Foto cabecera

Compagnia-Mvula-Sungani-ph.-Antonio-Agostini Compañía de Danza Mvula-Sungani. Roma. (Antonio Agostini)





¡SIN ALIENTO! (1º Parte)




Memet...

No vivas en la tierra
como un inquilino.
Observa.
Cree en los granos, en la tierra, en el mar.
Ama la nube, la máquina, el libro.
Pero sobre todo,
ama al hombre.

Nazim Hikmet




                        No pasa nada. 

                        Sabemos que todos los niños cometen travesuras, que con ellas sonríen sus abuelos y se alegran las reuniones de amigos en sanas competiciones sobre quien la hizo mayor. Pero seamos francos. Hay casos en que...

Chus en la actualidad, con su mujer y su hijo. (F.M-C)

Chus con 20 meses.

¡ANGELITO!

Publicado en Gaudí y Más. 29 de julio de 2017 (*)


                            En el primer hecho accidentado del que tuve noticia, Chus no tendría más de seis meses, mientras la madre le cambiaba los pañales y lo vestía sobre la cama de matrimonio. Rodeado por los tíos abuelos, la abuela materna y el padre, la madre lo dejó al cuidado de ellos el tiempo justo de abrir la cómoda. De espaldas, sin tiempo para coger la ropa, Ana oyó cinco chillidos a la vez seguidos de un sonoro, ¡Crack!.    

   Esquivando los cinco bustos que lo admiraban, el bebé había rodado sobre sí mismo hasta caer al suelo y hacerse en la frente un chichón del tamaño de una nuez, entre el desespero general. Si el cariño hacia un hijo es el súmmun, la imagen del padre dándose un cabezazo contra la pared culpabilizándose por no haber podido evitarlo, es de las que no se olvidan. ¡Ah! No olvidaré añadir que aprovechando el camino al centro de salud, al tío abuelo José Luis le recetaron unos medicamentos para aplacar la taquicardia que a consecuencia del susto le impedía articular palabra: -No os preocupéis por mí ni os enfadéis con él, ¡Angelito! -dijo comprensivo el tío-. Las cosas pasan o no pasan-, sentenció cuando se repuso.

   Entre esa y otras cosillas menores que iban pasando, mis amigos ya estaban avisados de que habían de estar alerta. Unos diez días después, como siempre que el bebé dormía, mis amigos tomaron la costumbre de acercarse cada poco a la cuna para controlar su respiración. Una de esas veces, estando ella sola en casa le pareció que no lo oía bien y al encender la luz vio, luchando contra el terror que la empujaba a desplomarse, la cara boqueante de su hijo a través de una bolsa de plástico por la que había introducido la cabeza.

   Carreras a medio vestir por toda la calle con el niño en brazos hasta llegar a la farmacia, mientras intentaba un boca a boca y le daba masajes en el pecho. La rapidez lo salvó de la asfixia, pero a ella se le llenaron los labios de llagas que tardó largo tiempo en curar. Después, una vez en casa tratando de descifrar el misterio de la bolsa, los padres descubrieron que entre los barrotes de la cuna y sacando una mano, un máximo de diez minutos le habían permitido al niño: Abrir un cajón de la mesita de noche, agarrar la bolsa que contenía unas fotos y empezar a morderla y chuparla hasta que se le encasquetó en la cabeza tapándole la nariz. Ella debió entrar más o menos en ese instante.

  Aparte de su amor al riesgo, el niño se criaba precioso, rollizo, con una pelusilla dorada en la cabeza y dos mofletes rotundos que invitaban a la foto. 

   Un par de meses más tarde por la noche, mientras el grupo de amigos celebrábamos el primer año del peque, que nos acompañaba jugando en su parque junto a nosotros, cuando un estruendo de cristales y chispas nos dejó el camping a oscuras. ¿Qué había pasado?

   Pues, que sacando una mano por la malla del parque, como un pequeño Sansón con la fuerza de sus diez kilos, Chus había pillado el farol de tres globos con que se adornaba la parcela, y basculándolo, lo había hecho caer sobre el ventanal de una roulotte cercana arrancando el cable con su enchufe y la tapeta de la pared, provocando un cortocircuito. Fue una de las pocas ocasiones en que su persona no sufrió ningún daño. El estado de los presentes, ése ya fue otro tema, con la estupenda cena echada a perder por los restos de lámpara y ventana que salpicaron hasta el último rincón. Y varios vecinos necesitando cura por los numerosos vidrios clavados en nuestros cuerpos veraniegos. 


¡La curiosidad al Poder! (laranaroja.com)
                          
                                     A esas alturas puedo asegurar que mis amigos ya no vivían. Dado el intenso horario casi australiano de él y las muchas horas de ella a solas con el niño en la urbanización en que fueron a vivir, acordaron que por ninguna causa lo perderían de vista. Siempre estaría uno de guardia. Y cuando se encontrara uno solo lo sentaría en su sillita o en el parque y allí donde fuera por la casa, cocinando o limpiando, arrastraría al niño y lo pondría a su lado, vigilándolo. Y en el caso de que no fuera posible se dejaría todo por hacer, lo que fuese. Todo, todo, menos dejarlo solo. 

   Pero, aún así, ¿lograrían escapar a los percances?... 



   Sin reposo. Un día de vacaciones, después de haber estado jugando con una pajita y agua jabonosa haciendo burbujas, llevándolo Ana en brazos, al pasar cerca del lugar donde una vecina hervía agua, el pequeño Chus divisando las burbujas al pasar y deseando cogerlas, aprovechó para doblar el cuerpo en plancha estirando el brazo izquierdo, introduciéndolo hasta el codo en la olla.

   Con el corazón latiéndole en la garganta, la nueva visita al ambulatorio del pueblo enseñó a la madre, que para curar el brazo quemado a un bebé y aplicarle pomada,  son necesarios dos médicos y una enfermera, más la misma madre, y aún así es maniobra que encierra una enorme dificultad de manipulación. De allí salió el explorador con el brazo en cabestrillo. Y créanme si les digo que no hubo quien se cruzara con ellos que no les parase para preguntar el motivo que había hecho vendar aquel niño tan guapo y tan bueno.

   Todavía envuelto en gasa, una nueva visita a las urgencias del centro de salud atrajo hasta la madre la vista del Médico de Guardia. Esta vez a causa de una cesta de higos chumbos que un campesino había llevado al camping para venderlos. Estábamos hablando un grupo de veraneantes esperando a que nos llegara la vez, con Ana sujetando los hombros de su hijo con las dos manos rodeada por una docena de personas, y entre tanta gente no hubo nadie con los reflejos suficientes para cortar el camino de Chus y pillar su única mano sana antes de abrirse camino hasta las profundidades de la caja de fruta.


Una cesta de higos chumbos...

                                A pesar de inyectarle un calmante que lo dejó adormilado, el médico no consiguió desprender los pinchos de los pequeños dedos del niño ni de su antebrazo. Son tan finas esas agujas que traspasan la piel a puñados, pero tan frágiles que se quiebran al intentar extraerlas con pinzas, dejando dentro de la carne el trozo hincado. Como solución lo embadurnaron con el ungüento de una antigua receta que preparó el boticario del ambulatorio, de efecto sedante y antiséptico y le recetaron unos supositorios que le permitieron dormir las horas más dolorosas. De nuevo el mini-aventurero salía vendado de un consultorio médico, ahora ya los dos brazos. Y la madre con un temblor en un párpado que le duró más de un mes.


    El tesoro aún les depararía otro susto antes de cumplir los dos años.

   Esta vez, durante el trayecto desde Barcelona hasta Tossa de Mar, unos 100 Km, donde sus padres tenían que viajar aquel fin de semana. El camino se les prometía tranquilo y evocador. Iban a pasar por un mural donde la imagen blanca del muñeco Michelín había provocado la primera palabra larga que Chus pronunció, y cada vez que la veía se ponía muy contento, saludando con la mano y gritando Adiós Mi-che-lín, Adiós Mi-che-lín. 

  El tercer pasajero, vestido con un mono de cuadros rojos y azules viajaba en una sillita acolchada, adaptable al asiento trasero y alegrada por una hilera de animalitos de plástico que los padres cambiaban continuamente por otros para mantenerlo distraído. Y, por supuesto, vigilándolo continuamente. El viaje se desarrollaba en armonía, cuando recordaron que pronto aparecería el muñeco blanco y Ana se volvió para avisar al niño. Pero las palabras no llegaron a salir de su boca al fijarse en la cabeza de su hijo, echada para atrás con los ojos muy abiertos y parecerle que el niño que aspiraba de una forma extraña. Y sonó el grito: ¡Para!

   El marido frenó en la cuneta casi al instante y la madre saltó a los asientos traseros cuando ya el niño agitaba los brazos buscando una bocanada de aire.

   Nada había a su alrededor que pudiera provocarle un atragantamiento, buen cuidado tenían siempre al escoger sus juegos. Pero ya desesperados, después de inspeccionarle la boca y la lengua, ponerlo boca abajo, golpes en la espalda, todo lo que se les ocurrió y más, tuvieron la idea de meterle los dedos en la garganta provocándole un vómito y por fin expulsó el objeto, viendo los padres con asombro, que consistía en un minúsculo remache del peto de su pantalón, que debió arrancar con los cuatro dientes en el mínimo espacio de un parpadeo. 

   Todo en orden, reanudaron el camino con su hijo cantando feliz la canción del muñeco.

  Por cierto. Esta vez el padre remató la cuita con una sesión de espasmos estomacales que no le abandonaron en una semana... ¡ANGELITO!


¡ADIÓS, MI-CHE-LÍN!
Continuará...
ANA Mª FERRIN


28 comentarios:

  1. Primeramente, agradecer tu visita en mi blog y el comentario tan acertado que dejaste. Luego, felicitarte también por todo lo que nos vas dejando aquí, sobre pintores y sus vidas, sus orígenes y comienzos de caminos difíciles pero que ellos lograron que no fueran imposibles. Me llama la atención la cita de Nazim Hikmet y lo que dices de cómo pudo nacer la democracia en grecia, al son de una copa de vino. Quizá las grandes cosas, y las grandes obras nacen de algo muy sencillo, de la vida diaria, de lo cotidiano. Un placer darme una vueltecita por este interesante blog que llevas. Un saludo muy especial y feliz verano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Beatriz, "Duro oficio el exilio" es para mí un libro de cabecera. Aún sin una vida épica como la del poeta, todo padre o madre puede hacerlo suyo. Y no dudes de que la Democracia sólo pudo nacer así.
      Para ti un feliz verano.

      Eliminar
  2. Lo que me he reído con las aventuras del angelito. Pero bueno, esa criatura era Terminator! Y eso que sólo tiene aún dos añitos. La que nos espera todavía en próximos capítulos! Los pobres padres acabarían completamente de los nervios.

    Feliz fin de semana

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nos esperan días duros, si. Y sólo es un resumen.
      Mi deseo es envolver de humor parte de lo que fue una auténtica hazaña para los padres de este relato que publiqué en 1997. Un abrazo.

      Eliminar
  3. Una semana al lado de ciertos "angelitos" convalida un año de guerra contra el ISIS. Algunos vamos teniendo suerte en en este sentido, aunque nunca podremos decir "de este agua no beberé", dado que pueden venir nietos diabólicos, de esos que echan de los restaurantes.
    En breve saldré unos días y es posible que no pueda conectarme a ningún ordenador, por lo que tendré que dejar para la vuelta la visita a los trabajos de los amigos.
    Feliz verano, Ana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Antes de nada desearte que vuelvas de esa desconexión hecho un brazo de mar.
      El ¡angelito! era un cielo, tranquilo y cariñoso. Pero su mente siempre estaba en ebullición: veía, especulaba y actuaba sin ninguna traba. Y con la rapidez del rayo.
      Un abrazo y que lo pases muy bien.

      Eliminar
  4. Mientras leía tu entrada, me he recordado no solo las travesuras de mis hijos, sino las mías propias...Incluso la de los pacientes pediátricos que tengo a bien ver urgencias...No cambian...mismos hechos, distintos personajes :D

    Quedamos pendiente de la siguiente entrega.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya verás que tu profesión figura a menudo en este relato, casi forma un ménage à trois con el niño y la madre.
      Es posible que aquí encuentres algún hecho nuevo.
      Saludos

      Eliminar
  5. un texto muy inteligente de alguien que" LOS conoce"

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tienes razón MuCha. Los conozco muy bien. Un beso.

      Eliminar
    2. sos una genia de las letras
      chin chin
      brindo por vos con jugo de naranja

      Eliminar
    3. Eso de "genia" me ha gustado.

      Gracias, guapa, chin chin.

      Eliminar
  6. Todos los niños hemos hecho travesuras, pero este admirador de Bibendum, es un arma letal, para sí y el prójimo.
    Con el tiempo, cuando nada irreversible pasó, es motivo de gratos recuerdos para amigos y familiares. Y contado con la gracia que usted ha sabido darle motivo de sonrisa para todos.
    Un abrazo, Ana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, Bibendum, no recordaba el nombre del muñeco.
      Y sí, cuando hoy hablamos de aquel tiempo lo recordamos entre risas como algo divertido. Siempre que no profundicemos mucho...

      Abrazos y que sigan los días felices.

      Eliminar
  7. Dentro de un tiempo seguro que tengo también un relato como éste de travesuras que contar sobre Javier. De momento nada reseñable: que se hace caca mientras le cambias el pañal con la potencia de un torpedo o que repite las mismas muecas que la mamá o el papá. Vamos, lo normal.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Carmen, te esperan muchas travesuras divertidas, que son lo normal. Aunque todas son reales, éstas tienen un componente siempre al filo de la tragedia. Hoy lo pienso y me parece increíble lo que unos padres pueden llegar a soportar sin que les dé un infarto.
      Besitos al rey.

      Eliminar
  8. Este angelito , que por cierto se ha convertido en un angelote muy guapo, me ha recordado a mis dos hijas cuando eran angelitas y tiemblo con sólo recordarlo.....
    Sobre mi persona te diré que es verdad que me han salido bastantes arrugas en la cara al igual que tu amiga, quizá más que a una persona morena, pero las acepto muy bien teniendo presente que en pocos días cumpliré los 70...... Besicos

    ResponderEliminar
  9. Seguro que tú también tenías una piel finísima y eras tan guapa como ahora, aunque no tan completa.
    Gracias por compartir el recuerdo de tus hijas. Y por si no hay ocasión, ¡Feliz cumpleaños!

    ResponderEliminar
  10. Olá, Grande Angelito criativo no seu mundo.
    Continuação de boa semana,
    AG

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tú lo has dicho. Era un investigador nato y no había nada que lo detuviera

      Boa semana para ti, AG

      Eliminar
  11. Respuestas
    1. Te deseo unas felices semanas de agosto. Y que el agua no esté muy fría.

      Eliminar
  12. Un adorable "angelito ".

    Unas aventuras para no olvidar jamás.

    Un abrazo grande. Feliz fin de semana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Felicidades. Nombras en tu preferencias tres películas que lo son también mías.
      El ¡Angelito! dejó agotados a sus padres. Ni sé como se animaron a tener más. Un besazo.

      Eliminar
  13. ¡Vaya Angelito, Ana María! No quisiera haber estado en el pellejo de sus "responsables".

    Cariño austral.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo que aguantan los padres con según qué pequeños, es para una tesis.
      Te lo devuelvo pero más cálido. Por aquí estamos en plena ola de calor mediterráneo, Esteban.

      Eliminar
  14. Gostei muito desta tua crônica Ana. As as histórias sobre essas crianças tão espertas lembraram-me de muitas trapalhadas que cometi. E isso vemos hoje nos filhos e netos de tantos amigos e parentes. Parabéns.
    Um abraço, Ana.
    Pedro

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bueno, Pedro. ¿Así que usted también fue una de esas joyas que tienen a sus padres en vilo? Por encima de todo, lo felicito por dos cosas. Una, porque esa actividad es sinónimo de inteligencia. Y la segunda, por haber vivido la niñez hace unos años. Hoy, al menos aquí, al niño "movido" empiezan por llevarlo a un psicólogo que lo etiqueta y según vayan las cosas, empezarán con las terapias y en muchos casos medicación...Y no sigo.

      Buen verano.

      Eliminar