiyée y los volúmenes esféricos de su Abrazo 

Cubismo en  El Abrazo, de Rafa Chevira.




Cara Thayer & Louie Van Patten y la fuerza de su obra

El realismo en la explícita obra de Nick Rodríguez, 


                                  La boca como símbolo táctil. 

  Leí hace años que según John Singer Sargentun retrato es una pintura con algo raro en la boca.  Desde entonces sus palabras me llevan a fijarme en la representación de las bocas porque suelo encontrar en ellas el estado de ánimo del modelo. El gesto con el que congeló el retrato de Robert Louis Stevenson, ya muy deteriorado por el alcoholismo y la tuberculosis, ése tímido acariciarse el bigote con un dedo y su expresión desvalida buscando agradar, nos explica el por qué para un pintor el tacto es el sentido con mayor carga simbólica. 

   Perteneciente al grupo argentino Los del Caño, el artista Oscar Alejandro Casavalle  nos presenta sus lienzos intimistas que tomamos para ilustrar los rasgos cálidos del tacto. Aquí las protagonistas son bocas que se dirían iluminadas con velas, veladas tanto por el vaho de su respiración como por el contacto de las miradas. 


Así captó John Singer Sargent la imagen vulnerable de Robert Louis Stevenson



El tacto de los labios, el contacto de la mirada, por el argentino Oscar Alejandro Casavalle

                                         El tacto ha sido tratado a menudo en la pintura con referencia a la medicina, unas veces por nombres desconocidos y otras muchas por los genios del arte. Si Francisco de Goya nos dejó al ciego investigando la garganta del Lazarillo a ver si por ese conducto sus dedos descubrían restos de las longanizas robadas, de José de Ribera son dos los cuadros que conocemos con ese título, El Tacto, uno de cuando el pintor jativense tenía 35 años y el segundo ya cumplidos los 51. De Pablo Ruiz Picasso siempre nos queda el cuadro Ciencia y Caridad, que nos sobrecoge al pensar que lo pintó con sólo 16 años, posando su padre el profesor de dibujo José Ruíz Blasco como modelo para la figura del médico. Que sujeta con delicadeza el pulso de la enferma, a su vez una mujer que Picasso conoció en la calle cuando mendigada junto con su hijo, aquí en brazos de la monja.  
   

El Garrotillo, de Francisco de Goya, c.1812


Dos cuadros de José de Ribera, superior, El Tacto, y sobre estas líneas, El escultor ciego

Ciencia y Caridad, de Pablo Ruíz Picasso. 1897.

                                     Anafia es el término con que se define a quien carece de capacidad para percibir los estímulos táctiles. Ignoro si René Magritte padeció tal dolencia, pero para el caso que nos ocupa dará igual. Tacto entre dos figuras, lo que se dice tacto, no existió en el elevado número de telas que componen su obra. A lo máximo que llegó en ese terreno fue a la escena de Los amantes, donde ambos encapuchados escenifican un acercamiento sin contacto, bien protegidos dentro de sus embozos. ¿Deseo de ocultar lo visible? ¿Antecedente del sexo virtual?

     Menos mal que ese tacto que nos encadenó para siempre al libro que fue para cada uno preludio de encuentros inolvidables, parece que sigue vigente.                                                

René Magritte. Los amantes. 1928


El cálido abrazo de un libro, en esta instalación de quien no sabemos el autor.



Ana Mª Ferrin

8 comentarios:

  1. Interesante recorrido donde el tacto es tan protagonista como el propio sentido de la vista. Al ver algunos de los ejemplos que aquí nos traes, me ha venido a la cabeza esa escultura de Bernini donde un enloquecido Hades rapta a Perséfone para llevarla al inframundo, con esas manos apretando a su presa, obrando el milagro de transformar el mármol en piel.
    Un saludo, Ana Mª.

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    1. Qué difíciles son las manos en la escultura. Y esas manos de Hades en contacto con la carne, en especial la del muslo, además de otros detalles hacen del grupo algo inolvidable.
      Saludos.

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  2. A mí me viene a la mente un lienzo de Rogelio de Egusquiza: el final del baile, ambos enlazados bella y delicadamente en un vals.

    Feliz tarde de domingo

    Bisous

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    1. No recordaba el cuadro. Pero al verlo se me ha refrescado la sensación de que, en efecto, contemplamos el final de uno o varios valses, con la dama rendida a su pareja. Cuando la pintura logra trasladar el tacto se produce una sensación muy evocadora, madame.

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  3. Al principio, el cuadro de Brueghel es impresionante. Luz del tacto carnal rodeado de todo un compendio de objeto que pueden hacer sentir Veo hasta una sierra que no quiero imaginar que simbología puede tener.
    Y al final, el tacto con un libro, que muestra bien a las claras las preferencias de algunos del libro de papel sobre los modernos electrónicos.
    Un abrazo.

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    1. El cuadro es de veras inquietante teniendo en cuenta que lo tituló El Tacto. No puso por casualidad tenazas, clavos, garfios y flechas. Incluso los fajos de billetes tirados por ahí sugieren maldad.
      Menos mal que Rubens dejó un punto de luz con su pareja indicándonos que no todo está perdido.

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  4. Es maravilloso poder comprobar cómo la técnica artística es capaz de sugerir sensaciones en nuestro cerebro que se aproximan a nuestra realidad tangible. En escultura me maravilla la capacidad de Bernini por sugerir la carne mórbida y blanda en su Rapto de Proserpina, que tantas veces se utiliza como ejemplo en este sentido. Y en pintura me sería difícil decantarme por una obra concreta. ¿Van Dyck y las telas de sus retratados? ¿Bellini o Tiziano y la piel de sus diosas desnudas? ¿Romero de Torres y el cabello de sus musas?
    Un beso

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    1. Todas las obras que citas provocan esas sensaciones. Como habrás visto, en la entrada está priorizado el contacto de piel con piel. En cuanto a cabellos, preparate para un retablo que tengo guardado y veras que envidia capilar.
      Petonets

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