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Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





(2/3) ANTONIO GAUDI Y LA ÓPERA, CON JOAN GUINJOAN, MANUEL HUERGA Y JOSEP PONS


                               
                                Parado frente a la Sagrada Familia, traje gris de buen corte y gafas académicas, a los paseantes que se cruzan con el caballero quizá les parezca un profesor absorto en la resolución de algún problema de estructuras.

  Nada de eso. Los pensamientos que se agolpan en la memoria del compositor Joan Guinjoan vuelan tras ver las cajas del pequeño comercio de la acera, haciendo que la fruta tome vida propia ante su vista. Trepa al carro de su infancia cubierto de lonas y alfombrado de mantas, donde se amontonaban los enseres y las jaulas con gallinas y conejos. Vuelve a verse camino de acampar junto a las playas de Cambrils en compañía de otros vecinos de Riudoms, en Tarragona. De fondo frasean mezclados el trallazo a las mulas, seguido por el gemido de los flejes del carro que avanza, bamboleándose, sobre la arena de los caminos costeros.

   El eco de algún canto y la algarabía de toda la familia junta en los veranos de su niñez, recorriendo con gran excitación los ocho o diez kilómetros que separaban del mar su pueblo agrícola. Gloriosos días de playa a la sombra de una pineda, de canciones al amor de unas brasas donde se cocinaban paellas y se asaban la carne traída de casa o el pescado capturado por los cebos de los vecinos, entre el chisporroteo de las llamas al caerles goterones de grasa. Viviendo al ritmo natural de la luz con cenas alumbradas por candiles de aceite o carburo. De postre, las uvas recogidas en el camino por abuelos y tíos. Y niños, muchos niños siempre en remojo, rebozados de arena y sol.

   La idea de la felicidad para el músico Guinjoan quedaría unida por siempre al son de un acordeón, brillando al sol junto a un mar perlado.  

Desde la iz, la soprano portuguesa Elisabeta Matos, "Rosa", el director de orquesta Josep Pons, Guinjoan, el tenor
norteamericano Robert Bork, "Gaudí", y el director escénico, Manuel Huerga, saludan en el estreno del Liceo

El compositor en su estudio tarareando una partitura. (A.Mª.F.)


LAS RAÍCES DEL MÚSICO

Publicado en Gaudí y Más. 16 de septiembre de 2016


                            Ahí empezó el idilio de Guinjoan con la música, tocando un acordeón al que su primo no hacía caso. Un día Joan se atrevió a sacar de aquel instrumento algo parecido al vals La viuda alegre y a partir de ahí la familia y los amigos ya no le dejaron en paz, no hubo salida ni excursión que acabara sin un baile al son del viento convertido en música. Al principio el tímido jovencito de catorce años intentaba escabullirse, pero poco a poco fue tomándole gusto al ritmo de sus botones. Solo faltó que llegase a la Fiesta Mayor de Riudoms la orquesta de baile Els Fatxendes de Sabadell (*), con uno de los músicos tocando un acordeón-piano para que, deslumbrado, rogase a su padre que le comprara uno igual.

  Aparte tenemos a la familia, que siempre guarda los recuerdos en su memoria acústica. Su tía Lluisa contaba el antecedente precoz del travieso Joan de cuatro años colocando dos sillas bien separadas, atando de respaldo a respaldo una cuerda de la que fue colgando cazuelas, tapaderas y sartenes. Armado de un bastón en cada mano se dedicó a golpear (y abollar) con todas sus fuerzas los cacharros, hasta que alguien de la casa le desmontó la batería explicándole para que no se le olvidara, de forma contundente con la mano abierta, que el destino natural de las cazuelas era otro.

   Al entrar en los talleres del templo el compositor da unos pasos y se para en la penumbra de un pasillo ante la puerta de los carpinteros, viendo como el zigzag del cepillo pasa sobre un listón de pino, dejando escapar por el hueco de la cuchilla una cascada de rizos blancos después de cada recorrido. La franja de luz que entra desde la calle deja ver el serrín en suspensión. Flota en torno al local un penetrante olor a resina.

   Para Joan es un perfume evocador. Le lleva a la sucesión de músicos que lo encaminaron hasta convertirlo en el hombre que es hoy. No fueron grandes maestros, alguno de ellos a duras penas habría silabeado un do re mi. Unos eran simples aficionados, como el  colchonero del cercano pueblo de Borges. Hubo otros que le enseñaron solfeo: Enric Simeon y los maestros Fructuós Piqué, y Ribó, que acabaron encaminándolo al Conservatorio de Barcelona. Todos ellos fueron importantes en su momento. Incluso los carpinteros que trabajaban al lado de su casa en Riudoms y que pactaron con él un trueque que le valdría más adelante como experiencia para ganarse la vida: Le aguantarían sin rechistar sus machacones ensayos de piano, a cambio de que el joven tocase a cada hora una pieza del gusto de los carpinteros, una copla. Por ejemplo, El gitano señorito.  


Esta imagen de una tartana en una playa con media docena de niños, ilustra por su cercanía en tiempo y lugar,
los recuerdos de la niñez del compositor. (A)
La veterana orquesta Els Fatxendes de Sabadell, en activo desde 1852 a 1973.
2º por la der. con sus padres y su hermano
Cuando por fin empezaron sus primeras actuaciones en Salamanca y Tarragona... 

                         Al amanecer con los suelos glasados por el rocío salía el aspirante a pianista a labrar las tierrasSus futuras tierras, ya que él era el mayor de los dos hermanos, el hereusimultaneando hasta los veintiún años el arado en Riudoms y las clases de música en Reus. Manos endurecidas por el trabajo, a menudo con ampollas, que buscaban por las tardes la suavidad de las teclas. Las fotografías de esa época nos muestran a un joven moreno de ardientes ojos negros, que bajo los rizos mira más allá de la estancia que acoge al grupo familiar. Parece a punto de soltarse a hablar, pero hoy sabemos que el respeto que le inspiraba su padre acallaría muchas veces aquellos impulsos.

    Para comprender el alcance de aquella situación no hay más que recordar su llegada a Barcelona en el año 1953. El día que pensaba partir había madrugado para prepararle a su padre el carro y la mula, con el propósito de encontrarse a solas con él y explicarle su decisión de irse a estudiar al Conservatorio barcelonés. Una vez más le fue imposible reunir el coraje suficiente para confiarle la decisión que llevaba tiempo rumiando, y como siempre, lo dejó marchar camino de los campos sin decirle nada.

    Su padre era un hombre recto sin veleidades artísticas que había seguido con una creciente preocupación la afición y más tarde pasión de su hijo por la música. Un siglo atrás, Charles Baudelaire había escrito en su poema El albatros, que el artista era un bufón, un ser distinto y esa opinión seguía arraigada entre las gentes de orden de cualquier lugar.

    En el Riudoms de esos años ser músico equivalía a ser un bala perdida, y el hijo mayor de Casa Guinjoan, el que por tradición debía llevar en sus manos las riendas del patrimonio familiar, había escogido un camino que no auguraba nada bueno. Así que esa mañana Joan despidió a su padre como en otra jornada cualquiera, partió hacia Barcelona y unos días más tarde, ya instalado en la ciudad, le escribió una carta confiándole los anhelos que guardaba en su interior pidiéndole que no sufriera, con la promesa de que pronto estaría orgulloso de él, porque su marcha la provocaba el interés por una profesión muy digna en la que se proponía desarrollar su vocación.

En el Palau de la Música, dirigiendo su obra Diario, con la orquesta y la mezzosoprano Anna Ricci
En el Palau de la Música, dirigiendo a la Orquestra Ciutat de Barcelona.

El compositor con S.M. Dª Sofía
                      
                                Hoy, el compositor guarda en un cajón un buen número de honores terrenales (**) que no están nada mal para el chico que llegó desde los avellanos y olivos de Tarragona. Pero en esa etapa, en Barcelona y a los veintiún años, Joan descubrió el significado de la soledad. Si hoy llegado a los 85, le hicieran describir la palabra soledad con una imagen, no dudaría en dibujar a un joven cenando en una fonda la noche de Fin de Año con la única compañía de un plato de bacalao con judías. Porque eso sí. Gracias a Dios, a Joan Guinjoan las penas nunca le quitaron el apetito.

    Aunque fuese un hombre serio y de pocas palabras, el cariño de su padre quedó demostrado haciéndole frecuentes visitas a la pensión de Barcelona. A menudo aparecía con un cesto al brazo colmado de verduras y embutidos con los que el joven músico recobraba energías después de las clases y de ganarse la vida tocando música de baile por locales de la periferia. El tiempo pasaba rápido y Joan no se detenía, buscando activamente contactos que pudieran encaminarlo hacia el circuito de los recitales. Un par de años después consiguió sus primeras actuaciones en Salamanca, un hito inolvidable, y poco después en el Teatre Metropol de Tarragona. Este último concierto tendría su importancia porque le valió una Beca de la Diputación tarraconense.

   Con ayuda de la música, un duende benefactor acompañó la andadura de Guinjoan desde que pisó París por primera vez en 1954. Empezó con un recital en la Ecóle Normal y una serie de miradas alrededor con hambre de aprender le decidieron por dos veces, una soltero y otra casado, a seguir estudiando, aunque a base de becas le fuese imposible cubrir las necesidades del día a día, intensificando las actuaciones alimenticias.

   Las numerosas que hizo en el bistró musical Au père tranquille en el barrio de Les Halles, envueltos por la humareda mezcla de tabaco, el olor a pastís y la sopa de cebolla, se hilvanan para Joan allí donde formó parte de un trío jazzístico y cabaretero en compañía de un acordeonista ruso y un percusionista de color. En ese local Joan aprendió a zafarse de las camareras acosadoras tanto como a repetir las piezas preferidas de los gigolós y a brindar con los clientes, a menudo delincuentes de altos vuelos pasados de copas.


El bistró, bar y brasería Au Pere Tranquille en el barrio de Les Halles, sigue siendo un lugar de referencia.

                             El músico quería un camino recto. Delicado equilibrio que se agudizaba los días que el trío añadía bolos en locales del barrio de Pigalle, aún más salvajes. Porque allí los clientes no sólo bebían de más, cuando rebasaban el tope de la cordura solían desnudarse. Entonces el hombre formal, con novia, criado en un medio de profunda religiosidad, el que durante el resto de la semana acudía a clases de música por la mañana y ejercía de profesor de español para señoritas por la tarde, apenas levantaba la vista del piano hasta las mesas que se agolpaban a su alrededor cuando los parroquianos acababan haciendo de todo...a la vista de todos.

   Es indudable que cada uno dispone de sus propios resortes para enfrentarse a tentaciones y adversidades, para caer o no caer, en lo que se desea o no. Joan encontró su mecanismo de freno marchando directamente desde el cabaret, a las 6 de la mañana, a la primera misa de la iglesia de Saint Eustache. Toda experiencia vale para el futuro de quien busca inventar porque no le basta lo existente. Si alguien se pregunta de qué ricón de su memoria extrajo el músico esa sonoridad que no se parece a nada, para el film Hommage à Rimbaud, puede que la respuesta se base en las noches del Pigalle de sus veinte años, donde el poema Sensation, de Rimbaud, empujaba a que: Par les soirs bleus d’etè/ j’irai loin, bien loin/ comme un bohèmien...(***). 

  La crítica musical Kathinka Dittrich van Weringh no duda de que Joan Guinjoan posee el talento y la fortaleza necesarios del artista de raza que sabe resistir: Joan -escribió van Weringh- es como un árbol poderoso con raíces profundas que recibe los truenos y el pedrisco, los vendavales según le llegan, inclinándose a un lado o al otro, dejando caer de vez en cuando un par de hojas y, sin embargo, extrayendo imperturbable las substancias de la tierra.  


Continúa...
Ana Mª Ferrin

(***)  En las azules noches de verano/ iré lejos, muy lejos/ ...como un gitano...

21 comentarios:

  1. Menudo currículum. Que nadie le hable de penalidades ajenas que con las suyas -eso sí, sin perder el apetito- ya hay de sobra para escribir varios tomos de una densa biografía. Es lo que tiene ser músico, que hay que hacer de todo en todas partes, aguantando el tipo y al personal. Y no podía faltar Pigalle. Hay que estar hecho de una madera especial para salir adelante en una situación así. Ser muy fuerte.
    Me has recordado con la luz de carburo, con esa luz pálida y ese olor especial que ya no me abandonará nunca, esas veladas de verano de cuando era niño, en una casa de campo de Badajoz, con mis padres y mis tíos, aquello era como una especie de aventura. De día, mi padre salía fuera y limpiaba los restos del carburo de aquellos candiles que parecían cafeteras pequeñas y que soltaban el chorrito de luz blanquecina. De noche, en la puerta de la casa, mirabas al cielo y veías todas las estrellas. Nunca vi tantas. Sí, tal vez aquello era lo más parecido a la felicidad.
    Un saludo, Ana María.

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    1. Quién olvidará el olor del carburo ni su luz tan clara, nunca he visto otra igual. Quizá ahora la de los leds. Y las piedras, que los niños tocábamos y olíamos y ahora sabemos que son tóxicas y potencialmente explosivas según se traten. Igual que el mercurio con el que jugábamos cuando se rompía el termómetro y salía formando bolitas, y ahora sabemos que era veneno. Somos una generación de supervivientes, Cayetano.

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  2. Generalmente uno lleva el arte dentro, él bien demostró de pequeño sacando del acordeón su carrera.
    Buen reportaje, un abrazo.

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    1. Su suerte fue doble, por el esfuerzo y el don de su talento. Porque si llego a ser yo la que coge el acordeón, querida Mari-Pi...

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  3. Todo lo que se hace con vocación, responsabilidad y disciplina, se completa con éxito. El esfuerzo vale la pena.

    La ópera le gustó a mi paciente :D

    Besote

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    1. No hay duda de que su paciente es un hombre de vanguardia.
      Manuel, tienes una profesión de lo más cultural. Saludos

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    1. La fotografia de artes escénicas también es arte que precisa un creador.

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  5. Curioso que en aquellos tiempos ser músico equivaliera a ser un bala perdida. Cuánto daríamos por ver a más jóvenes de hoy seguir esos caminos y no otros. Poco hollados parecen hoy, lamentablemente.

    Feliz domingo.

    Bisous

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    1. Eso creía yo hasta que alguien cercano entró en ese campo y vi la cantidad de juventud que sigue el camino escénico.
      Pero no es habitual que los medios dediquen su tiempo a contar el esfuerzo del artista. Vende mucho más (?) el vicio y lo canalla, cosas que a mí no me hacen mover un músculo.

      Besos y feliz jueves, madame

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  6. Ana Maria,
    A história de Joan Guinjoan, escrita de forma tão agradável por você, diz bem do que pode uma pessoa que nasceu inclinado para viver uma determinada arte, sem a qual a vida não teria o mesmo brilho. Guinjoan passou por muitas dificuldades, mas não esmoreceu. O som da música que estava na sua alma, entranhada, não deixaria que renunciasse a arte para a qual se é escolhido, não o contrário. Guinjoan venceu graças à sua força interior aliada à vocação que não o deixava sossegado. Conhecemos mulheres e homens como ele, embora não sejam muitos, mas o certo é que deixam a obra e o exemplo para os pósteros. Parabéns pelo excelente trabalho, Ana.
    Abraço.
    Pedro.

    EM TEMPO: Ouvi mais uma vez sua entrevista na “Rádio”, sobre Gaudí, e comentei.

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    1. La mejor herencia que podemos dejar a nuestros hijos es la cultura del esfuerzo y toda la ayuda que nos sea posible en su preparación. El dinero que se lo trabajen ellos como hizo Guinjoan, que eso forja el carácter.

      Acabo de ver los audios y he respondido a los comentarios. A ver si tengo tiempo y cuelgo más entrevistas.
      Obrigada, amigo Pedro

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  7. Me interpreta Diana de Méridor más arriba. Totalmente.

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  8. Siempre he admirado a esas personas determinadas a un fin, pese a la oposición familiar, generalmenente vencida. Personas sacrificadas en sus inicios, sometidos a penalidades, pero inasequibles al desaliento, como este hombre, al que ya dije que no conocía, pero que me parece admirable. Por cierto, no es el único del que nos ha hablado en este blog suyo fenomenal.
    Un abrazo.

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    1. Un apunte que me parece interesante en ciertos creadores que parten de cero, es ese espacio de tiempo más o menos largo y que puede prolongarse toda la vida, donde se produce una dicotomía entre los medios disponibles y el reconocimiento de que son objeto. Vamos, que puedes ir caminando por la alfombra roja sin que se te vaya de la cabeza cómo pagar el alquiler.

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  9. Magnífica biografía. Conmovedora por la fuerza que tiene.
    Mi admiración por esos artistas que no sucumbieron al desaliento ni a las dificultades, es enorme.
    No sabes como te agradezco que lo hayas traído a este maravilloso rincón tuyo.
    Espero con impaciencia el resto de su biografía.
    Te envío un abrazo enorme.

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    1. Como tú sabes muy bien, el carácter es lo que salva al individuo de rendirse. Por muchas zancadillas que ponga la vida, al que no le asusta el trabajo y resiste, gana, guapetona. Un beso.

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  10. Un compositor de raiz ya lo puede decir ya, y tambien la suerte de haber tenido una familia que en su momento aposto por su vocación.

    Te felicito por esta biografía y sobre todo admiro lo mucho que disfrutas con ello.

    Ana Mª aunque mi ausencia se ha prolongado más de lo deseado por ausencias obligadas.Hoy me he dado el gusto de acercarme a vuestro rincones; me encanta este paseo.

    Un fuerte abrazo feliz otoño

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  11. Querida Berta. Muchas veces hay compañeros de páginas a los que echas de menos, pero la discreción más o menos acertada impide ponerse en contacto.
    Así es en tu caso. Cuando pasas una y otra semana sin escribir acabas viniéndome a la mente. Qué hará Bertha, si estará bien...
    Hoy es un buen día por saber de ti. Deseo que todo vaya bien. Un beso, amiga.

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  12. El esfuerzo de este hombre merece un premio por la tenacidad y el orgullo de hacer algo como esto que nos ilustras en esta entrada Ana tan bien por otro lado expuesta y con todo lujo de detalles. El pasar por tu blog siempre es muy ilustrativo. Gracias por compartir
    Besos
    Puri

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