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| Francine van Hove, n.1942. Reflejo en el espejo (elbamboso.blogspot.com.es 7-4-14) |
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| Venus del espejo. Tiziano. 1555. National Gallery, Washington |
¡OH, ENCANTADORA BELLEZA
ORGÁNICA!
Publicado en Gaudí y Más. 13 de abril
de 2014
Es en esa fecha, 1950, cuando el escultor encuentra su línea. A partir de ahí las suaves curvas empiezan a fluidificarse en vellosidades rectas, éstas en vértices cada vez más afilados hasta llegar a convertirse en espinas punzantes. Una muestra podría ser su Clawdia Chauchat, personaje de La Montaña Mágica de Thomas Mann, desnudo vertical con los brazos levantados y doblados tras la cabeza que un año después al esculpir el artista su primer Maniquí-ídolo, ya había perdido cabeza y brazos formando sus tres bases junto a los senos, cinco figuras geométricas emergiendo del cuerpo, hasta que en 1953 y 1954 al repetir la misma figura, fuesen cinco púas que podían convertirse en una estrella gaudiniana.
Si años después, al
proyectar la corona de espinas del Ecce
Homo para la Fachada de
la Pasión hubo quien viese un homenaje
a Gaudí, los seguidores del escultor volvieron la
vista hacia aquellos desnudos de los años cincuenta,
unas veces esquematizados en vertical y otras en horizontal. Hallazgos, por
tanto, que venían germinando en el artista desde mucho antes de su entrada en el templo.
En un pasaje de La Montaña Mágica, Mann describe la calidad de un cuadro que representa a esa mujer, desvelando cómo a pesar de que el pintor no es especialmente hábil y
que la tela en su conjunto no es una obra de arte, aún así, en la
textura de la carne y en el color de su piel los miembros y el escote de la
fémina palpitan, sudan. En ella la uniformidad académica del blanco ha dado paso a los claroscuros propios de lo vivido cuando el artista sabe de lo que pinta. Se intuyen recovecos, insinuantes y menudos pliegues, humedad, calor. La lubricidad conseguida por la tela es tal, que el narrador se
muestra convencido de que si apoyara su rostro en la pintura no le llegarían
olores de barnices ni aguarrás, sino la fragancia de aquel cuerpo rabiosamente
vivo y carnal.
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| Rubens. Venus del Espejo. 1614-15 |
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| Renoir. Durmiendo tras el baño. 1897 |
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| Marco Ortolán. Carne de mujer |
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| José Cruz Herrera |
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| Túnica Rosa. 1927. Tamara de Lempicka |
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| Biblis. 1884. William Bouguereau |
Supe de una conversación entre Subirachs y un amigo suyo poeta en la que el escultor recitó el
siguiente párrafo, lo que avala el impacto que debió causarle la novela de Thomas Mann para llegar al límite de
memorizarlo con la delectación golosa de un crítico gastronómico:
... ¡Oh, encantadora
belleza orgánica que no se compone de pintura al óleo ni de piedra, sino de
materia viva y corruptible, llena del secreto
febril y de la podredumbre! ¡Mira la simetría maravillosa del edificio humano,
los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las
costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del
vientre...Mira los omoplatos, cómo se mueven bajo la piel sedosa de la espalda.
Y la columna vertebral ...y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que
pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y como la estructura de los
brazos corresponde a la de las piernas. ¡Oh, las dulces regiones de la juntura
interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas orgánicas,
bajo sus almohadillas de carne! ¡Qué fiesta más inmensa al acariciar esos
lugares deliciosos del cuerpo humano! ¡Fiesta para morir luego sin un solo
lamento! ¡Sí, Dios mío, déjame sentir el olor de la piel de tu rótula, bajo la
cual la ingeniosa cápsula articular segrega su aceite resbaladizo!... ¡Déjame
sentir la exhalación de tus poros ...imagen humana de agua y de albúmina!... (*)
Ana Mª Ferrin
(*) El episodio completo en la biografía de Josep Mª Subirachs, El Tacto y la Caricia. Subirachs, de Ana Mª Ferrin. Reseña y primer capítulo:
Desde que Bernini nos deleitó con ese rapto de Proserpina -me gusta más Perséfone- comprendimos que el artista, como dios que es de su obra en ese momento, es capaz de convertir la fría piedra en carne palpitante y sedosa. Y enamorarse de su creación.
ResponderEliminarUn saludo.
Eso de que el escultor puede llegar a sentirse Dios al acabar una obra fue algo que me dijo una vez un artista y yo no sabía a dónde mirar. Porque la obra en cuestión no tenía nada que ver con tu preferida, era para verla. Creo que mi expresión también debió ser puro arte, el grito de Munch.
EliminarSaludos.
El cuerpo humano ejerce tal fascinanción en el artista, ya bien sea escritor, músico, escultor, pintor o arquitecto, que desde la prehistoria se deleitó con él intentando capatar así la esencia de lo que somos a través del exterior.
ResponderEliminarObservo en Subirachs el regreso a lo primitivo, la esquematización total de la realidad, en cada una de las esculturas que nos muestras de su mano en esta entrada; cómo desde lo puramente figurativo se va transformando en un conjunto de formas geométricas que, sin embargo, encierran la belleza femenina.
Un saludo
A veces es un placer tener la oportunidad de ver sintetizado en el tiempo el estilo de un artista, cómo transforma su visión a medida que va encontrando un lenguaje propio y cómo es capaz de expresar su búsqueda en una pieza.
EliminarBesos
El cuerpo, sobre todo el femenino, como dice Carmen, es causa de tal fascinación, seducción diría yo, en los artistas, que pocos han dejado sucumbir a sus encantos. Subirachs tampoco.
ResponderEliminarHay un cuadro de León Gerome, seguramente lo conocerá, creo que está en Nueva York, Pigmalión y Galatea, en el que se muestra en el lienzo la seducción de la belleza femenina en el escultor y en el que el escultor parece sentir lo mismo que expresa Subirachs tras sus lecturas.
Un saludo.
Cuántas veces hemos compuesto nuestra propia imagen a través de lo que leemos. Ahí la literatura es imbatible en cuanto a imaginación, nadie mejor que uno mismo para crearse la realidad que le sugiere. Clark Gable estuvo genial como Reth Butler, pero seguro que cada lectora que leyó “Lo que el viento…” fue creando su propio ideal al compás de la lectura. Saludos.
EliminarUnos fascinantes cuerpos humanos femeninos y unas plegarias de piedra. La conversación entre Subirachs y su amigo es exquisita y se aprecia su pasión por la belleza no perdurable, la real, la que es cálida o fría, sin cincelar.Nos has regalado, Ana María, una publicacióntan exquisita como documentada y de una belleza inigualable. Gracias.
ResponderEliminarUn cariñoso abrazo, amiga Ana María.
Dice la copla que “A todos nos han cantao en una noche de juerga, coplas que nos han matao”. En algún momento de nuestra vida y si ha coincidido con la lectura adecuada, seguro que todos guardamos muy dentro párrafos que quizá no lleguemos a recitarlos con el virtuosismo de Subirachs, pero que la identificación nos ha quedado marcada a fuego, seguro. Lo mismo para ti, amigo.
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