Foto cabecera

IMGP4946 Músicos y bailarina del Institut del Teatre de Barcelona, actuando en un bus de la ciudad durante unas jornadas musicales. (A.Mª.F.)





RACHID EN EL METRO


A Miguel Ángel Frechilla, de Palencia,
agradeciendo que rescatara un antiguo  
texto mío que le pertenece, y su permiso
 para publicar el siguiente fragmento.




RELATO

Original de
Ana Mª Ferrin



                                        
                      Hoy, raro es el día en que los medios no traen alguna información sobre adolescentes relacionados con el terrorismo. Casi niños, nos los presentan tendidos en línea sobre la tierra, mártires de la sinrazón inducida, o vociferando entre el polvo. También los vemos enarbolando un libro o un arma, alejados de lo que debería ser su hábitat natural, tanto en las clases y el deporte como descubriendo ese primer amor al que dedicar el tiempo y los pensamientos. Eso es lo que conocemos, lo que nos muestran. 

   Pero sé que a pesar de su invisibilidad, por los mismos escenarios transitan jóvenes cuya pasión va por otros derroteros. Y día y noche, sus mentes cavilan la manera de cruzar el puente que los llevará a esa otra orilla lejos de la barbarie, donde poder cumplir sus deseos.
   

Ahora mismo, millones de jóvenes viajan en la nave de su imaginación a través de una historia.....
(http://www.fotolog.com/salacadi/72866935/)



DESDE EL INTERIOR
Publicado en Gaudí y Más. 7 de noviembre de 2015
  

                                       A no ser durante la presentación de un libro, en una conferencia o una firma, autor y leedor tienen pocas oportunidades de contactar personalmente y conocerse. Otra circunstancia puede ser el encuentro casual, algo que he experimentado en varias ocasiones y siempre lo he vivido como un premio, así sucedió con el joven al que me refiero en los párrafos que siguen. En cualquiera de esas situaciones siempre fue un placer saber de primera mano cómo juzga un texto el auténtico destinatario del esfuerzo, el lector.



                                   Años atrás, viajando en el Metro de Barcelona me fijé en un joven de rasgos magrebíes que leía un libro forrado de plástico transparente. Con sorpresa descubrí que el libro era mío, precisamente Gaudí. De Piedra y Fuego, recién publicado por entonces. Me sorprendió mucho, muchísimo, por varias circunstancias. Por la juventud del chico, por el tema, del que ya llevaba leídas dos partes, y sobre todo por el peso del volumen -seiscientas páginas y tapa dura-, que lo hacen poco aconsejable como libro de bolsillo. 

   La visión me conmovió profundamente. Quizá porque yo veía más allá de la imagen remontándome en el tiempo hasta otra adolescente, yo misma desde los 12 años, cuando aprovechaba mis viajes en autobús para leer entre el primer trabajo y los estudios nocturnos. En mi entorno ya era bastante rara mi pasión, así que yo guardaba celosamente mis aspiraciones, o más bien quimeras de que un día yo sería escritora, que en eso estoy.    

   El vecino de su asiento se levantó y yo aproveché para ocupar la plaza libre. La impresión que me había causado el descubrimiento tuvo la potencia suficiente como para romper mi reserva habitual a la hora de mostrarme a los extraños como autora. Pensando en lo que habría significado para mí a sus años, que la responsable de algo que yo considerase interesante se me presentara y conversara conmigo, me decidí a preguntarle al chico por lo que estaba leyendo, si le gustaba, por qué lo había escogido y cómo había llegado a sus manos.

   Se sorprendió de que me dirigiera a él, pero pronto comprobé que aunque tenía el aspecto de ser muy joven era un tipo sereno que se expresaba con claridad, se le adivinaba inteligente y con un buen equipaje existencial a pesar de su edad. La extrañeza primera fue dando paso a la naturalidad. En un mundo tan material como el actual, si rascas un poco en las personas profundas, aunque sean jóvenes tienen mucho que contar y pocas oportunidades de hacerlo. Por lo general en el ambiente que se mueven sus comentarios no suelen ser comprendidos, más bien provocan burlas, por lo que acaban cerrando su alma y guardándose para sí sus anhelos.

   El caso es que el joven empezó a explicarme que tenía 16 años y era de un país norteafricano. Que estaba leyendo ese libro porque había escuchado a su autora hablando de Antonio Gaudí por la radio y como a él le gustaba dibujar y se le daban muy bien las matemáticas estaba decidido a estudiar arquitectura como fuera, se había comprado el libro y lo había forrado con el plástico porque trabajaba de albañil y el polvo de la obra llega a todas partes-, dijo sonriendo.

   Yo estaba emocionada y no me decidía a presentarme como la escritora a quien él había oído hablar del arquitecto, temía que eso frenara su franqueza. Como así sucedió. Cuando me atreví a decírselo su respuesta consistió en quedarse callado. El bagaje cultural pesa mucho cuando uno es joven y supongo que por mi condición añadida de ser mujer, el chico se mostraba avergonzado de haber expuesto sus pensamientos ante una extraña. Me fijé en sus ojos y temí que rompiese a llorar, le faltó muy poco. 

    Intenté distender la situación comentándole que por lo del polvo no tenía que preocuparse, iba a ser su seña de identidad. El polvo era el acompañante natural de un arquitecto, y el mismo Gaudí, un hombre muy atento a la higiene que todos las noches cepillaba su traje negro a conciencia, aún así siempre le acompañaba ese velo blanco. Añadí que yo tenía hijos de su edad y que todas las personas tenemos sueños por los que estamos obligados a luchar. También le dije que estaba segura de que él conseguiría lo que se proponía, porque se notaba que tenía carácter. Y que le deseaba lo mejor, con el convencimiento de que en un futuro nos encontraríamos y él me hablaría de sus éxitos. Seguimos un rato hablando, él cada vez más distendido explicando sus proyectos, y al final acabó riéndose, contando que en los tres días que tenía el libro ya lo estaba terminando, eso sí, le dolía el brazo de llevar aquel ladrillo agarrado a todas partes pero no le importaba. Ahora que ya sabía la historia de cada obra de Gaudí, tenía el proyecto de ir viéndolas una a una empezando por La Pedrera, que pensaba visitar el domingo siguiente.   


    Recuerdo que vestía una camisa de rayas casi transparente por los relavados, tras la que se adivinaba un pecho con la delgadez del adolescente cuya niñez ha transitado entre carencias. La madre iba saliendo cada vez más en la conversación. A medida que se iba sintiendo cómodo, explayándose sobre sus gustos en arte y música, en cine, sus maneras delicadas, un punto amaneradas, me llevaron a pensar que de ser cierto lo que me hacían intuir, la presión de su entorno cultural debía estar ahogándolo.    


   Por lo visto el día que me había oído por la radio yo contaba que para mí, en lo personal, investigar sobre Gaudí me había hecho valorar aún más la cultura del esfuerzo, y que si queremos llevar a término nuestros proyectos nunca debemos escuchar a quienes intentan frenar nuestra creatividad, porque en todos los órdenes de la vida, el que resiste gana. 

 Es sabido que por tener un espíritu libre, el individualista se siente incomprendido por casi todos, sobre eso hablamos. Y que si por un lado el ambiente propio puede asfixiarlo por medio de la religión, las tradiciones, la autoridad, había que tener en cuenta que en el lugar donde acaba aterrizando en su huida, siempre habrá naturales recordándole con su actitud que él no pertenece a ese mundo y que por ello, la única opción que se le permitirá será la de sirviente. Y ante eso tendrá la doble obligación de rebelarse y luchar, preparándose mejor que nadie. 




                                
Fue todo muy emocional y ninguno de los dos caímos en intercambiar un medio de contacto, algo que lamento cada vez que el encuentro me viene a la memoria.  Estoy escribiendo estas líneas y aún me parece verlo allí, parado frente a mí en la estación de Universidad con su frágil elegancia natural mientras nos zarandeaban los viajeros que tomaban y dejaban los vagones. Tenía los rasgos tiernos de la pubertad recién cruzada, suave bozo en el apunte de bigotillo, un ligero acné y las manos de niño finas y largas, cortadas por la dureza del andamio y la intemperie. El pelo castaño muy corto mostraba la textura del crepé. Su piel, ese color ambarino que se da en nuestros vecinos del norte de África. Y muy abiertos, dos grandes ojos color kiwi revelando un hambre infinita de saber portaban la marca, como se dice en Cataluña, de ser un lletraferit (*)


  Cuando nos despedimos consideré un honor haber merecido su atención, le abracé y le dí dos besos que él me devolvió con timidez.


  Como pueden ver, cuando escribo sin ataduras tengo por única costumbre atender las sensaciones que me provoca el momento. Si suelo deslizarme por ese tobogán que separa lo emocional de lo formal uniendo los dos términos, es por estar convencida de que cuando se duda sobre cómo comportarse en un trance imprevisto, lo mejor es dejarse llevar por lo que dicta ese músculo que reina a la izquierda de nuestro pecho. Muy sabio es él y no suele equivocarse.



Ana Mª Ferrin


(*) Lletraferit, textualmente en castellano, letraherido, herido por la letra, se refiere al amante de la lectura. Por extensión, de manera coloquial se aplica a la persona interesada por la cultura en general.


26 comentarios:

  1. Él se planteó una meta. Y empezó a dar los primeros pasos en conseguirla. Seguro que sigue ese camino

    Saludos

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    1. Con la deriva que han tomado las cosas, cuántas veces me habré preguntado eso mismo, si pudo continuar.
      Saludos desde la mar.

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  2. Qué emotivo relato el suyo, y cuanto de cierto hay en lo que cuenta de usted misma en su juventud, del joven Rachid y de tantos otros. La incomprensión de quienes nos rodean cuando hacemos o pretendemos hacer algo que se sale de lo normal, bien sea escribir, interesarse por algo inusual en el entorno en el cada uno se mueve, incluso en la afición a leer, o en fijar un objetivo más alto de lo que se espera de uno, que obliga, a veces, a mantener en secreto, o casi: incomprensión y a veces burla. Yo creo que aquel muchacho recibió una gran lección aquel día, no sé si la mejor de su vida, pero una muy importante, y aún le estará agradecido, si supo aprovecharla. Al menos eso me gustaría que hubiera sucedido.
    Un abrazo, Ana María.

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    1. Eso me gustaría a mí también, que hubiera seguido con sus proyectos. Imagino que si llegó a terminar la carrera con todo el esfuerzo que eso conlleva, ya deberá estar situado en la profesión y es muy posible que fuera de aquí, demasiado cerca del entorno que lo ahogaba.
      Hay que pensar en positivo. Saludos, DLT

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  3. Dedió ser tremendamente impactante el encuentro, tanto para el lector como para ti. Sin pensarlo no proponértelo, tu libro se había convertido en un puente entre culturas.
    Un saludo, Ana.

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    1. No estaba bebido cuando escribí esto, palabra. No sé que diantres me pasó con el teclado. En fin, creo que ,después de todo, hasta se entiende.

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    2. Desde luego para mí sí lo fue. Y creo que él también encontró algo, palabras de aliento, que en su situación tenían un valor.
      Saludos para ti.

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    3. Pues no sé qué decidte.
      Porque yo lo he endendido bien.
      A ver si la que edtaba dedida era yo.

      Un abrazo, Cayetano.

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  4. Muy cierto es lo que dices, a esos niños les roban su infancia, les hacen tal lavado de cerebro que se tienen que sentir perdidos entre sus sentimientos y lo que otros esperan de ellos.
    De todas formas, nadie podrá robarles su capacidad de soñar con una vida mejor.
    Cariños y buena semana.
    kasioles

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    1. Siempre que veo a esas criaturas en los informativos pienso si ya habrán bajado ese último escalón del comecocos, del que resulta imposible retroceder y volver a la cordura.
      Un beso, amiga.

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  5. Siempre se ha separado cómo una debilidad, la ternura y la cordura ; creo que ambas pueden ir perfectamente de la mano.Por creencias, por costumbres y sobre todo por religión:cuantos tabús nos han rodeado a lo largo de nuestra existencia.Cómo el hecho de que este muchacho dialogara contigo y ademas con la alegría de sentirse comprendido y valorado y es que nunca mejor dicho el ser humano no ha nacido para estar solo y encadenado a unos perjuicios, por eso es tan importante el respeto.Estoy segura que esa pequeña inyección de ánimo y el sentirse comprendido, le haya dado el suficiente valor para enfrentarse a sus metas,ojalá?

    Me ha encanto leer esta reflexión a ese recuerdo... me he sentido dentro de tu piel.Cuantas cosas nos perdemos a lo largo de nuestra vida por no dialogar o simplemente por no escuchar que también se aprende y mucho.

    Un abrazo de otoño Ana Mª

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    1. Pensar que en este momento de la Historia con tantas conquistas sociales y culturales, cuatro manipuladores están desgraciando el futuro de tantos jóvenes, como hacía Bin Laden y otros más cercanos mientras tenían a sus hijos estudiando en Londres, me pone a mil.
      Y paro aquí, querida Bertha.

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  6. Un momento emotivo para no olvidar jamás. Encontrarse con la autora mientras va leyendo el libro es como recibir una señal de estar siguiendo el camino correcto, y seguro que lo alentó a perseverar entre las dificultades del entorno y el polvo de la obra. Y para usted qué hermosa recompensa.

    Feliz comienzo de semana.

    Bisous

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    1. En este caso para mí fue algo impagable. De esas veces en que la botella con mensaje que lanzas al escribir algo, confirmas que ha encontrado a su destinatario natural.
      Petonets.

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  7. Leo tu entrada y recuerdo tantas cosas de mi juventud que entiendo como debio sentirse Rachid.
    Te envio un fuerte abrazo

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    1. Recibe otro mío.
      De una manera u otra, todos podemos sentirnos identificados con él

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  8. Miguelángel Frechilla10 de noviembre de 2015, 3:22

    Querida Ana Mª. Recuerdo aquel escrito entre otros folios tuyos que me confiaste para su lectura y que fue muestra de tu amistad y confianza, una especie de entrega de llaves de vuestra casa para que regara las plantas. Por entonces estabas a punto de servir a la mesa de los lectores "Tacto y caricia",que completaron mi admiraión por un hombre y su obra.
    La nota no tenía aspecto de ser algo íntimo, suponiendo que la obra de un autor no fuera privada mientras no se publique, pero no había duda de quien era su dueño, luego no tenía duda de en manos de quién debía estar. La propiedad intelectural, aunque tantas veces se mancille, es una de las formas mas segura de poseer. La obra lleva eternamente las "huellas dactilares" del autor.
    Lo contrario hubiera sido llevarme algo de tu casa al final de una visita amable, una falta imperdonable a tu confianza y amistad que en tanto aprecio tengo.
    Un largo abrazo

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    1. Un largo abrazo para vosotros.
      Las líneas que acabas de leer respondieron a las que me enviaste en tu carta hace ya bastantes años, siendo el comienzo de una amistad que nosotros valoramos mucho y que pronto renovaremos.
      Y aprovechando tu paso, te recuerdo que has de enviarme el texto con el que conseguiste el 1er Premio del XIV Certamen de Relatos de la UPSA, ya sabes que me gustaría presentarlo en la página para presumir de amigos.

      Con mis mejores deseo

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  9. Una maravillosa experiencia, seguramente ese muchacho nunca la olvidará y tú serás una motivación para alcanzar sus metas.

    Un abrazo.

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    1. Ojalá estés en lo cierto y todo lo que él proyectaba con tanta ilusión le haya salido bien. Dios lo quiera.

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  10. Ojalá que aquel chico haya conseguido sus sueños. En ellos ponemos la esperanza para que un día lleguemos a volar a través de su mirada: muchos no tendrán tanta suerte.
    No em extraña que se quedara callado al desvelarle tu identidad. La sabiduría impone aunque seas una persona cercana y llana como tú. Y no importa la edad de tu interlocutor. La vida de los demás, sus anhelos, su historia, la ignoramos y a veces, aunque no lo creamos, el otro, ese que te mira a los ojos mientras hablas, puede enseñarnos más cosas que todas las lecturas del mundo, por muy humilde que parezca.
    Un beso

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    1. Lo que dices es la biblia, todos somos iguales ante el aprendizaje y el tiempo es sólo uno. Lo que pasa es que cada persona lo invierte de una manera, sumando sus propios conocimientos y vivencias. De ahí que todos podemos enseñar algo a los demás, como en esta ocasión nos sucedió a Rachid y a mí.
      Abrazos desde el veranillo.

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  11. He vuelto a leer tu entrada ya que, siempre es mi costumbre, volver para agradecer tus letras y los ánimos que me has dejado en mi espacio.
    La verdad es que, el tema que planteas, es algo tan grave, que a todos nos tenía que preocupar.
    Abrazos y buen fin de semana.
    kasioles

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    1. Yo también creo en esa gravedad, la vemos en los rostros de los desplazados que huyen de Siria, Libia y demás.
      A su tragedia de perder la patria se suma la incertidumbre del futuro, querida amiga.

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  12. Ana, li com atenção este seu texto, e minha primeira reação foi de satisfação ao saber que você tem um livro publicado (Gaudí y Más); a segunda reação, também positiva, foi a de ter em mãos esse livro para conhecer Gaudi e para conhecer melhor a escritora Ana M.Ferrin), e a terceira reação que tive foi justamente o fundo do seu texto, discorrendo esse adolescente africano de 16 anos que lia o livro de sua autoria.Coloquei-me no seu lugar e pude ter uma ideia do prazer que se tem quando vemos que nosso trabalho teve todo esse alcance.
    Desejo a você um bom final de semana.
    Abraços.

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    1. Hola Pedro. Estos encuentros son magníficos, porque una vez el trabajo está acabado y publicado ya no pertenecerá sólo al autor, será también de quienes se sientan identificados con su esfuerzo. Como el prólogo de usted para Oração aos Moços, de Rui Barbosa, quince páginas de admiración.
      Saludos.

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