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PastorOvejas Atardecer en Tierra de Campos, Palencia, España. (A.Mª.F.)





(3/3) EL CAPRICHO DE Dº MÁXIMO DÍAZ DE QUIJANO, OBRA DE GAUDÍ EN COMILLAS



                                            Tal como lo vemos hoy resplandeciente de forja y cerámica, no podríamos haber conocido en Comillas la Casa QuijanoEl Capricho, de no ser por el arranque romántico de la familia de Antonio Díez Vollrath aquel día de 1977, cuando leyendo el periódico reparó en el recuadro donde se anunciaba la venta del edificio. De la rapidez con que decidieron la compra, nos sorprenderíamos. Pero mucho más de la cruzada económica emprendida para devolver al edificio la belleza original de su construcción un siglo atrás, en 1883. Un presupuesto que se fue convirtiendo en más y más delirante a medida que avanzaba la restauración.

    Confirmando la identidad indiana de Comillas, al capricho de un retornado cántabro de Cuba, Máximo Díaz de Quijano y Fernández de San Juan, iban a devolverle su esplendor los descendientes de otro indiano cántabro venido de Méjico, Antonio Díez Vollrath y sus hijos Antonio y Ernesto.

                               
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Antonio Díez Vollrath (2)
Antonio Díez Carmona (3)

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     CUANDO EL CORAZÓN TOMA EL MANDO
Publicado en Gaudí y Más. 18 de junio de 2016



                   Máximo Díaz de Quijano disfrutó de poca estancia en esta vivienda, muriendo en 1883 a los 47 años sin que estuviera acabada por completo. Se cuenta la anécdota de que al despertar de su primera noche en la casa, subió a la terracita del templete que domina todo el pueblo desde lo alto y  contemplando aquella visión privilegiada de monte y mar decidió avisar a los criados para que le sirvieran el desayuno allí mismo. Pero recibió la contestación de que las viandas se demorarían porque habrían de traerse  desde el pueblo. La orden que había recibido el arquitecto era para construir la vivienda de un soltero. Y Gaudí lo hizo al pie de la letra, tanto, que todo lo que no fuera en función de... sobraba, por eso en la casa no se había construido cocina alguna.   

  Después de morir el propietario, El Capricho pasó en 1889  a su hermana Benita. Rodando en cascada por una serie de legados, a través de los años quedaría la propiedad, ya en ruinas, en manos de Dª Pilar Güell Martos, que la vendería en 1977 por 16 millones de pesetas al citado empresario. Serían sus hijos quienes retomarían el testigo de devolver su esplendor a la hermosa casa desollada, asignatura pendiente para los comillenses amantes de su tierra. 
      
                     


En 1973, tres imágenes del estado de El Capricho, con buena parte de las cubiertas sin
tejas, recubiertas por losetas sintéticas, antes de la restauración de la familia Díez. (C.G.)

El arquitecto Luís Castillo Arenal.

                                 En agosto de 1999 fuimos mi marido y yo al Restaurante Internacional El Capricho, siendo ya propiedad de la empresa japonesa Mido Development, donde estábamos invitados después de hacer unas fotos que redondearían el capítulo de mi libro donde parecía la historia del chalet. El comedor se había instalado en lo que fuera en origen el invernadero donde Díaz de Quijano, interesado por la botánica, hizo replantar en 1883 las especies que mandó traer de Cuba. Entre los muros de la obra cántabra de Gaudí, viví aquel mediodía dos anécdotas chaplinianas que no me resisto a contar.

   La primera en mi propia piel, porque a un comensal cercano que manejaba cuchillo y tenedor sobre una pieza de carne -imagino que un codillo o paletilla de cordero portador de un hueso-, se le escapó ese hueso, yendo a parar a nuestra mesa y derribando una copa de vino tinto sobre mi pecho que fue extendiéndose hacia abajo por todo mi vestido blanco.

   Convertida en bandera viviente del Japón, bajaba yo hacia los servicios para asearme lo posible y marchar a cambiarme de ropa al hotel, cuando apareció ante mis ojos una escena para filmarla. Pegado de perfil a la pared con brazos y piernas abiertos a la manera de una salamandra, un caballero alto y bien trajeado de gris acariciaba el mármol verde del muro.

   La visión me dejó parada unos instantes, ni se me ocurrió acabar de bajar porque no quería interrumpir las maniobras de aquel hombre. Era evidente que allí había algo que a mí se me escapaba pero muy importante para él.

   Al darse cuenta de mi presencia se apartó de la pared, pasándose ambas manos por los cabellos. Y alisándose camisa y chaqueta, me dijo con expresión extrañada por mi aspecto, pero sin referirse a él: -¿Ha visto?  ¡Esto es jade! ¡Jade! Yo soy constructor y créame, ésto vale un huevo…     

  La frase sería más tarde tema de conversación con la gerente Masako Yamahuchi, a la que no extrañó la situación. Las referencias de los clientes a lo que debió haber costado devolver el edificio a su estado primitivo, eran constantes.      

Masako Yamahuchi y Ana Mª Ferrin a la entrada de El Capricho 1999. (A.Mª.F.)
Detalle del comedor en 1999. (A.Mª.F.)

Dos vistas, interior y exterior, del antiguo invernadero convertido en restaurante.

Vestíbulo de entrada a los servicios. Observar el recubrimiento del muro. 1999 (A.Mª.F.) 

                                 El 6 de Junio de 1990 se reinauguraba el edificio, convertido en restaurante después de una cuidada restauración del arquitecto Luis Castillo Arenal financiada por la familia Díez Carmona. Un buen proyecto que no logró hacerse rentable con la rapidez prevista.

   En 2001 había pasado a ser el Restaurante Internacional El Capricho bajo la dirección de Masako Yamahuchi (*), filóloga de Tokio, músico y traductora de García Lorca radicada en Cantabria desde hacía décadas. Quince años después, tras pasar todas las crisis que nunca consiguieron que El Capricho abandonara Cantabria, ni para viajar piedra a piedra a Reus como intentaron negociar en la ciudad tarraconense, el curioso edificio se reinventó no hace mucho en Museo, o Monumento visitable, como lo nombran sus actuales propietarios japoneses.

   Una visita de esas que dejan la amable sensación de que quienes pasaron por el palacete dejaron una huella positiva, empezando por su primer propietario que quiso el mejor destino para residir en él, dándole un final sabroso a su vida. 

   Si deciden ir a verlo, observarán que en el horizonte de Comillas el crepúsculo se balancea desplegando un baile eléctrico de colores. Buen momento para que juntos, el visitante y Baco levanten su copa a la memoria de Máximo Díaz de Quijano y Fernández de San Juan.  



Ana Mª Ferrin

(*) En mis libros de 2001, Gaudí. De Piedra y Fuego y  Gaudí. La Huella del Genio, pueden conocer la historia completa de El Capricho en dos largos capítulos:



29 comentarios:

  1. Pensarías al toparte con la salamandra humana que el vino derramado sobre tu vestido -vaya puntería la del comensal y su hueso volandero- tendría algún tipo de propiedades alucinógenas (a saber lo que estos japoneses le echan al tinto) sin haberlo catado. Me imagino que el del codillo agresor, de no pagarte el tinte, al menos tendría la deferencia de invitarte al vino.
    Un saludo, Ana María.

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    1. Ignoro si el revestimiento era jade o no, lo que sí es cierto es que el hombre se azoró bastante porque la pose no era muy airosa.
      El del codillo agresor se disculpó mucho, pero hasta ahí.
      El vino era un buen rioja y era parte de la invitación de la casa.
      Otro para ti, Cayetano.

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    1. El Capricho espera tu cámara en un próximo viaje.
      Un beso

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  3. Afortunadamente, se ha mantenido el edificio y no se perdió entre papeles de herencia y luchas estériles por tenerlo, dejándolo en ruinas...

    Besos

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    1. Excepto la Casa Calvet, casi todas las obras principales de Gaudí, o parte de ellas, han acabado abriéndose al público. Suelen pertenecer a sociedades privadas que las utilizan como buque insignia de la firma y eso tiene la ventaja de que el elevado coste de su mantenimiento no lo soportan nuestros impuestos.
      Buenas vacaciones, Manuel.

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  4. Me he reído con tu entrada de hoy, todo lo que cuentas lo haces con tanta viveza que realmente estoy viendo todo, sobre todo a ti de bandera !! Besetes.

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    1. Ese vestido tenía doble querencia, por Japón y los restaurantes. En una ocasión en que la gerente de El Capricho vino a Barcelona y la acompañé a una gestión pasó otro episodio que ya contaré.
      Un beso.

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  5. Algún día tengo que ir a ver ese lugar. Me ha parecido realmente encantador, un pequeño paraíso en la tierra. Pero me sorprende enormemente la ausencia de cocina, porque es frecuente que al soltero se le despierte mucho el apetito!

    Buenas noches, aunque con esta luz veraniega no parecen noches.

    Bisous

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    1. Como su estilo es inclasificable, bien podría haber sido el capricho de uno de esos personajes eclécticos tan comunes en cualquier siglo de la historia. Buena idea como inicio de una novela o guión de un film. Recuerde esa delicia de El Contrato del Dibujante.
      Besos.

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  6. Como siempre notable recuento Ana María, en palabras y en gráficos.Me hizo mucha gracia tu recuerdo del momento en que recibiste las consecuencias de "la mala puntería" de aquel señor.

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    1. Los dos señores de aquel mediodía se han quedado en la memoria de mi marido y mía porque fue algo inolvidable.
      Saludos Esteban

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  7. Pues sí que viajó el trozo de hueso, sí. ¿Sería el destino el que quiso que ese pedazo de filete cayera en vuestra mesa, vertiera la copa de vino sobre tu vestido blanco, y te encontraras junto al servicio a ese caballero de traje gris sobando el muro de jade? La descripción de la escena es de lo más sensual y esas anécdotas, al final, es lo que permanece en la memoria. Seguro que fue ese solterón juerguista de Díaz de Quijano quien quiso reirse de ti un poco con el asunto del hueso y el vino, o quizá el arquitecto del edificio, socarrón siempre aunque adusto....
    Un beso

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    1. No había caído en el giro que le has dado a la escena viéndola desde otra perspectiva.
      El espíritu burlón de Díaz de Quijano haciendo de las suyas, encadenando las imágenes y montando una secuencia… Fíjate si has despertado mi imaginación, que hasta estoy oyendo un cuplé… “Como aves precursoras, de pri-ma-ve-ra….”

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  8. Ana Mª,
    Agora que você concluiu o seu trabalho, que foi dividido em três partes, vejo o muito que foi importante para mim conhecer um pouco mais do famoso E”El Capricho “, de Gaudí, em Comillas, e a sua História, que certamente deve interessar principalmente aos arquitetos. Congratulações, Ana, pela sua capacidade e pela sua dedicação à cultura de seus país.
    Abraço.
    Pedro.

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    1. Hola, Pedro. El único arte que nos permite introducirnos en su interior es la arquitectura. Y cuando lo hacemos y nos sentimos parte de él, es que su autor ha triunfado.
      Ustedes tienen en su país una de las arquitecturas más importantes del siglo XX y seguro que cuando ha entrado en esas obras también habrá experimentado sensaciones interesantes.
      Saludos.

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    2. Ana Mª,
      Nos últimos dois séculos, importantes arquitetos, como Oscar Niemeyer, Lúcio Costa, Lina Bo Bardi, Jaime Lerner, entre outros, colocaram em destaque a arquitetura brasileira; muitos deles se tornaram conhecidos em boa parte do mundo.
      Abraço.

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    3. Todos los arquitectos que nombra son importantes. Sobre todo Niemeyer, maestro absoluto con una visión de esas que elevan, grandiosa.

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  9. Realmente, todo un capricho... Un capricho precioso

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    1. Es un buen lugar para que un fotógrafo amante de los detalles, disfrute.
      Saludos

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  10. Vaya la suya al capricho. Una visita inolvidable.
    Hubo suerte de que ante de que la ruina total se apropiara del edificio, fue comprado y restaurado. Cuantas joyas se han perdido por su abandono.
    Un abrazo Ana María.

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    1. Qué cierto lo que dice. Y como se nos queda el ánimo cuando vemos esas joyas que poco a poco se van deteriorando, perdiendo detalles, desmoronándose los muros. Hay veces que evitamos volver para no verlas, para no sentirnos impotentes ante la ruina, querido amigo.

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  11. Ana interesante entrada.Menuda apuntería la del hueso,me imagino la escena y me río,aunque eso te permitió ver algo insólito, un hombre abrazado a una pared,jjj.
    La restauración del edificio es algo que hay que agradecer a los actuales dueños porque en caso contrario podría haber desaparecido o convertirse en un montón de escombros, como pasa con algunos edificios antiguos.
    La fotos son muy buenas, te felicito.
    Besos
    Puri

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    1. Hola, Dulcinea.
      Como cuento, la restauración fue obra de la familia Díaz, los primeros propietarios de la época actual que la adquirieron en 1977. Hoy los dueños son japoneses y también están cuidando el edificio.
      Ojalá sigan así. Besos

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  12. Un capricho y eso no duele en gastos, pero claro eso es otra realidad. Los edificios se tienen que mantener y conservar y como bien dijo ese caballero-salamandra(*):Eso ha costado un huevo, de jade y tanto ya se sabe que los materiales nobles son solo para nobles bolsillos.

    Feliz día de San Juan espero que anoche verbena: te hayas sumergido y de espaldas en un baño purificador para pedir un deseo...y, hayas quemado todo lo viejo en esa hoguera...-Estamos solo a dos días a ver que nos depara el domingo...?

    Besos feliz día.

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    1. No hay que preocuparse, Bertha, ya sabes lo que dijo Bismarck, “España es el país más fuerte del mundo, los españoles llevan siglos queriendo destruirlo y no lo han conseguido”. Lo que el canciller alemán no sabía era que por cada elemento que ha intentado acabar con esta tierra, hay dos empeñados en salvarla. Ahí está nuestra fuerza.

      Te deseo que si había algo negativo en tu vida, haya desaparecido con las hogueras. Besos

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  13. Que interesante crónica, Ana María.
    Me ha encantado conocer el lugar. Estoy deseando contemplarlo en vivo teniendo ya todos los detalles en mente que tan bien nos has relatado.
    Muy divertida la anécdota del vestido...jejeje.
    Muchos besos.

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    1. Adelante, reportera. Engrasa la cámara que ya te están esperando los girasoles. Prepárate porque tú eres minuciosa y vas a disfrutar con la infinidad de detalles que encontrarás.
      Un besazo.

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  14. Este diciembre he visitado el capricho con mi familia, he disfrutado como un niño pequeño, la chica explica todo con una gran profusión de detalles y muy buen animo.Mi padre me habló del capricho desde pequeño y por fin lo visito, no dejo de imaginarme a Máximo en la casa, caminando altivo sumido en sus pensamientos, de sus aventuras de América...

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