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1 Músicos y bailarina del Institut del Teatre, Barcelona. Bus Universitat. 2007 (A.Mª.F.)





(1/5) LA ESCAPADA



NOVELA BREVE

Por Ana Mª Ferrin

RPI



A la izquierda, Paul Teutul seguido de su hijo Paul, y a la derecha su hijo Mikey. Son los propietarios de la
empresa Orange County Choppers. 



LA MÁS RÁPIDA, NO. LA MEJOR


 Publicado en Gaudí y Más. 27 de julio de 2014
 Publicado en Gaudí y Más. 8 de julio de 2018

                            

                              - ¿Julián Arzola? Tenga. Pásese dentro de diez días. Si hay alguna novedad le avisaremos.   

                            Julián salió de la Oficina de Empleo y paró en la acera dejando pasar una moto espléndida, una Harley con su sonido acolchado. Retomando el paso, caminó unos pocos metros antes de entrar en el primer local que vio con un letrero de Coca-Cola en la puerta.            

                                Su interior guardaba la penumbra necesaria para crear ambiente, por lo que necesitó unos segundos hasta acostumbrar sus ojos al cambio de luz. Hacia años que no entraba en aquel sitio que aún estando en pleno centro de la ciudad provocaba la sensación de un bar de carretera; poco público y muchos cedés. Autónomos y algún cliente no reciclable, bebidas rotundas consumidas entre miradas que no esperaban giros de esos que pueden cambiarte la vida.

                                Un ejecutivo de medio pelo mantenía una conversación por el móvil que interrumpió para pedir la cuenta al camarero. Con una mirada crítica de este, la respuesta: -Doce. El pagador recogió el cambio arrojando unas monedas a la cesta de basket que hacía la veces de Bote, de las que sólo una entró en el objetivo. Antes de agacharse a recogerlas, un comentario sordo del barman se oyó al otro lado del mostrador: -Macho, como para todo tengas la misma puntería...

                               -Déme una sidra.
  
                             De un vistazo, Julián ha entablado diálogo con el barman, un clásico de camisa blanca y pantalón negro. El misterio de la química ha funcionado.

                           Los dos se miran y saben que el periódico en inglés que apoya sobre la barra el conferenciante hortera es muy probable que sea sólo una máscara y no tenga idea de lo que dice. Pero siempre impresiona. Aunque lo único que conozca del idioma sea el menú del Burguer King, lo cursi vende mucho.

                               Entran dos jóvenes con pinta de buscar algo que consumir, robar o acoplar.

                                 El más alto se quita la cazadora antes de sentarse en uno de los taburetes y la apoya en la barra. Sube las mangas de su camiseta negra y se dirige al compañero:
 
                                 -¿Tú?

                                 -Un gin-tonic de Larios.

                           -Dos gin-tónics de Larios, Marcos -y volviéndose al amigo-: Te juro que esa tía va echando humo Dice que sí sin decir sí.

                                   -Pero si dice no, ¿Cómo sabes que quiere decir ?

                                 -Porque yo sé, tío, Yo sé. Esa es de ese tipo aunque ella no lo reconozca, créeme, sé lo que me digo. Lo está deseando.

                               -No sé, tío. No lo veo yo tan claro. A mí siempre me corta. Pero no te creas que a ti te trata mejor. Está al llegar. A ver que dice.

                                -Tú déjame. Cuando entre no digas nada y mira -y alzando la voz- Marcos, cóbranos que tenemos prisa, ¿qué te debemos? -y vacilándole-: A ver qué me cobras, ya sabes que a los que se portan mal en la tierra, los mandan derechitos al infierno.

                             -No me digas. ¿No era al revés? Y de dónde has sacado eso ¿De las páginas culturales del ABC? Anda, dáme diez.

                                El chaval se queda meditando la respuesta. Demasiado profundo para él. Queriendo congraciarse, le cuenta:

                           -Toma. Oye Marcos ¿Qué te parece? ¿Has visto mi coche? Es muy claro, es un modelo que es todo ventanilla y gasta poco.

                              -¿Y qué? Mi padre tenía uno en Potes que era más barato aún y tenía mucha más visibilidad. Aquel si que era todo ventanilla. Era un burro.

                           El chico se hace el sordo, recoge velas junto con las bebidas y se sienta con el amigo en una mesa de la izquierda bajo la ventana.

                     Julián cruza la mirada con que el que limpia parsimoniosamente los vasos. Vaya elemento. A cada uno va dándole su ración, conoce a fondo la técnica del contestar. Cómo. A quién.
 
                            Mira el reloj. Las once.




                          A la mujer que se ha apartado dejando una ginebra sobre la máquina tragaperras y se acerca a la barra con un perrillo en brazos, ¿qué le dirá Marcos?
  
                          -Marcos, cóbrame y dáme treinta de cambio para la máquina, que estoy en racha -le dice, ofreciéndole una tarjeta de crédito y clavando la mirada en la boca y ojos de Julián entre dos parpadeos.

                          -Deberías beber menos y cuidarte más. Mira, Tere, ya sabes que no me gusta hacer ésto con la tarjeta, cualquier día se te va a derretir -contesta él sin mucha convicción. Se diría que en el fondo de la queja existe un aprecio.

                          -Vá, Marquitos, no te quejes, que yo soy una buena clienta. Tú, mientras la tarjeta no eche humo, tira, no te preocupes. Además ahora estoy estudiando a este amigo que me está enseñando algo muy importante -dirige la mirada al cachorro que sujeta junto a su pecho-: Cómo conseguir que alguien cargue contigo y te alimente por el resto de tu vida. O lo que es lo mismo, que se case contigo. Y no lo había pensado nunca, pero veo que es fácil. Sólo tienes que acurrucarte, lamer a tu dueño, comerte todo lo que te dé y mirarlo como a un Dios.

                          -Parece que te quiere-. Marcos la mira con afecto. 

                        -Yo también le quiero. Cómo no lo voy a querer. Lo tengo hace dos meses y es la relación más larga que he tenido en mi vida...

                        El cliente en paro mira y escucha. Aquella mujer debe tener en su libro muchos capítulos para subrayar. Le echa una ojeada más detenida. Este segundo repaso le dice que es atractiva, con la dejadez de quien ha ido, ha vuelto, y no espera ya la visita del hada madrina. Todo lo más agradecería un buen día. O una buena noche... Otra cosa. Alta y delgada, tiene una de esas caras pomulosas de boca y nariz importantes, pálida, con grandes ojos subrayados por leves ojeras. Ligeramente despeinados los largos cabellos negros, acaricia el perillo mil razas que lleva en brazos.

                        Su forma lenta de moverse permite apreciar unas formas merecedoras de mejores ropas. Tanto al pullover negro como al pantalón vaquero que lo ciñe por dentro no le vendrían mal un lavado de Norit. La ve coger las monedas que le da Marcos y desandar el camino hacia la máquina.

                        El cliente telefónico aprovecha que la mujer pasa ante él para salir a su encuentro y elevando una voz impostada intenta un acercamiento a través del perro. Adelanta una mano y lo acaricia.

                       -Hola chata. Que perro tan chulo ¿Cómo se llama?
                       
                      -No tiene nombre.
     
                   -No me digas, nena. Mejor, oye, así podrás ponerle como yo.
    
                     -¿Ah sí? ¿Y cómo? ¿Gilipollas?
    
                     Tocado, el tipo queda cortado ante la agria respuesta y gira la espalda muy digno haciéndose el desentendido.
   
                    Se abre la puerta y un vendaval de risas y perfume barre el local. La mujer que entra, rubia, pequeñita y pechugona, tiene una de esas voces cantarinas que retumba hasta el último rincón.

                       -¡Ay, Marcos! – quejosa y coqueta, se dirije a la barra-:Cielito, ponme un café de esos tan ricos que sabes hacer, anda cariño. ¡Huy, pero que guapetón estás, madre! Corre, que tengo que volver al super, que me esperan las clientas.

                      Por un espacio de tiempo, las seis personas del bar están pendientes de los manejos de la recién llegada que revoluciona el espacio subiéndose al taburete, abriendo y cerrando el bolso, sacando tabaco y mechero que vuelve a guardar y el monedero que abre y cierra sin parar. Por fin para su actividad, tras lo cual el entorno recobra la tranquilidad oyéndose tan sólo el tintineo de la máquina.

                      Julián vuelve a notar la presencia del camarero y ve como le hace un gesto de ¡Uf!, levantando las cejas y señalando con la cabeza a la rubia, que como una Marilyn a escala reducida sorbe su café, moviendo nerviosamente las piernas cruzadas, balanceando el zapato superior que cuelga de la punta del pie.

                      -Qué, amigo, que le pareció el penalty del domingo, fue increíble que no lo pitaran, ¿verdad? -le dice Marcos a Julián echando un chorro de coñac a un vaso. La ley de la gravedad se altera a través de un golpe de muñeca, cuando a medio camino parte del chorro de licor desanda el camino y asciende volviendo e entrar en la botella. Un artista.

                         -Verdad. Increíble.
 
                       Julián detiene la respuesta. Como el resto de clientes, su mirada acaba de ser atraída por la puerta. Primero por el sonido acompasado de un buen tubo de escape ante el bar. Y luego... Luego por la entrada de la pareja de motoristas. Aunque referirse a la pareja es ampliar mucho el objetivo. Más bien los ojos se han parado según la preferencia de cada uno en una sola persona de las que caminan hacia la barra.

                        La pareja de jóvenes pasan los dos el metro ochenta, con una largura de cabello similar, castaño, rizado, recogido a modo de coleta el de él por una goma y ella sujetándolo con un pañuelo.

                          Los monos de cuero y las cazadoras les prestan esa imagen mítica de las películas de los sesenta.  Negra, con el rótulo HELLS ANGELS reza la de él, la misma que Julián había envidiado desde la oficina de empleo. BULTACO y blanca la de ella, sobre unos pantalones del mismo color. Unas botas altas de tacón fino y un fular rojo al cuello flotando a su paso, completan el llamativo uniforme femenino.

                            -Dos bourbons –y dirigiéndose al empleado-: Oiga, amigo, ¿no sabría usted de alguien que quisiera comprar una HARLEY? Ésa es, si, la chopper azul de ahí fuera. Necesito la pasta urgentemente, la vendo bien, por mucho menos de su precio. Es una urgencia, ya le digo, lo necesito rápido, ¿Cuánto? Pues con nueve me arreglo. Cualquier tienda la vendería por doce. O quince o más, con tiempo. Pero yo no tengo ese tiempo. Con todos los papeles, claro, con el gestor que sea, todo legal. ¿Qué le debo? Tenga, quédese el cambio. Mire, aquí le dejo el teléfono de la fonda donde nos quedamos. Voy a ver esa tienda de motos de ahí a la vuelta, por si hago algo. ¿Puedo poner un aviso en la puerta? Gracias.

                        La parrafada había sido ilustrativa del poco caso que debe darse a las apariencias. Con pinta de comeniños bigotudo, el motorista había expuesto su oferta con educación y síntesis, desmintiendo la leyenda del motero salvaje. La chica, en cambio, no ha despegado los labios. Sólo ha mirado de esa forma que saben hacerlo las chicas malas con las que sueñan los mariditos buenos. Ambos han dejado una reflexión distinta en cada presente:

                          «Ésa si que sabe vivir. Sin niños, sin molestias, corriendo mundo y con tío bien parido al lado. Bien hecho» -concluyen los ojos de Tere mientras baja la palanca del recreativo hasta formar una horizontal de fresas en la pantalla. Una cascada metálica anuncia un premio.

                      Bajándose con un dedo el vértice de las solapas, la menuda Marilyn se miró el escote de su bata rosa con un gesto de superioridad: «Vaya monumento de hombre y qué espárrago de mujer  lleva al lado. Él se lo pierde».
 
                              «Cualquier día planto la delegación del laboratorio, planto a la parienta y me lío a recorrer las carreteras con una tía así al lado. Pero en moto no, en un JAGUAR. Y a golpe de buen hotel, nada de cutrerío. A mí que me den la pasta, que yo pondré la clase» - El ejecutivo vuelve a marcar, retomando las comunicaciones. Ladea la cabeza, pensativo, abre la boca y con la uña se hurga un colmillo.

                           El chaval que va de listo: «Vaya mirada que me ha echao la piba ésa. Lástima que iba con el pringao ése, como venga sola otra vez por aquí, cae».

                              El chaval quejoso: «No sé como me lo hago, pero esas nenas siempre tienen que ir con otros. No están hechas para mí, está visto. Yo sólo consigo petardas...».

                             Tras centrarse la pajarita en el cuello de la camisa y pasarse las dos manos a la vez por la cabeza, Marcos reanuda el secado de vasos. Observa el borde de uno, rasca una mota que ha resistido al lavado y echa el aliento en esa dirección, pasando seguidamente el paño con una frotadura enérgica. Lo levanta a la altura de sus ojos y hace un gesto de aprobación, dirigido tanto al vaso como a la motorista que cruza la calle al otro lado de la cristalera: -«Guapa y con un culo cojonudo»- sentencia.

                              Julián Arzola cierra el círculo pensante del bar. Dos veces ha visto hoy la moto de su vida. Ahora la tiene a placer ante sus ojos, aparcada en la acera. Acodado de espaldas a la barra contempla la línea oblicua del manillar chooper. Nueve mil euros tienen la culpa. Un regalo. Cosas así sólo pasan ante ti una vez en la vida y así y todo has de dejar que sigan su camino sin poder agarrarlas. ¿Dónde venden lotería?-, se dijo, sonriendo. Él, que siempre se ha burlado del azar, que es incapaz de perder una moneda a cambio de promesas, está a punto de salir corriendo a comprar cualquier tipo de rifa para ayudar a la suerte.

                             Suavemente, sus pensamientos ruedan subidos en la moto camino de la aventura. Ve a la chica que regresa a la Harley para abrir una de las mochilas y sacar un neceser. Coge de él una barra de labios y se agacha de espaldas para pintarse ante uno de los retrovisores. Su silueta queda recortada entre el contraluz del sol y la sombra del toldo. El tipo no ha dicho si ella iba incluida en el lote, si podría negociarse... «Pero qué digo, soy imbécil. Yo tengo la mujer que quiero. No quiero cambiar de pareja, quiero cambiar de vida». La joven acaba de pintarse. Se gira para quitarse la cazadora quedándose con una camiseta negra y corta por cuya cintura asoma el ombligo. La visión es celestial y él sonríe comprensivo, rectificando su pensamiento anterior: -Tampoco hay que ser tan estricto, sólo se vive una vez, concluye, dando por cerrada la visita al bar.

                               -¿Qué le debo?

                              -¿Por la sidra?. Pues mire, nada. ¿Por qué? Porque me lo pide el cuerpo. Yo soy asturiano y para mí el buen gusto no tiene precio. ¿Sabía usted que cuando Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso por aquello de la manzana no fue precisamente porque se la comieran? No, señor. La verdad de la historia fue que como tenían sed cogieron una manzana, la exprimieron y al beber la primera sidra la alegría les llevó al amor, por eso los expulsaron del Paraíso  ¡Ah! Pero no les importó porque aquel era un paraíso transitorio. Y sin embargo, ellos, con la sidra y el amor encontraron el Paraíso definitivo.

                                -Hay que ver, Marcos, quien lo hubiera dicho. Es usted un poeta-, aprueba Julián guiñando un ojo al barman.
   
                           -Pues ahora que lo dice debe ser verdad, porque nunca tengo un euro, ¿Será la poesía? –frunció los labios y asintió con sorna- Estaría bueno, después de viejo, gaitero.

Continúa...

Ana Mª Ferrin



       Queridos colegas escribidores, aquí os dejo este texto
refrescante en cinco partes para que lo leáis lo más relajados
 que os sea posible. 
Iré pasando a echaros una mirada, así que portaros bien.
Y si vais a portaros mal, como diría El Borrascas, un célebre compañero periodista, avisarme.     

Mientras tanto voy a ver si sufro un poco bajo un roble y una palmera.
Un abrazo.

  


                                        

20 comentarios:

  1. Muy intersante tu blog. A seguir así. J. Ángek

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  2. La "fauna" que puede encontrar el barman entre clientes permanentes y ocasionales debe ser tan interesante como ir saltando de piedra en piedra al cruzar un caudaloso río: con algunos puedes resbalar pero con otros, la seguridad de un profundo conocimiento siempre evitará la caída. Anamaría, describes con dos palabras, que inciden en su carácter, a complejos personajes y vas trazando una red de araña que imagino agrandándose con el tiempo. Cada uno de ellos, encerrado en su pensamiento, atrapado en una vida muy diferente, esperando pacientemente o envidiando el posible placer que se le resiste, justificando su fracaso por falta de cambios que fundan y martilleen nuevamente la espada de sus batallas, desgrana su fracaso y sueña con el éxito, siempre pendiente de un placer centrado en el sexo, no en el amor ni en ensoñaciones que no sean reales. Te he leído con avidez. Eso significa que espero la continuación de estos hilos atados al mundo único de cada persona. Excelente.

    Un cariñoso abrazo, querida amiga Anamaría.

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    1. Antonio, eso de los hilos que van hilvanándonos, qué cierto es. Yo he sido bastante escritora de bar y bancos de plaza y cuántas veces me he quedado ensimismada con las historias que se apuntaban ante mí. Mi libro Regreso a Gaudí’s Place recrea 24 horas con 24 personajes reales que van hilando sus historias alrededor de la plaza Gaudí y el templo de la Sagrada Familia. Y salió precisamente de ese observar.
      Buen verano y espero que la novelilla te siga interesando.

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  3. Novela por entregas.... Muy buena idea para mantenernos en suspenso durante el verano y huir de los artículos eruditos. Ahora los lectores tienen menos ganas de pensar delante del ordenador (demasiado calor el de sus circuitos) y prefieren una buena dosis de intriga.
    Un beso y con ganas de seguir este relato

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    1. Rara es la vez que leo un relato y no me deja alguna sensación o curiosidad con la que no contaba. A pesar de su singularidad, deseo que eso te suceda a ti en este caso.
      Un beso.

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  4. Creo que voy a darme una vueltecita por ese bar y comprobar como se desenvuelve la fauna que la habita y ver quién se queda la Harley; pero…, pero no pienso consumir. No me gusta como seca los vasos el barman, y a morro no me gusta beber.
    Un saludo.

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    1. Gracias por seguir el juego. Pero tal como irá desarrollándose el tema, mejor será que si decide acompañar al protagonista se lleve un vaso. No quiero cargos de conciencia.

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  5. Bom dia, no verão e com calor a Choppers é uma boa solução, dentro de dias começa aqui no meu Algarve, a maior concentração de motas da Europa.
    Feliz semana,
    AG

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    1. Estoy atenta a esa fiesta, aunque nunca la he visto en persona. Pero te envío una felicitación porque sé que es algo grande.

      Si vas, publica alguna imagen, AG.

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  6. Los moteros españoles dan menos miedo que los típicos de las películas americanas, Como se doce coloquialmente, son gente en su mayoría "de buen rollo".
    Siempre que tenga un ordenador a mano estos meses, estaré a tanto de tu relato simpático y costumbrista, con ese filósofo camarero que existe realmente en algunos bares de la península.
    Un saludo, Ana.

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    1. Quién no ha conocido a un profesional de una pieza como este Marcos. En la calle de la Merced de Barcelona había uno, que salir de allí sin una pulla era un éxito. Su frase favorita para echar a quien no le caía bien, era un demoledor: "No me debes nada. Pero no vuelvas"

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  7. Llamativa historia, Ana María, que me recuerda las llamadas Matinée de mi infancia en los cines de barrio del Santiago de entonces.En lo mejor de la trama...se terminaba el capítulo, hasta el domingo siguiente. Seguiremos atentos.

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    1. Aquí hubo una serie de películas antiguas cortas, mexicanas, con Pedro Infante y Sara Montiel cantando. El cine de reestreno que había junto a mi casa también se llenaba cada domingo de niños, fascinados con los charros y las rancheras.
      Espero que siga gustándote el texto.

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  8. Estupendo texto. Será un placer seguir tan buen relato.
    Escribes muy bien.
    Un beso. Feliz semana.

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    1. Muchas gracias, Amalia.
      Me gusta que te guste. Feliz para ti.

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  9. Gorgeous motorcycle. And people in the picture look very interesting.
    Your sandy toes are lovely.

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    1. Los moteros y sus máquinas forman una tribu urbana atractiva.
      Feliz semana

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  10. Me enganché Ana. No me gustan las motos, pero intenresante novela la que traes.

    Besote. Te aviso si me porto mal :D

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  11. Aquí estaremos atentos a las noticias de tu comportamiento.

    Y a ver qué tal los próximos capítulos.

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