1- LECHO DE GAUDÍ EN VIC. 1910
Era mayo de 1910 y entre los habituales de Antonio Gaudí se comentaba con preocupación que la irritabilidad y la dificultad en su trato estaban afectando a todos los que colaboraban con él. Hablaban de tensiones, poco descanso, mala alimentación y con su salud llevada al límite desembocando en una anemia cerebral, o como diríamos hoy, una depresión nerviosa, que alarmaba a sus amigos.
El obispo de Vic, Josep Torres i Bages era un corresponsal exhaustivo. Rastreando los
cinco tomos que recogen todas sus cartas podemos hacernos una idea de cómo se organizó la estancia de Gaudí en la ciudad de Vic acompañando al P. jesuíta Ignacio Casanovas. Sabiendo que el
arquitecto amigo de ambos estaba pasando por una época de gran decaimiento, el
obispo terminaba su carta de invitación al jesuita con la siguiente fórmula:
... Escoja Vd. la semana
que mejor le venga para venir… comprendamos la situación de aislamiento
espiritual de Gaudí... el hombre que no busca relaciones ni expansiones mundanas,
encuentra a faltar los afectos domésticos, que ahora necesita suplir con los
afectos de la amistad. Cuando venga usted por los Ejercicios (espirituales),
tráigalo, pues es muy merecedor de que se le proporcione consuelo a quien tantos gozos cristianos y estéticos ha proporcionado a los demás...
![]() |
| Dª Concepción Vila, aquí en compañía de su esposo, vivió un desafortunado encuentro con Antonio Gaudí. |
SOBRE EL REPOSO DE GAUDÍ
Publicado en Gaudí y Más. 10 de octubre de 2015
El obispo Torres i Bages,
moviendo adecuadamente los hilos de sus relaciones propició una invitación de Concepción Vila, viuda de Jaume Rocafiguera, encantada de acoger en su residencia a los dos huéspedes
de Barcelona, sobre todo al conocido arquitecto de la Sagrada Familia que
tantas maravillas había construido para don Eusebio Güell y el marqués de
Comillas. Con él en casa -pensaba- tendría una inmejorable excusa para organizar veladas
y abrir al público sus salones isabelinos tapizados de damasco rojo. Los
pensamientos de la encantadora dama debieron tejer un torbellino de proyectos
los días previos a la visita. Para él reservó la habitación de invitados compuesta de
sala y alcoba con balcón a la calle, que según su biznieto Francesc, debe ser la misma que ha transitado con ese nombre a través de generaciones.
Pero no estaba hecho Gaudí para
lo que iba a encontrar en el palacete de Dª Concepción. La antigua nobleza rural de Vic, grave y seria, tenía en la dueña de la mansión un exponente muy personal. Al contrario de su marido y de sus
descendientes, la dama era una experta en figurar y gran amiga del brillo
social. De haber sido por ella las recepciones se hubieran multiplicado en
aquel imponente edificio del siglo XVII que hoy podemos admirar en la calle
Cassadó nº 1. Pero volviendo a las líneas anteriores, al igual que el visitante, tampoco ella estaba
preparada para tratar al ser que apareció en su casa, ¿Aquel reusense de ojos azules y
brillantes en permanente meditación, ultrasensible, era el famoso personaje?
- Digamos que las expectativas de mi bisabuela no se cumplieron...
Francesc Rocafiguera, el hereu, recreaba en 1999 la época en que se produjo la visita con un
humor parejo al de Josep Pla, entre pagés ampurdanés y lord inglés. Archivero del Ayuntamiento de Vic hizo ese día un alto entre su
trabajo y el ir a buscar a sus hijas al colegio, prestándose a desgranar los recuerdos transmitidos por su familia, mostrándome la mansión
que un día acogiera a Antonio Gaudí. La salita donde se inició la entrevista
asomaba con una tribuna acristalada a la estrecha calle Cassadó, donde se ubica el edificio, compuesto por tres plantas más una buhardilla por las que se suceden una serie de salones regios casi precintados,
mayestáticos, perfectamente aislados del mundo actual, en los
que se aprecia un aroma fresco que parece contradecir la lógica del tiempo. Sus techos decorados hace dos siglos que bien podrían estar esperando
a Luchino Visconti para volver a rodar Il Gattopardo, siguen tal como los vio el
ilustre arquitecto cuando cruzaba las salas camino de la cercana capilla.
Y camino de su de su habitación. Donde por cierto, el hedonismo romántico de la alcoba –lujoso dosel de encajes y tapicerías de damasco–, desagradó tanto al arquitecto, que acabó durmiendo en el suelo en un ejercicio de autopenitencia.
Y camino de su de su habitación. Donde por cierto, el hedonismo romántico de la alcoba –lujoso dosel de encajes y tapicerías de damasco–, desagradó tanto al arquitecto, que acabó durmiendo en el suelo en un ejercicio de autopenitencia.
2- CAMA DE GAUDÍ EN EL PARQUE GÜELL. 1906-1925
![]() |
La cama y el armario más algunas pertenencias decorativas, son lo único que perteneció a Gaudí (AMªF)
A su muerte en 1926, Antonio Gaudí dejó en su testamento que el chalet donde vivió se vendiera y el importe conseguido fuera destinado a la continuación de las obras de la Sagrada Familia. A su vez, el historiador
Josep Mª Garrut, director de la Casa-Museo Gaudí durante 45 años, fue uno de los pioneros que
defendieron la memoria del arquitecto en tiempos difíciles. De su lucha por
preservar el legado histórico y sentimental de Gaudí podemos agradecerle que
junto a Enric Casanellas creara la asociación Amigos de Gaudí y rescataran la
casa para la posteridad, comprándola a los herederos de sus últimos dueños, el comerciante italiano de pianos Francesco Chiappo-Arietti y su esposa Josefina Sala Barucchi, que la habitaron desde 1926 hasta 1960. Más adelante
la entidad se hizo con diversos muebles diseñados por el arquitecto para sus
clientes Güell, Ibarz, Batlló y Calvet, instalándolos en el edificio. Gaudí
vivió su vida cotidiana entre una gran austeridad, la cama y el armario más
algunos pequeños detalles son auténticas pertenencias suyas. Lo demás son
objetos contemporáneos ajenos a la casa.
En su despacho de la Casa-Museo y acompañado
por su esposa cuando lo entrevisté en 1999, el señor Garrut recordaba la visión de niño que
conservaba del maestro, ya que fue vecino suyo y siempre lo veía levantando su
sombrero con gran reverencia, saludando a la imagen de San Antonio de Padua que se encontraba en su capillita a la
entrada del chalet rosa, guardián de la casa desde que Gaudí la estrenara en
1906. La puesta en marcha recaudatoria por parte de la Asociación para la adquisición de la casa bien merecería un libro, ya que para
vestir económicamente la operación, Josép Mª Garrut desarrolló una gran actividad.
La primera puerta importante a la que llamó fue la de Salvador Dalí. En él
encontró a un entusiasta colaborador que se prestó en 1956 junto a su esposa
Gala a presidir una lectura poética en el Parque Güell, acto que resultó un
acontecimiento barcelonés y se saldó con una importante recaudación. Como
resultado de todos sus esfuerzos, en 1963 se abría al público la Casa-Museo
Gaudí (*).
3- CAMA DE GAUDÍ EN LA SAGRADA FAMILIA. 1925-1926
En su estudio, Gaudí hizo colocar una cama según directrices naturistas. (ASF)
Gaudí fue a vivir al
Parque Güell con su padre Francesc y su sobrina Rosita Gaudí en 1906. En octubre de ese mismo año fallece su padre y en 1912, su
sobrina. Es a partir de ese momento cuando el escultor de la Sagrada Familia, Lorenzo Matamala, se
ofrece a acompañarlo a su casa por la noche quedándose a dormir en la
antigua habitación de la sobrina, situación que se prolongaría hasta 1925.
En otoño de ese año los dos amigos sufrieron un
accidente mientras caminaban una noche a oscuras, por el sendero de tierra que iba desde el barrio
de Gracia hasta el Parque Güell, cayendo ambos en el agujero de unas obras y
quedando allí malparados bastante tiempo hasta que alguien los oyó pedir
auxilio y pudieron rescatarlos. A raíz del suceso, Matamala, hombre de gran fortaleza y cuatro años menor
que el arquitecto quedó incapacitado para el trabajo, sufriendo un proceso traumático al
que se unieron varias complicaciones neurológicas y cardíacas que le impidieron su vuelta a las obras del templo. Gaudí lo visitaba a menudo y se preocupó de que se le
asignara una pequeña pensión.
El percance le hizo recapacitar en que él tampoco estaba en condiciones para seguir marchando
cada noche sin más compañía, cuesta arriba, hacia la solitaria y oscura urbanización
malograda de una montaña que albergaba a los dos residentes de sendas casitas aisladas entre sí. La decisión que tomó, por el momento, fue la de
instalar una cama en su estudio del templo para pasar el invierno y más adelante cuando llegase
el buen tiempo, buscar otro lugar de residencia cerca de la Sagrada Familia.
Pero el Destino tenía otros planes para él.
4- CAMA DEL HOSPITAL DE LA STA CREU. SALA DE SANTO TOMÁS. 1926
Imagen superior, camas de la sala de Santo Tomás donde fue instalado Gaudí al llegar al Hospital.
Inferior, sala de Sto. Tomás vacía con el lugar exacto al fondo a la derecha,nº 19, donde estaba su cama. (Arch.AMªF)
El 7 de Junio de 1926 a
las 17,30, el tiempo suavemente cálido anunciaba el fin de la primavera, pronto
llegaría el calor y con él se atenuarían los dolores de Gaudí, a veces tan
vivos. El verano era su estación preferida, significaba un alivio del reuma en
sus tobillos, le permitía sentirse vitalista, olvidarse por unos meses de
escaldar sus manos llenas de sabañones en el agua que bullía en el infiernillo
del estudio.
Aquel lunes se despidió del escultor Vicenç Vilarrubias diciéndole: - Vicenç, mañana venid temprano, que haremos
cosas muy bonitas. Pero el escultor lo vio alejarse con preocupación. Le asaltaba ese sentimiento desde que un
domingo paseando en su compañía, Vilarrubias se llevó un susto de muerte al intentar
agarrarlo por la manga y apartarlo de un coche que venía por el centro de la
calzada, donde Gaudí acostumbraba a caminar. Pero el maestro se negó a subir a la acera, diciéndole: - No, Vicenç. Él es quien debe detenerse para
que nosotros pasemos.
De
nuevo, ese día a las 18,05, Gaudí cruzaba a su aire la Gran Vía, una arteria
de lujosas residencias poblada por un hormigueo de automóviles, coches de
caballos y tranvías. Una de las líneas que circulaban por ese punto era la
número 30, llamada popularmente de la cruz roja por llevar este
distintivo (*). Gaudí solía atravesar la avenida a la altura de los números 659-665, pisando los raíles de doble
circulación muy cercanos entre sí situados en el centro y apresurando el paso
hasta alcanzar la acera de los números pares.
Con su andar pausado y apoyándose en el
bastón con taco de goma, el arquitecto bajó de la acera, salvó la calzada
lateral y subió a la parte peatonal de la avenida. Bajó de nuevo y cruzó los
rieles de la línea que se dirigía hacia la plaza de Cataluña. Pero al ir a
cruzar la segunda vía que efectuaba el recorrido contrario, divisó que se
acercaba un tranvía y reculó hacia la que acababa de pasar sin mirar hacia
atrás, por ello no se percató de que otro tranvía de la línea 30 llegaba a su altura tras rodear la plaza de Tetuán. En el
último instante debió alertarle algún sonido que instintivamente le hizo girar el
rostro hacia la derecha, recibiendo un tremendo impacto en las costillas y la
sien de ese costado.
La sociedad crea sus tabúes. Hubo quien
paseó la vista por las gastadas ropas color ala de mosca, siempre con el polvillo de las obras, y dictaminó: “Debe ser un pedigueño” “Es un mendigo
borracho, seguro”. Eso hizo que algunos viandantes pararan, unos para continuar al
poco su camino y otros que trataron de detener algún coche para que lo auxiliaran, sin
resultado. No se sabe cuánto tiempo más habría transcurrido, si un miembro de
la Guardia Civil de paisano no
hubiera transitado en aquellos momentos por el lugar del suceso. El agente se
hizo rápidamente cargo de la situación, impuso su autoridad y obligó a
detenerse al siguiente taxi que apareció, ordenándole al chófer que trasladase
al anciano al cercano dispensario de la Ronda
de San Pedro, nº 37. Ante la poca disposición del conductor y para asegurarse de que se cumplían sus órdenes, el agente tomó
en brazos al anciano y se subió él también al vehículo.
Desde allí, una ambulancia lo
trasladó al Hospital de la Santa Cruz, situado en la calle del Hospital, junto
a las Ramblas, y cercano al puerto. El herido quedó instalado en el nº 19 de la Sala General de Santo Tomás.
5- ÚLTIMA CAMA DE ANTONIO GAUDÍ. HOSPITAL DE LA STA. CREU. 1926 Cama de la sala unitaria donde falleció Gaudí el día 10 de Junio de 1926 Cerca de la medianoche de aquel fatídico 7 de junio de 1926 paraba frente a la fachada del Hospital de la Santa Cruz el taxi que llevaba al sacerdote de la Sagrada Familia, mossén Gil Parés, y a un acompañante, agotados los dos tras horas de angustiosa búsqueda por los dispensarios y Hospitales de Barcelona. Al entrar en la recepción formularon la pregunta una vez más: - ¿Han traído aquí al arquitecto Antonio Gaudí, que ha sido atropellado por un tranvía?
No, nadie sabía nada, la escena parecía una
copia de las varias vividas desde que sobre las diez de la noche decidieron
buscar en el primer centro de urgencias. La paradoja de que un profesional tan
cumplidor apurase sus últimos alientos de vida dando bandazos entre la
ineficacia burocrática, hizo que la tristeza sentida por mossèn Parés diera paso a una explosión de energía. Exigió que se
presentara el médico de guardia, doctor
Prim, quien acabó apareciendo con síntomas de haber sido arrancado del
sueño.
- ¿Antonio Gaudí, el arquitecto? –inquirió
extrañado-. No está aquí. Si se
encontrara ingresado todo estaría revuelto y lleno de periodistas. Y desde
luego, yo lo sabría.
-
¡Y tanto que está aquí! -la resistencia del sacerdote había
llegado a su límite de aguante-. Está aquí
y sin embargo usted ni se ha enterado. ¡Haga el favor de comprobarlo
inmediatamente!
La seguridad con que el sacerdote exigía la confirmación de la respuesta, hizo dudar al médico. Una consulta a las religiosas que atendían a
los recién ingresados les informó de que, efectivamente, sobre las ocho de la tarde una
ambulancia había traído la víctima de un atropello. Un hombre mayor,
posiblemente un mendigo, al que habían instalado en la cama nº 19 de la Sala de Santo Tomás. La
religiosa añadió: -Llevaba la ropa
sujeta por imperdibles. Los dos hombres cruzaron las miradas. No había duda, era Gaudí.
Blancura de las camas, blancos los hábitos de
las religiosas de la Santa Cruz que se movían entre las cuatro hileras de
lechos habitados por los desheredados de la ciudad. Allí estaba Gaudí, en la
cama contigua a la del número 18,
donde el mendigo inmortalizado por él en el friso de la Sagrada Familia,
La muerte del Justo, dejó este mundo confortado por la caridad del
arquitecto. Que en aquellos momentos ni reconoció a los recién llegados ni su apariencia daba la
sensación de que se le hubieran prestado grandes auxilios. Y desde luego, su
estado parecía gravísimo, lo cual corroboró el doctor Prim antes de apresurarse
a trasladarlo a la única habitación privada que tenían con una sola cama.
Por segunda vez el destino del arquitecto se
cruzaba con el rey Martín el Humano.
En sus años de plenitud, sobre las ruinas del castillo medieval de aquel rey en el ahora barrio de San Gervasio, Gaudí había levantado el
esbelto palacete de Bellesguard. Y
ahora, cuando todo parecía encaminarlo al final de su vida, yacía en el Hospital de la Santa Creu, otra
construcción mandada levantar por aquel último rey de la Casa Real de Barcelona según consta en el pergamino guardado en el
Archivo de la Corona de Aragón:
...a
diset dies del mes de Abril de lo Any de la Nativitat de Nostre Senyor, 1401,
fo edificat e comensat lo espital de la Santa Creu, e lo edifici del cual lo
molt alt e molt excelent Princep e poderos Senyor, lo Senyor en Martí, per la
gratia de Deu Rey daragó, ara benaventuradament regnat, posá la primera
pedra...
Ana Mª Ferrin
(*) Dos extensos capítulos para ampliar estos episodios, en los libros: GAUDÍ. DE PIEDRA Y FUEGO: afejara.blogspot.com.es/2011/09/gaudi.html |








Curioso y original recorrido a través de la vida del arquitecto con las camas como eje vertebrador de todo el conjunto, lo que viene a demostrar que nuestra vida se podría sintetizar por las camas en las que hemos dormido, amado y enfermado.
ResponderEliminarUn saludo.
Conocí a alguien soltero y octogenario que vivía por tercera generación en la misma casa donde había nacido y seguía durmiendo en su cama de toda la vida. Me pareció un buen tema para un relato.
EliminarAna Mª: perdona que utilice este medio para comunicarme contigo, pero es que te he enviado un correo electrónico y parece ser que no te ha llegado. Si lees esto, contacta conmigo en cuanto te sea posible.
EliminarUn saludo.
Qué final tan triste y oscuro para un hombre que desprendía luz. Resulta difícil de comprender ese ascetismo llevado al extremo, porque no solo renunciaba a los lujos, sino también a toda clase de comodidades, al parecer. Dormir en el suelo por no gustarle la cama me parece un tanto extremo.
ResponderEliminarPero con qué cariño y sensibilidad lo cuenta usted todo, y con qué conocimiento profundo. Solo cabe felicitarla por sus investigaciones y por el modo tan bello y ameno en que es capaz de trasladárnoslas.
Feliz tarde
Bisous
En una etapa de su vida creía en una religión dura, castigadora de pecados. Sus amigos íntimos se extrañaban de ese afán expiatorio al que no veían explicación. Pero él sí debía saber el porqué.
EliminarSabiendo lo creyente que era:da que pensar que esta austeridad en su vida era como si así se encontrara más cerca de Dios...?
ResponderEliminarEs el adverso y reverso de la misma moneda:un hombre que en su obra no escatimaba el adorno y el material para dar forma a su proyecto, en cambio su vida era bastante austera.
Feliz puente Ana.
El hermetismo con que llevó sus sentimientos durante unas décadas debía ahogarlo. Y algún alivio debía encontrar en esa especie de autocastigos.
EliminarDeseo que lo hayas pasado muy bien.
Fuerza y enfermedad; creatividad desbordante y austeridad extrema; colorido y sencillez; alegría y seriedad. Un genio no lo es si en su vida no hay contradicciones y Gaudí no lo iba a ser menos. El choque entre su manera de vivir y de concebir el arte es tan grande que cuando se le conoce un poco te das cuenta de que, aunque contrapuestas, una no se podría explicar sin la otra. Su mundo interior, espiritual y creativo, era tan grande que le consumía mental y físicamente y ello le infundía nuevas fuerzas para continuar con su trabajo. El Arte y Dios estaban cerca, eran un todo con la naturaleza.
ResponderEliminarCamas... Un mueble adaptado al reposo tan necesario para seguir creando.
Un beso
P.D. He leído una novela dedicada a Gaudí, G, y me ha horrorizado. No he pasado de los dos primeros capítulos. ¿Por qué se utiliza su figura de esa manera, inventando a cada paso, si no es por motivos económicos?
A pesar de que raramente dejaba entrever su mundo interior, siguiendo su obra vemos los destellos de alegría que vivió, por ejemplo durante su obra Batlló y el banco Güell coincidentes (al parecer), con un episodio dulce.
EliminarNo conozco G. La tuya es la primera impresión que me llega y preferiría que fuera otra, ya sabes mi preferencia por el personaje. Ya te diré.
El planteamiento del artículo es todo un acierto y qué honduras presenta la personalidad de Gaudí. El panorama del hospital, lóbrego. Con todo respeto, hay sobre las camas un Vía Crucis que impone.
ResponderEliminarSaludos, doña Ana María.
Triste y lóbrego pero él lo amaba, allí pasó muchas horas acompañando en sus últimos momentos a los pacientes solitarios.
EliminarEl Vía Crucis tiene su encanto, ingenuo y con un brillante colorido del que guardo alguna muestra.
Saludos y suerte. Ya sabe donde estamos.
El Obispo Torras y Bages debió conocerlo bien. Con que claridad expresó la interioridad de don Antonio, que se vio luego reflejada en su forma de vida. Y por conocido, no es menos impresionante el patético final del arquitecto, que fue atendido casi con la misma privación que eligió para sí mismo en vida. Aunque recuerdo que alguno de sus amigos, usted lo contó aquí ya, sí se acercaron a darle un último adios y dejar testimonio de cómo era. Me ha encantado leerla, como siempre.
ResponderEliminarUn saludo.
Placer que es mutuo, como bien sabe.
EliminarLa verdad es que el señor debía guardar un universo de lo más rico y complejo. Y que su desaparición tuvo tal repercusión popular que los políticos se desvivieron, contra los deseos del difunto, por montarle un gran entierro y aparecer en la foto.
Su vida fue de una gran austeridad, pero sus obras fueron el reflejo de su ingenio y de gran elaboración, son todas unas maravillas que nos dejó con su gran talento, he podido admirar muchas de ellas.
ResponderEliminarEstupendo reportaje muy completo con buenos detalles desconocidos para mi.
Un abrazo.
En el otro extremo del continente donde se encuentra, en Rancagua, Chile, está en marcha la única obra en el extranjero para la que Gaudí envió un proyecto, en 1922. Y después de muchos avatares y con mucho esfuerzo, los chilenos no se han rendido y siguen con las obras. En mi blog hay varias entradas sobre el tema.
EliminarOtro abrazo para usted
Mi barco me ha traido hoy hasta aqui , donde leerte es una clase de vida
ResponderEliminarMe gusta tanto como cuentas las cosas . Como escribes Ana
Besos guapa
Espero que sigas navegando y tu barco haciendo estas escalas que tanto me gustan.
EliminarBesos a ti.
Heips
ResponderEliminarOli kiva kun vierailit minun blogissa.
Toivon mukavaa päivää.
Hola, Orvokki. Muy buenas tus fotos.
EliminarGracias por la visita.