Foto cabecera

LouisConfortTiffany Sorolla Louis Comfort Tiffany, artista plástico creador de joyas y de las famosas lámparas Tiffany. Joaquín Sorolla. Hispanic Society.





ANTONIO GAUDÍ Y EL CAPRICHO DE Dº MÁXIMO DÍAZ DE QUIJANO, EN COMILLAS. (1/3)


                                 En el último tercio del siglo XIX, Cantabria iba a contemplar importantes novedades en su suelo, entre ellas la entrada del arquitecto Antonio Gaudí en Comillas con varias obras entre las que sobresale el chalet Quijano, conocido como El Capricho. El sorprendente edificio, un inclasificable conjunto de aire nazarí entre otros muchos estilos, sorprende de veras a los espectadores de la película Altamira en los fotogramas que aparece. Y lo hace con toda autenticidad, ya que a la vez que las pinturas de las cuevas revolucionaban el mundo del arte obligando a replantearse la cronología de su Historia, El Capricho elevaba su torre lanzando el mensaje de que nuevos aires agitaban al mundo de la arquitectura occidental. Anunciando el comienzo de una nueva era.


El Capricho
Dº Máximo Díaz de Quijano 
1888. En la portada del libro Gaudí. La Huella del Genio, Antonio Gaudí 


CANTABRIA, UNA TIERRA AFORTUNADA

PACO CANDEL. MUCHO MÁS QUE "LA CELEBRIDAD DE LAS CASAS BARATAS DE CAN TUNIS"



Reedición


Desde aquí mi recuerdo a José Mª Parra, Director del Diario 
de Extremadura, de Cáceres. En 1985 me dio la primera 
oportunidad de publicar en su periódico, para el que le envié 
varios reportajes y entrevistas realizados en Cataluña. 




                            Aunque en su origen formó parte del primer trabajo periodístico que publiqué firmado, un reportaje de 1985 sobre la emigración extremeña en Cataluña que me encargó el Diario de Extremadura para su edición de Cáceres, el texto siguiente es también la primera entrevista cara a cara que realicé, saliendo a la luz en solitario dos años más tarde. Fue al periodista y escritor Francisco Candel (*) y se publicó en el periódico barcelonés Sant Andreu Expréss

   Rescatada en un arranque de nostalgia, después de leerla no me he muerto de vergüenza y eso ya es mucho, teniendo en cuenta que el personaje es uno de los más queridos de Barcelona y que tuve que hacerla con gripe y fiebre por una cuestión inaplazable de fechas. Instalado en el corazón de sus conciudadanos, el recuerdo del hombre ha sobrevivido junto al escritor, que sigue siendo muy leído y es hoy un icono que vive las fiestas ciudadanas en la figura de un gegant, El Candel.


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                    Octubre de 1987. En la entrevista concedida a  Sant Andreu Expréss, el escritor Francisco Candel rememora sus años de juventud, asegurando que escogió la literatura por ser el tipo de creación más barato. Por su casa desfilan los vecinos del barrio barcelonés de Casas Baratas en busca de consejo y orientación. El escritor aún recuerda sus tiempos de senador.

Francisco Candel en su domicilio del barrio de Casas Baratas,  rodeado de libros. 1985. (A.Mª.F.)

Paco Candel con la autora durante la entrevista (A.Mª.F.)

             
 El “HEMINGWAY" DE LA ZONA SE INCLINÓ POR LA LITERATURA PORQUE ES LA CREACIÓN MÁS BARATA  


DESPERTAR A LA VIDA




       RELATO

Original de
Ana Mª Ferrin.

R.P.I. (*)



                               Viernes, cinco de la mañana.

  Por las calles de Palencia que confluyen en el Paseo del Salón camino del río, se ve a los estudiantes acercándose a los autocares con sus padres, todos soñolientos con ese andar cansino de la madrugada mal dormida por los nervios...





CON EL BESO ENTREGA EL OSO DE PELUCHE...


EL PINTOR SUECO ANDERS ZORN O LA INDOLENCIA EN EL ARTE. UNA LECTURA




                                    Recuerdo exactamente cuando vi por primera vez la obra y los rostros de los que se anunciaban como el grupo de pintores naturalistas-impresionistas, llamados los de Skagen. El pequeño pueblo danés siguiendo la senda de los que se reunieron en la Provenza, albergó en la década de 1880-1890 a una colonia de artistas nórdicos que fueron y vinieron por Europa y de los que varios de ellos acabaron siendo firmas muy valoradas. 

  Mi encuentro fue durante un viaje por Alemania, Austria y Suiza entre otros países de esa zona, por cuyas ciudades fui visitando un buen número de galerías y museos. En una de esas exposiciones me topé con la que describo al principio del párrafo, en especial con la producción del pintor sueco Anders Zorn, que se encontraba entre ellos a pesar de no haber estado en Skagen. Lo habían incluido por haber compartido en París la camaradería y muestra de sus obras junto a sus colegas, de estilos y conceptos muy similares y con los que conservó una buena amistad.  

  Fue una sorpresa leer en aquella presentación, que Joaquín Sorolla había sido un referente para estos artistas de paisajes tan alejados de los españoles. Si era cierto que los espacios nórdicos no podían comparar su colorido con los de nuestro prolífico autor, aquel colectivo logró encontrar en los suyos su propia identidad en ese plano lechoso con horizontes envueltos a la vez en un mismo humo, grisceleste e infinito, donde se unían la playa, el mar, el cielo. En esa paleta de matices tenues coincidieron con el maestro valenciano a través de la claridad. Una vía original y luminosa.

  Quietud que se traspasaba a la indolencia en los muchos cuerpos retratados por Zorn, en especial sus famosos desnudos, que llamaron mi atención. Primorosos pero ausentes, casi siempre en una desgana inmóvil. Modelos que raramente actuaban ni dejaban entrever sus pensamientos. 

   Esa peculiaridad suya me atrajo para más adelante indagar en una constante con la que no me había encontrado hasta entonces. La apatía. El ensimismamiento. Cierta abulia. Tipos que están presentes, pero que tras permanecer largo tiempo estáticos se diría que dejaban ahí sus figuras, ausentándose en espíritu.  

  O simplemente porque el pintor, aficionado al nuevo arte de la fotografía, colocaba a sus modelos en la misma posición ideada por los fotógrafos de caballete para tomar una instantánea, ordenándoles:

                                        - ¡Así, no te muevas!  

   En el cuadro de Peder Kroyer, ¡Hip, Hip, Hurra!, sucede al revés. Todos sus amigos están brindando en Skagen como tantas veces hicieron juntos en París, excepto Anders Zorn. Pero su presencia se intuye en el hueco que aparece entre las figuras de negro de Martha Moller Johansen y su marido el pintor Viggo Johansen (*). 



¡Hip, Hip, Hurra!, Óleo de Peder S. Krøyer. 1888

 Anders Zor. Utmeland, Mora, Suecia, (1860-1920)


En este Retrato de Clarence Baker el motivo de su abstracción se explica si nos fijamos en el detalle que sostiene
su mano, mostrado en la imagen superior.

En las dos imágenes, el far niente. 



LA APATÍA COMO ESTILO